The strongest warrior of humanity - Capítulo 103
- Inicio
- Todas las novelas
- The strongest warrior of humanity
- Capítulo 103 - 103 capitulo 103 algo mal paso aquí
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
103: capitulo 103 algo mal paso aquí 103: capitulo 103 algo mal paso aquí Punto de vista de Angélica Sawa Solo lo miré por unos instantes, pero su dragón… es demasiado molesto.
Devora mis ataques como si nada, y aun así hay algo en él que captó por completo mi atención.
Carlos ha intentado mantener el control de su dragón por mucho tiempo, pero jamás podrá hacerlo en su estado actual: lo está consumiendo por dentro.
Su magia y su poder se debilitan cada vez más.
Mientras tanto yo, corriendo como nunca, esquivaba cada ataque de ambos, respirando entre golpes y cambios de ritmo.
—Pero hagas lo que hagas, tienes un camino que recorrer —pensaba mientras le seguía el paso—.
Sé que quieres volverte fuerte, pero la forma en que avanzas… es como verme a mí misma en un espejo.
Eso lo convierte en algo similar a mí —aunque no del todo; cada uno tiene su propia naturaleza y manera de pensar.
Sin embargo, al verlo… noto que está haciendo algo bien.
Ha progresado, aunque sea un poco.
Puedo sentir su núcleo, pero es muy distinto al de los demás.
Los dos tenemos núcleos diferentes… pero lo que más me intriga es cómo aprendió a cambiar su flujo.
¿Cómo lo hizo exactamente?
Hay cosas en él que nadie logra entender.
Igual que aquella vez, hace un año, cuando lo entrenaba sin descanso.
Incluso su hermana menor me contó todo: cada detalle de su pelea contra Lucifer.
Lograste expulsarlo de tu cuerpo… pero, ¿cómo?
Yo sé que cuando alguien está siendo controlado, jamás podría escapar de ese destino tan cruel.
Por eso investigué más sobre ti.
Y llegué a la conclusión de que tú no eres alguien normal.
Hay algo en ti que está despertando, un poder que tú mismo posees.
Creí que solo era un mito… hasta que Josué me reveló la verdad del enorme problema en el que tú y ella están envueltos.
El Imperio está buscando ese poder tuyo.
Si te capturan a ti o a tu madre… todos estaremos jodidos por el resto de nuestras vidas.
Porque un gran poder trae consigo una responsabilidad… y una carga enorme.
Mi mirada cambió.
Me quité la liga que sujetaba mi cabello y sentí cómo mis ojos brillaban con determinación.
Una luz de hielo empezó a formarse a mi alrededor, expandiéndose en una onda destructiva.
Al liberar esa presión monstruosa, Carlos notó algo en mí… pero no le dio importancia.
—Veamos si puedes seguir mi ritmo —murmuré, preparando mi magia—.
Si realmente quieres superar algo… tendrás que pasar sobre mí.
Yo me moví primero, y él también.
Nuestras espadas se cruzaron con un chasquido brutal mientras nuestras magias estallaban por todo el lugar.
Era justo lo que tenía en mente… pero entonces lo vi.
Estás planeando despertarlo de nuevo.
¿De verdad este niño quiere morir usando un poder que ni siquiera puede controlar?
Una mirada fría se dibujó en mi rostro.
No voy a dejar que lo hagas.
No quiero que ellos sepan del poder que solo tú estás cargando.
Puedo ver lo mucho que estás sufriendo por llevar ese poder sobre tus hombros.
Estás cargando una herida mortal que solo muestra arrepentimiento, dolor… y una ira que puedo sentir en cada choque de nuestras espadas.
Él atacaba cada vez más rápido, pero yo le seguí el ritmo, destruyendo el lugar con cada uno de nuestros golpes.
Saleh, Melissa y Alefa Rai lo sintieron.
Quedaron paralizados.
Sus miradas no podían apartarse de Carlos, de mí… ni del dragón negro que comenzaba a adaptarse a este encuentro.
—Estos dos están fuera de mi alcance… —murmuró Melissa con frustración e irritación.
Pero al mismo tiempo entendía algo; algo que ahora, por fin, se le hacía claro—.
Ahora entiendo por qué mi padre te confió esto… para que tú fueras mi maestro.
Y entonces lo vio.
Esos reflejos.
Esas técnicas de combate.
Eran de alguien con verdadera experiencia.
Los ataques chocaban una y otra vez, resonando como truenos.
Carlos retrocedía, esquivaba, y usaba magia de teletransportación.
Nombraba el hechizo, cambiaba de lugar, soltaba su flexibilidad al máximo, desaparecía y reaparecía como si su cuerpo flotara en otra dimensión.
Saleh quedó helado al verlo.
—¿Cómo… cómo demonios conoce esa técnica?
—susurró con los ojos muy abiertos.
Y al final, sin entender nada de lo que estaba ocurriendo, solo pudo soltar: —¿Qué carajos está pasando aquí?
Maldición —dijo Carlos con una mirada seria y arrogante—.
No puedo creer que ni siquiera pueda dejarle una sola herida… pero hay algo más.
Cada vez que el dragón oscuro y yo nos movemos rápido para acorralarla, no funciona.
Logra resistir esa presión abrumadora… Sin embargo, una sonrisa se dibujó en mi rostro.
Hay una forma de hacerlo.
Carlos blandió la Espada Nocturna, cerrando sus ojos.
En ese instante, Angélica apareció detrás de él, intentando derribarlo al suelo.
—Para eso debes ser muy inteligente, ¿no es así, Angélica?
—gruñí—.
¿Qué diablos…?
Carlos desapareció, invocando Dios del Rayo.
De sus ojos brotaban chispas azul traslúcidas.
Concentró sus reservas de maná, adaptándose a moverse sincronizado con el dragón.
Nos miramos uno al otro.
—Ya sabes lo que tienes que hacer —le dije al dragón.
Él obedeció.
Una poderosa ráfaga de viento emergió cuando abrió sus fauces, listo para atacar.
Angélica lo notó de inmediato.
No se quedó atrás.
Elevó su espada hacia el cielo.
—Espadas de Hielo del Destino —proclamó.
Cientos… miles de espadas se manifestaron desde todas direcciones.
Parecía infinito.
—Esto se está saliendo de control… —susurré.
Saleh apareció detrás de mí, golpeándome con sus puños cargados de maná celestial, lanzándome al suelo.
Me levanté con una mirada siniestra.
Estaba molesto… ¿Por qué había intervenido?
—Angélica —dijo con voz grave—.
Detén este entrenamiento.
Esto se está yendo demasiado lejos.
—¿Bromeas?
—respondió ella con una sonrisa tranquila—.
No te metas si no quieres impedir que él se vuelva fuerte.
Él aún no ha terminado.
Si fuera tú… miraría hacia abajo.
—¿De qué estás hablan—?
Sus palabras se cortaron.
Carlos lo mandó volando con un solo movimiento.
Rai lo miró fijamente y lanzó Bomba de Sangre, múltiples proyectiles escarlata que explotaron al contacto.
Una explosión brutal envolvió a Carlos, dejándolo gravemente herido.
Pero Alefa no desperdició esa oportunidad.
Apareció detrás de mí y, con un solo movimiento, me lanzó muy lejos usando una lanza desconocida.
Escupí sangre.
El golpe me había torcido el cuerpo, pero entonces noté algo… algo que no había visto antes.
¿Por qué Melissa no atacó?
Esa duda me atravesó, y de pronto entendí lo ingenuo que había sido.
¿Está frustrada…?
¿Pero por qué?
Lo que hizo antes estuvo bien.
¿O acaso descubrió la realidad… que estoy mucho más lejos que los demás?
Quizás cometí un error al liberar incluso una pequeña parte de mi fuerza.
Nuestros ojos se cruzaron.
Sentí algo helado en mi interior… como si otra persona, oculta dentro de ella, me observara desde la oscuridad.
Melissa abrió la boca para hablar, pero no escuché nada.
Solo silencio.
Un silencio antinatural.
Entonces algo en ella se movió.
No lo vi venir.
Nadie lo vio.
Todos quedaron congelados… y Angélica fue la primera en reaccionar, con furia en sus ojos.
—¡Melissa, tú…!
No terminó la frase.
Un dolor desgarrador me atravesó.
—¡Agh!
—grité cuando vi mi brazo caer lejos de mí.
¿De dónde demonios salió esa fuerza?
Mi instinto rugió dentro de mi cabeza: Huye.
¿Por qué?
¿Por qué me advierte eso?
Tragué saliva mientras analizaba su presencia.
¿Está despertando un poder…?
¿Cómo no lo había notado antes?
¿Y por qué ahora?
Sus ojos cambiaron.
Un rojo profundo, como una gota de sangre pura, brillante… hermoso y mortal.
Y ese fue solo el comienzo del entrenamiento más peligroso que habíamos tenido.
Todos retrocedieron de inmediato, excepto Saleh y Angélica.
Ellos no entendían nada de lo que estaba ocurriendo.
Pero cada corte, cada estallido de magia, iba directo hacia mí.
Parpadeábamos y ya estábamos en otro punto del campo.
Nuestros choques rompieron cualquier límite anterior, ascendiendo a un nivel completamente diferente: el poder de alguien que perdió algo importante… y la obsesión de ser el más fuerte entre nosotros.
En Melissa había una mirada perversa, siniestra, que jamás había visto.
Nuestros ataques continuaban como si nada existiera alrededor.
Ella conjuró varios hechizos apuntando a mi pecho.
Yo apreté la mandíbula.
“Tendré que usarlo ahora mismo…”, pensé.
Pero no me dio ni una oportunidad.
Un solo golpe bastó para dejarme fuera del combate.
—¿Q-qué… diablos está ocurriendo, Melissa?
—susurré, atónito.
La persona frente a mí… no era ella.
Algo estaba terriblemente mal.
Angélica intervino de inmediato, invocando espinas de hielo que me envolvieron por completo.
Mi invocación, el dragón oscuro, aún no se rompía; rugió y lanzó un ataque de escamas negras de la muerte.
Una lluvia devastadora cayó sobre todos.
Pero Melissa… Melissa corrió entre la tormenta, esquivando cada escama, cada onda mágica… como si nada.
Como si todo aquello fuera demasiado lento para ella.
Saleh aprovechó la distracción para atacar a Melissa, pero ella detuvo su golpe con un solo dedo.
—Debo admitirlo, eres un guerrero fuerte… pero no estás ni cerca de mi nivel —dijo con absoluta frialdad.
Saleh retrocedió unos segundos, confundido.
¿Qué… qué fue lo que acaba de decirme?
Melissa volteó hacia mí, mirándome como si realmente me odiara.
Angélica fue la única que logró asestarle un golpe sin que ella lo notara, pero aun así Melissa retrocedió con elegancia, como si hubiera calculado cada movimiento.
—Vaya, vaya… así que hay alguien más fuerte en este lugar —murmuró en voz baja.
Entonces la pregunta surgió en su mente: ¿Dónde diablos estoy?
¿Quiénes son ellos?
Buscó con la mirada a Karina… pero no estaba ahí.
¿En otro lugar?
¿O… aún no llegó?
Un desánimo profundo cruzó su rostro mientras recordaba lo último que vivió: Fui asesinada frente a sus ojos… una persona acabó conmigo… y mi mundo fue destruido.
Pero ahora estaba aquí, joven otra vez.
Su versión futura no sabía nada de este momento ni de esta realidad, y eso la aliviaba.
Mientras ella no recuerde lo que pasó, todo estará bien.
Sin embargo, su atención se centró en mí.
—¿Quién es ese chico de cabello negro y ojos azules?
Nunca lo he visto… ni siquiera en mi mundo —susurró.
Cerró los ojos y activó su Visión del Tiempo, buscando a Karina, pero no logró encontrarla.
Entonces aún no ha llegado… —Mi aprendiz… lamento que vieras mi muerte frente a ese monstruo… —murmuró con un nudo en la garganta.
Pero estar viva en este nuevo mundo significaba solo una cosa: proteger a su yo futuro y evitar a toda costa que aquel ser apareciera de nuevo.
—Si Dragoth llega aquí… estoy acabada otra vez —dijo apretando los dientes—.
No tengo ninguna posibilidad contra él.
Ese ser había aparecido en su mundo y… Melissa se mordió el labio de pura frustración.
No tienes idea de lo que sufrí… ella tuvo que ver mi muerte.
No solo ella… sino también su mejor amiga, Karen.
—Juro… que me volveré la más fuerte para destruirte —prometió con furia controlada.
Antes de poder continuar, dos sombras se lanzaron hacia ella.
Melissa las esquivó con facilidad insultante.
—No creí que fueran tan lentos… pero está bien, seguiré su juego.
Angélica y Saleh no entendían absolutamente nada de lo que estaba ocurriendo.
Sin darse cuenta, Melissa tomó sus cabezas y los arrojó contra el suelo con una fuerza devastadora.
Ambos gritaron: —¡¿Qué mierda…?!
Pero entonces, desde el centro de la destrucción, una luz nocturna empezó a brillar.
Más oscura, más densa, más profunda que cualquier sombra.
Una energía antigua, fría y siniestra se manifestó.
Y entre esa penumbra, dos ojos azules, tan profundos como una galaxia, se abrieron lentamente… Y estaban mirándola solo a ella.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com