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The strongest warrior of humanity - Capítulo 122

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122: capitulo 122 Es hora de ir con ellos 122: capitulo 122 Es hora de ir con ellos Todos seguimos a Kratos y a Shirou.

Las personas nos observaban mientras caminábamos, sus miradas se clavaban en nosotros, curiosas, desconfiadas… pero a mí no me importaba.

Yo solo podía mirarlo a él.

—Bien… —dije al fin—.

—Dijiste que iremos con ellos, pero dime algo, Shirou… ¿qué planes tienes en mente?

Era verdad, no me lo había explicado del todo.

—Cierto… —respondió—.

—Perdón, se me pasó.

Cada vez que hablaba, mis mejillas se encendían.

Me sonrojaba solo de escucharlo.

Siempre igual… Tan confiado, tan conquistador, tan mujeriego… Pero no tan rápido, velocista.

Algún día caerás ante mí.

Suspiré, intentando mantener la calma.

Había visto demasiadas chicas persiguiéndolo, rodeándolo, mirándolo con deseo.

No voy a dejar que ninguna me lo quite.

No voy a permitir que otra mujer me robe al hombre que deseo.

Mientras pensaba eso, él continuó hablando.

—Como decía Freya… el plan es ir en busca de la reliquia sagrada de Dios.

—Y no solo eso, también debemos encontrar otras cosas.

Su expresión se volvió seria.

—Tenemos que movernos rápido.

—Ellos ya deben estar actuando.

—Y algo me dice que todo esto apunta hacia Carlos… Me quedé en silencio.

Sorprendida.

Mis mejillas ardían aún más mientras lo escuchaba.

Cada palabra suya me golpeaba con fuerza.

Entonces entendí.

—Ahora comprendes por qué no está aquí, ¿verdad?

—dijo.

Asentí lentamente.

Antes de irse, Carlos había dejado un mensaje.

Lo recordé con claridad.

Shirou… las cosas se están saliendo de control.

Cuida bien de los demás mientras no esté, ¿te quedó claro?

Y dile a Shiro que vigile a Yue… Me preocupa que mi hija esté triste o deprimida.

Quiero que tú y ella pasen tiempo con ella.

Dile que su padre regresará cuando sea el momento adecuado.

Cuando dijo eso… Su mirada cambió.

Ya no era el Carlos de siempre.

Había miedo en sus ojos.

Un miedo real.

Por primera vez… sentí terror proveniente de él.

—No me mires así, Shirou —me dijo—.

—Sé que es la primera vez que me ves de esta manera.

Respiró hondo.

—Solo cumple con tu papel.

—Yo tengo otro asunto que atender.

—Más adelante nos volveremos a ver.

—Te contaré sobre mis avances.

Y entonces… Desapareció.

Como un rayo.

Como si el propio relámpago fuera parte de él.

Y en ese instante supe una cosa: Nada volvería a ser igual.

Vaya… ese maldito es mucho más aterrador que mi hermana.

Ambos son tal para cual.

Pero ahora debía cumplir con mi deber.

Ser la niñera de Yue.

Solo de recordarla suspiré.

Miré a Freya.

Hace un rato estaba claramente enojada, fastidiada… pero ahora su mirada había cambiado.

Sus ojos… Esos ojos mostraban algo distinto.

Algo inquietante.

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

¿Qué estará pensando esta chica…?

Espero que no se vuelva un problema para mí… Porque, si no, terminaría como Carlos: atado a una mujer loca, celosa, que golpea y entra en pánico solo de imaginar que su novio esté con alguien más.

Temblé un poco al pensar en Natsuki.

Esa tipa maltrata a mi muchacho… pero se nota que lo ama.

Eso… eso es digno de un verdadero hombre.

Una sonrisa se dibujó en mi rostro.

—Bien… ya llegamos.

El aula estaba llena.

María, Charlotte y los demás ya estaban allí, reunidos.

Las miradas de todos irradiaban una energía intensa, pesada… tensa.

—Así que ustedes son los reclutas de los que nos habló María —dijo un chico desconocido.

Kratos y yo liberamos un poco de nuestra energía, dejando claro quiénes éramos.

Ellos hicieron lo mismo.

El ambiente quedó en completo silencio.

Hasta que Freya, como siempre, lo rompió con una estupidez.

—¡Vamos!

Ya dejen de mirarse como si fueran a empezar un duelo… —¡Ni que estuviéramos en una competencia de comida callejera!

Su tono burlón resonó en el aula.

María soltó una risa suave.

Charlotte quedó impactada… pero luego una risa tímida escapó de su rostro.

Vaya… qué chica tan interesante.

Por lo que sabía, era fuerte.

