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The Forsaken Ligth - Capítulo 3

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  4. Capítulo 3 - 3 III
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3: III.

Risas y ríos envenenados 3: III.

Risas y ríos envenenados Las distintas zonas del lugar estaban conectadas por una red de túneles.

El Espectro los abría y cerraba a voluntad, como si moviera las piezas de un tablero que solo él entendía.

Por suerte, ese día el paso hacia Yorick’s Resting Place estaba libre.

Era, personalmente, uno de mis lugares favoritos.

Lo primero que vimos fue la casa: una especie de mansión antigua, amplia, con un comedor y salidas tanto delanteras como traseras.

Para nuestros estándares… era perfecta.

—Esta zona es mía —anunció Shedletsky, corriendo hacia una esquina como si se tratara de un tesoro recién descubierto.

—Entonces la mía será… ¡Aquí!

—Noob fue corriendo a la esquina opuesta.

—Toda tuya.

Con estar lejos de ti me basta —respondió Shed con ese tono burlón que lo hacía parecer un niño molesto.

Mientras tanto, acomodaba su saco de dormir y, por alguna razón, arropaba a su espada como si fuera un bebé.

—Créeme que lo disfrutaré.

Roncas como… como Guest con asma —se burló Noob con una sonrisa traviesa.

—¿Disculpa?

—Guest se giró con una expresión de puro descontento.

Todos intentamos aguantar la risa… hasta que Taph irrumpió saltando en medio de la habitación.

Agitaba los brazos y hacía señas frenéticas.

Yo traté de interpretarla.

Fracasé.

—¿Qué ocurre?

—pregunté, pero lo único que recibí fueron saltos desesperados y movimientos que no lograba descifrar.

—¿Dónde está Dusekkar?

Él entiende su lenguaje.

¡Vayan a buscarlo!

—ordenó Guest.

Chance empujó a Builderman, y ambos salieron disparados de la casa.

El resto intentábamos adivinar.

—¿Grande?

¿Casa?

¿Árbol?

—probamos.

—¡Guest roncando!

—grité sin pensar.

Guest me fulminó con la mirada mientras Taph reía sin sonido alguno, agitando los hombros en un gesto de burla descarada.

—Noob puede ser pocas palabras, pero tiene razón.

Roncas como si tuvieras asma —añadí, porque la oportunidad estaba servida.

La puerta explotó hacia adentro con un golpe seco.

Todos nos callamos.

—¡Slasher!

Ha llegado a Yorick’s —gritó Dusekkar.

Taph asintió con tanta fuerza que terminó desmayándose.

Guest no perdió tiempo.

—Bien, chicos, tranquilos.

No es nada que no hayamos hecho antes.

¡Vamos!

—ordenó mientras salíamos.

Dusekkar lo detuvo con un gesto suave, colocando su mano en su hombro.

—Quisiera quedarme con Taph.

Cuando despierte, iremos enseguida.

—Bien, pero si te necesitamos… —objetó Guest.

—Estaré allí.

Lo sabes —respondió Dusekkar con una tranquilidad casi divina.

Guest se marchó.

Yo esperé afuera.

Confiaba en la experiencia del grupo, pero sabía que yo era la más débil físicamente.

Un encuentro directo con Slasher sería mi fin.

—Listo, Elliot.

Ya hemos hecho esto antes —dijo Guest, dándome una mirada firme—.

Sabes qué hacer.

Asentí.

El alboroto a lo lejos ya había comenzado.

—Vino por acá.

Vamos —dije ajustando mi gorro.

— Yorick’s estaba lleno de ríos envenenados.

Un solo toque con esa agua era suficiente para dejarnos fuera de combate; los asesinos, en cambio, podían cruzarlos como si fueran simples charcos.

Y, como era costumbre, nos acorralaban en los puentes cada vez que podían.

El caos ya había explotado.

A lo lejos, vi a los chicos peleando y huyendo de Slasher.

Un asesino veloz.

Feroz.

Y suficiente para exterminar a grupos enteros… antes de nosotros.

—¿Soy yo o cada día eres más lento?

¡Haz ejercicio alguna vez!

—gritaba Shedletsky, corriendo con Slasher pisándole los talones.

Shed tenía una boca peligrosa, un sentido del humor insoportable y una habilidad… moderada.

La combinación perfecta para tentar a la muerte en cada partida.

Slasher lo iba alcanzando.

Shed respiraba como si estuviera inhalando por un agujero del tamaño de un alfiler.

—¡Era broma!

¡Estás en excelente forma!

Puedes ir por otros, ¡vamos!

—alcanzó a decir antes de tropezar consigo mismo.

Un disparo seco atravesó el aire.

Slasher quedó paralizado.

Shed aprovechó para desaparecer entre los árboles.

Chance sonrió satisfecho, girando su pistola y lanzando su moneda al aire como si fuera parte del ritual.

—¿Qué decías de mi moneda, Shed?

Es la decimoquinta vez que te salva el pellejo —presumió.

Shed hizo una mueca y se fue renegando hacia la zona del cementerio, donde 007n7 trabajaba en un generador con calma irritante.

—¿Y si te apresuras?

Casi me parten en dos —dijo Shed.

007 se levantó despacio, cruzándose de brazos con un aire de decepción.

—Mi trabajo es mantener esto en pie… y gracias a eso han sobrevivido todos.

Patético no es precisamente la palabra —respondió.

Noob llegó jadeando.

—Generadores cuatro y cinco completos… eso eran todos —informó, desplomándose en el suelo.

—Deja de lloriquear y muévete, Shed.

Eres centinela, ¿no?

—regañó 007.

Los tres partieron de vuelta hacia la pelea.

El tiempo se agotaba, y Slasher seguía activo.

— Mientras tanto, yo había apartado al grupo herido para atenderlos.

Mi primer paciente fue Chance.

¿Por qué?

Porque lo quería… Caminé directo hacia él.

Saqué un botiquín y comencé a cubrir sus heridas, cada una más fea que la anterior.

—No tienes que ser tan gentil… y qué curioso que hayas venido por mí primero —dijo Chance con una sonrisa suave, levantando una ceja.

Me congelé.

Levanté la mirada… y él ya estaba mirándome a mí.

Demasiado directo.

Demasiado honesto.

Aparté mis ojos, sintiendo mis mejillas arder.

—No sé hacerlo de otra forma —murmuré—.

Y ya está… estás casi como nuevo.

Pero mantén distancia de Slasher y de cualquier cosa que pueda matarte.

Te quiero con vida.

Chance no escuchó nada.

O al menos, no lo procesó.

Estaba en otra parte, perdido en algo que no me atreví a leer.

Solo asintió con una sonrisa tonta.

Tomé mis cosas y fui con los demás.

Con mi cansancio habitual.

Con mi misma alegría forzada que mantenía el ambiente a flote pese a Slasher, pese al Espectro… pese a todo el mundo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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