The Forsaken Ligth - Capítulo 17
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
17: XVII.
Lo que trae la mañana 17: XVII.
Lo que trae la mañana El sol se filtró entre las hojas, cálido, suave… casi inocente.
Pero la primera voz que escuché no tenía nada de inocente.
—Ehemm… ¿Puedo fingir que no vi nada?
Abrí los ojos de golpe.
Shedletsky estaba de pie, brazos cruzados, una ceja levantada, luchando por no soltar una carcajada.
Chance se incorporó de inmediato.
Nos cubrió como pudo, torpemente.
—¡Dios!
¡Shed!
¡Vete!— le arrojó un zapato.
—Tranquilos… —dijo él, dándose la vuelta con exagerada calma— Solo… pónganse ropa antes de volver.
Lo digo por la moral del grupo.
Y porque no quiero explicarle esto a Guest.
Se alejó murmurando para sí: —Jóvenes enamorados… quién lo diría.
Cuando desapareció entre las hojas, Chance me miró… y yo a él.
Intenté hablar: —Chance, yo… Pero me calló con un beso suave, seguro.
—No digas nada, Elliot.
Lo de anoche… me lo llevo conmigo para siempre.
Hablé contra su cuello, sintiendo cómo su piel se estremecía.
—Gracias.
Necesitaba sentir que sigo aquí… contigo.
Aunque la luz del día ya nos envolvía, Chance me tomó de la cintura y retomó las caricias con una ternura temerosa, cuidadosa, como si aún no quisiera soltar la noche que compartimos.
Regresamos al campamento caminando lento.
No por cansancio… sino porque nuestras manos se negaban a separarse.
Elliot llevaba un brillo nuevo en los ojos.
Chance, despeinado, con la chaqueta mal cerrada… parecía un secreto andante.
Cerca de la fogata, solo Guest y Shed estaban despiertos.
—Buenos días —dijo Elliot con una voz que intentó ser normal… y falló.
Guest los miró.
Primero sus caras.
Luego sus manos entrelazadas.
Luego esas pequeñas sonrisas cómplices.
Lo sabía.
No dijo nada.
Pero pensó demasiado.
—Buen día.
Shed, en cambio, fue directo.
Demasiado.
Les echó una mirada de arriba abajo.
Detectó la ropa revuelta.
Las marcas.
El rubor.
Y sonrió como quien acaba de ganar una apuesta.
—Vaya… ¿Ustedes dos madrugaron… o ni durmieron?
Elliot soltó la mano de Chance como si quemara.
Chance tosió, incómodo, deseando que la tierra lo tragara.
—Patrullando —murmuró—.
Ya sabes… —lo fulminó de forma discreta con la mirada— Shed no respondió.
Solo se dio la vuelta con una risa silenciosa.
Guest, sin embargo, tenía otro plan.
—Elliot.
Acompáñame un momento.
No era una sugerencia.
Era una orden.
Chance se incorporó al instante, pero Guest fue más rápido.
Despertó a 007 Este saltó del susto pero tardó segundos en incorporarse.
—007, que nadie nos siga.
Ni siquiera tú, Chance.
007 obedeció con una palmada en el pecho de Chance, obligándolo a quedarse sentado.
En el bosque, Guest recogía ramas para la fogata.
Yo estaba sentada, la mirada clavada en el suelo, las manos inquietas.
Entonces habló.
—No voy a fingir que no entendí lo que pasó.
Vi lo suficiente… para saber que ustedes necesitaban ese momento.
Mi cara ardía.
Mi voz estaba atrapada en mi garganta.
—Yo… no pensé… Guest me interrumpió, sentándose a mi lado.
—Elliot, no estoy aquí para juzgarte.
Pero sí para preguntarte algo importante: ¿Pensaste en las consecuencias?
Mi estómago se hundió.
—No solo hablo de Mafioso… o cualquier asesino.
Hablo del Espectro.
Tragué saliva, helada.
—Si él descubre que podrías estar… engendrando vida… va a quitártela.
A ti, y al niño.
Sentí que el corazón se me rompía.
No por vergüenza.
Por miedo.
Miedo real.
Miedo primitivo.
—Guest… yo… no lo pensé —mi voz tembló sin control.
En ese momento, la autoridad en él se fracturó un poco.
Apareció ese hombre que una vez tuvo una esposa.
Ese hombre que sabía lo que era amar en un mundo donde amar es un arma de doble filo.
Suspiró.
—No vine a regañarte.
Chance vive gracias a ti.
Y tú también mereces… sentirte viva.
Pero allá afuera, Elliot… cualquier error puede ser el último.
Mis ojos se llenaron de lágrimas silenciosas.
Guest puso una mano firme en mi hombro.
—Solo prométeme algo: No vuelvas a alejarte tanto.
No quiero perderlos a ninguno.
Asentí.
—No lo haremos.
Guest se levantó, se sacudió el polvo, y dijo con una pequeña sonrisa cansada: —Anda.
Vuelve con él.
El amor… es probablemente lo único bueno que nos queda.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com