Muy fuerte.

Había informes de que podía invocar seres poderosos.

Recordé aquel momento: el caballero rubio que invocó… y más importante aún… Félix.

Una sonrisa torcida apareció en el rostro del chico desconocido mientras observaba al grupo.

El resto comenzó a murmurar, armando un pequeño alboroto.

—¿Ahhh?

¿Dijiste algo?

—preguntó Freya.

—Vamos, no seas aguafiestas —dijo Alan con su voz chillona—.

—Solo hago comentarios graciosos porque me gusta.

Luego miró a Miguel.

—Y tú, Miguel… —Eres torpe, un tonto idiota que siempre duda de sí mismo.

El aula quedó en silencio.

—Pero ¿sabes qué es lo que más tienes ahora?

—Valor… y determinación.

La mirada de Miguel se clavó en él.

Molestia.

Decisión.

Una amargura evidente cruzó su rostro.

—¿Dijiste algo… niña enana?

—gruñó.

Fruncí el ceño.

Quería golpearlo.

Pero me contuve.

No podía permitir que Shirou me viera así.

No quería que se llevara una mala impresión de mí.

Respiré hondo.

Mantén la calma… Esto apenas comienza.Pero entonces ocurrió algo.

Giré la mirada hacia el chico que estaba ahí.

No sabía quién era… pero podía sentirlo.

Una presencia demasiado fuerte.

Pesada.

Opresiva.

—¿Tú eres…?

—pregunté al fin, rompiendo el silencio.

Él sonrió.

Caminó directo hacia mí, sin prisa, como si el resto no existiera.

Se detuvo demasiado cerca.

Demasiado.

Levantó la mano y, sin pedir permiso, colocó sus dedos bajo mi barbilla.

—Qué bonitos ojos tienes.

El aire se tensó de inmediato.

Antes de que pudiera reaccionar, Shirou giró la cabeza al ver la escena.

Sus ojos se clavaron en él.

Dio un paso al frente.

—¿Algún problema?

El chico soltó una risa tranquila, provocadora.

—Oh, no es nada —dijo retirando la mano—.

Solo me acerqué a ella.

—Pero no tienes por qué ponerte celoso.

Se dio la vuelta con calma.

—Mi nombre es Mael.

Un gusto verlos a todos… por ahora.

Retrocedió unos pasos, alejándose.

Yo solo lo miré.

Asco.

Odio.

—Odio que me hagan eso —dije con frialdad.

—Solo una persona puede hacerlo —pensó Shirou, sin darse cuenta de que lo había dicho en voz alta—.

Sí… en eso estoy de acuerdo.

De pronto, el silencio cayó sobre ambos.

Un segundo después— —¿…Qué dijiste?

—¿…Qué dijiste?

Lo dijimos al mismo tiempo.

—¡No es como si yo quisiera que tú fueras…!

—¡Lo mismo digo!

Ambos se quedaron quietos.

Los rostros encendidos.

Las miradas desviadas.

El corazón traicionándolos.

No podían mirarse.

La vergüenza era demasiado fuerte.Después de tantas horas… y después de hacer el ridículo delante de Shirou, no quedó de otra más que escuchar la propuesta de Mael.

El ambiente estaba cargado.

—Bien —dijo al fin—, las razones son simples.

Dio un paso al frente.

—Nosotros somos Death of Shadows.

El nombre cayó como una losa.

—Es raro, lo sé —continuó—, pero con el tiempo pensaremos en otro nombre para el escuadrón.

Sonrió apenas.

—¿Y de dónde proviene ese nombre?

El silencio se volvió pesado.

—Somos la Muerte de las Sombras.

Nuestra generación fue la más temida durante años.

Incluso las grandes razas y las naciones saben quiénes somos.

Su voz no temblaba.

—Y nos tienen miedo.

Tragué saliva.

—Nuestros métodos… nuestras atrocidades… quedaron marcadas por el destino y la historia.

Por eso, si ustedes se unen a nosotros, serían una gran ayuda.

Sus ojos recorrieron al grupo.

—Con su talento y su potencial… podrían hacer cualquier cosa.

Shirou lo observaba sin decir nada.

Yo miré a Kratos.

Luego a María.

Ambos devolvieron la mirada, incómodos.

Pero Mael… Había algo en él.

Algo que no dejaba de rondarme la cabeza.

Sus palabras.

El nombre.

La tranquilidad con la que hablaba del miedo.

Entonces lo entendí.

Ellos están por encima de cualquier estudiante.

Por eso todos les temen.

Una inquietud me atravesó el pecho.

Si sigo pensando… será tarde.

Así que caminé hacia él sin dudarlo.

—Hay una duda.

Mael levantó una ceja.

—Oh, vamos —sonrió—.

Adelante, Shirou.

¿Qué es lo que te deja con esa duda?

Lo miré directo a los ojos.

—Por casualidad… ¿sabes algo sobre nosotros?

El aire se congeló.

—No es así por nada —continué—, pero estabas demasiado tranquilo.

Demasiado atento.

—Mirando a cada uno de mis amigos.

El silencio que siguió fue distinto.

Más oscuro, Una sonrisa retorcida se dibujó en su rostro.

Era molesta… incómoda.

Sus ojos me atravesaban con una profundidad inquietante.

—Así es —dijo Mael—.

Ustedes me llaman la atención.

Y sé que su líder es alguien fuerte, ¿no es así?

Su mirada se volvió más peligrosa.

—Vaya, vaya… así que sabes quién es —respondí con una sonrisa tranquila—.

Dime algo, Mael… ¿tienes tantas ganas de saber qué tan fuerte es Tanaka Sánchez, verdad?

Chasqueó los dedos.

—¿A qué viene eso?

—Vamos —dije—, no te hagas el tonto.

Sabes perfectamente de qué hablo.

Giré hacia los demás.

Ellos me miraron a mí.

—Iría directo al grano —continué—.

No le llegas ni a los talones a él.

Aunque no esté aquí… yo sigo a cargo.

Mi mirada se volvió amarga.

No quería sonar arrogante.

Pero tampoco iba a retroceder.

El aire se tensó.

Una aura se filtró por el suelo.

Su expresión cambió.

Estaba realmente molesto.

Bingo.

Ahora sí podría ver de lo que era capaz.

Pero entonces… —Oigan —dijo con voz fría—, ¿quién les dio permiso de moverse?

Una energía brutal explotó.

El lugar tembló.

Uno a uno, todos cayeron al suelo, aplastados por la presión.

—Vaya… —comentó con desdén—.

Tienen muy mala resistencia para ser llamados fuertes de la academia.

Miró alrededor.

—Qué decepción.

Luego me miró a mí.

—Pero tú… nunca decepcionas, ¿verdad, Shirou?

Apreté los dientes.

—Así es —respondí—.

Soy el único que puede soportar cualquier presión.

Di un paso al frente.

—¿Dices que no somos fuertes?

¿Que somos una decepción?

Sonreí.

—Bien.

Si tanto quieres jugar a ser el libre… te demostraré de lo que soy capaz.

Nuestras miradas chocaron.

Las auras se enfrentaron sin necesidad de palabras.

El silencio era absoluto.

Sentía su fuerza… pero también su cálculo.

Es listo.

Su estrategia era clara: medir mi poder.

Pero no era el único.

He visto cosas mucho peores.

Y, aun así, solo una persona sigue llamando mi atención.

Él ni siquiera llega a sus pies.

—Ejem… —intervino otra voz—.

Creo que ya es suficiente escándalo.

Un chico de cabello naranja y ojos oscuros y brillantes caminó hacia nosotros.

—Déjalo ya, Mael —dijo—.

Hay una gran diferencia entre ustedes.

Me miró de reojo.

—Él da más miedo de lo habitual.

Mael sonrió, esta vez con calma.

—No sé a dónde vas con eso… pero está bien.

Lo dejaré solo por hoy.

Sus ojos volvieron a mí.

—Pero tiene razón.

Este chico no es alguien ordinario.

Suspiró.

—Tendré que tener cuidado si quiero conocerlo mejor… y que se una a mi causa.

Su expresión se volvió seria.

—Las cosas no están saliendo como lo planeado.

Estamos en guerra.

Miró alrededor.

—Y no me gusta preocupar a los demás… pero ocultamos cosas por el bien de la academia.

Por el bien de todos.Pasaron semanas después de aquella reunión.

Después de la propuesta.

Él quería venir en persona a hablar.

Todos quedamos desconcertados.

Nadie dijo nada, pero el ambiente era pesado.

Yo… tenía miedo.

Aunque no lo mostrara.

Incluso se lo conté a ella.

Pero últimamente no estaba cuando la buscaba.

Su ausencia se sentía más de lo que imaginaba.

Por lo que me enteré, estaba con los Caballeros de Platino del Amanecer.

Solo me dejó un mensaje sencillo, casi casual.

“Iré a verlos… después volveré contigo.” Eso fue todo.

Al parecer, había hecho buenos amigos.

Pero aun así… algo no me dejaba tranquilo.

El tiempo avanzaba, las piezas se movían en silencio, y yo tenía la sensación de que, mientras esperábamos, algo más grande ya estaba empezando a tomar forma.

Continuará.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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