Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

The Forsaken Ligth - Capítulo 9

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. The Forsaken Ligth
  4. Capítulo 9 - 9 IX
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

9: IX.

Pájaro herido 9: IX.

Pájaro herido No muy lejos de Yorick’s… Había un lugar vacío, podrido, condenado a retener miseria en cada rincón.

Y ahora… sería el único consuelo de Taph.

Un golpe seco dejó inconsciente a la pobre “ave”… si es que aún podía llamarse así.

Despertó colgada sobre el hombro de uno de los hombres, viendo el mundo boca arriba, incapaz de mover algo más que sus ojos.

Era demasiado pequeña para intentar siquiera escapar.

Llegaron a la entrada del lugar.

Dos guardias vigilaban; uno dormía de pie.

—¿Ya despertaste?

—la voz de Mafioso retumbó en el pasillo.

Taph se estremeció pensando que hablaba con ella.

Pero no.

Era para su guardia.

El otro hombre lo empujó, despertándolo de inmediato.

El guardia balbuceó una disculpa.

Dentro, el grupo se dispersó entre los pasillos convertidos en un laberinto húmedo, oscuro y maloliente.

Un refugio improvisado… o una prisión perfecta.

—Mi querido Gubby… ¿cómo estás, cosita?

—dijo Mafioso mientras tomaba a su conejo a medio dormir.

Gubby movió su cola y emitió un pequeño sonido—algo entre adorable y desconcertante.

—Sir… ¿qué hacemos con el pájaro?

—interrumpió uno de los hombres.

Mafioso bajó a Gubby con evidente fastidio.

—Déjenme verla.

El conejo pasó de mirar a su dueño… a mirar a la criatura que acababan de arrastrar hasta allí.

Sus orejas se levantaron con curiosidad.

Bajaron a Taph y, en el segundo exacto en que sus pies tocaron el piso, ella actuó: lanzó una bomba a sus pies y salió corriendo por los pasillos.

—¡Al suelo!

—gritaron los secuaces, cubriéndose la cabeza.

Mafioso y Gubby intercambiaron una mirada silenciosa y burlona.

Mafioso se agachó, tomó la bomba y la aplastó entre los dedos como si fuera de papel.

—No puedo creer que hayan caído en eso.

Era falsa.

Los hombres se incorporaron confundidos.

—Pero… en Yorick’s una igual nos explotó.

—Exacto, bobo.

Las verdaderas hacen un sonido único al activarse.

Esta no hizo nada.

Pongan atención.

Gubby remedó su explicación con ruiditos burlones.

—¿Te callas?

Estoy enseñándoles.

El animal bufó junto a una carcajada indignada, regresó a su repisa, Mafioso suspiró con irritación.

—Búsquenla.

Y enciérrenla antes de que construya un nido que nos tome tres horas desarmar.

Taph corrió por los pasillos angostos, buscando puertas, huecos, escaleras.

Nadie intentó atraparla.

Nadie se inmutó.

No era porque no la vieran.

Era porque sabían que, dentro de ese laberinto, ella ya no tenía salida.

En menos de cinco minutos la acorralaron.

Ella retrocedió, alas tensas, mirada amenazante… pero minúscula ante ellos.

—Vamos, ven.

Pst pst pst —la trataban como a un animal.

Uno de los hombres se acercó y ella lanzó otra bomba.

—Bien, clase rápida —dijo un guardia—.

¿Era real o no?

No tuvieron tiempo de responder.

La explosión dejó a uno de ellos aturdido en el suelo.

—Reales —dijo otro—.

Sonaban, te dije.

Sin esfuerzo la cargaron.

Era tan ligera, tan débil, que ni siquiera se preocuparon por sujetarla bien.

Atravesaron pasillos eternos y la arrojaron dentro de una habitación miserable.

—Vuela, pajarito.

El guardia la lanzó al aire.

Cayó de cara al piso áspero.

—Idiota, no vuela.

—¿Entonces por qué tiene alas?

—Decoración… supongo.

—Creo que son biológicas.

—Pues es un pájaro herido.

Debatieron media hora la anatomía de Taph mientras cerraban la puerta.

Taph estaba encerrada.

No había ventanas ni ranuras.

Solo el eco de pasos afuera… y un dolor punzante en su ala, donde le habían arrancado una pluma.

Empezó a tender cables por la entrada con manos temblorosas.

No se atrevió a colocar una bomba; la oscuridad era demasiada y podía herirse a sí misma.

Se acurrucó en una esquina, abrazándose las piernas.

Esperaba.

O sobrevivir… o desaparecer.

Pasaron horas.

Quizás días.

El tiempo se volvió un enemigo sin forma.

Cuando escuchó llaves, armó una bomba a toda velocidad, lista.

—Oye, pájaro.

¿Quieres comer?

—asomó un guardia.

Taph lanzó la bomba a sus pies.

—¡Maldita sea!

¡Te estamos manteniendo viva!

—gritó, apartándose justo antes de la explosión.

Taph se lanzó a la puerta.

Y chocó de frente contra Mafioso.

Cayó al suelo sin gracia.

—Tan pequeña… pensé que serías más aburrida —sonrió él.

Ella retrocedió hasta pegar la espalda contra la pared, inmóvil, temblorosa.

Mafioso se arrodilló.

Intentó bajarle la capucha.

Taph apartó su mano con un movimiento brusco.

Él la sujetó del rostro, con una fuerza que podría acabarla en segundos si él lo quisiera.

—Te mantenemos viva y aún así intentas atacarme… ¿quién te crees?

Taph guardó silencio.

Su mutismo lo irritó.

—Ah, cierto… olvidé que no tienes lengua.

La sujetó con fuerza y le rozó la mejilla con su espada.

Una línea roja apareció en su piel.

Ella ni siquiera intentó huir.

Tenía miedo de empeorarlo.

—Solo venía a comprobar que sigues viva.

Vendré por ti más tarde, pájaro.

—Jefe… —dijo un secuaz en la puerta—.

¿No queríamos a Chance?

¿Por qué trajimos a ella?

Mafioso la levantó un instante como si fuera un trofeo.

—Porque Chance pertenece al grupo de Dusekkar.

Y esta pajarita es su “compañera inseparable”.

Si la tenemos… él hará lo que sea por recuperarla.

Incluso entregarnos a Chance en bandeja de plata.

—Muy buen plan.

Oiga, ¿esa cosa es mujer?

—Lo único femenino que le veo son los ojos.

—Ya basta.

Vámonos.

La dejó caer como basura.

La puerta se cerró.

Taph se tocó la mejilla herida.

Las lágrimas escaparon sin permiso.

El tiempo pasó.

Mafioso enviaba siempre al mismo guardia.

Grande.

Rudo.

Con una mente enferma.

Solo entraba para darle comida y agua… y para intimidarla.

Taph resistió con todo lo que pudo: bombas, trampas, señas, miradas feroces.

Hasta que se quebró.

Dejó de comer.

Dejó de beber.

Dejó de luchar.

Prefería morir antes que servir como moneda de cambio.

Mafioso no lo permitió.

Entró con brusquedad.

Sus hombres la sujetaron, le ataron las manos.

La levantaron sin cuidado.

Gubby miraba desde el hombro de su dueño, aparentemente dormido… pero atento.

—Si tú mueres —susurró Mafioso— iremos por Dusekkar también.

Si tú dejas de respirar.

Él también.

Así que mantente viva por su bien.

— Esa noche, cuando la puerta volvió a chirriar, Taph se tensó por completo.

Sus manos—atadas—intentaron formar señas desesperadas.

Nadie las entendería.

El guardia entró.

El grande.

El de mente rota.

Taph retrocedió hasta quedar pegada a la pared.

Sus alas temblaron como hojas bajo la lluvia.

—Qué silenciosa eres… me gusta —dijo él, cerrando la puerta.

Sus ojos pidieron ayuda.

Su cuerpo rogó distancia, respeto.

No consiguió ninguna.

La mano áspera tomó su túnica.

Ella chocó contra la pared.

Un gesto, una seña, un temblor.

Él fingió no entender.

Después de todo, solo era un pájaro herido.

Taph cerró los ojos.

Pensó en Dusekkar.

En su promesa.

En su sonrisa.

Y luego… nada.

Silencio.

Oscuridad.

Cuando todo terminó, él salió sin mirar atrás.

Como si ella hubiera sido solo un objeto.

— No supo cuánto pasó.

Minutos.

Horas.

Tal vez un pedazo de eternidad.

Taph se quedó abrazando su propio cuerpo, sin soltarlo.

Sus alas estaban rígidas, su respiración quebrada.

Limpiarse una lágrima dolía.

Pero la limpió igual.

Se arrastró hacia un rincón y se dejó caer.

“Alguien vendrá por mí”, se repitió.

Una promesa.

Un ancla.

Las llaves volvieron a sonar.

Ella se tensó como si su alma fuera a partirse.

—No no no, sin problema, señor.

Pase… —dijo un guardia con voz temblorosa.

La puerta se cerró.

Taph apretó los ojos, esperando la peor sombra.

Los abrió lentamente… Y vio a Gubby.

Sentado frente a ella, como un pequeño guardián silencioso.

Se lamió la pata.

Se limpió la oreja.

Ninguno podía hablar.

Pero se entendieron en un segundo.

Taph dudó.

Creyó que era una nueva crueldad.

Tembló.

El conejo observó sus manos heridas y atadas.

Mordisqueó sus ataduras con cuidado hasta liberarla.

Luego se recostó en su regazo.

Pequeño.

Suave.

Presente.

Taph suspiró.

El primer suspiro que no era dolor.

Acarició el pelaje de Gubby, aún dudando.

Él emitió un sonido tierno, casi musical.

Por primera vez desde que la atraparon… Taph no sintió miedo.

Sintió compañía.

Sintió protección.

Sintió… esperanza.

La mirada de Gubby, la cual siempre había sido orgullo, determinación y elegancia… se había tornado en algo triste.

Vacío.

Entendió el infierno que acababa de soportar la pequeña criatura alada.

Él no había sido responsable, pero aún así.

Con el simple hecho de pertenecer al bando enemigo, sentía que también era culpable.

Agachó las orejas y frotó su cabeza contra su débil y fría mano.

Un pequeño sonido triste lo dijo todo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo