The Forsaken Ligth - Capítulo 15
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
15: XV.
Cuando perdieron el miedo 15: XV.
Cuando perdieron el miedo El grupo despertó, por primera vez en mucho tiempo, por el sonido de las aves y no por un grito ahogado o el ruido seco de alguien cayendo herido.
La luz suave del amanecer se filtraba sobre un bosque que parecía recién nacido, y no la trampa mortal que siempre habían conocido.
Y entre la paz… ronquidos.
Obviamente, de Guest.
Por primera vez, era el último en abrir los ojos.
Elliot se estiró con un suspiro pequeño antes de notar que alguien no estaba a su lado.
La alarma la hizo sentarse de inmediato, pero se calmó al ver a Chance y a Noob arrodillados frente a la fogata, sosteniendo… algo carbonizado.
—¿Intentan calentar una pizza o fabricar una antorcha?
—preguntó, sentándose entre ellos.
—Ambas ideas son válidas —respondió Chance.
Besó su mano—.
¿Qué opinas, Noob?
—Yo… tenía hambre… —dijo Noob como un niño que acababa de perder su helado.
Guest se dejó caer a su lado todavía medio dormido.
Tras un largo bostezo, despertó del todo… justo a tiempo para arrebatarle la pizza-antorcha a Chance.
—Por favor, Chance.
No quememos el bosque.
—Si no nos queda más opción, tendremos que hacerlo —replicó él.
Rieron.
A unos metros, Dusekkar y Taph también habían despertado.
Taph dibujaba boca abajo en la libreta de Dusekkar, moviendo sus pies de pura concentración.
Él la observaba contarle historias mientras comentaba sus dibujos con cariño inagotable.
El resto del grupo estaba inclinado sobre un pequeño arroyo, apostando quién era capaz de atrapar un pez con las manos.
Nadie ganó.
Pero todos terminaron empapados.
—Ni para eso sirves, Shed —bufó 007, ni siquiera mojado.
—Ya… tienes razón… —dijo Shed, bajando la cabeza con dramatismo.
Y aprovechó ese mismo segundo para tomar a 007 por la cintura y lanzarlo al agua.
La explosión de risas fue inmediata.
Guest llegó corriendo, indignado.
—¡¿Qué demonios están haciendo?!
¡Dejen de mojarse!
—Shed, te voy a—… 007 emergió del agua empapado, furioso.
Builderman lo ayudó a salir; el resto ya estaba corriendo para evitar a Guest.
Todo se detuvo cuando Noob habló con solemnidad fingida: —¿Qué se supone que es esto?
Todos se quedaron quietos.
Guest jadeaba, sin aire.
—Hasta que al fin llegas, Noob.
Diles que paren… corren más rápido que… Noob observó el arroyo.
Los peces habían desaparecido.
—Perfecto.
También espantaron la comida —dijo, cruzándose de brazos—.
Genial.
¿Y ahora qué hacemos?
Silencio total.
Shed se acercó y le puso una mano en el hombro.
—Noob… Noob… Noob… Creo que estás demasiado… limpio.
—¿Sí?
Ah, pues… creo que sí, gracias.
Lo empujó al agua con la misma precisión cómica que antes.
Una segunda explosión de carcajadas.
Ahora sí eran familia.
Una real.
Excepto por Two Time.
A la sombra de un árbol, observaba la escena como un fantasma invisible.
Y mientras veía risas, bromas y abrazos… Sintió un vacío oscuro abrirse en su interior.
Envidia.
Soledad.
Ese hueco frío que nadie más parecía cargar.
La voz del Spawn llegó como un soplo venenoso: —Míralos.
Tan felices… Tan completos.
Ellos no saben lo que tú perdiste.
Two Time tensó la mandíbula.
—No hables de Azure.
—La olvidaste rápido —susurró la voz, dulce como veneno—.
Ellos tienen a quien amar.
Tú no.
Un dolor punzante lo atravesó.
—Y yo perdí todo… —murmuró.
—Pero puedes recuperarlo —sonrió la voz—.
Una sola vida.
Un pequeño sacrificio… y Azure volverá a ti.
Two Time apretó los dientes, casi temblando.
—Cállate… —Pronto… —susurró el Spawn—.
Muy pronto, Two Time.
Y la sombra desapareció, dejándolo con su respiración agitada.
Mientras tanto, Elliot y Chance observaban la escena de lejos: un grupo feliz, por primera vez en meses.
Entrelazaron sus manos sin pensarlo.
Elliot apoyó su cabeza en su hombro.
—No recuerdo la última vez que vi el sol y sentí que valía la pena… —dijo.
—¿Y ahora lo vale?
—susurró Chance, sin apartar los ojos de ella.
—Sí… ahora sí.
El ambiente los envolvió en una quietud cálida.
Ella besó su mejilla.
Y los dos se quedaron dormidos sin miedo, por primera vez en su vida, descansaron.
La tarde se volvió noche.
El fuego reunió a todos, excepto Shed… quien había quemado su comida y ahora le daba mordiscos resignados.
Builderman temblaba de frío.
Shed le pasó un brazo por encima, usando el otro para limpiar su espada con orgullo.
—Tranquilo hermano, esto no es nada comparado con lo que hemos pasado —dijo.
Taph coloreaba piedras junto a 007, dibujando caricaturas del grupo que Elliot coleccionaría sin dudarlo.
Two Time finalmente se integró, agotado como después de diez horas de trabajo en una fábrica emocional.
—¿Dónde estabas?
—preguntó Dusekkar, arropándolo.
—Solo necesitaba aire… pero estoy bien.
Guest notó algo.
A lo lejos, clavadas en un tronco muerto: dos espadas verdes.
Como jade.
Simétricas.
Inquietantes.
Decidió observarlas luego.
El atardecer apagaba el bosque cuando Dusekkar preguntó: —Bien, ¿qué vamos a cenar?
Iban a pescar, ¿no?
Todos miraron a Shed.
Builderman lo empujó con el codo.
—Oh, cierto, la pesca… Bueno, pues… no había peces.
Las miradas de sospecha llovieron sobre él.
—Tranquilos —dijo Shed—.
No hay peces, pero encontré una cosa increíble y maravillosa… Revisó alrededor.
Miró la mochila de Elliot.
—¡Pizza!
Two Time frunció el ceño.
—¿No deberíamos guardarla para cuando estemos muriendo?
—Sí, pero… quiero un pedazo.
La risa regresó, y Taph miró a la pareja aún dormida.
—Nunca los había visto dormir tanto —comentó Guest.
—Es su primer día en paz en meses, Guest —respondió Builderman, dejándose caer sobre su manta—.
Por fin pueden relajarse.
Uno a uno, el grupo se acomodó.
La fogata murió.
La noche los abrazó.
Incluso Two Time… descansó.
Elliot abrió los ojos primero.
Se sentó y estiró sus brazos.
Por un instante creyó que amanecía, pero el cielo aún estaba oscuro.
Habían dormido demasiado.
Chance estaba reclinado contra ella, con su cabeza apoyada en su brazo.
Lo despertó con toques suaves en el hombro.
Los dos estaban despiertos, pero el resto del grupo dormía profundamente.
Se miraron sin decir nada.
Dos almas que habían sobrevivido demasiado… y aún así lograban encontrar calma en el otro.
—No podré dormir —susurró él.
—Yo tampoco —respondió ella, sintiendo su corazón acelerarse.
Él se levantó.
Le tendió la mano.
—¿Quieres… caminar un poco?
Ella asintió.
Aunque los dos sabían muy bien que no se trataba simplemente de caminar.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com