The strongest warrior of humanity - Capítulo 114
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114: capitulo 114 tarde o temprano me iba a enterar 114: capitulo 114 tarde o temprano me iba a enterar Punto de vista de Emanuel Salí de la habitación de Carlos y comencé a bajar las escaleras rumbo al comedor.
No sabía en qué estaba pensando al contarle todo eso.
Tal vez fue cuando sintió mi energía… esa oscuridad mezclada con un tono púrpura imposible de ocultar por completo.
Tarde o temprano se enterará de quién soy realmente.
Eso es inevitable.
Por ahora, solo conoce mi nombre… el Caballero Oscuro.
Nunca han visto mi rostro.
Mientras eso siga así, estoy a salvo.
Debo limitarme a observar al chico.
Hay algo en él… algo peligrosamente familiar.
Su presencia, su forma de pensar, incluso la manera en la que carga su peso interior.
¿Será mi reflejo?
¿O tal vez… mi ideal?
No lo sé.
Lo único que espero es que mi identidad no sea revelada todavía.
No ahora.
Mi mente volvió a ese recuerdo.
Aquel maldito… Nuestra batalla fue interesante, demasiado.
No fue difícil vencerlo… lo verdaderamente complicado fue matarlo.
Nunca creí que existieran seres como ellos.
Los Siete Asmales de la Calamidad.
Kris… Ese sujeto es aterrador.
No tanto como yo, claro, pero hay algo profundamente siniestro en su interior.
Algo que incluso yo reconozco como peligroso.
Ese es otro problema.
Debería irme lo antes posible.
Encontrar una forma de lidiar con todo esto… y, sobre todo, hallar al verdadero culpable de mi desgracia.
De mi pasado.
Pero antes de poder seguir reflexionando, al llegar abajo me encontré con Melissa.
Me detuve.
Había algo en ella que llamó poderosamente mi atención.
Su presencia… su aura… era como mirar un reflejo distorsionado de Henry.
—¿Será su hija…?
Esa duda fue suficiente para despertar mi curiosidad.
Dicen que la curiosidad mató al gato… y aun así no pude ignorarla.
Si realmente es su hija, entonces tarde o temprano sabrá la verdad.
Sabrá quién fue la persona que le arrebató a su padre.
La observé con seriedad.
Ella levantó la mirada y nuestros ojos se encontraron.
Por un instante, el mundo pareció detenerse.
—Oh, hola.
Buenos días —dijo con una sonrisa amable—.
¿Ayer pudo dormir bien?
Asentí levemente.
—Así es, niña.
Dormí bastante bien —respondí—.
Gracias por permitirme quedarme en su casa.
Melissa sonrió con más calidez.
—Me alegra mucho, señor Emanuel.
Por cierto… ya que está aquí, ¿qué hay de desayunar?
—Ah… —miré alrededor—.
Café y algunos bocadillos.
—Oh, ya veo —dijo animada—.
Bueno, si hay bocadillos, no suena nada mal.
—Entonces vamos —respondí—.
Esperemos a los demás.
Caminamos juntos.
Mientras avanzaba, una sola idea cruzó mi mente: Este lugar está lleno de secretos… y algunos de ellos pronto dejarán de estar dormidos.
—Y dígame, señorita Melissa —dije mientras tomaba un sorbo de café—, ¿cómo le está yendo en su vida?
¿Todo bien… ya consiguió algún novio?
Melissa se giró de golpe hacia mí, visiblemente nerviosa.
Por poco y escupe el café.
—E-eh… n-no —respondió atropelladamente—.
¿Por qué me pregunta eso, señor Emanuel?
La observé con calma.
—Nada en particular —respondí con tono despreocupado—.
Solo me dio curiosidad.
Alguien tan hermosa como usted ya debería, como mínimo, tener novio… o incluso estar comprometida.
Ella negó rápidamente con la cabeza, aún más sonrojada.
—¡Ah!
Sobre eso… ni loca —dijo—.
Preferiría que alguien se me declarara… o tal vez yo hacerlo algún día.
Pero mis sentimientos aún no están bien desarrollados.
No sé si lo que siento es admiración… o amor verdadero.
Interesante… La miré con más atención.
Cada palabra que decía la ponía más nerviosa, sus mejillas ardían y evitaba mirarme directamente.
Entonces, una leve sonrisa se dibujó en mi rostro.
—Vaya… qué respuesta tan interesante —comenté—.
Entonces, esa persona por la que siente admiración… Hice una breve pausa.
—¿No será el joven Carlos?
Fue como si la hubiera golpeado con esas palabras.
Melissa se quedó completamente quieta.
Bajó la mirada de inmediato, sus manos se apretaron alrededor de la taza y su rostro se volvió aún más rojo.
No respondió.
No lo negó.
Le di en el blanco.
No necesitaba que lo admitiera.
El silencio lo dijo todo.
—N-no diga esas cosas, señor… —respondió Melissa con la voz temblorosa—.
No quiero perdonarlo.
Él sabe lo que hizo… y yo también me siento culpable.
Apretó la taza entre sus manos.
—Por eso quiero mantenerme un poco alejada de él… aunque no lo sepa.
Cada vez que lo miro… cada vez que estoy a su lado, me pongo más nerviosa.
La observé en silencio unos segundos antes de hablar.
—Ya veo… —dije con calma—.
Entonces, hizo algo que no puedes perdonarle.
¿No es así?
Levanté ligeramente la mirada.
—Dime… ¿qué fue exactamente?
Melissa dudó.
Su expresión se volvió apagada, cansada.
—No sé si pueda confiar en usted… —murmuró—.
—Si es algo grave, puedo guardar el secreto —respondí sin cambiar el tono.
Negó suavemente con la cabeza.
—No… no tiene por qué hacerlo.
Además, tarde o temprano iba a decirlo.
Respiró hondo.
—La razón es que… él jamás logró decirme la verdad sobre la muerte de mi padre.
Ni quién fue su asesino.
El silencio cayó de golpe.
Bajé la mirada, y la oscuridad pareció envolverme por completo.
Lo sabía… Eres hija de Henry.
El caballero más fuerte que existió.
Un hombre que tuvo todo lo que a mí me faltó… hija, esposa, respeto.
Y yo… Yo no pude proteger a nadie.
Un estúpido por confiar en mi reino.
Un estúpido por creer en promesas vacías.
Levanté la mirada con cuidado.
—Y dime… —pregunté con aparente neutralidad—, ¿sabes quién fue esa persona?
Su expresión cambió de inmediato.
La luz que alguna vez habitó en sus ojos se apagó, sustituida por algo frío, profundo… eterno.
Odio.
Venganza.
—La persona que acabó con la vida de mi padre… —dijo con voz firme— fue el Caballero Oscuro.
Sentí un leve estremecimiento.
—Y si llegaras a encontrarte con él en persona… —continué— ¿qué harías?
Necesitaba escuchar su respuesta.
Una sonrisa tranquila, casi aterradora, apareció en su rostro.
—Cuando lo vea… lo mataré con mis propias manos —respondió sin titubear—.
Haré que sufra por todo lo que hizo.
Apretó los dientes.
—No planeo perdonarlo en esta vida.
Haré que se hunda en las llamas del infierno, no importa lo que intente hacerme.
Prefiero morir… antes que dejarlo vivir.
Levantó la mirada, decidida.
—Y no quiero que nadie se entrometa en mi camino.
Vaya… Así que la niña ya sabe que fui yo.
Era lógico.
Inevitable.
Y aun así… qué interesante.
Aceptaré esa venganza.
Yo también perdí algo valioso en esta vida.
—Tú perdiste algo que juraste proteger… —y yo también.
Ella guardó silencio por unos segundos y luego levantó la mirada hacia mí.
—L-lo siento… —dijo en voz baja—.
No debí mostrarte ese lado mío… Negué con la cabeza.
—No te preocupes.
Es normal sentir rencor hacia alguien —respondí con calma—.
Pero debes entender algo… todavía no eres fuerte.
Sus ojos se abrieron levemente.
—Y dime —continué—, ¿ya pensaste qué harás después?
Ya diste el primer paso… ahora debes seguir caminando hasta alcanzar tu objetivo.
—Es verdad… —asintió—.
Pero aún hay muchas cosas que no comprendo.
Además… necesito un arma.
Bajó la mirada.
—Mi propia espada no funciona conmigo.
No tengo talento para la esgrima.
Intenté usar todo tipo de armas… ninguna respondía a mí.
Respiró hondo.
—Hasta que encontré una guadaña.
La observé con atención mientras continuaba.
—Empecé a practicar con ella, pero no hay usuarios que puedan enseñarme.
Mi madre lo sabía… pero a mi padre nunca se lo dije.
Una sonrisa triste apareció en su rostro.
—Quería aprender, mejorar… entrenar junto a él.
Su voz se quebró.
—Pero la vida no fue justa.
Cuando estaba más emocionada… mi madre entró a la habitación y me dio la peor noticia de mi vida.
Apretó los labios.
—Él había muerto en batalla… La sonrisa terminó por desaparecer, cayendo lentamente al borde de la oscuridad.
—Desde entonces… siempre he estado deprimida.
¿Sabes lo que es perder lo más hermoso de tu vida?
Cerró los ojos.
—Hay recuerdos… momentos donde todos éramos felices.
Pero no todos los caminos tienen un final feliz.
Me quedé en silencio.
Esta niña… está sufriendo.
Me recordó a mi hija, Alicia.
Siempre positiva.
Nunca negativa.
Hermosa… con un talento único.
No quise seguir pensando en ello.
El miedo empezó a envolverme por dentro.
—Nadie debería pasar por el mismo dolor dos veces —dije finalmente—.
Y por eso… aceptaré tu dolor.
La miré fijamente.
—Cuando llegue el día en que tú y yo tengamos que saldar cuentas pendientes.
En ese momento, Rai —el chico que vi ayer— se acercó y se sentó junto a nosotros.
—Buenos días, amigos.
¿Durmieron bien?
Yo no pude dormir… estaba inquieto.
Además, Alefa es muy molesta para dormir.
De pronto, recibió un golpe en la nuca.
—Ten un poco de respeto, Rai —dijo Alefa—.
Y no es mi culpa que no tengas tu almohada personal.
Melissa y yo nos miramos en silencio.
Ambas recordamos lo mismo.
Ella fue quien encontró a Alefa abrazando a Carlos, usándolo como almohada.
Nos sonrojamos al recordar la escena.
Sentí un pinchazo en el pecho.
Celos.
Ella estaba disfrutando mientras yo dormía.
No era justo.
Debí ser yo la primera.
Apreté los labios.
No importaba… Eso ya se había convertido en uno de los celos más grandes que había sentido en mi vida.
Continuará
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