The Forsaken Ligth - Capítulo 19
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19: XIX.
La sombra que elige por ti 19: XIX.
La sombra que elige por ti Two Time observó a Taph.
No como amigo.
No como compañero.
La miró con una mezcla imposible: culpa… y necesidad.
Una necesidad que no era suya, sino impuesta.
Trasladada.
Infectada.
El Spawn se inclinó en su oído, con la suavidad de una serpiente dispuesta a devorar.
—Es perfecta… Débil.
Pequeña.
Nadie lo sabrá.
Two Time no lo sabía, pero en ese instante el Spawn libraba una batalla silenciosa contra lo que quedaba de su alma.
—Una vida por otra —susurró la voz—.
Solo una.
Y todo volverá a estar bien… te lo prometo.
Two Time se puso de pie.
Sus pasos no eran suyos.
No tenían voluntad ni ritmo.
Era como ver un sonámbulo caminando hacia el borde de un barranco, sin miedo a caer.
Se arrodilló junto a Taph.
La daga temblaba.
Él también.
—Perdóname… —murmuró, las lágrimas corriéndole sin permiso— No sé qué más hacer… Con su otra mano la sujetó del brazo.
No fuerte… pero lo suficiente como para que no despertara del todo.
Como si temiera ver el horror en sus ojos.
La punta de la daga descendió.
Rozó su pecho.
Y su corazón latía como si quisiera escapar.
—¡¡TWO TIME!!— Guest llegó como un rayo.
Le aplastó la muñeca contra el suelo con tanta fuerza que la daga saltó de sus dedos.
El grito de Two Time fue un sonido entre dolor y shock.
Guest estaba irreconocible.
—¡¿QUÉ DEMONIOS ESTÁS HACIENDO?!
—rugió con un tono que heló la sangre de todos.
El campamento despertó de golpe.
Shedletsky tomó su espada.
Chance, ya en pie, apuntaba con su pistola sin dudar.
Taph despertó al movimiento.
Sus ojos se llenaron de terror instantáneo.
Retrocedió arrastrándose, las alas temblando, muda de pánico.
Dusekkar trató de levantarse a medias, aún aturdido.
Guest sacudió a Two Time como si quisiera arrancarlo del trance.
—¡RESPONDE!
¿IBAS A MATARLA?
¿A ELLA?!
Two Time no pudo alzar la mirada.
No hacia nadie.
Solo vio la daga caída.
La daga que casi había obedecido a otro.
—Yo… yo necesitaba… —jadeó— No entienden… Necesito mi otra vida… a mi amada… No quiero morir… —¿Y por eso querías matar a una amiga?
—le escupió Chance, con la voz rota y rabiosa— ¿A una de los nuestros?
Two Time gritó, quebrado.
—¡NO QUERÍA!
¡Pero es la única forma!
El Spawn… él… yo… Se tomó la cabeza con ambas manos, arañándose.
Como si quisiera arrancarse el pensamiento de raíz.
Y por primera vez, el Spawn se hizo silencio.
Guest respiró hondo, furioso, cansado.
Derrotado por algo que dolía más que un enemigo externo: la traición de un hermano… aunque no fuera completamente suya.
Entonces habló: —Tienes dos opciones.
Y solo dos.
1.
Podemos luchar contra tí aquí y ahora.
2.
Nos permites ayudarte… encerrándote hasta que logres recobrar la consciencia.
No era un castigo, no era para hacerlo sufrir.
Era el acto más humano si es que querían mantener con vida a su compañero sin poner en peligro al resto.
Two Time sollozó mientras dejaba de forcejear.
—Necesito ayuda… no puedo seguir así.
Guest asintió.
Dió la orden a Shedletsky y 007 quienes lo rodearon firmes, pero no crueles.
—Te vamos a encerrar.
No para castigarte… sino porque te necesitamos vivo.
Y necesitamos que no hagas daño a nadie más.
Dusekkar por fin logró incorporarse.
Miró directamente a Two Time.
—Si quieres salvar tu vida… empieza por no tomar la de nadie más.
Two Time cerró los ojos con fuerza… y dejó que lo apartaran del grupo, sin resistir.
Desde aquella noche, el mundo volvió a ser gris.
No hubo risas.
No hubo charlas.
El grupo entero se sentía traicionado por su propio miedo.
Si el Spawn podía dominar a Two Time… ¿A quién sería el próximo en corromper?
Taph volvió al silencio absoluto.
Era la segunda vez que alguien la tomaba indefensa.
Y esta vez fue un amigo.
Elliot cargaba con una culpa que nadie en el grupo entendían.
Sabía que el grupo nunca incluyó de verdad a Two Time.
Sabía que ese vacío lo había dejado vulnerable.
Y en parte… era responsabilidad de todos.
El desayuno fue silencioso.
Hasta que Elliot se levantó con su lata en la mano.
—¿A dónde vas?
—preguntó Dusekkar.
Ella dio media vuelta con una expresión dura, cansada.
—A ver al compañero que ustedes encerraron… porque parece que se olvidaron de él.
Y a este paso, se va a morir de hambre.
Nadie respondió.
Ni Chance.
Ni Guest.
Ni los que podían dar excusas.
Todos bajaron la cabeza.
La habitación donde lo tenían era poco más que una celda improvisada: troncos gigantes formando una barricada sin puerta.
Oscura.
Vacía.
Silenciosa.
Two Time estaba acurrucado en un rincón, rodeándose las piernas como si fuera un niño.
Elliot tocó suavemente la madera.
—Two… —dijo con voz baja— no quiero que mueras aquí.
Déjame ayudarte.
Two Time ni siquiera levantó la cabeza.
Ella deslizó la comida debajo.
Y él se lanzó a devorarla con una desesperación animal.
Como alguien que no sabía si volvería a probar alimento.
Dentro de la celda, la oscuridad no era refugio.
La habitación era un lugar pensado para retener a un hombre al borde del abismo.
Allí, el silencio no era consuelo, era un campo de batalla.
La voz del Spawn, aquella entidad que Two Time había alimentado con culpa y con mentiras, se movía como un gato despiadado en su cabeza.
—¿Lo sentiste?
—susurró— Cuando bajaste la daga… fue fácil.
Era lo que querías.
Two Time apretó los ojos, los recuerdos clavándose como vidrios.
Azure.
Su muerte.
La culpa.
—No lo hice… —murmuró, rompiéndose.
La voz rió.
—Sí lo hiciste.
Y volverás a hacerlo.
Pero esta vez… vivirás.
Two Time golpeó la pared.
—¿Qué quieres de mí?
—gritó.
La voz respondió suave, casi paternal: —Quiero que vivas.
Quiero darte control.
Quiero devolverte lo que perdiste.
Two Time lloró en silencio.
Y la voz, satisfecha, añadió: —Todo tiene un precio.
Y tú ya lo conoces.
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