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The Forsaken Ligth - Capítulo 6

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6: VI.

El peso de las alas rotas 6: VI.

El peso de las alas rotas Más adentro de Yorick’s, la batalla con Slasher había terminado… pero otra, mucho más peligrosa, estaba a punto de estallar.

Todo comenzó con las conductas extrañas de Two Time.

Su habilidad de renacer siempre había sido un misterio.

Nosotros teníamos habilidades absurdas —yo lanzo una pizza que cura heridas graves, por el amor a todo— pero renacer… eso era un fenómeno aparte.

Two Time era un centinela: su función era paralizar enemigos.

Nada más.

Pero sus “vidas extra” ponían a todos nerviosos.

Sería el más poderoso del grupo… si no fuera tan torpe en combate y dependiera tanto de su daga.

Igual que yo con mi pizza.

—Deja de preocuparte, Guest, estoy bien.

No soy un loco —dijo Two Time, sujetado por 007 y Builderman.

—¡No!

¡No estás bien!

—rugió Guest—.

Esa obsesión tuya con el “Spawn”… nos va a condenar a todos.

Sea real o no, estás llamando algo que no entiendes.

Golpeó una lápida con el puño, el eco retumbó en el cementerio.

—¿Maligno?

¡No, no, no!

El Spawn es divino —protestó Two Time—.

¡Nos bendice con reencarnación!

Guest estaba perdido entre frustración, miedo y culpa.

Two Time era su amigo.

Pero también un misterio viviente.

Y eso es peligroso en un lugar como este.

—¿Y cómo consigues renacer?

—preguntó Noob.

Two Time se quedó en blanco.

La pregunta lo atravesó como un dardo.

Lo desnudó.

Todas las miradas cayeron en él.

Guest entendió que había tocado el punto exacto.

—¿Cómo renaces, Two Time?

—insistió con voz firme.

Y entonces ocurrió.

Las alas y la cola —características de su segunda vida— se desvanecieron.

Se derritieron como humo.

Regresó a su primera vida.

Silencio.

Hasta que llegaron risas.

Chance y Elliot venían entrando, caminando juntos, distraídos, felices.

Ignorantes.

—¿Qué hacen?

—pregunté, viendo el panorama.

—Two Time, te ves pésimo.

¿Quieres pizza?

—saqué mi caja.

—Solo estoy agotado.

La reencarnación cansa, amiga —respondió él.

—¿Y por qué lo tienen sujeto?

¡Dejen de acosarlo!

—se metió Chance, separándolo del grupo con un empujón.

Lo cargó.

—¿Guest?

¿En serio?

—se indignó Builderman.

Guest ignoró a todos, subió a una estatua y se quedó mirando el horizonte.

El sol comenzaba a ocultarse.

El refugio estaba lejos.

— Dusekkar despertó sobresaltado por Taph, que armaba barricadas, cables y bombas en la casa.

Su “nido”.

—Taph… eso está hermoso, pero los chicos están afuera.

No podrán pasar —le dijo con ternura.

Ella no respondió.

Solo miraba por las ventanas, inquieta.

Una de sus bombas explotó en la lejanía.

Dusekkar se levantó de inmediato, tomando su bastón.

Taph corrió a esconderse bajo los sacos.

—Tranquila —le dijo Dusekkar, acercándose—.

No es un asesino.

El Espectro no envía dos seguidos, ya lo sabes.

La abrazó.

Ella temblaba.

—Solo revisaré afuera… aunque temo más a tus trampas que a quien sea que esté ahí —intentó bromear.

Salió con cuidado entre cables y explosivos improvisados.

—¿Quién anda ahí?

—preguntó hacia la oscuridad.

Las ramas crujieron.

Las hojas secas se arremolinaron a sus pies.

Alguien lo observaba.

Mientras tanto, el grupo regresaba hacia el refugio.

Lento.

Discutiendo.

Otra vez.

Chance cargaba a Two Time, exhausto.

—¡Te estoy diciendo que…— comenzó Elliot.

—Alto —los detuvo Guest.

Todos se quedaron quietos.

—¿Por dónde vinimos?

—preguntó, con un nudo en el estómago.

007 señaló.

—Por ese puente.

Hacia allá.

Guest se agachó y tocó la tierra.

—Estas pisadas no son nuestras.

Un rastro completo… directo al refugio.

—No… no puede ser —susurró Guest—.

El Espectro no puede enviar a otro asesino… ¡No puede!

—¿Quién te manda a perder el tiempo interrogando a Two Time?

—se quejó Elliot, avivando la discusión.

Guest la tomó de los hombros y la acorraló contra un árbol.

—Escucha.

Todos tenemos habilidades dadas por el Espectro.

Tú, yo, todos.

Pero renacer no es de él.

No viene de aquí.

Y no saber de dónde viene lo convierte en una amenaza.

Tenía razón.

Dolía, pero tenía razón.

Chance dejó a Two Time en el suelo… y se lanzó encima de Guest.

Ambos cayeron.

—¡No vuelvas a tocarla!

¡O… o te golpeo tan fuerte que… —balbuceó.

Ni él se creyó su propia amenaza.

Guest, acostado, sonrió.

Lo dejó ganar.

—Está bien.

Ganaste tú —dijo simple, casi divertido.

Pero lanzó una última frase al aire, sin verlo: —Pero… tú la tocas a ella… Todos se quedaron boquiabiertos.

Elliot incluida.

Chance se volvió a lanzar.

Ambos rodaron por el suelo en un forcejeo ridículo y adorable.

Elliot se hundió en su gorro, roja como un tomate.

—No hablaba de eso… no se refería a eso —excusó.

Builderman se le acercó con una ceja levantada.

—Si se escapan, si se dan muestras de afecto, si se miran así… eso es un noviazgo, querida.

Ella abrió la boca para defenderse… pero la cerró.

Se sentó junto a Two Time, completamente vencida.

—No es… no somos… —murmuró.

—Tranquila —dijo Two Time—.

Yo hubiera hecho lo mismo.

Además Chance es… uf.

Elliot bufó avergonzada.

—Bueno… es mentira si digo que no me gusta.

Risas.

Carcajadas.

Olvidaron la tensión.

—Bueno… es… agradable, me gusta.

Dieron unas pocas carcajadas.

Ignorando las huellas que habían encontrado, bajaron la guardia y eso los condenó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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