The Forsaken Ligth - Capítulo 12
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12: XII.
Donde se apuestan las almas 12: XII.
Donde se apuestan las almas El amanecer llegó, pero la luz parecía apagada, tenue… casi triste.
Como si incluso el cielo se compadeciera de nuestra situación.
Los supervivientes solían quedarse una semana en cada zona antes de migrar, pero el rastro de Mafioso nos obligaba a avanzar mucho más lejos de lo esperado.
No había opción: teníamos que acercarnos.
Con Two Time sumido en un arco de redención y Dusekkar recuperando apenas la fuerza suficiente para caminar —o levitar un poco—, era momento de seguir.
Todos recogimos nuestras cosas y nos preparamos para partir.
Elliot observó a Chance sentado en las escaleras, lanzando su moneda al aire mientras murmuraba para sí mismo.
Estaba esperándola… a su manera.
Ella tragó saliva.
Era el momento perfecto, pero aun así sentía nervios, como si Chance fuera capaz de rechazarla.
—Chance… ¿me ayudas con esto?
—preguntó, señalando el interior de la casa.
El corazón de Chance retumbó como un tambor.
Estar a solas con ella, aunque fuera solo un instante, lo llenaba de una serenidad que no encontraba en ningún otro lugar.
Ella era su refugio.
Ajustó su sombrero, intentando ocultar el temblor en sus manos, y entró con ella.
La casa estaba vacía: muebles rotos, cables colgando, sombras torcidas.
El recuerdo del horror impregnaba el aire.
Se sentaron juntos.
Elliot apoyó su cabeza en su hombro.
—¿A qué le temes?
—preguntó suavemente.
—A no regresar —confesó él—.
Si esta pesadilla nos vence… ¿qué será de mí?
¿De ti?
—Quiero que recuerdes que no estás solo en esto —susurró Elliot—.
Vamos a ganar.
Traeremos a Taph.
Saldremos de aquí… juntos.
Era una promesa que todos deseábamos oír, una que a veces se cumplía… a veces no.
Pero en boca de Elliot, esa promesa era otra cosa.
Era esperanza pura.
Chance rozó su mejilla contra la de ella, buscando consuelo.
Antes de que pudiera decir algo más, la voz de Guest retumbó desde afuera: —¿¡Ya vienen!?
¡Se hace tarde y hay trabajo que hacer!
—Ya vamos —respondió Elliot—.
Solo un minuto… Se levantó, extendió la mano y ayudó a Chance a incorporarse.
Él la tomó, y Elliot acarició su mano antes de acercarse a besarle la mejilla.
Un gesto pequeño… pero con un significado imposible de ignorar.
— El rastro de Mafioso nos condujo por zonas nuevas y otras ya conocidas.
Nada tenía sentido hasta que volvimos a Glass Houses.
Aparentemente.
—¿Cómo…?
—murmuramos todos.
¿Cómo era posible que su escondite estuviera en la misma zona donde ya habíamos vivido?
Guest tocó un árbol.
La forma, las hojas… eran distintas.
—Es una versión “alternativa” del lugar donde estuvimos —dedujo—.
Cambió el clima y el ambiente.
Pero las estructuras son las mismas.
La diferencia es que aquí… hay una guarida.
Sigilosamente nos acercamos.
Donde antes había ruinas, ahora se alzaba una bodega abandonada donde el “negocio” de Mafioso seguía existiendo, una casa de apuestas hecha añicos.
A si haya sido un edificio podrido, les había servido.
—Hagamos esto… —Two Time se acomodó un poco su cabello y sacó su daga.
Se agachó volviéndose invisible; se adentró en el lugar, inmovilizando a un guardia en silencio mientras Shed se abría paso hacia dentro.
007 envió a un clon para despistar al grupo de sujetos, dejándolos expuestos y listos para la aparición de Guest en escena.
La pelea era silenciosa, solamente existían los nulos sonidos de los guardias tratando de reaccionar ante la emboscada; los demás se adentraron.
—Este edificio es una réplica de una que conocí en mi vida pasada.
— Afirmó Builderman mientras dirigía al grupo por los pasillos estrechos, descartando habitaciones vacías y pasillos sin salida.
Guest, Two Time y Shed parecían divertirse al derribar a todos los hombres como si fueran nada, después de todo habían salido victoriosos frente a asesinos con fuerza sobrehumana, ¿No?
Noob junto a 007 vigilaban el exterior con armas improvisadas en mano, si se acercaba alguien más darían una señal clave para el equipo.
Chance, cegado, confundido; aturdido tenía visiones del lugar donde había ganado y perdido todo aquel día.
Cada rincón era una puñalada hacia sus recuerdos.
Pero no todo fue gris.
Algo llamó su atención.
Su curiosidad.
Mientras todos corrían buscando la habitación, Chance frenó gradualmente.
Vió a su alrededor y se internó por un pasillo externo.
La luz del mismo estaba descompuesta.
Parpadeaba.
Elliot junto a Builderman y Dusekkar encontraron la última habitación; dos guardias custodiando mientras conversaban tranquilos.
Dusekkar quiso intervenir furioso, cada palabra que escuchaba encendía esa furia y fuerza que tenía retenidas en sí.
Builderman lo detuvo.
—Lo sé, lo sé.
Pero esos bastardos no se van a salir vivos, cálmate —insistió.
—Vamos Chance, intenta dispararles —habló Elliot.
—¿Chance?
Ah… Quédense aquí, esperen a que llegue el resto.
Buscaré a Chance.
Corrí tratando de escuchar el mínimo sonido que delatara su ubicación, finalmente doblando una esquina lo encontré.
Una voz familiar me mató.
—¿Tentando al destino de nuevo?
¿Apostador?
Me asomé.
Mafioso lo tenía, tenía a Chance entre sus garras.
La pistola de Chance en el suelo, manchada con gotas de sangre que salpicaban de sus heridas.
—Te lo quité todo una vez —gruñó Mafioso, acercaba su rostro al suyo— Y tú me devolviste el favor en aquella maldita apuesta.
Tu victoria… fue mi ruina.
—¡Suéltalo!
—grité mientras me lancé contra él.
Mi intento fue inútil.
Mafioso giró lentamente como si yo fuera una mosca.
—Ah… la novia.
O mejor dicho… la apuesta que él cree haber ganado.
Con una sola mano me apartó, lanzándome al suelo con una facilidad que aterró.
Caí, derrotada.
—Por favor… no… Me desmayé.
— Los centinelas se habían reunido con el grupo, incluso Noob y 007 los alcanzaron.
Pero 3 integrantes estaban ausentes.
No lo notaron enseguida.
Derribaron a los guardias.
Cayeron las llaves.
Guest abrió con cautela, no hubo trampa.
Solo Taph, encogida en una esquina, abrazando a un pequeño conejo blanco.
Sus alas temblaban.
Su silencio era un grito.
—Taph… —murió la voz de Dusekkar.
Ella lo vio y corrió a sus brazos como si su vida dependiera de ello.
Él la sostuvo, temblando.
Shedletsky, atento, señaló al conejo: —¿Ese no es…?
—Sí.
—respondió 007— Gubby.
El animal los miraba, pequeño pero lleno de dignidad.
No huyó.
No se opuso.
Solo mantuvo su lugar junto a Taph.
“Ella está bajo mi cuidado ahora” Builderman los interrumpió exhaltado.
—¡Mafioso!
¡Tiene a Chance!
Y Elliot… la derribó.
Nos separamos, intenté seguirles el paso y los perdí, cuando los encontré ya era tarde… ¡Rápido, lo va a matar!
—gritó con los últimos alientos que tenía, estaba exhausto.
Guest se acercó al conejo, breve pero con cuidado.
Gubby no lloró, no mordió.
Solo miró, como si supiera que la decisión que estaban tomando cambiaría algo grande.
—¿Estás pensando en lo mismo que yo?
—preguntó Shed.
—Podemos intercambiarlo por Chance… —dijo Guest con voz grave.
El destino volvió a colocar la apuesta más cruel sobre la mesa.
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