Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

The strongest warrior of humanity - Capítulo 121

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. The strongest warrior of humanity
  4. Capítulo 121 - 121 capitulo 121 Acaso fue un advertencia
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

121: capitulo 121 Acaso fue un advertencia 121: capitulo 121 Acaso fue un advertencia Bien… ya se habían ido.

Ahora era mi turno.

—Ya que estamos solos —dije con calma—, es hora de hacer las cosas a mi manera.

Di un paso al frente.

—Oye… ¿no dijiste que nos íbamos a arrepentir?

¿A verme humillado, no?

Alan tragó saliva, pero intentó mantener su sonrisa.

—Entonces dime solo una cosa —continué—.

¿Quién te envió?

Por un instante, Alan se quedó boquiabierto.

Sus ojos ya no mostraban arrogancia… mostraban nervios.

Una sonrisa apareció en mi rostro.

—Shirou tenía razón… Le atiné.

Alguien lo había enviado.

Pero ¿quién?

Pensé con claridad, analizando cada detalle.

—No me lo vas a decir —dije con voz fría—, lo sé.

Pero dime algo… si realmente quisieran matarme, ya lo habrían hecho.

Di otro paso.

Mi presencia pesaba.

—Así que solo me queda una conclusión.

Alan frunció el ceño.

—Por casualidad… —continué— ¿no te dieron algo para que tomaras?

El color se le fue del rostro.

—¿C-cómo que cosa…?

—balbuceó Alan con la voz temblorosa.

Sonreí levemente.

—Tranquilo —dije—.

No te preocupes… todavía.

Pero en su mirada ya no había burla.

Había miedo.

Y yo ya sabía que esto no terminaba aquí.

—¡Solo dime quién te mandó hacia nosotros y te juro que te vamos a…!

No terminé la frase.

Alan se quebró.

—¡Ustedes no saben con qué clase de persona se están metiendo!

—gritó desesperado—.

¡Si hablo, me matará!

¡Y no solo a mí… también a mi familia!

Shirou dio un paso al frente.

Su expresión cambió por completo.

Ya no había desprecio… había seriedad.

Ese miedo… no era fingido.

Era miedo real a morir.

Lo entendí en ese instante.

Si alguien estaba dispuesto a usar a Alan como peón… entonces esto iba mucho más allá de simples estudiantes.

Pensé en mi hermana.

Si se enteraba de esto… estallaría.

—Por favor… —suplicó Alan, con la voz rota—.

Déjenme ir.

No volveré a molestar a ese chico, lo juro… solo… solo déjenme ir.

Por un momento dudé.

Pero no… dejarlo ir así no era una opción.

—Está bien —dije al fin—.

Te dejaré ir.

Alan levantó la mirada, incrédulo.

—Pero a cambio… me dirás qué fue lo que te dieron para beber.

Tragó saliva.

Intentó hablar… pero su cuerpo empezó a reaccionar de forma extraña.

Sus manos temblaban.

Su respiración se volvió errática.

Y entonces lo dijo.

—¿Has… oído hablar… —susurró— de la droga del Demonio de la Destrucción…?

Todo mi cuerpo se paralizó.

No fue miedo.

Fue terror puro.

—¿QUIÉN TE LA DIO?

—grité fuera de mí.

Pero cometí un error.

Uno grave.

Alan soltó una risa rota.

—Voy a morir… Cayó al suelo, agarrándose la cabeza.

Su mana se descontroló violentamente.

—¡Mierda…!

—murmuré.

La droga había comenzado a hacer efecto.

Actué de inmediato.

Extendí la mano, haciendo fluir mi mana.

Una luz brillante emergió de mi palma mientras me acercaba con cautela.

Pero entonces— ¡BOOM!

Una ráfaga de viento explotó desde su cuerpo y me golpeó de lleno.

Salí despedido hacia atrás.

No podía permitir que esto continuara.

Si explotaba así… la academia entera volaría en pedazos.

No había más opción.

Apreté los dientes.

—Lo siento… —susurré— pero no pienso dejar que esto ocurra.

Y entonces… Detuve el tiempo.

El tiempo seguía detenido.

Solo unos segundos… pero en ese instante sentí que el mundo entero me observaba.

No quería que nadie muriera en esta academia.

No otra vez.

No frente a mí.

Josué tenía razón sobre mí… Siempre busco una solución donde tal vez no exista.

El rostro de Alan comenzaba a deformarse.

Su carne se retorcía, sus huesos crujían desde dentro, su mana se volvía negro y caótico.

Estaba convirtiéndose en un abismal.

—No quiero morir… No quiero morir… No quiero morir… No quiero morir… —suplicaba, atrapado en el tiempo— Por favor… alguien… sálvame… Me duele… me quema… esto me está matando… Esas palabras… Me atravesaron.

