The strongest warrior of humanity - Capítulo 113
- Inicio
- Todas las novelas
- The strongest warrior of humanity
- Capítulo 113 - 113 capitulo 113 revelación sobré nosotros
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
113: capitulo 113 revelación sobré nosotros 113: capitulo 113 revelación sobré nosotros —Como sea, Emanuel… dime algo —dije finalmente—.
¿Qué fue esa energía oscura que sentí?
No respondió de inmediato.
Su silencio era tan serio como su mirada, igual a la mía.
Caminó hasta mi cama y se dejó caer sobre ella, mirando el techo.
—Hay cosas que no debo responderte —dijo al fin—.
Pero hay algo que necesitas saber sobre mi poder.
Giró ligeramente el rostro hacia mí.
—Nació del odio.
De un odio tan profundo que jamás logré perdonarme a mí mismo.
Esa oscuridad… fue lo único que me abrazó cuando ya no quedaba nada.
Vive de la venganza eterna.
Cerró los ojos por un instante.
—¿Crees saber por qué todo el mundo le teme a la oscuridad?
—No… la verdad no —respondí con sinceridad.
Emanuel soltó una risa baja, amarga.
—Entonces escucha bien.
Existe un lugar llamado la Vida Eterna.
No es un paraíso.
Es un abismo donde habitan seres que perdieron toda esperanza, incluso las ganas de seguir viviendo.
Seres que se enfrentaron a la muerte… y ni siquiera ella los quiso.
Su voz se volvió más pesada.
—Yo nací allí.
En un lugar que jamás debió despertar dentro de mí.
Un sitio donde los deseos dejan de ser sueños y se convierten en maldiciones.
Se incorporó un poco.
—Pero no es el final —continuó—.
Esa oscuridad también puede transformarse en voluntad.
En la decisión de no terminar así.
De levantarte una y otra vez, sin importar cuántas veces caigas.
Me miró fijamente.
—La fuerza no aparece por arte de magia.
Se construye dentro de ti.
Cada herida, cada pérdida, cada error… se vuelve parte de quien eres.
Hizo una pausa.
—Tú ya lo tienes, Carlos.
Por algo eres serio.
Por algo tu mirada pesa igual que la mía.
Sus palabras me atravesaron.
—El destino es cruel —dijo—.
Los más serios, los que piensan demasiado, siempre terminan solos contra el mundo.
Pero si todos caen… tú debes levantarte.
Su voz se volvió firme, casi amenazante.
—Camina por ese camino, aunque sea contra todos.
Enfrenta a tus enemigos y demuéstrales que nunca debieron despertar ni liberar al verdadero monstruo que llevaban en su interior.
El silencio volvió a llenar la habitación.
Y por primera vez… entendí que Emanuel no era solo peligroso.
Era alguien que ya había cruzado el infierno… y había decidido seguir caminando.
—Ahora entiendes por qué nadie ha podido vencerme —dijo Emanuel, esbozando una sonrisa torcida—.
Porque yo soy la muerte eterna… y eso nadie puede negarlo.
Su voz no era arrogante.
Era una verdad que ya había aceptado.
—Cada quien toma su propio camino —continuó—.
Yo tomé el mío, tú el tuyo.
El problema es que a veces confiamos demasiado en los demás.
Creemos que son aliados, cuando en realidad solo esperan usarnos como peones.
Se incorporó un poco y me miró fijamente.
—Hay un dicho que nunca falla: si las personas te dieron la espalda, es porque nunca fueron tus amigos… sino tus enemigos.
Guardé silencio.
—Por eso debes ser consciente —añadió—.
Como ese elfo… Saleh, ¿verdad?
Noté algo extraño cuando nos saludamos.
Él y yo sentimos la misma vibración.
Su energía es casi lo opuesto a la mía.
Es fuerte, sí… pero hay algo en él que se quiebra.
A veces cae… y no siempre logra levantarse.
Luego su expresión cambió.
—Y tu comandante… Angélica.
Sentí un escalofrío.
—Esa mujer es otra historia —dijo con gravedad—.
Nadie debió enseñarle lo que sabe.
Ella se encuentra justo en el punto donde la luz y la oscuridad se cruzan.
Es el puente entre ambas.
—No puedo contarte todo, Carlos —añadió—.
Para eso se necesita tiempo.
Pero no te preocupes… aquí tendrás ese tiempo.
Al final, cada uno sigue su destino.
Respiró hondo.
—Angélica… la Princesa de Hielo.
También conocida como la Asesina de Dioses Caídos.
Ese es su verdadero título.
Nadie habla de ello, pero yo investigué.
Mi corazón dio un salto.
—Y déjame decirte algo —continuó—.
Esa mujer no tiene nada por dentro.
Está rota.
Vacía.
Es un cascarón destruido.
Para que vuelva a tener alma y voluntad… alguien tendría que nacer dentro de ese cuerpo.
Mis ojos se abrieron de golpe.
Sentí un nudo en el pecho.
—¿De dónde sacaste toda esta información…?
—pregunté con una mirada cargada de tensión.
Emanuel sonrió con calma.
—No te pongas así.
Solo lo aprendí con mi propia experiencia.
Digamos que sé observar.
Después de todo… yo veo lo que otros no.
Soy un genio, Carlos.
Luego su tono cambió, volviéndose casi sincero.
—¿Y qué te parece todo lo que te he dicho hasta ahora?
Porque tú no te quedas atrás.
Me señaló con el dedo.
—Tienes poder.
Una mentalidad madura.
Experiencia en combate.
Y una energía monstruosa.
Estás creciendo, poco a poco… y eso ya es un logro.
Llegarás más lejos que muchos.
Sus palabras pesaban.
—Recuerda esto, niño —dijo con firmeza—.
Algún día todo dependerá de ti, aunque ellos no lo sepan.
Y cuando se den cuenta del error que cometieron… entenderán quién tenía la razón.
Hizo una pausa.
—Pero hay algo en ti que te atormenta.
Algo que no te deja ser libre.
Como si estuvieras atado a cadenas dentro de un limbo.
Sentí que el aire se volvía pesado.
—¿O será que tu poder está dormido…?
—continuó—.
Podría ser eso.
O podría ser peor.
Su mirada se afiló.
—Alguien pudo haberte puesto un sello prohibido.
Mi mente explotó.
No fue lo que dijo… fue lo que comprendí.
Mi poder no había despertado por completo.
Había sido sellado.
Y solo había una persona en el mundo capaz de hacer algo así.
Un nombre surgió en mi mente como una maldición.
Gabriel.
Una sonrisa perversa se dibujó en mi rostro al entender la verdad.
Hasta este punto… todo comenzaba a encajar.
—Todo tiene sentido… —murmuré, apretando los puños.
Maldito hijo de perra.
Así que lo tenías planeado desde el principio.
Todo encaja.
Por eso sellaste a Shiro… porque sabías que no podrías vencerla.
Ni a ella… ni a mí.
Ese día lo entendiste.
Ese día sentiste el verdadero terror.
Mi terror.
—Entonces solo hay una forma de averiguarlo… —susurré—.
Y si lo que dice Emanuel es cierto… entonces él… Mi sonrisa desapareció por completo.
Una mirada fría y perversa tomó su lugar mientras un recuerdo atravesaba mi mente como un cuchillo.
> “Yo siempre encuentro la manera de regresar.” —Maldición… —gruñí—.
Esto es malo.
Muy malo.
—¿Ocurre algo, Carlos?
—preguntó Emanuel, observándome con atención.
Sacudí la cabeza.
—No es nada… solo un mal recuerdo.
Emanuel suspiró con pesadez.
—Como te decía… si lo que afirmo es verdad, solo existe una forma de liberarte de ese sello.
Levanté la mirada.
—Tendrás que pasar por situaciones desgarradoras.
Una desesperación absoluta.
Una muerte real… una donde de verdad mueras.
Mi cuerpo se tensó.
—Pero sabes cuáles son las consecuencias —añadió con seriedad—.
No puedo permitir que hagas eso.
No ahora.
Se cruzó de brazos.
—Deberás tomar esa decisión cuando el caos y la destrucción lleguen.
Para entonces… tendrás que estar preparado para dar ese paso, niño.
El silencio cayó entre nosotros.
—Eso es todo por hoy —dijo finalmente—.
Voy a bajar a desayunar.
¿Vienes conmigo?
—No, gracias —respondí—.
Me quedaré unos minutos aquí.
—Como quieras.
Nos vemos abajo.
Emanuel salió de la habitación.
La puerta se cerró.
Mi expresión cambió de golpe.
Bajé la mirada, apretando los dientes con rabia y frustración.
Algo que jamás se me había ocurrido comenzó a tomar forma en mi mente.
Entonces… lo más probable es que Gabriel, el que conocí en mi vida anterior, ya se haya dado cuenta de que yo… Tragué saliva.
Nunca creí que las palabras de Emanuel me aclararían tanto el panorama.
Suspire, un poco más tranquilo.
Gracias a él, ahora sé qué podría estar ocurriendo.
—Bien… —murmuré—.
Eso será para después.
Me levanté.
—Por ahora ya me siento mejor.
Bajaré a desayunar… y luego pensaré con calma por dónde debo empezar.
Porque si el infierno viene en camino… esta vez no pienso esperarlo sin estar listo.
Continuará
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com