Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

The strongest warrior of humanity - Capítulo 104

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. The strongest warrior of humanity
  4. Capítulo 104 - 104 capitulo 104 el chico de cabello azul es alguien normal
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

104: capitulo 104 el chico de cabello azul es alguien normal.

104: capitulo 104 el chico de cabello azul es alguien normal.

Punto de vista de Melissa Smith Algo empezó a sentirse extraño justo después de que estrellé a los dos contra el suelo.

Una presencia desagradable recorrió mi espalda; al girar, mis ojos se encontraron con los de aquel chico.

Me estaba observando… Una mirada terrorífica deformaba su rostro; la sed de sangre recorría cada fibra de su cuerpo.

Apenas tuve un segundo para entenderlo antes de que apareciera frente a mí, levantando su espada para atacar.

—Rápido… —murmuré mientras bloqueaba su golpe por instinto—.

Tienes velocidad… y demasiada experiencia para alguien de tu edad.

Pero no esperaba que vinieras directo hacia mí.

¿O me equivoco?

Entonces sentí al dragón moverse.

Se preparaba para lanzarme una ráfaga brutal de viento oscuro para obligarme a retroceder.

Antes de que lo hiciera, simplemente desaparecí, apareciendo sobre él, golpeándolo con fuerza suficiente para hacerlo caer.

—Será mejor que duermas un buen rato, Dragón Oscuro —susurré mientras mis ojos volvían al chico y a los demás—.

Parece que caí en un problema mucho más grande de lo que imaginé.

La energía a mi alrededor vibró al sentirlo.

Ese chico… estaba usando poder nocturno.

Un poder que debería haber desaparecido de la existencia.

Un poder que jamás debió volver a despertar.

Lo sabía porque mi aprendiz también portaba poder nocturno, y en comparación con ella… —No le llegas ni a los talones —murmuré, evaluándolo—.

Pero debo admitirlo: eres fuerte.

Tienes técnica… experiencia… aunque todavía te falta controlar bien ese poder.

Pero entonces algo en él llamó mi atención y me hizo fruncir los ojos.

—Espera un momento… Este chico… ya creó su propio núcleo… Abrí los ojos con asombro.

Era imposible.

Nadie tan joven podía hacerlo.

Pero estaba ahí, latiendo dentro de él.

Una sonrisa lenta se formó en mi rostro.

—Solo hay una manera de averiguarlo —susurré, lista para presionarlo.

Carlos sabía exactamente lo que estaba a punto de pasar.

Pude verlo en su mirada cuando se preparó.

—Así que ya saben sobre mi poder —dijo él, tensando su espada.

Y entonces comenzó.

Ambos chocamos una y otra vez, desatando una batalla brutal.

La tierra temblaba.

El aire se quebraba.

Era como si dos monstruos estuvieran peleando, criaturas capaces de destruir todo un mundo sin esfuerzo.

Todo alrededor se convirtió en caos.

Pero mientras analizaba todo, comprendí que este lugar podría ser destruido si seguíamos así.

Ambos esquivábamos nuestros propios ataques, moviéndonos tan rápido que ninguno sabía realmente hacia quién apuntaría el siguiente golpe.

Entonces, desde el cielo, docenas de espadas de hielo cayeron directamente sobre Melissa.

Ella apenas levantó la vista y, con un único movimiento de su guadaña, destruyó todas las hojas heladas como si fueran polvo.

—¿Aún tienes más trucos para atacarme?

—dijo Melissa, sosteniendo su guadaña—.

Es grande, rojiza, con un tono oscuro… pero aun así brilla.

Bien, ahora es momento de acabar con esto.

No me gusta alargar las cosas.

Saleh lanzó su lanza con todas sus fuerzas, pero no lo vio venir: el tiempo se detuvo.

Para Melissa, simplemente no ocurrió nada especial… ya estaba detrás del elfo cuando el mundo volvió a moverse.

Su sonrisa, torcida y burlona, heló la sangre de todos.

—Buen movimiento, elfo.

Tienes más habilidad que la mayoría —dijo ella—.

Pero hay cosas que aún debes aprender… como usar una lanza.

Saleh gruñó, apretando los dientes.

—Dime algo, niña… ¿qué vas a saber tú sobre mi poder y mi lanza?

¿Crees que haré caso a alguien que ni siquiera ha portado una?

Melissa sonrió, disfrutando del desafío.

—Tienes razón… qué tonta fui —ríe suavemente—.

Pero para tu información, te daré un consejo.

Su expresión cambió por completo.

Su tono se volvió frío, casi vacío.

Desde lo más alto del cielo, una enorme esfera de luz roja se formó, acumulando energía hasta que el aire tembló.

—Ahora intenta bloquear esto, elfo.

Saleh apenas alcanzó a parpadear.

La esfera descendió como un meteorito.

La velocidad era tan brutal que él no logró bloquearla.