Bajé la mirada por un instante.

Respiré hondo.

Y entonces… me giré.

Caminé hacia él.

—No voy a dejar que mueras.

Extendí mi mano.

El aire se rasgó.

Una presencia antigua despertó.

La invoqué.

La Espada de la Salvación.

Nunca pensé que volvería a verla.

La encontré hace años… el día que uno de los Diez Héroes Legendarios murió frente a mis ojos.

Su nombre era… Alenish.

El Héroe de la Salvación de la Humanidad.

El único capaz de sanar cualquier herida.

Cualquier maldición.

Cualquier dolor.

Incluso algo tan antinatural como la Droga del Demonio de la Destrucción.

Fue él quien me enseñó a usar esta espada.

Pero jamás la empuñé.

Tenía miedo.

Miedo de no ser digno.

Miedo de fallar.

Miedo de manchar su legado.

Pero entonces… La espada brilló.

Un destello azul ardiente envolvió la hoja.

No era solo mana.

Era la luz de Alenish.

Su voluntad.

Su fe en salvar vidas.

La espada vibró en mi mano… como si me reconociera.

—No me importa si soy digno o no… —susurré— La voy a usar.

Di un paso al frente.

La energía destructiva chocó contra mí como un muro.

Mi cuerpo fue cortado, desgarrado, mi piel se abrió.

La sangre empapó mi ropa.

Mis músculos gritaban.

Pero no me detuve.

Ni un solo paso atrás.

—Si tengo que sangrar… sangraré.

—Si tengo que romperme… me romperé.

Seguí avanzando.

Cada paso dolía como el infierno.

Cada herida ardía.

Pero no me importaba.

Porque si no podía salvar a alguien aquí… ¿cómo demonios iba a salvar a mi hermana cuando está en manos del Dios Nocturno?

Apreté la espada con más fuerza.

—Alenish… —dije en voz baja— préstame tu fuerza… solo esta vez.

Levanté la espada.

La luz explotó.

Y el mundo, incluso detenido, tembló.

Corrí hacia él, asestando un golpe directo en la parte superior de su pecho, pero la droga era demasiado poderosa y logró detener mi ataque.

Si seguía así, su cuerpo sería destruido por completo… y con él, todo a nuestro alrededor.

Pensé rápido.

Si usaba luz divina de sanación, ¿funcionaría…?

Pero como ya sabía, esta droga no era fácil de detener.

Era mucho más peligrosa de lo que había imaginado.

Las investigaciones lo confirmaban: esta droga era la mayor amenaza existente en estos momentos.

Si había personas distribuyéndola… debía encontrar al responsable antes de que fuera demasiado tarde.

Cerré los ojos y analicé la situación.

Dejé que una gota de mi sangre cayera al suelo mientras liberaba presión a través de la espada.

—Gota de Milagro… Una luz brillante, verde y dorada, brotó tanto de la espada como de mi cuerpo.

La gota de sangre que había caído se transformó en múltiples gotas de milagro, flotando a mi alrededor.

Con esto podría mantenerlo a salvo… al menos por ahora.

Pero no podía perder más tiempo.

Tenía que hacerlo ya.

Corrí con todas mis fuerzas, asestando un golpe preciso, apuntando directamente hacia su cuerpo.

—No te preocupes, Alan… —Esto no te dolerá.

—Pronto dejarás de sentir dolor.

—Te ayudaré… pero a cambio me dirás el nombre de la persona.

Él trataba de resistirse, luchando contra el dolor y el miedo.

—Está bien… te lo diré… —dijo con voz temblorosa—, pero por favor… ayúdame… Una sonrisa honesta apareció en mi rostro.

—Por supuesto que te salvaré.

Sin decir nada más, ataqué.

El golpe no partió su cuerpo… partió la droga que se estaba formando dentro de él.

Lo había logrado.

Evité que la escuela fuera destruida… y salvé a alguien por primera vez.

Una luz intensa nos envolvió a ambos, provocando una gran onda destructiva.

Pero gracias a que había detenido el tiempo, el lugar donde estábamos no fue destruido.

Caí al suelo, respirando con dificultad, pero aliviado.

—Me alegra… que todo haya salido bien… —Alan, ¿te encuentras bien?

Su cuerpo estaba destrozado, cubierto de heridas.

Usé la espada una vez más, liberando la Luz de Milagro del Árbol de la Vida.

Las heridas sanaron por completo, aunque una gran cicatriz quedó marcada en su rostro.

Esa era la consecuencia de sus errores.

Pero lo importante… era que seguía vivo.

—E-Estoy vivo… —dijo con la voz quebrada—.

—Creí… que iba a morir… Aun así, sonreía.

