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The Dark Dreams Book: Dragon Hunt - Capítulo 141

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Capítulo 141: La difícil verdad

Redhand no soportó mucho tiempo estar sentado en el trono de Diablo; se acercó al grupo de cazadores, que parecían darse un pequeño descanso mientras Krasny creaba la prisión mágica para su esposo.

El último en llegar fue la Banda Tributo del Barón Rojo. Hicieron descender sus naves como helicópteros, probablemente gracias a un invento de Zapperean y Brannigan.

Eran por lo menos doce, y Az Falken fue el primero en saludar.

Atónitos, los demás cazadores vieron cómo aquel extraño sujeto tomaba la mano de Arzelen y la besaba con cortesía. Repitió el acto con cada una de las damas del grupo, incluyendo a Cyndressa, quien se alegró al notar que no hacía diferencias por su estado de no-muerta. También sostuvo un breve momento la mano de Zeraki, antes de sentir como si un terror cósmico se le echara encima.

—Así que eres y no eres el Barón Rojo —le dijo Redhand, fingiendo una risa—. La verdad es que nos salvaste el culo a todos; solos no habríamos podido con Diablo.

—Encantado de servirle, comandante. El almirante Brannigan tuvo muy buenas palabras para usted y sus amigos.

—Aun así, creo que el factor sorpresa no nos servirá contra ese tal Zul’Nefar —continuó Red.

—En eso tienes razón —intervino Farizza, que aún trataba de ocultarle al resto del grupo lo que pasaba entre ella y Kuro—. Solo una parte de nosotros viajará a enfrentarlo.

Muchos de los presentes, más que sentirse ofendidos, asintieron casi con gratitud. Aquello ya se les escapaba de las manos a varios; una cosa era enfrentarse a los esbirros del culto, pero contra la progenie de Diablo… Radjedef, uno de los más fuertes, ya había muerto.

—Por mi parte no me opongo —dijo Arzelen—, pero de todas formas me gustaría estar cerca. Quiero ver el combate.

—Tú, pequeñita —le respondió Fary, sonriéndole—, te vas con nosotros.

—¡¿Qué?! —exclamó Am, más aterrada que halagada—. Estás loca, Fary. Ese dragón enorme me comerá de un tarascazo.

—Opino lo mismo, Fary —le dijo Kuro, un tanto choqueado—. Le prometí a Am que nada se la comería.

—Ella es tan fuerte como Fary y Li —dijo Iszel para sorpresa de todos. Estaba reconociendo, incluso, que la maga del Consejo era más poderosa que ella.

—Tú igual vienes, Iszel.

—No espero menos, maestra.

—¿Por qué deberías decidirlo tú? —balbuceó Li, bastante mosqueada de que la mascota de Gar’Dal tomara las decisiones por ellos.

Fary la ignoró.

—Wang, Kuro, Arzelen, Isz, Red, Zaharzim, Eogrash y yo iremos con Gar’Dal en cuanto nos dé la señal. Al resto, Eogrash les abrirá un portal al Olimpo; allí no podrán estar más seguros.

—Tú no irás, Fary —le advirtió Kuro—. Sabes que no puedes ir.

Casi sin querer, Iszel leyó la mente de Fary para saber qué era lo que Kuro insinuaba. Al descubrirlo, quedó atónita. Le dieron ganas de llorar como una niña; al fin y al cabo, aún lo era. Kuro era… ella lo amaba. ¿Acaso él no sentía lo mismo?

—Gar’Dal espera que vaya —respondió Fary—. Si él me necesita, no puedo fallarle.

—No irás —intervino ahora Li—. ¿Tengo que decírselo yo al resto para que todos te juzguemos, o te quedas callada y vas al Olimpo?

Todos estaban bastante confundidos. Fary era, definitivamente, una de las cazadoras más poderosas; ¿qué razón habría para que se le prohibiera ir en el grupo de avance?

—Está bien.

Fary se mordió el labio y se apartó del resto. Iszel quiso ir tras ella, preguntarle si lo que había visto en su mente era real. Que ambos la hubieran traicionado de esa forma… simplemente era imposible.

Fary se dio la vuelta, miró a Iszel y le hizo una seña para que se acercara.

Isz caminó lentamente. Al estar frente a su maestra, las piernas le temblaban.

—Leíste mi mente, ¿no es así, Isz?

—Sí.

—Me comporté como una tonta y provoqué a Corazón de Dragón. Él no tiene la culpa. Simplemente jugué con él para que me hiciera caso, solo quería molestar a Gar’Dal, demostrarle que yo…

—Que no vives para él.

—Sí, pero resultó peor. Yo sé que lo quieres, y él te ama. Es decisión tuya qué harás; a mí, solo ódiame el tiempo que necesites.

—No, Fary, no puedo odiarte. Y ya no estaré con Kuro. Ahora a ustedes los une algo más que un amor de verano.

Iszel, para sorpresa de Farizza, se acercó y la abrazó con fuerza. Le besó la mejilla y la dragona sintió cómo aquella pequeña a la que había criado desde niña se había convertido en una mujer, incluso más madura que ella misma.

—Espero que sea un pequeño dragón muy guapo.

—Eso… es difícil que sea un dragón.

—Tu forma humana, lo entiendo. Ni modo que salga un huevo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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