The strongest warrior of humanity - Capítulo 119
- Inicio
- Todas las novelas
- The strongest warrior of humanity
- Capítulo 119 - 119 capitulo 119 uno de los momentos más divertidos
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
119: capitulo 119 uno de los momentos más divertidos 119: capitulo 119 uno de los momentos más divertidos Todos habíamos entrado a la tienda.
Era demasiado elegante, y a simple vista se notaba que todo ahí era costoso.
Varias personas caminaban entre los estantes probándose ropa, observando accesorios… aun así, el ambiente no resultaba incómodo; de hecho, era agradable a mi gusto.
Miré de reojo a Mei, parecía concentrada pensando qué comprar.
Gojo, por su parte, estaba sentado a mi lado, observando con calma cómo las chicas prácticamente planeaban llevarse media tienda.
Suspiré, algo nervioso.
—Estas chicas planean vaciar el lugar, ¿no crees, Gojo?
—Tienes razón —respondió encogiéndose de hombros—.
Se comportan como locas, pero… ¿qué se le puede hacer?
Así son ellas.
Sonrió.
Se notaba que estaba feliz de verlas divertirse.
Lo miré un instante más, pero entonces algo llamó mi atención.
Natsuki estaba haciendo un gesto gracioso, así que giré la vista… y fue cuando lo vi.
Mei había tropezado ligeramente con el vestido que se estaba probando.
Por un momento pensé que se avergonzaría, pero en lugar de eso, alzó la mirada hacia mí y me sonrió con una elegancia que no supe explicar.
No entendí por qué lo hizo… pero se veía encantadora.
Hermosa.
Gojo, en cambio, se sentía un poco extraño.
No sabía qué le pasaba, pero no quise pensar demasiado en eso.
Ver a las chicas ayudándose entre risas me transmitía una paz que hacía tiempo no sentía.
Más tarde pasamos a la sección de accesorios.
—Oye, Miguel —dijo Mei, sosteniendo un collar de diamantes—.
¿Qué opinas de este?
El collar brillaba con delicadeza, era realmente hermoso.
—¿Crees que combine conmigo?
Me quedé en silencio unos segundos.
No supe cómo reaccionar.
Era la primera vez que una chica me preguntaba algo así… y Mei, en verdad, se veía preciosa.
—No hay nada más hermoso que tu sonrisa —dije finalmente—.
El collar te queda perfecto.
Podrías combinarlo con un vestido rojo… te verías espectacular.
Y lo digo en serio.
Ella se quedó inmóvil.
De pronto, su rostro se encendió por completo y se cubrió la cara con ambas manos.
—Miguel… —murmuró con timidez—.
Solo quería saber tu opinión, no que me hicieras acelerar el corazón… —E-eh… yo solo… —Vaya, vaya —intervino Gojo con una carcajada—.
Así que Miguel se está luciendo, ¿eh?
Debería llamarte Romeo, ¿no crees?
Miré a Gojo, que no dejaba de reírse.
Sentí un poco de vergüenza; estaba nervioso, así que bajé la mirada… pero antes de que pudiera decir algo, Mei se acercó y me abrazó sin pedírselo.
—Vamos, Miguel, no te sientas mal —dijo con una sonrisa suave—.
Además, lo que me dijiste me hizo sonrojar más… no sé cómo explicarlo.
Tus palabras me hacen sentir quién soy, y me gusta mucho cuando eres amable conmigo.
Eso… era verdad.
Y lo sabía.
—Aunque deberías intentar no ser tan cursi —añadió, riendo—.
Ya sabes cómo es Gojo… Giré la mirada hacia él, y sin darme cuenta se me ocurrió algo.
—Oye, Gojo —le dije—, ¿no te gustaría pasar más tiempo con ella?
De inmediato se puso nervioso.
—N-no digas tonterías… —No te pongas nervioso, Julieta —continué con una sonrisa burlona—.
No vaya a ser que te enamore con sus encantos, ¿no crees?
Apreté los puños con rabia.
Ese maldito bastardo estaba buscando que le diera una paliza.
Di un paso adelante, pero Gojo retrocedió.
—Oye, viejo, no quiero problemas.
—Oh, claro —respondió—.
Todo es solo una broma, ¿no?
Su sonrisa era… peligrosa.
Por un momento pensé si debía correr.
Pero entonces alguien pasó cerca de nosotros.
En ese instante sentí una presencia que no me gustó en absoluto.
Gojo también la percibió.
—Veo que tú también lo sentiste —dijo en voz baja—.
Es evidente, Miguel.
Por ahora debemos cuidar a las chicas.
No creo que se atrevan a atacarlas… todavía.
—Tienes razón.
Entonces… ¿nos vemos en un rato?
—Nah, no te preocupes —respondió con tranquilidad—.
Ya me encargué de ellos hace unos instantes.
Me quedé con la boca abierta.
—¿Qué mierda acabas de decir?
¿Cómo que hace un momento…?
Entonces lo recordé.
Él podía detener el tiempo cuando quisiera.
—Maldición… —me reí entre dientes—.
No pensé que tuviéramos un perro guardián.
—Si no fuera por mi detector de idiotas, créeme que este lugar ya habría sido víctima de un robo.
—Tienes razón.
En fin, vamos por las chicas.
¿Regresamos a la academia o quieres ir a comer a algún lado?
—Ahora que lo mencionas… una buena comida no estaría nada mal.
—Perfecto, entonces apresurémonos.
Pasó un rato y el cielo comenzaba a oscurecer.
Mei y las demás salieron de la tienda visiblemente felices.
A Gojo y a mí nos tocó cargar todas las bolsas, pero no nos quejábamos… aunque ya estábamos cansados.
Me reí cuando vi a Gojo tropezar como idiota.
Fue divertido.
Pero por andar distraído, yo también caí de cara.
Las chicas no se contuvieron y estallaron en risas.
Y ese maldito de Gojo no dejó pasar la oportunidad.
—Si tú caes, yo caigo contigo.
Sin pensarlo, usé magia: varias ramas salieron del suelo bloqueando el camino.
—¡Oye!
Pero por lo más estúpido… no se fijó.
Ups.
Gojo cayó de lleno.
Las chicas lo miraron sorprendidas… y yo me reí.
—Esa fue mi venganza —dije—.
Después de todo, yo soy el maestro de las bromas.
—¿Ah, sí?
—respondió él levantándose—.
Entonces te reto a un duelo de bromas pesadas.
¿Qué te parece?
—E-espera… no hablas en serio, ¿verdad?
—Más que en serio —dijo con una sonrisa tranquila y peligrosa.
Tragué saliva.
Por bendito sea Dios… ¿Ahora qué hago?
Creo que ya valió todo.
Continuará
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com