—Una vez más… gracias, Alenish.

—Sin tu espada… no habría podido salvarlo.

Me levanté, caminé hacia él y hablé con una voz fría y arrogante.

—Oye, sé que no es el momento… —pero necesito que vengas conmigo.

Me detuve frente a él.

—Y una cosa más.

—Digas lo que digas… tendrás mi protección de ahora en adelante.

Lo miré fijamente.

—A cambio… —me dirás todo lo que sabes sobre esa droga… —y sobre la persona que te la dio.

Solo lo miré mientras me explicaba cada detalle sobre la droga.

Cada palabra pesaba más que la anterior.

Caminábamos hacia Kratos y Miguel.

Ellos notaron de inmediato que algo estaba mal conmigo.

Era normal… me habían visto junto a Alan.

Ambos corrieron hacia mí sin pensarlo.

—¿Qué mierda, Shirou?

—dijo Kratos elevando el tono—.

Dijiste que te ibas a encargar de algo, pero no pensé que te lo traerías con nosotros.

Entendía su reacción.

Todo esto era molesto, peligroso y difícil de asimilar.

La droga.

Cómo llegó a manos de Alan.

Lo que casi provoca.

—No me ha dicho nada aún —respondí con frialdad—.

Ni una sola cosa importante.

—Pero prometí protegerlo… y lo haré.

Apreté los puños con fuerza.

Si descubro algo, no lo dejaré pasar.

Estaba molesto.

Más de lo que cualquiera podría imaginar.

Solo quería mantener la calma.

Suspiré largo antes de hablar.

—Hay cosas que no puedo explicar del todo… pero les diré lo que pasó.

Les conté todo.

Cuando terminé, el silencio fue absoluto.

Nadie habló.

Nadie respiró con normalidad.

La conclusión era clara… y aterradora.

—¿Hablas en serio?

—dijo Kratos—.

¿Alguien le dio esa droga… y además le ordenaron molestarnos?

—¿Por qué?

—preguntó Miguel—.

¿Quién haría algo así?

Alan bajó la cabeza.

Su cuerpo estaba tenso.

Su culpa era evidente.

Confesó todo.

Que se arrepentía.

Que juró hacerle la vida imposible a Carlos y a sus amigos porque alguien se lo ordenó.

Porque ellos observan.

Se esconden.

Saben dónde estamos y cuándo estamos vulnerables.

Tenía miedo.

Mucho miedo.

—No he sido un buen estudiante —dijo—, pero he intentado escapar de esto.

—No quiero ser esclavo de alguien que solo quiere arrebatar vidas inocentes.

Su voz temblaba.

—Ellos vendrán… y nos matarán a todos.

—Esto va más allá de las capacidades humanas.

Respiré hondo antes de hablar.

—Miguel… quiero pedirte disculpas —dijo Alan—.

—Por todo lo que te hice estos días.

Levantó el rostro con dificultad.

—Sé que no me creerás.

—No tienes que perdonarme… solo acepta mis disculpas.

Hizo una pausa.

—Yo ya pagué mi precio… mírame.

Miguel se quedó helado.

Parte del rostro de Alan estaba quemado.

La cicatriz era profunda.

Permanente.

Sentí un nudo en el pecho.

La preocupación se reflejó en mi expresión.

Miguel respiró hondo, luchando por mantener la compostura.

—Lamento que hayas tenido que pasar por esto… —Lo siento, Alan.

Su voz estaba quebrada.Shirou quedó en silencio por unos instantes.

Entonces notó algo curioso.

Recordó a Kronos.

Lo había visto hace unos días… y cuanto más pensaba en ello, más claro tenía algo.

No creía que él fuera el responsable.

Si lo que estaba pensando era cierto, entonces la situación era aún más grave.

Esa idea solo logró enfurecerlo más.

Sin pensarlo, salió corriendo, buscando respuestas, avanzando rápido sin mirar al frente… hasta que chocó con alguien.

—¡Ay, ay!

¡Oye, ten más cuidado, idiota!

Era Freya.

Había chocado con ella de lleno.

Los demás la miraron confundidos, pero aun así se acercaron hacia él.

—Shirou, ¿qué ocurre?

—preguntó Miguel con preocupación.

—Chicos… yo… yo… Kratos lo observó con atención.

Lo entendió al instante.

—Ya sé a dónde ibas —dijo con seriedad—.

—Yo tampoco he quitado esa sospecha.

Freya frunció el ceño.

—Oigan, no me gusta que me ignoren —dijo molesta—.

—¿Qué está pasando aquí?

Su mirada se dirigió hacia Alan.

—Además… ¿qué te pasó?

—añadió—.

Por un momento, todos quedamos en silencio.