Una ráfaga de viento explotó alrededor suyo seguida de una onda destructiva siniestra, envolviéndolo por completo y haciendo que el suelo estallara bajo sus pies.

Angélica y el resto miraron aquella gran explosión.

Alefa gritó el nombre de su padre.

No se lograba ver nada tras esa destrucción, hasta que una silueta apareció: era Saleh, forjando su lanza y logrando protegerse, aunque su ropa había sido desgarrada.

Ese ataque fue mucho más peligroso que cualquiera que hubiera visto hasta ahora; si hubiese impactado directamente, todo el lugar habría quedado reducido a polvo.

Melissa miró al elfo.

—Así que lograste sobrevivir —dijo con un tono gracioso—.

Pero ahora sigues tú, mujer de hielo.

Lo que hiciste hace un momento fue increíble, y en verdad tienes algo único que ni siquiera otros de tu mismo elemento podrían igualar.

Pero hoy te demostraré algo más interesante.

Ella la miró con ojos de desprecio, una expresión que mostraba su negación de aceptar a alguien a quien ni siquiera conocía.

Eso provocó que Angélica liberara su último ataque.

Detrás de ella, una criatura emergió desde su interior: un dragón de hielo.

Pero no era como el de Carlos ni como el de Hina.

Ella tenía algo único y especial.

Su cabello cambió a un tono gris, perdiendo todo rastro de oscuridad.

Sus ojos eran tan penetrantes que podían hacer temblar de miedo a cualquiera.

—Wow… así que ese es tu poder.

Vaya, esta vez sí me impresionas —dije con una mirada divertida—.

Veamos qué tanto puedes resistir ante esta presión.

Ambas liberamos una presión monstruosa.

Entre la mirada más fría y la más sonriente se creó un contraste brutal: una vida que nació feliz contra una vida que jamás tuvo la felicidad que deseó; una vida manchada por la matanza.

Ambas nos movimos.

Nuestras espadas se cruzaron.

Cada destello, cada golpe cargado de destino y furia, cada dolor… un silencio sepulcral para quienes no podían comprender lo que ocurría.

Una batalla desgarradora.

Cada ataque, cada herida, resonaba.

Cortes marcaban nuestras pieles mientras todo a nuestro alrededor se derrumbaba.

Canalicé llamas de maldad: una gran llama envolvió mi guadaña.

Pero Angélica no se quedó atrás.

Su espada comenzó a brillar con un tono blanco azulado: Luz de Hielo – Glasear Estelar.

El choque entre ambas técnicas hizo estallar todo lo que nos rodeaba.

Los ataques se volvieron aún más rápidos.

Angélica me miraba como si yo fuera una veterana de guerra.

—¿Cómo demonios esta niña puede tener tanta fuerza…?

Es como si tuviera experiencia en batallas a muerte —pensó ella—.

Cada ataque que le lanzo lo bloquea con estilo… y está a otro nivel.

Era la primera vez que veía algo así.

Pero nada iba a detenerme.

Y entonces… Una silueta apareció detrás de mí.

Ni siquiera la sentí acercarse.

Mi expresión cambió en cuanto escuché esas palabras: —Oye, no te olvides de mí.

Carlos me golpeó con una patada tan potente que me estrelló contra los árboles, destruyendo todo a mi paso.

—Carlos… te pasaste con esa patada —dijo Angélica.

—¿Eh?

¿A qué te refieres?

—respondí confundido.

—¡Mira el Bosque de los Espíritus, idiota!

¡Destruiste el lugar con tu fuerza!

—Vamos, Angélica, ahora no es momento para reclamos.

Además, logré paralizarla.

—¿Oh?

¿En verdad estás seguro?

Carlos y Angélica, por primera vez, vieron el verdadero poder de Melissa.

Ambos temblaron.

Se dieron cuenta de que esto apenas era el comienzo de un desafío de muerte eterna.

—Esto será algo emocionante —dijo ella con un tono tierno.

Su sonrisa volvió.

Liberó toda su presión de golpe, atacando a Carlos con su guadaña.

Angélica logró protegerlo.

—Eres un monstruo —escupió Angélica.

—¿En verdad piensas eso de mí?

Eso sí dolió… lo que dijiste fue muy cruel —respondió Melissa con el tono de una niña caprichosa, inflando las mejillas—.

Pero en fin… como sea.

—De igual modo, ustedes no son rivales para mí.

… —Oye, Carlos, cuando esto termine le daré una lección a esta creída —dijo Angélica, comportándose como una niña.

—A mí ni me verás.

Haz lo que quieras con ella.

Es más, te la ofrezco como ofrenda de entrenamiento todos los días —respondí mirando a Angélica.

—No será suficiente —proclamó ella.

—Está bien.

Cinco meses, ¿te parece?

—Ves, ahí sí cambian las cosas.

Es bueno hacer negocios contigo, estúpido —dijo con una sonrisa malévola.

—Jo, jo, jo… que lo disfrutes mucho —respondí mientras una sonrisa se escapaba de mis labios.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo