The Forsaken Ligth - Capítulo 5
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5: V.
La sombra y el peón 5: V.
La sombra y el peón —Tenías a Two Time débil, a tus pies… Y en vez de matarlo, le diste tiempo a su grupo de reaccionar —la sombra habló con calma helada, iluminando apenas a Slasher bajo una luz tenue.
—Me confié —respondió Slasher, sin levantar la vista.
—¿”Me confié”?
¿Esa es tu excusa?
—el Espectro avanzó, su silueta enorme, más imponente que la del propio asesino.
—Para mí que el tipo trabaja con ellos y no quiere matarlos.
¡¿Y si lo matamos nosotros?!
—dijo C00lkid, saltando alrededor del Espectro como el niño caótico que era.
—Si hay alguien a quien deberíamos matar, es a ti —respondió Bluudud chupando su paleta, con un tono tan muerto como su mirada.
—¡Inténtalo, inútil!
—C00lkid se lanzó contra él, empujándolo, y ambos comenzaron a forcejear como dos demonios infantiles.
Slasher miró al Espectro con incomodidad.
Pero el Espectro solo observaba en silencio, como quien presencia un espectáculo sin importancia.
—¿Creen que ustedes podrían hacerlo mejor?
—preguntó.
Los dos niños detuvieron la pelea.
Se miraron.
Alzaron el mentón.
—Esa pregunta nos ofende —dijo C00lkid—.
¡Es obvio que somos mejores que cualquiera aquí!
—Seríamos un buen dúo si tú no estuvieras en él —retrucó Bluudud.
—¿Ah sí?
¡Ven a decírmelo de cerca!
Volvieron a golpearse.
El Espectro suspiró.
Entonces otra voz emergió desde la oscuridad, envolviéndolos en una aura verdosa: —Si envías a esos dos y C00lkid se topa con 007n7… ¿qué crees que va a pasar?
—¿Quién es 007n7?
—preguntó el niño.
—¡Nadie, C00lkid, nadie!
Vete a jugar —lo interrumpió el Espectro, tomándolo fuerte por los hombros.
C00lkid quedó pálido y callado.
El Espectro era experto en algo más que matar: destruir mentes.
Había borrado recuerdos enteros de sus seguidores, fragmentado identidades, manipulado memorias como si fueran arcilla.
Había hecho que C00lkid olvidara a su propio padre, 007.
Pero si llegaban a encontrarse… Podría recordarlo.
Y eso sería catastrófico.
—No seas ingenuo —dijo 1x desde las sombras—.
Envíame a mí.
Mis habilidades son superiores… y además, me gusta divertirme.
—Habló mirando directamente a Slasher, inclinando su espada con elegancia mortal.
—Pero jamás te has enfrentado a ellos —dijo Bluudud burlándose—.
Seguro te ganan, viejo.
—¡Silencio!
—rugió 1x—.
Son simples humanos.
Shedletsky no es más que un niño con una espada.
El Espectro se acercó a él.
El silencio entre ambos era un duelo invisible.
—Te enviaré a ti.
Pero… si fallas —una amenaza enroscada en su voz.
—No fallaré —murmuró 1x, inclinándose en señal de respeto.
El “refugio” del Espectro era un espacio oscuro e infinito, amueblado solo con restos, sombras y muebles rotos que parecían existir por lástima.
Allí esperaban los asesinos.
Allí se formaban, se pudrían, y obedecían.
Eran almas rotas.
Como los supervivientes.
Pero fragmentadas, manipuladas y sin un pasado claro.
Solo quedaba obedecer.
Existir.
Mientras el Espectro estaba presente, todos temblaban.
Pero cuando se retiraba… el ambiente no era silencioso.
Los niños presentes hacían un caos absoluto, atormentando a Slasher cada vez que podían.
Para ellos, él era un saco de golpes con pies.
Todos —asesinos y supervivientes— eran piezas de ajedrez.
Y el Espectro… jugaba con ambos bandos.
Pero Forsaken siempre guarda algo peor.
Siempre hay alguien peor.
En una zona apartada, oculta entre ruinas y pasillos abandonados, yacía un edificio tomado por nuevos habitantes.
No asesinos.
No enviados del Espectro.
Supervivientes.
Pero no del tipo bueno.
—Recibido.
Daremos la señal cuando estemos listos.
Mantente oculto —dijo uno de los hombres mientras apagaba la radio.
Se dirigió a su jefe.
—¿Noticias?
Aquel hombre, imponente incluso en silencio, observaba una pizarra llena de papeles, fotos y anotaciones.
Parecía un depredador estudiando a su presa.
—Señor… Dusekkar está moribundo y completamente solo.
Si queremos ir… es ahora.
—¿Y Chance?
—preguntó apretando los dientes.
Sonnellino.
Conocido como Mafioso.
—No hay señales de él.
Debe estar con los otros supervivientes.
Mafioso meditó un instante.
Luego sonrió, una sonrisa fina, afilada.
—No se preocupen.
No tendremos que ir por él… él vendrá por voluntad propia.
Sus hombres tragaron saliva.
Sabían lo que significaba.
—Nos cansamos de atacarlo a él… —continuó Mafioso.
Clavó una daga en la foto de Chance, hundiéndola en el tablero.
—Ahora atacaremos algo más vulnerable.
—Vámonos.
Sus secuaces limpiaron el lugar mientras él se marchaba.
Todos lo seguían.
Todos menos uno.
Un conejo.
Gubby.
La mascota de Mafioso.
Sentado sobre un estante alto, con una calma tan inquietante como la de su dueño.
El pelaje perfecto.
La mirada seria y su presencia digna.
Imponía respeto.
Incluso miedo.
Ni siquiera tenían permitido tocarlo, a menos que este mismo se lo permitieran o fuera sumamente necesario.
Se podría decir que atentar contra el pequeño animal sería lo mismo que declararle la guerra a Mafioso.
Mientras el hombre limpiaba, Gubby dejó escapar un ruido suave, casi autoritario.
—¿Puedo moverte un momento?
Solo debo limpiar ahí… —pidió el guardia.
El conejo miró el polvo bajo él… y una pequeña huella revelando que había estado ahí.
Accedió.
Era la única criatura por la que Mafioso sentía algo parecido al cariño.
Era fiel como un perro que sigue hasta el infinito a su dueño.
Había matado por ese conejo.
Muchas veces.
Podría sonar ridículo, en cierta parte lo era, pero ese conejo conservaba la única chispa de humanidad y calma que quedaba en Mafioso.
Era al único que cuidaba porque su instinto se lo decía.
Gubby, con inteligencia rudimentaria pero real, lo entendía.
Razonaba.
Pensaba.
Sentía.
Incluso había aprendido a escribir palabras torpes, temblorosas… pero palabras.
Era la criatura más pura de Forsaken.
Un animal simple, instintos simples.
Y aun así, había salvado vidas.
Y había condenado otras.
Porque, aun siendo solo un conejo… Era el corazón torcido de un monstruo.
A diferencia de los demás asesinos, Sonnellino no era uno de ellos, no era alguien enviado por el Espectro.
Él era un superviviente sin alma, un depredador.
Disfrutaba cazando a cualquier alma inocente y perdida cerca de su refugio y haciéndolos pagar cuentas de una forma enfermiza, él acababa con más personas que los propios asesinos.
Pero su principal objetivo todo este tiempo era Chance, a quien no había encontrado hasta ahora.
De un momento a otro había desaparecido del mapa.
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