Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

The strongest warrior of humanity - Capítulo 109

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. The strongest warrior of humanity
  4. Capítulo 109 - 109 capitulo 109 un nuevo invitado de regreso
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

109: capitulo 109 un nuevo invitado de regreso 109: capitulo 109 un nuevo invitado de regreso Emanuel y yo caminamos hacia el departamento que estaba cerca de ahí.

Hablamos de todo, como si ya hubiera hecho un amigo en tan poco tiempo, aunque no sabía por qué… su voz me resultaba demasiado familiar.

Me recordaba a alguien… De pronto, Melissa salió de la casa y, al verme regresar, no dudó ni un segundo.

Corrió hacia mí y me abrazó con fuerza.

—Lo siento mucho por lo que pasó, Carlos… yo… yo… —Vamos, Melissa, cálmate —dije—.

Dime qué sucede.

¿Por qué estás tan alterada?

—Es que yo… no recuerdo nada de lo que ocurrió en el bosque.

No logro recordarlo.

Es como si alguien me hubiera robado la memoria —dijo, gritando con desesperación.

—Eso es extraño… —murmuró Emanuel.

—Por cierto, ¿tú quién eres?

—preguntó Melissa de pronto, cambiando su expresión a una más alegre.

—Bueno, Melissa —intervine—, a esta persona me la encontré en los puestos del mercado —dije con una pequeña risa nerviosa.

Mientras seguíamos hablando, Emanuel notó algo extraño.

Una presencia familiar emanaba de Melissa, como si se hubiera reencontrado con alguien de su pasado… con Henry Ogawa, el caballero más leal del Reino Platino del Amanecer.

No… no… no puede ser posible… Tal vez solo me estoy ilusionando.

Debe ser porque no he comido en días… pero aun así, ella se me hace demasiado familiar.

—Y bien —dijo Melissa—, dime, ¿cómo te llamas, hombre rubio?

—Ah, claro, qué falta de cortesía la mía —respondió—.

Me llamo Emanuel.

Y tú debes ser Melissa, por lo que mencionó el muchacho, ¿verdad?

Melissa asintió con la cabeza.

—Por supuesto.

Pero pasa, si te quedas ahí afuera te morirás de frío.

Adelante, siéntete como en tu casa.

Así que ambos entramos.

Saludé al resto, pero algo cambió en el ambiente.

Saleh y Angélica sintieron una presencia horrible.

—¿Qué diablos es esta presión que estamos sintiendo?

—susurró Saleh.

—No lo sé —respondió Angélica—, pero ese tipo no es alguien cualquiera.

Lo más raro es que ellos no saben nada de lo que estamos sintiendo.

Ese poder… era aterrador.

Nos quedamos en silencio, sin apartar la mirada.

Nuestros ojos se reflejaron en los suyos… y los suyos en los nuestros.

Como si ya supiera que no era el único ser fuerte allí.

O mejor dicho… como si supiera exactamente quiénes somos.

—Pero en fin, Saleh, no bajes la guardia —dije en voz baja—.

Puedo sentir una energía mucho más potente que la nuestra.

Deberíamos investigar quién es él, ¿no crees?

—Tal vez tengas razón —suspiró mientras lo observaba—.

Tendremos mucho cuidado con este tipo.

—Emanuel, te presento a mis amigos.

Ella es Alefa, él es Rai y ella es Angélica.

Y él es Saleh.

Es raro ver a un elfo y a un vampiro juntos, lo sé, pero no son malas personas.

Al contrario, son un encanto… —hice una breve pausa—.

Excepto una… Esa mirada cargada de inseguridad se clavó directamente en Angélica.

—Ya quiero que sea mañana para darte la golpiza de tu vida —murmuró ella en voz baja—.

Muajajajaja… Su risa era lo más aterrador del lugar.

—En fin —continué—, lo he traído aquí porque no ha comido en días y también pasará la noche con nosotros.

Espero que sean amables con él, por favor.

Todos asintieron, aunque con miradas algo extrañas.

—Está bien, no te preocupes —sonrió Saleh—.

Después de todo, espero que nos llevemos bien.

Adelante.

—Lo mismo digo —respondió Emanuel con una sonrisa honesta.

Ambos estrecharon sus manos en un saludo peculiar.

Ya era de noche.

—Será mejor preparar la comida, ¿no creen?

—dijo Alefa—.

La verdad, me muero de hambre —añadió con una mirada juguetona.

—Mañana comenzaremos con el entrenamiento —intervino Angélica—.

Pero primero será el control del flujo de maná.

Y tú, Saleh, dijiste que ayudarías a mi discípulo.

Te encargarás del refuerzo cada doce horas, ¿qué te parece?

Mañana empiezo yo y por la noche continúas tú.

—Mmm… no es mala idea —respondió Saleh—.

Pero ¿estás segura de que en solo cinco meses se volverán fuertes?

—Así es —asintió ella—.

Sabes que las cosas no van bien en estos momentos.

Ya has oído lo mismo que yo.

Por ahora debemos apresurarnos lo más rápido posible.

Después de que ellos hablaran, cenamos y luego nos fuimos a dormir para descansar un buen rato.

Me quedé mirando el techo, pensando en una sola cosa.

Suspiré en silencio y cerré los ojos, utilizando mi núcleo piramidal para crear la siguiente fase de mi núcleo.

Sabía que era apresurado, pero lo hacía por precaución.

Uno nunca sabe lo que puede ocurrir.

Tras neutralizar mi maná, algo brillante comenzó a emanar de mi cuerpo.

Fue entonces cuando se produjo la siguiente fase de mi núcleo: una energía siniestra, algo único que solo existía en mí.

Mientras esa energía fluía por mi cuerpo, activé mi visión de dragón… y noté el cambio de inmediato.

Ya no solo podía verlo todo: ahora podía ver las energías, el flujo de maná que cada uno de ellos portaba.

Eso significaba que mis habilidades habían mejorado tras la lucha contra Melissa.

Una sonrisa apareció en mi rostro mientras mantenía los ojos cerrados.

Entonces, en completo silencio, invoqué mi espada nocturna, sin permitir que nadie sintiera mi poder.

Solo quería comprobar algo.

¿Se podría mezclar con magia elemental?

Si lograba crear eso, nadie sabría cómo lo había hecho.

Era algo curioso para mí… pero, más que eso, sería extremadamente útil en combate.

Así no tendría que usar magia elemental directamente, sino canalizarla a través de mi espada mágica, sin temor al fracaso.

Me concentré durante largos minutos, colocando cada elemento con precisión.

Entonces, una luz se encendió ante mí.

La espada cambió su color nocturno por un brillo blanco intenso, aunque aún conservaba partículas de oscuridad.

Eso solo podía significar una cosa: la forma en que trabajas con tu núcleo puede evolucionar.

Interesante… muy interesante.

¿A eso se le podría llamar un milagro?

Ya tenía una idea de lo que haría si alcanzaba la siguiente etapa, pero la verdadera pregunta era otra: ¿cuántas existen en total?

Nadie me había dicho nada.

Nadie me había contado qué ocurre si hay más núcleos… o qué precio se paga por avanzar.

Esa pregunta quedó suspendida en mi mente, en un silencio sabático.

Mejor dejarla para otro día.

Ya tenía demasiado sueño y, si agotaba aún más mi maná, podría traer problemas al amanecer.

El cansancio terminó por vencerme.

Me quedé dormido, pero con una sensación de satisfacción profunda.

Había logrado algo grande.

Algo brillante.

—¿No lo crees, Natsu…?

Continuará.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo