The strongest warrior of humanity - Capítulo 117
- Inicio
- Todas las novelas
- The strongest warrior of humanity
- Capítulo 117 - 117 capitulo 117 tenemos que vivir cosas peores
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
117: capitulo 117 tenemos que vivir cosas peores 117: capitulo 117 tenemos que vivir cosas peores —Por cierto, Miguel, tenemos que ir a ver a Natsuki, pero… Antes de que pudiera terminar la frase, unas personas bastante llamativas se acercaron a nosotros.
Se trataba de Gojo y Arlette, caminando juntos.
¿Ya dio su primer paso…?
pensé.
Vaya, me sorprendía que Arlette hubiera podido acercarse tanto a Gojo.
Arlette, la chica tan hermosa y popular dentro de la academia.
Aunque, claro, hay otras que no se quedan atrás, como Karen y, sobre todo, Lucía.
Ellas también son muy populares.
—Hola, Arle —saludé—.
¿Cómo están ustedes dos?
Ella bajó la mirada, como si algo le hubiera pasado.
Gojo suspiró.
—Bueno… en realidad hemos tenido un problema últimamente.
Los estudiantes de segundo y tercer año han estado molestando a Arle, y eso no es normal.
Pero uno se pasó de la raya con ella, así que tuve que pelearme para sacarla de ese problema.
—¿En serio te hicieron eso, Arlette?
—dijo Miguel, claramente preocupado.
—Sí… —respondió ella con una sonrisa nerviosa y tímida—.
Pero gracias a él no pasó a mayores.
El problema es que ahora todos piensan que ando de zorra con cualquier hombre.
—No digas eso —intervino Gojo con firmeza—.
No tienes la culpa de nada.
Además, si estás conmigo es porque tienen envidia de que alguien tan guapo y atractivo esté a tu lado.
Y no lo olvides, solo somos amigos.
—Sí, pero ellos… —Por el amor de Dios, Arle… Me acerqué y coloqué mi mano sobre su cabeza para acariciarla suavemente.
Ella se sonrojó de inmediato.
—Ignorarlos es lo mejor —dije—, pero tienes razón.
Últimamente se han salido de control.
Suspiré un poco antes de continuar.
—Desde que Carlos no está aquí… seguro le tenían miedo, porque siempre estaba con nosotros.
Pero no olvides algo importante: Carlos no siempre va a estar para resolver nuestros problemas.
—Tienes razón —asintió Miguel—.
Carlos es alguien que siempre está muy ocupado, al igual que todos nosotros… y sabes perfectamente el porqué.
—¿Lo dices por el festival?
—preguntó Gojo—.
Yo también estoy entrenando para ese día.
Estoy ansioso por ver qué tan fuertes son las grandes razas.
—¿Ustedes van a participar, Mei, Arle?
—preguntó con curiosidad.
Nos miramos por un momento antes de responder.
—La verdad, no estoy interesada en participar —dije—, pero igual los estaré animando.
—Yo también —añadió Arlette con una sonrisa hermosa—.
Prefiero apoyar desde afuera.
—Ya veo… qué lástima —respondió Gojo—.
Me hubiera gustado verlas pelear contra los demás estudiantes.
Pero tú nunca vas a cambiar, ¿verdad?
Siempre queriendo ser el más fuerte.
—Pues claro, hermano —rió Gojo—.
Siempre tengo que demostrar quién soy.
Aunque, eso sí, si me toca pelear contra una mujer, debo hacerlo con honor.
—Ahora que lo mencionas… —intervine—, ¿entonces por qué siempre huyes de Shiro?
Gojo palideció un poco.
—Eso es porque ella es hija del diablo.
No tienes idea de lo que es capaz.
Carlos y yo ya sufrimos bastante por culpa de esa loca psicópata.
Esa mujer sí sabe cómo dar golpes de verdad… —A mí me usó como saco de boxeo —dije alterado.
Rápidamente cambié el tema.
—Por cierto, ¿a dónde van ustedes dos?
Los veo muy juntos… ¿o acaso ya son…?
Antes de terminar la frase, sentí un golpe directo en la cabeza.
—¡Cállate!
—dijo Miguel—.
No es lo que piensas.
Solo la voy a acompañar a un lugar.
Quedamos en ir con Natsuki para que le aconseje algunas cosas.
—Ah, ya veo —respondió Gojo—.
Entonces, si van con ella, Arlette y yo podemos acompañarlos.
La verdad no tenemos nada que hacer.
Miré a Arlette y le sonreí.
—Vamos, no seas tímida.
Solo quiero que te diviertas.
—Además, tengo que cuidarte —continué—.
Ya sabes cómo es Lucía, y no me gusta que me esté reclamando por todo.
A veces da más miedo que Shiro, pero ella lo hace por tu bien.
Para Lucía, tú eres lo más valioso e importante en su vida.
Arlette bajó la mirada, sonrojada.
—Ella solo quiere que tengas una buena vida y que hagas amigos —añadí—.
Como eres tan tímida y callada… no es algo fácil.
—Tienes razón —dijo Arlette con una sonrisa suave—.
Estando contigo me siento tranquila.
Gracias por animarme.
Levantó la mirada, decidida.
—Entonces… ¿qué esperamos?
Vamos a verla.
Natsuki caminaba por el pasillo sosteniendo varios libros entre ambos brazos, mientras su mirada se perdía a través de la ventana.
Han pasado días… pensó.
Y aún lo extraño.
Estar sin él era más complicado de lo que había imaginado.
Yue estaba ahí para consolarla, y eso ayudaba un poco, aunque crecía demasiado rápido.
Tal vez era normal… los recién nacidos siempre cambian con el tiempo, algunos en meses, otros en años.
Pero aun así, al mirarla, no podía evitar notarlo: Yue se parecía cada vez más a él.
Debería sentirse feliz.
Tener a alguien así en su vida era una bendición.
Sin embargo, lo único que deseaba era que él regresara.
Quería verlo, saber qué tan fuerte se había vuelto… y, siendo honesta consigo misma, también había algo más que la inquietaba.
Ese pensamiento hizo que su rostro se sonrojara intensamente.
—Vuelve pronto… —murmuró casi en silencio.
Su corazón no dejaba de latir con fuerza.
Al menos sabía que estaba bien.
Él tenía la otra mitad del collar que le había regalado en su aniversario, un objeto encantado que le permitía sentir su estado.
Mientras esa conexión siguiera intacta y estable, ella podía respirar tranquila.
Aún estás bien… pensó con alivio.
Mientras pudiera vigilarlo de esa manera, no sentiría tanto miedo.
Aunque… no podía negarlo del todo.
Le aterraba la idea de que alguien intentara aprovecharse de su novio.
Sacudió ligeramente la cabeza, tratando de apartar esos pensamientos, pero otros tomaron su lugar.
Su magia.
Últimamente se había vuelto más poderosa… y también más peligrosa.
Quizá era un logro de su crecimiento, o tal vez el resultado del entrenamiento que había tenido con Hina, quien la ayudó a fortalecer su maná más de lo que imaginó posible.
Aun así, algo no estaba bien.
Tenía una teoría sobre su magia de hielo.
En ocasiones, sentía que la devoraba desde dentro, dejando un vacío enorme, helado… como si algo se estuviera apagando lentamente en su interior.
Y eso la aterraba.
Tenía miedo de perder el control.
De lastimar a los demás.
Por eso evitaba usarla al máximo.
Porque sabía que, si lo hacía, dejaría de ser ella misma.
Viviría solo para resistir… para sobrevivir… o peor aún, para matar.
Un escalofrío recorrió su cuerpo.
—Algo va a pasar… —susurró.
No sabía qué.
No podía explicarlo.
Solo sentía ese presentimiento pesado en el pecho.
Ojalá… pensó con fuerza.
Ojalá solo sea una ilusión.
Continuará..
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com