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The Forsaken Ligth - Capítulo 2

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2: II.

El Dios caído 2: II.

El Dios caído Dusekkar era un ser celestial.

Mágico.

No humano.

Alguien que probablemente tenía más años que todos nosotros juntos, un guardián que usaba su magia y conocimiento para ayudar a simples mortales, nosotros… o eso nos gusta pensar.

Un día apareció el Espectro.

Un ser oscuro del que casi nadie sabe nada; llegó para reclamar este mundo como suyo, dispuesto a destruir todo cuanto se interpusiera en su paso.

Tenía un objetivo perverso con las personas… personas que debían pagar cruelmente por sus actos.

Pero antes de llegar a ellas, se encontró con Dusekkar.

Ninguno habló.

No fue necesario.

El silencio denso entre ambos lo dijo todo: el Espectro no se detendría ante nada, y Dusekkar no pensaba cederle el paso.

El cielo se cubrió con una niebla entre mágica y oscura.

Los mortales solo podíamos ver hacia arriba mientras ambos seres, tan antiguos y poderosos que era imposible medirlos, chocaban una y otra vez.

El tiempo se volvió espeso.

Eterno.

Dusekkar empezó a agotarse.

Y con un golpe final… pereció.

El Espectro lo arrancó de su mundo y lo desterró aquí, drenándole la esencia divina hasta dejarle solo un bastón: el último vestigio de lo que fue.

En ese artefacto quedó atrapada la poca magia que aún podía usar… si es que se puede llamar “usar” a la forma dolorosa en la que recurre a él para protegernos.

Su poder se debilita cada día.

Nunca lo dice, pero lo sabemos.

Fue el último en llegar a este infierno; esa noche el cielo se abrió con luz y cayó como un meteorito.

Todavía puede verse el cráter.

Al principio pensamos que era otro monstruo enviado por el Espectro.

Pero era él: herido, confundido, casi… mortal.

Lo recibimos igual que a todos llegamos aquí: sin entender nada.

—¿Has pensado en hablar con 007?

Él estuvo en primera fila ese día.

Si alguien vio algo que tú no, es él —me interrumpió Dusekkar.

—¿Hablarle yo a 007?

La falta de sueño te está afectando —bufé, cruzándome de brazos.

El cielo empezaba a aclararse.

Un nuevo día, uno más dentro de este lugar infernal.

Los primeros quejidos de mis compañeros rompieron el silencio.

Guardé mi saco y Dusekkar salió a flotar un poco, supongo que para despejarse.

Pero la calma duró poco.

Una moneda giró en el aire y tintineó al caer: Chance, claro.

Mi relación más cercana.

—No han pasado ni dos minutos desde que despertaste y ya estás con eso —reclamó Shedletsky.

—Amo esta moneda tanto como tú amas tu espada.

Y te recuerdo que más de una vez te he salvado gracias a ella —respondió Chance, inflando el pecho.

Shed murmuró algo que no entendía y siguió recogiendo sus cosas.

Subí al pequeño balcón del segundo piso.

Un simple mirador, estrecho y frío.

Observé las otras zonas más allá de los muros.

Teníamos que movernos.

Otra vez.

—Bien señores… y señoritas —dijo Guest con su voz grave.

Taph levantó la mano, emocionada.

—Esta noche cambiaremos de refugio.

Una semana en el mismo sitio es peligroso.

Con suerte, en Yorick’s Resting Place habrá espacio.

Antes de irnos vi una botella de agua tirada.

Me agaché para recogerla… y el escalofrío en mi nuca regresó.

—Disculpa… se me cayó.

Puedes tomar un sorbo si quieres —escuché a 007 detrás de mí.

Me giré.

Esa expresión suya… mezcla de preocupación, vacío y algo que no sé nombrar.

La odio.

Le lancé la botella.

—No lo sabía —respondí seca.

—Oye, Elliot, ¿podría…?

—se tragó las palabras.

Fue cruel ignorarlo así, sí.

Pero su rostro en mis pesadillas basta y sobra como para tratar con él en persona.

—Barran la zona una vez más —ordenó Guest desde una roca—.

Con suerte encontramos algo útil.

Nos dividimos.

El sitio era amplio y un asesino emboscándonos sería fatal, pero en este grupo todos cargamos con nuestros riesgos.

—¡Encontré un medkit!

—gritó Builderman bajando por unas escaleras.

—Perfecto.

¿Cuántos tenemos ahora, Elliot?

—preguntó Guest.

—Tres medkits y cuatro colas —respondí, guardándolo todo.

Guest hizo cuentas.

Eran pocas provisiones.

—Nos las arreglaremos.

Vámonos.

—¿Ves, Shed?

Tienes que bajarle a tu sed —dijo Noob codeándolo.

—¿Quieres que muera de sed?

—refunfuñó.

007 levantó su botella como si fuera un tesoro.

—El agua existe.

Es cristalina, perfecta… —Y no tiene sabor —interrumpió Shed, abriendo otra bloxy.

—¡Dame eso!

—Guest le arrebató la lata.

Se la guardó mientras sonreía como si no hubiera pasado nada.

Tomó un sorbo mientras reía de forma disimulada y guardó la lata.

—Hay que racionar, bájale un poco a tus antojos.

Ahora sí, vamos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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