Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

The strongest warrior of humanity - Capítulo 108

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. The strongest warrior of humanity
  4. Capítulo 108 - 108 capitulo 108 fragmentos de los recuerdos
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

108: capitulo 108 fragmentos de los recuerdos 108: capitulo 108 fragmentos de los recuerdos De lo contrario, me sentía mal al escucharla decir algo así.

No supe cómo tomar esa reacción, pero sabía que las cosas ya no iban en una misma dirección.

No entendía nada de lo que ella decía sobre “buscarme”.

¿Estás tratando de encontrarme sin importar las consecuencias?

Sentí un dolor profundo en el pecho, y mi mente comenzó a estallar con una lluvia de recuerdos: aquellos momentos en los que nos hicimos amigos cuando éramos niños.

Una infancia inolvidable.

Recuerdo claramente aquel día en el parque, cuando miraba el sol bajo el cielo despejado.

Fue entonces cuando te acercaste a mí.

—Hola, me llamo Angélica —dijiste—.

¿Y tú?

¿Cómo te llamas, niño que está mirando al sol?

Quedé sorprendido al ver que una chica se acercara a hablarme.

Yo solo estaba ahí, observando el sol, tan brillante que casi dolía mirarlo.

Los días ya no son como antes.

Nada es igual ahora.

Yo ya estoy muerto… y ella sigue en su mundo.

No es que no quiera que vengas aquí.

No me disgusta esa idea; al contrario, te recibiría sin dudarlo.

Pero hay algo que no quiero que veas en mí.

Sé lo que ocurrió.

Aun así, después de eso, seguías hablándome.

—No tienes muchos amigos, ¿verdad?

—me dijiste—.

Pero no temas —añadiste con una sonrisa sincera—, porque desde hoy seré tu primera amiga.

—Así que no te sientas solo —continuaste—, porque donde yo esté, siempre te seguiré a donde vayas.

Pasaron los años desde que la conocí, incluso llegamos juntos a la secundaria.

Pero fue ahí… donde mi verdadero infierno estaba por comenzar.

“Sufría”.

“Me molestaban”.

Me sentía realmente mal por ser despreciado por las personas.

¿Debí haberme suicidado en aquel momento?

No lo hice… porque no quería que ella me viera morir.

Tenía que seguir soportando ese sufrimiento.

A veces, mis únicos pasatiempos eran cantar y tocar un poco de piano; era lo único que me mantenía en paz, lo único que me libraba, aunque fuera por momentos, de mis problemas.

Sé que esto es algo que muchas personas viven.

Nadie hizo nada para ayudarme cuando más lo necesitaba.

Solo se reían, se burlaban de mí por ser patético, por ser un simple perdedor.

Trataba de que ella no se diera cuenta de lo que yo estaba viviendo.

Muchos se preguntarían: ¿por qué le oculté todo?

La razón es simple… porque yo ya no podía hablar.

Siempre me quedaba callado, en silencio, como si el miedo me dominara por completo.

Miedo a ser herido, a ser lastimado otra vez.

Solo trataba de que ella no sufriera.

Ella es alguien valioso para mí, una amiga que siempre estuvo en los peores momentos.

Incluso tenía sus propios problemas, pero aun así yo siempre la ayudaba sin pedir nada a cambio.

Prefería mil veces ayudarla a ella antes que a mí mismo.

Prefería que ella viviera una vida feliz, aunque yo tuviera que vivir una vida miserable.

Lo dije con una sonrisa desanimada.

—Lamento ser una decepción para ti, pero tenía que hacerlo para que tú vivieras una vida feliz.

Recuerdo cuando era mi cumpleaños… siempre estabas ahí para mí, y te lo agradezco de corazón.

Porque mis padres jamás estaban en mis cumpleaños.

Ahí fue cuando mi voz se quebró.

Ellos… No logré decir nada durante unos segundos, hasta que finalmente lo dije con fuerza: —Nunca les importé.

Es como si ellos no se amaran de verdad.

Supongo que es algo que a veces pasa en matrimonios forzados, donde nadie quiere hacerse responsable de sus errores.

Recuerdo la fecha exacta.

Fue el 16/06/2070.

Ese día cumplí catorce años.

Estaba en secundaria.

Fue en mi casa… no había nadie dentro.

Pero noté algo extraño aquel día.

Abrí la puerta por curiosidad y entonces escuché: —¡Sorpresa!

Una sonrisa apareció en su rostro.

Una sonrisa hermosa.

Apreté los dientes… no por enojo, sino por alivio.

Porque alguien se había acordado de mi cumpleaños.

Eso… eso era lo único que me hacía sentir vivo.

Suspiré, tragando saliva, y seguí recordando cada palabra, cada tensión que sentí ese día.

Hasta que llegué a la preparatoria… y las cosas empeoraron.

Todo comenzó a salirse de control.

Por mi arrogancia y mi ignorancia, dejé que pasara.

No puedo culpar a nadie más; no fui lo suficientemente fuerte para alzar la voz.

El miedo me dominaba por completo.

Dejé que tú misma presenciaras mi muerte, y me siento culpable.

Me culpo a mí mismo.

Si tan solo les hubiera dicho que no… Yo no… Tragué saliva.

Ya no quería hablar, pero la curiosidad me invadió.

Quería saber qué había pasado después de que yo falleciera.

Solo miré al espíritu de mi querida mejor amiga, Angélica Alejo.

Supongo que estos recuerdos eran un mensaje.

Eso quiere decir que tú… Bajé la mirada en silencio, intentando no llorar, controlando mis emociones.

Volví a mirarla y ella me regaló una sonrisa, antes de convertirse en partículas doradas que se desvanecían, despidiéndose de mí.

La luz quemaba mi ser desde el interior.

Las llamas de aquellas puertas de luz iluminaban mi camino.

Dejé escapar una simple sonrisa, llena de amor y cariño.

Tus labios son lo más hermoso, capaces de provocar cosquillas en el alma.

Tu mirada es la más preciosa que alguien pueda ver.

¿Por qué alguien como tú…?

Estaría dispuesto a dar mi vida por ti, sin importar lo que haya sucedido entre nosotros.

Por una amistad tan increíble como la que tuvimos.

El color de tu cabello será el recuerdo constante de los días en los que pensaré en ti.

Al decir eso, solo pensé en ella como parte de mi vida.

Pero ya se estaba haciendo tarde, así que salí del bosque y caminé hacia la ciudad… o más bien, hacia el pueblo.

Aunque, al pensarlo mejor, para ser un pueblo era demasiado grande.

Será mejor comprar algo para cenar y luego volver con ellos; están pasando la noche allí, pensé.

Caminé entre los puestos y, sin darme cuenta, choqué con alguien.

Era un chico de cabello rubio y ojos morados brillantes; su mirada era fría y seria.

—Deberías tener más cuidado por dónde caminas, niño —dijo mirándome mal.

—Lo siento… —pedí disculpas, bajando la cabeza—.

Solo iba a comprar algo de comida y… —¿Oh, en serio?

Entonces debí empezar por ahí.

El que debe disculparse soy yo.

Lamento mi comportamiento —dijo, cambiando el tono—.

Me presento, mi nombre es Emanuel.

¿Y tú, niño, cómo te llamas?

—Me llamo Carlos.

Un gusto conocerte, Emanuel.

Eres nuevo por aquí, ¿verdad?

—Jajaja, sí, soy nuevo.

No llevo mucho tiempo aquí.

A veces pienso que todo podría salir mal, pero me alegra haberte conocido, muchacho.

—Ya veo.

Yo también soy nuevo.

Solo vine a comprar algo, pero si quieres puedes acompañarme.

No tengo problema con eso.

—¿Estás seguro?

Apenas nos conocemos… pero si insistes, está bien —asintió con una mirada seria.

Ambos fuimos a los puestos.

Pasaron algunas horas y yo ya había conseguido lo que necesitaba para la cena, cuando escuché un ruido proveniente del estómago de Emanuel.

—Oye… ¿en verdad no tienes hambre?

—Bueno… me siento avergonzado por esta situación, pero te seré sincero: no he comido en días.

No he conseguido trabajo ni nada que me permita comprar comida.

—Me lo hubieras dicho antes y yo te habría invitado sin problema —dije, mirándolo con tristeza.

—No te preocupes, niño, no tienes que hacerlo.

—Vamos, yo invito.

Después de todo, no te voy a pedir nada a cambio —dije con una sonrisa.

—Eres alguien muy amable, pero deberías ser consciente de esto.

Hay gente que podría aprovecharse de ti, y eso no está bien.

—Lo sé —asentí, mirando alrededor—, pero ver que alguien se muera de hambre me causa pena y tristeza.

Seguro has pasado por muchas cosas.

No te preocupes, mi madre me enseñó que debo ayudar a los demás sin importar lo que pase.

—Tu madre debe ser una persona encantadora, ¿verdad?

—Por supuesto —respondí con orgullo.

—Cuida a tus padres —dijo de pronto—.

Nunca sabes en qué momento podrían irse de tu vida.

Créeme, eso es demasiado cruel y duro.

Protégelos… porque a veces es lo único que queda después de ver algo aterrador.

Emanuel bajó la mirada, como si ya hubiera vivido algo así.

De pronto me miró y dio un paso atrás.

—Lo siento —dije—.

Dije cosas que… —No te preocupes, todo está bien —respondió—.

Vamos, si quieres, llévame a donde están tus amigos.

Continuará

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo