The strongest warrior of humanity - Capítulo 116
- Inicio
- Todas las novelas
- The strongest warrior of humanity
- Capítulo 116 - 116 capitulo 116 días buenos de la academia
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
116: capitulo 116 días buenos de la academia 116: capitulo 116 días buenos de la academia Punto de vista de Mei Hoy era un día cualquiera.
Me encontraba en la clase de Magia Mecánica, donde el profesor William junto con Nicolás nos enseñaban cómo canalizar la magia en artefactos y la forma correcta de construirlos.
La verdad… el tema era interesante.
Pero no pude evitar suspirar al ver a esos cuatro locos sentados frente a mí.
Abrán, Kimberly, Kevin y Farid estaban completamente emocionados, anotando cada detalle como si se les fuera la vida en ello.
Sonreí con cansancio.
—Tsk… —murmuré en voz baja—.
Sin Carlos, este lugar se siente demasiado aburrido.
Y entonces la puerta se abrió de golpe.
Miguel entró al aula con el ceño fruncido, claramente fastidiado.
No hacía falta preguntar: seguro había tenido un mal día.
Como siempre.
Lo más probable era que los de tercer año lo hubieran molestado otra vez.
El acoso durante este periodo se estaba volviendo insoportable.
Y de Hiko… ni hablar.
Ese maldito anda como idiota cuando no toma sus pastillas.
La otra vez casi me mata del susto cuando entré a la habitación… Lo encontré tirado en el suelo.
Al principio pensé que estaba dormido, pero cuando le hablé para que se levantara… no reaccionó.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
—H-Hiko… ¿estás bien?
—pregunté con la voz temblorosa.
Mi cuerpo entero empezó a temblar.
Me acerqué con cuidado y coloqué mis dedos en su cuello, intentando sentir su pulso.
Nada.
El pánico me golpeó de lleno.
Decidí levantarme para pedir ayuda, pero cuando intenté abrir la puerta… no se movió.
Estaba cerrada.
Entonces lo sentí.
Una presencia.
Una silueta comenzó a levantarse lentamente detrás de mí.
—Mei… —susurró mi nombre con una voz baja y prolongada.
Me quedé completamente paralizada.
No quise voltear.
Le tengo pavor a los fantasmas.
Respiré hondo, reuní valor… y giré.
No había nadie.
—¿E-eh…?
¿Dónde está…?
Una voz resonó justo detrás de mí.
—Justo detrás de ti… —bu.
—¡¡¡AHHHHHHHHHHH!!!
—grité como loca.
Sin pensarlo, reaccioné por puro instinto.
Giré sobre mí misma y liberé magia de agua con todas mis fuerzas, golpeándolo de lleno.
—¡¡TOMA ESTO!!
…
Después de eso ya no le dirigí la palabra.
Aunque, siendo sincera, sigue siendo un estúpido de mierda… pero como sea, al menos ya me cobré lo mío.
Miguel me observaba de una forma extraña.
Ya no tenía esa expresión fastidiada de siempre; parecía más tranquilo… incluso diferente.
—H-hola, Mei… buenos días —dijo con una sonrisa algo nerviosa—.
¿Puedo sentarme aquí contigo?
—Claro —respondí con una sonrisa dulce—, no tengo ningún problema con que te sientes conmigo.
En cuanto lo dije, Miguel se sonrojó como un tomate.
Se veía… lindo así.
Y para colmo, yo también sentí cómo mis mejillas se calentaban.
No entendía por qué.
Nunca me pasaba esto con nadie.
Miguel se sentó a mi lado y empezamos a hablar de cosas sin importancia.
Clases, tareas, tonterías del día a día… hasta que decidí preguntarle lo que realmente me daba curiosidad.
—Oye… ¿qué fue lo que pasó esta mañana?
—pregunté con cautela.
Miguel tragó saliva.
—¿Quieres saber lo que pasó, verdad?
—dijo nervioso.
Algo en su tono me decía que no era solo eso.
Había algo más.
Suspiré, pensativa.
—Últimamente las cosas no están saliendo bien —confesé—.
Desde que vi a Mio y a Melissa tan tristes… no supe por qué.
Y eso no es todo… ese día sentí miedo.
Miguel me miró con atención.
—¿Miedo?
—Sí… cuando vi al hermano de Carlos.
Kronos… ¿así se llamaba, no?
Solo pronunciar su nombre me causó un escalofrío.
—Es alguien extraño —continué—.
Nos lo hemos topado en los pasillos, en las clases… No es que me atraiga ni nada por el estilo, pero… me da miedo.
Hice una breve pausa.
—Me habló para ayudarlo con algunas cosas… y después todo volvió a la normalidad.
O eso parecía.
Miguel sostuvo mi mirada.
Eso me puso un poco incómoda, así que decidí cambiar el ambiente.
—¿Y bien?
—dije de pronto, inclinándome hacia él con una sonrisa traviesa—.
Dime, dime, dime… ¿Será que extrañas a Carlos porque no ha venido en días?
—¿Q-qué?
¡No!
¿Cómo crees?
—respondió rápido—.
¿Por qué estaría esperando a un bueno para nada como él?
Además, él… —Vamos —lo interrumpí riendo—.
No me mientas.
Sé que desearías que estuviera aquí para molestarlo.
Miguel se quedó en silencio.
—¿Tan obvia era mi cara…?
—murmuró.
—Un poco —respondí divertida—.
Eres fácil de leer.
Al menos no eres como ese desgraciado de Hiko… ese sí es imposible.
Reímos un poco.
—Pero bueno —continuó Miguel, cambiando de tema—.
Oye… ¿te gustaría salir conmigo después de clases?
Quería ir de compras y pensé que… Miguel se quedó completamente en blanco.
Yo también tardé unos segundos en procesarlo.
¿Me acababa de invitar a salir?
Su expresión era tan exagerada, tan nerviosa… que no pude evitar reírme.
Y por primera vez en mucho tiempo, sentí que algo simple… se sentía bien.
Por primera vez en mucho tiempo, me sentí feliz.
Supongo que con el tiempo no habrá problemas en conocernos mejor… o eso quiero creer.
Mientras caminábamos, Miguel me contó cosas sobre su familia.
Y tengo que ser honesta: su familia es horrible.
Lo desprecian solo porque no se parece en nada a su padre.
Como si eso fuera un crimen imperdonable.
Pero cuando habló de su madre… ahí todo cambió.
Ella siempre lo ayudaba en silencio, sin reproches ni gritos.
Solo con amor.
Con ese tipo de amor que no necesita palabras para sostenerte cuando todo se cae.
Su padre, en cambio… No.
Ni siquiera quiero imaginarlo.
Lo que escuché de la boca de Miguel me dejó aterrada… horrorizada.
¿De verdad alguien puede ser tan cruel?
Golpear a su esposa, a la mujer que lo respetó y lo amó durante toda su vida, solo para hacer que Miguel y su madre vivieran en un infierno constante.
¿Quién se cree ese maldito?
No me importa si pertenece a una de las Doce Grandes Familias.
Lo odio.
Lo detesto con todo mi ser.
Y aun así… no puedo dejar de pensar en su madre.
Ha cambiado mucho.
Debe ser el miedo.
El miedo de volver a ser lastimada.
Cuando llegue el festival… ¿Miguel logrará ser reconocido como su hijo?
¿Y si no funciona…?
No quiero pensar en lo que podría pasarle.
No quiero.
No quiero verlo llorar otra vez.
La última vez que lo vi así… algo dentro de mí se rompió.
Mi corazón no soportó su dolor, esa sensación de no ser suficiente para cumplir las expectativas de los demás.
No puedo permitir que caiga.
Quiero animarlo.
Quiero apoyarlo.
Quiero estar ahí para él… en todo lo que necesite.
Me duele verlo así, y sé que, muy probablemente, Miguel es el único hijo de la familia Sasai.
Me sentí un poco mal… pero entonces él me dedicó una sonrisa.
Y con solo eso, algo dentro de mí se calmó.
Mi familia ha sido buena conmigo.
Pero hay personas que no tienen esa suerte.
Como Miguel… como Hiko.
Son más parecidos de lo que parecen.
Tal vez debería comprarle algo para su cumpleaños.
Está más cerca de lo que parece… en agosto.
Algo lindo.
Algo que le recuerde que importa.
Pensé eso mientras miraba a Miguel, y sin darme cuenta, le regalé una sonrisa sincera… una de esas que nacen del corazón.
Pensándolo mejor, quizá debería divertirme un poco con Miguel antes de irnos de compras… aunque también podría ir a ver a Natsuki.
Seguro ella sabría recomendarme vestidos, accesorios… o incluso ropa interior.
Suspiré mientras pensaba en lo alegre que estaba siendo el día.
Ojalá todos fueran así.
Aunque cuando Carlos no está, siempre se pierde la mejor parte de Miguel.
No pude evitar reírme un poco.
Recordé algo de hace tiempo… no importa qué tan serio parezca el ambiente, esos dos siempre terminan haciéndome reír cuando se pelean.
La última vez casi se matan… ¿y todo por qué?
Por un jugo de naranja.
¿En serio?
¡Por un jugo!
Eso solo me hizo reír más.
A su manera se entienden y se llevan bien, pero si el motivo fuera otro… ahí sí se destruirían sin piedad.
Tuve que quitarles las armas, no fuera a ser que… Se les ocurriera repetir algo como lo de Hiko.
Cuando lo presenté con Carlos… ese día todavía me da vergüenza recordarlo.
Hiko quiso medir su fuerza y terminó estrellado contra la pared.
Aajajajajaj.
—¿Ocurre algo, Mei?
—preguntó Miguel, sin saber que yo me estaba riendo de mis propios recuerdos.
—No es nada… oye, ¿te acuerdas cuando presenté a Hiko y cuando él…?
—Déjame pensar —dijo, y una sonrisa apareció en su rostro—.
Ah, ¿el que terminó estampado contra la pared… y encima se quemó?
No pude contener la risa.
—¡Sí, sí!
—dije entre carcajadas—.
Miguel, de verdad fue increíble.
Encima dijo “nah, ni me dolió”… Y justo ahí Carlos le lanzó varias llamas.
Hiko salió corriendo como niña asustada.
Esta vez sí… me hizo reír hasta que me dolió el estómago.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com