The strongest warrior of humanity - Capítulo 101
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- Capítulo 101 - 101 capitulo 101 Fui demasiado lejos con los reyes
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101: capitulo 101 Fui demasiado lejos con los reyes 101: capitulo 101 Fui demasiado lejos con los reyes Ya me estaba hartando de esta situación… así que decidí intervenir.
—Oigan… hay algo que quiero decirles.
—Me aclaré la garganta, intentando sonar relajado—.
Como traje a las personas sanas y salvas, quiero pedirles una petición.
No por parte mía… sino de cierta persona —dije mientras esbozaba una sonrisa leve.
Shima me miró con interés.
—Dime, niño.
¿De qué se trata?
—Quiero que su gente estudie en nuestra Academia Ryouou Clannad.
Es una de las mejores escuelas de nuestro reino… y por eso quiero pedirles que— Me detuve cuando todos ellos quedaron en silencio.
Se miraban entre sí, evaluando cada palabra.
Parecía que estaban tomando una decisión importante.
Finalmente, James habló: —Muy bien, niño.
Dices que nuestra gente estudie en tu academia… pero ¿qué ganamos nosotros a cambio?
Sentí un vacío en el estómago.
No tenía respuesta clara.
Pero aun así, dije: —Si es necesario… puedo ayudarlos.
Todos giraron su mirada hacia mí.
Sus ojos pesaban como montañas.
—¿Sabes lo que estás diciendo, verdad?
—gruñó Grayson—.
Entonces, ¿qué te parece este trato?
Si nos demuestras de qué estás hecho en el Gran Festival, aceptaremos tu petición.
Pero si pierdes… o no demuestras lo que vales… Se inclinó hacia adelante, su mirada oscura como la noche.
—Te quedas como prisionero por el resto de tu vida.
¿Aceptas ese trato?
Aiden explotó de inmediato.
—¡Oye, Grayson!
¿No estás yendo demasiado lejos?
¡Míralo bien, es un niño!
No puedes condenarlo así.
Estoy en contra de esto, y ustedes también deberían estarlo.
Sage cerró los ojos un instante, como si midiera cada palabra… hasta que habló con elegancia y firmeza: —Estoy de acuerdo con Aiden.
Este joven es demasiado valioso para condenarlo a varios años de prisión.
Él podría morir antes de tiempo… y no queremos que alguien como él muera así.
Luego abrió los ojos y su voz se volvió tan fría y penetrante que heló la sala: —Por eso les ofrezco algo a cambio.
No deben tocarlo ni lastimarlo.
No mientras yo esté viva.
¿Entendido?
El salón entero quedó en silencio.
Sage… la Reina de los Dragones… había puesto su vida como garantía.
Y todo por mí.
—Me rehúso a aceptar eso.
—Mi voz tembló un instante… pero ya había tomado mi decisión—.
Acepto tu trato, Grayson.
Una sonrisa retorcida se dibujó en su rostro.
Se levantó lentamente, caminó hacia mí y trazó un círculo de contrato que comenzó a brillar bajo nuestros pies.
—Oye, niño estúpido… ¿qué crees que estás haciendo?
—escupió Sage, su mirada fría y llena de ira—.
¿Por qué decides antes de actuar?
Yo ya estaba ofreciendo otro trato, pero tú… —A mí no me interesa nada de eso.
—Le sostuve la mirada con firmeza—.
Solo te pido una cosa… Una sombra amenazante se formó en mis ojos.
—¿En qué momento te pedí tu ayuda?
¿Acaso tengo que esperar a que los demás vengan a salvarme?
No, gracias.
Esto lo hago yo, solo y únicamente yo.
Así que… haz el contrato.
—¡Basta, mocoso!
—Aiden dio un paso adelante, furioso—.
No voy a permitir que hagas una locura.
Debes escuchar a tus mayores.
—¿Mayores?
—Bufé con desprecio—.
No me hagas reír.
¿Creen que saben lo que uno ha vivido?
¿Saben algo sobre mí?
¡No, ¿verdad?!
Entonces, en vez de hablar sin parar… mejor cállate.
¿Te quedó claro, rey Aiden?
—¡Maldito niño!
No sabes lo que acabas de hacer.
—Sé perfectamente lo que hago.
—Mi voz salió dura como una espada—.
No se metan en mi camino.
Si decidí esto… es porque es una prueba que yo mismo debo demostrar.
¿De qué sirve llamarse caballero si no lo das todo?
Apenas terminé de hablar, sentí una bofetada explotar en mi mejilla.
Sage.
—Eres un grandísimo imbécil.
—Su voz resonó en mi cabeza como un trueno.
Apreté los dientes.
No quería depender de nadie.
No quería arriesgar sus vidas por mí.
—Te diré algo, Sage… —La miré con una calma que ni yo sabía que tenía—.
Cambié de opinión.
No iré a verte más tarde.
Hazte a un lado, por favor.
No quiero ser agresivo con nadie.
Miré a Grayson.
—Termina con esto.
Grayson sonrió de nuevo, satisfecho.
—Muy bien, muchacho.
Me agradas.
Alguien dispuesto a superar una prueba… demuestra el tipo de guerrero que es.
Porque quien se atreve… debe saber lo que significa cumplir.
Y también lo que jamás logró cumplir… El círculo de contrato ardió bajo mis pies.
Y el destino comenzó a cerrarse sobre mí.
—¿Esto es el contrato que debo cumplir, verdad?
—pregunté con un tono curioso, aunque por dentro sentía cómo el aire se volvía más pesado.
—Es correcto —respondió Grayson—.
Pero no te preocupes… ellos lo hacen por tu bien.
Eres un niño, aunque sabes perfectamente lo que esto conlleva, ¿no es así?
—Así es, lo sé.
—Tragué saliva—.
Y esto no será nada fácil.
Por eso… me iré de este reino más tarde.
Saleh abrió los ojos cuando me vio guardarme todo lo que llevaba dentro, como si sellara una decisión que nadie podría cambiar.
—Discípulo… ¿por qué has hecho eso?
—Su mirada no se clavó solo en mí; se reflejó en alguien que ya estaba cansado de cargarlo todo.
Asentó lentamente.
—Si esa es tu decisión, te apoyaré.
No importa lo que digan los demás, porque tú eres alguien especial… tu naturaleza lo es.
Pero la pregunta del millón es: ¿por qué rechazaste la oferta de esa otra persona?
¿Por qué te comportas como si ya fueras un adulto mayor?
Eso es lo que no entiendo.
¿Qué te hizo hablar con tanta dureza, con tanta convicción?
Cuando te miro… veo una soledad profunda.
Todo… lo quieres cargar tú solo.
—¿Crees que tú…?
—intervino Shima, furiosa—.
¡No hables con ese tono, niño arrogante!
¿Crees que vamos a depender de ti?
¡Eres lo más ridículo que he escuchado en mi vida!
Jamás y nunca vamos a depender de un simple humano.
Dio un paso adelante, su voz como una lanza.
—La forma en que nos hablaste fue una falta de respeto.
Así que lárgate… y no regreses nunca.
¿Te quedó claro?
Antes de que la tensión explotara, Grayson habló con calma.
—Parece que están exagerando.
Él solo quería demostrar hasta dónde está dispuesto a llegar… Pero ustedes, con sus egos, no entienden nada.
El contrato que hice… solo fue para comprobar su determinación.
Para ver qué tan decidido estaba.
El silencio cayó como una piedra.
Todos quedaron boquiabiertos.
—Espera un momento, Grayson… ¿acaso…?
Él sonrió con diversión.
—Exacto.
Solo quería ver sus reacciones.
Y ahora que los vi ser tan duros con él… Sage apretó los dientes con rabia, mordiéndose el labio.
—Maldición… —Está bien —dije al fin, dando un paso atrás—.
Me iré hoy mismo.
—Niño, espera— intentó detenerme Sage, pero ya era tarde.
Me teletransporté con un destello de magia.
El contrato ya estaba hecho, pero eso no importaba.
Abandoné el lugar sin mirar atrás.
Activé la telepatía.
—Angélica, es hora de irnos.
—Mi voz sonó fría, hueca—.
Ya no tengo nada que hacer aquí.
Ve y dile esto a Alefa y a los demás.
—Entendido, Carlos —respondió Angélica mientras caminaba entre los pasillos del reino—.
¿Debo llevarme a Melissa también?
—Sí.
Y si te pregunta el porqué… no le digas nada.
Solo dile que venga.
Nada más.
—Como usted ordene.
La conexión se cortó.
Bien… ya nada importa —dije mientras caía lo más lejos posible del reino.
El único lugar donde nadie sería capaz de encontrarme era el Bosque de los Espíritus, el mismo sitio donde por última vez estuve con Shiro en mi vida anterior.
Solo verlo bastaba para llenarme de una calma profunda.
Me recordaba quién fui alguna vez.
Como sea… pensé, solo debo entrenar y comprender el flujo de mi poder.
Tal vez haya algo nuevo en mí, algo que nadie ha notado aún.
Me senté bajo la cascada, dejé que el agua cayendo cubriera mis hombros y crucé ambas piernas, iniciando mi entrenamiento.
— Horas después… Todas las grandes razas estaban inquietas por Carlos.
Cada uno meditaba si lo que hizo Shima había sido correcto.
—Cometí un grave error —confesó Sage, con la voz quebrada por la frustración—.
Todo se salió de control… le di una bofetada.
No era mi intención, pero la forma en que reaccionó no me gustó.
Yo me ofrecí para que no viviera una vida en la prisión del encarcelamiento: un lugar oscuro, solitario, donde quienes entran son olvidados por el paso del tiempo.
Nadie sale de ahí… jamás.
Apretó los puños.
—Por eso me preocupé por el niño… No quería que alguien como él muriera así.
Quería contarle la verdad de lo que él y yo hablamos… pero la arruiné.
Fue mi primer error.
Y ahora… ya no hay vuelta atrás.
— Antes de que todos se retiraran… Angélica apareció donde estaba Alefa.
Se cruzaron en el pasillo.
—Oh, vaya… estás aquí —dijo caminando hacia ella.
—Sí, miraba el paisaje.
¿A qué viniste?
—A entregarte un mensaje de Carlos.
Alefa parpadeó, confundida.
—No sé qué le pasó, pero me habló distante por telepatía.
Me dijo que te dijera esto… Angélica tomó aire y repitió con exactitud: —“Alefa, ya cumplí con mi deber y, tal como te prometí, logré convencerlos.
Pero a cambio…” Lo que siguió dejó a Alefa paralizada.
Su rostro se congeló.
Los ojos abiertos.
El aliento detenido.
—“…Me fui de tu reino por un error que yo cometí.
Y tu tío me echó.
Ya no tengo intención de volver.
Espero verte en el festival.
Para entonces, ganaré.
No pienso perder ante nadie.” Angélica continuó: —No fuiste la única, Alefa.
También le dije esto a quienes Carlos rescató.
Él… se siente decepcionado de sus reyes, incluido tu tío.
Solo vine a darte este último mensaje.
—Yo… yo no quería que él se fuera… —dijo Alefa bajando la mirada, temblando—.
¿Por qué tenía que pasar esto?
—No culpes a tu tío.
Él tenía razón sobre él.
No sé qué hizo, pero ya no será bienvenido por las grandes razas.
Fue un error grave echarlo así.
Dile esto a tu padre: que cuando me den la orden… vendré a destruir este lugar.
La voz de Angélica se volvió gélida.
—Espero que para ese entonces esté listo para dar su último golpe de vida.
Alefa se desplomó de rodillas, temblando.
—Por favor… no lo hagas.
No quiero que todo termine envuelto en llamas.
No quiero que mi gente sufra.
Te lo ruego… Angélica la miró fijamente.
Algo en la princesa despertó su interés.
Le colocó la mano en la cabeza; Alefa creyó que moriría.
Pero, al contrario, Angélica simplemente acarició su cabello.
En ese momento, como un destello entre las sombras, apareció Saleh.
—Tú… siempre molestando, Saleh —dijo Angélica, girándose con fastidio—.
¿A qué vienes?
—Dime dónde está Carlos.
Quiero hablar con él.
—¿Y para qué?
—preguntó ella con frialdad.
La expresión de Saleh cambió, volviéndose oscura.
—Porque… es mi discípulo.
Nuestro discípulo.
Solo quiero ayudarlo.
Y tú también debes hacerlo.
Por eso te pido esta petición.
Te odio con toda mi alma… pero si se trata de él, debemos apoyarlo.
Angélica abrió los ojos sorprendida.
—¿Me estás pidiendo que…?
—Sí.
Llévame contigo, Angélica.
—¡Ejem!
¡Oigan!
¡No se vayan sin mí!
—gritó alguien.
Rai había llegado, jadeando—.
Voy con ustedes.
Angélica gruñó.
—No sé qué haré con ustedes… y seguro él odiará esto.
Pero está bien.
Vengan.
Les mostraré dónde está.
Carlos me dio la ubicación exacta.
También tomó a la miedosa Melissa.
Mientras tanto… Carlos permanecía bajo el agua, controlando el flujo de su energía mientras su alrededor se iluminaba con cristales de luz.
Algo nuevo estaba formándose en él.
Algo que dormía desde antes de su ren encarnación… Algo que el mundo jamás había visto.
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