Algo no cuadraba.

Entonces una idea cruzó mi mente.

Espera… ¿Cómo sabe su nombre?

Me quedé pensando en esa situación.

Sin decir más, tomé a Freya de la mano.

—Oye —le dije—, dime algo… —¿Cómo sabes su nombre?

Ella se soltó de inmediato.

—Oye, oye, ten un poco de respeto —respondió—.

—Sé que esto va a parecer raro, pero él es mi amigo.

Seguía hablando con firmeza.

—Lo conozco desde que entré a la academia.

—Además, quiero saber qué demonios está pasando aquí.

Su tono se volvió más duro.

—¿Por qué está lastimado?

—¿Le hiciste algo?

La furia en su voz era evidente.

La observé con atención.

Vaya… No sabía que esta mujer fuera más loca que mi hermana Shiro.

Tenían el mismo carácter.

La misma intensidad.

Solo que Shiro era mucho más agresiva y molesta con los demás.

Era educada, sí… pero cuando se trataba de mí, me usaba como trapo sucio, como un saco de boxeo.

Suspiré por dentro.

No importa… Ella sigue y seguirá siendo mi dulce hermanita.

—Está bien… te contaré lo que realmente ocurrió —dije al fin—.

Solo para que luego me dejes, para que estés enojada conmigo y me veas como un villano.

Como quisiera ser ese villano… pero, aun así, no me importa.

Le conté todo.

Cada detalle.

Cada error.

Cada decisión.

Freya quedó en shock.

Sus ojos se abrieron, su respiración se volvió pesada.

De pronto, cruzó los brazos y su mirada se clavó en Alan.

—Dime que esto no es verdad —exigió—.

—Dímelo, Alan.

Su voz estaba cargada de ira.

No podía creerlo.

Alan asintió con la cabeza.

—Así es… todo lo que dije es verdad —respondió—.

—Lo lamento… pero no fue mi culpa, Freya… solo… —¡Hey!

—interrumpí—.

—Dime algo… ¿quién fue la persona que hizo esto?

Antes de que Alan pudiera responder, Shirou habló.

—La persona que yo creo que es… —Es Kronos Tanaka.

El silencio cayó de golpe.

Todos quedaron sorprendidos.

Todos… excepto Kratos y yo.

Nosotros ya lo sospechábamos.

Sabíamos que podía ser él.

Que Alan podía decir ese nombre en cualquier momento.

Pero entonces… —Esperen —dijo Alan—.

—No creo que haya sido él… Esa afirmación hizo que toda nuestra conclusión se viniera abajo.

Kratos y yo nos quedamos como idiotas, sin entender nada.

—La persona que me dio la droga… —No fue Kronos… Alan tragó saliva.

—Fue un abismal.

El silencio volvió.

Más pesado.

Más denso.

Sus palabras nos dejaron sin voz.

¿Cómo demonios un abismal pudo infiltrarse así?

No podía aceptarlo.

Tenía que ser él.

No había otra alternativa.

Kronos… Eres más listo de lo que pensaba.

—Pronto te voy a encontrar —pensé—.

—Y cuando lo haga, nadie va a salvarte, maldita rata.

Freya observaba en silencio.

Su mente estaba en otro lugar.

Recordaba la lucha contra Lucifer.

El ser más peligroso al que se había enfrentado.

Había salido con vida… pero las palabras que él le dijo seguían persiguiéndola.

Todavía las recordaba.

Aún así, tus planes no saldrán como quieres… Rompiendo el silencio, pregunté: —Oye, Shirou… —¿Ya hablaste con los de segundo sobre lo que habíamos dicho?

—Sí —respondió—.

—Ya se habló.

Su mirada se endureció.

—Y por eso vine.

—Necesito que todos vengan conmigo.

—Esto es de suma importancia.

Luego miró a Alan.

—Y tú también vienes —añadió—.

—Desde este momento, tu caso queda bajo mi mando.

—No voy a permitir que nadie vuelva a usarte como peón.

—Ellos son silenciosos… y saben exactamente lo que hacen.

Alan asintió, nervioso.

Yo sonreí.

—Si tanto quieren jugar… —Entonces me sumo a esta causa.

Mis palabras hicieron que todos me miraran raro.

Una sonrisa maliciosa apareció en mi rostro.

Pensaban lo mismo.

¿Qué le pasa a este idiota?

¿Está mal de la cabeza?

¿Esta es su verdadera cara?

¿O solo está tratando de lucirse?

Freya suspiró por dentro.

Deberían mandarlo al Nexo para que aprenda a ser una persona normal… No quiero imaginar lo peligroso que sería con esa mirada tan arrogante… Luego, casi sin querer, pensó: Aun así… no deja de ser guapo.

Continuará.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo