Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

The Forsaken Ligth - Capítulo 13

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. The Forsaken Ligth
  4. Capítulo 13 - 13 XIII
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

13: XIII.

La apuesta más alta 13: XIII.

La apuesta más alta Silencio.

Ellos sabían lo que ese conejo significaba para Mafioso.

El único ser que él protegía sin exigir nada a cambio.

Dusekkar apretó los dientes: —¿Qué pasa si… si no le importa?

—Le importa —respondió 007, con un tono que no dejaba duda.

Taph tiró del brazo de Dusekkar.

Le señaló desesperadamente la puerta por la que habían entrado.

Quería salir.

Quería ir con los demás.

—Tranquila… —murmuró Guest, poniendo una mano firme en su hombro— Vamos a traerlos a todos de vuelta.

Gubby dio un pequeño brinco en los brazos de Guest.

Como si entendiera el plan.

Como si él también quisiera pagar una deuda invisible con Taph.

Caminaron rápido, con el corazón latiendo fuertemente, sabían que el plan iba a funcionar, ¿Pero y si no…?

Guest iba al frente, en sus manos llevaba un arma más letal que cualquier espada o cuchillo.

El corazón de Mafioso.

Al doblar la esquina, lo vieron.

Mafioso.

Gigante.

Con Chance sujeto por el cuello contra la pared, levantado a un metro del suelo.

El joven pataleaba buscando aire.

—¡Bájalo!

—rugió Guest.

Mafioso giró apenas la cabeza, con una calma insoportable.

Sus ojos sanguinolentos se entrecerraron… y entonces vio a Gubby.

La presión en el cuello de Chance disminuyó.

No porque Mafioso quisiera perdonarlo… sino porque no podía apartar los ojos de su conejo.

—…¿Qué están haciendo con él?

—gruñó.

Guest levantó un poco a Gubby para que lo viera bien.

El conejo movió las patitas, inquieto, llamando silenciosamente a su dueño.

Mafioso dio un paso atrás.

El gigante titubeó.

La bestia… vaciló.

—Suéltalo —dijo Guest — Y tu mascota regresa contigo.

Mafioso respiró hondo.

Muy hondo.

Su puño se apretó tanto que la piel crujió.

—No —escupió— Primero… el conejo.

Guest negó con la cabeza.

—Tú ya tuviste tu turno de negociar.

Ahora… jugamos nosotros.

Las pupilas de Mafioso se afilaron como las de una víbora asesina.

—Devuélveme a Gubby… Mafioso dio un paso hacia ellos.

Apretando nuevamente a Chance, el cual iba a colapsar en pocos segundos.

Gubby empezó a moverse más fuerte, claramente ansioso.

Chilló un poco.

Guest retrocedió un poco también, pero firme.

—Si das un paso más… —dijo— Puede caerse… —Mafioso se congeló.— Su voz, por primera vez, no fue ira… fue pánico.

—Por favor… El silencio se espesó, se volvió hierro.

Taph, con sus manos temblorosas, se adelantó.

Luego señaló a Chance.

Fue un gesto simple: Él primero.

Mafioso luchó consigo mismo; su monstruo interior rugía.

Pero Gubby inclinó la cabeza… y Mafioso se rindió.

Soltó a Chance del todo.

Este cayó de rodillas, tosiendo, aferrándose al aire con desesperación.

Casi gritando.

Mafioso dió tres pasos atrás.

Levantó las manos, su furia se convirtió en una súplica muda.

Guest asintió —Bien.

Ahora que todos podemos respirar… haz lo que te digo y saldrá vivo de aquí.

Mafioso apretó los dientes —¿Qué quieres?— Guest sonrió con una calma asesina.

—Una tregua.

Hasta que cumplas tu parte del trato.

El gigante miró a Gubby, su mirada se quebró.

—No vuelvan a tocarlo.

—Entonces no vuelvas a tocarnos —sentenció Noob.

Chance, aún jadeando en el suelo, levantó la vista hacia Elliot quien seguía inconsciente en el suelo.

De pronto… Pisadas.

Miles de ellas.

Los guardias entraron al pasillo armados con barras de metal y machetes oxidados, listos para matar en nombre del gigante al que servían.

Está vez, los superaban en número por muchísimo.

Dusekkar se puso delante de Taph.

Chance tensó el puño, como si su cuerpo herido fuera suficiente para derribar un ejército, pero no pudo levantarse.

Al mismo lo rodearon sus hombres.

Pero Mafioso alzó la voz.

—¡Quietos!

Los guardias se detuvieron en seco.

Se miraron confundidos entre ellos, pero nadie se atrevió a contradecirlo.

Por un instante, hubo una calma peligrosa.

El aire esperaba sangre.

Y entonces… Taph lo vio.

A él.

El guardia.

El monstruo disfrazado de hombre, quien la tomó cuando nadie escuchaba sus señas desesperadas.

Los ojos de ambos se encontraron.

Él palideció, su mirada muerta sabía que la chica hablaría.

La amenazó una última vez con la mirada, tratando de callarla por última vez.

Taph empezó a temblar, su respiración se cortó.

Sus alas se recogieron como si el miedo quisiera arrancarlas, se escondió detrás de Dusekkar tratando de desaparecer.

Dusekkar se giró.

—¿Qué pasa?

¿Lo conoces?…

Taph, tragándose su miedo, empezó a hablar con pequeñas señas temblorosas, rotas.

Inofensivas señas que lo dijeron todo.

El guardia retrocedió un paso.

—Maldita… ave…— —¡Tú!

—dijo Mafioso, con voz de hielo— Acércate.

El guardia obedeció, nunca más volvió a levantar su mirada.

Al pasar cerca de Taph, ella retrocedió como si tocara fuego.

Mafioso lo tomó del cuello con una sola mano.

Lo levantó como si fuera un juguete roto.

—¿Qué le hiciste?

—escupió Mafioso con veneno puro.

Todos los demás guardias supieron lo que ocurriría.

Bajaron su mirada.

El guardia balbuceó excusas rotas, pero no suplicaba.

No lloraba, como si en el fondo hubiera aceptado su condena.

—Ella… —jamás pudo terminar su frase.

Un crujido seco.

El guardia cayó como una marioneta sin cuerdas, sin siquiera gritar.

Todos los presentes sintieron escalofríos al ver la fuerza desmedida que tenía, pero quien más perplejo estaba era Guest.

Había domado a un lobo gigante usando a un pequeño conejo que bueno, sostenía la poca calma y cordura que tenía.

Una bestia enorme rindiéndose ante un grupo de supervivientes pequeños.

—Aquí… nadie toca lo que es mío sin permiso —dijo, con una voz tan peligrosa como respetuosa.

Taph bajó la cabeza, pero dejó de temblar, el grupo apretó los dientes como si no hubieran tenido venganza suficiente contra él y aquel hombre.

Por primera vez tenían el control sobre algo.

Noob habló.

—El trato sigue.

Chance se viene con nosotros… y Gubby también… por ahora.

Mafioso lo fulminó con la mirada… luego miró a su mascota.

Gubby ladeó la cabeza suavemente.

Una pequeña mirada que lo calmó.

El gigante finalmente se tragó su orgullo.

Chasqueó los dedos y sus hombres entregaron a Elliot y a Chance.

—Miren que Chance pueda irse; que Elliot respire y luego… —Váyanse.

— ordenó— Antes de que cambie de opinión.

Guest alzó a Gubby, firme, un recuerdo silencioso de que ellos tenían el control ahora.

Chance fue entregado a los brazos de Shed y Builderman, estos lo trataron con delicadeza, lo ayudaron a ponerse en pie.

Tosía, aún débil y al borde del colapso.

Dusekkar cargó a Taph con cuidado, sabía que su compañera había sufrido heridas irreparables… —Elliot… — Chance intentó correr hacia ella.

Era cargada por 007.

Los demás lo frenaron con una delicadeza que dolía.

—Tranquilo, está viva.

Solamente durmiendo, pero viva.

—¿Serías tan amable de mostrarnos la salida?

—dijo Guest.

Mafioso volvió a chasquear, dos de sus hombres se acercaron mientras sus ojos bien abiertos y sonrisa silenciosa delataban su emoción.

Mientras caminaban, los guardias susurraron entre ellos: —¿Ese es… el último Guest?

—Creí que había muerto.

—¡Míralo!

Está vivo, imbécil.

Guest sonrió, orgulloso por un instante, como quien escucha un eco de su antigua gloria.

Finalmente, los dos guardias los escoltaron a la salida.

El grupo atravesó a la enorme multitud, ¿Cómo una manada tan grande era capaz de rendirse por un animal tan frágil?

Mientras se alejaban, Mafioso habló sin mirar.

—…siempre he cuidado a los míos.

Pero esto fue un límite.

Chasqueó su lengua una última vez.

Todos volvieron a integrarse al edificio mientras un par de hombres arrastraron el cuerpo del guardia cuya vida enferma había terminado.

Miró sus manos ensangrentadas… Luego, lentamente, notó sobre el piso un pequeño hilo blanco.

Un pelito suave.

Gubby.

Mafioso la recogió con los dedos gruesos, apretándolo contra su palma.

—Pequeño traidor —murmuró, con una sonrisa rota— Siempre te escapabas cuando el mundo se ponía feo… ¿ah?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo