The strongest warrior of humanity - Capítulo 123
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- Capítulo 123 - 123 Capitulo 123 los sobrevivientes de los héroes
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123: Capitulo 123 los sobrevivientes de los héroes 123: Capitulo 123 los sobrevivientes de los héroes Punto de vista: Los 10 Legendarios Héroes Habían pasado mil años.
—¿Mil años… pueden creerlo?
La voz resonó entre las ruinas silenciosas.
—Tienes razón, Nicolás —respondió otro—.
Ha pasado demasiado tiempo desde aquello.
El ambiente era pesado.
La ausencia de muchos se sentía más que cualquier herida.
—Muchos de nosotros han caído… —continuó—.
Es una noticia lamentable.
Hubo una pausa.
—Pero míralo por el lado bueno… sobrevivimos.
—¿Sobrevivimos?
—replicó otro con amargura—.
¿A qué costo?
El chico de cabello castaño y ojos oscuros brillantes caminó hacia Nicolás.
Su expresión era dura.
—El resto cayó en batalla.
Solo quedamos cuatro con vida.
Silencio.
—Lo sé… —dijo Nicolás—.
Es lo más difícil de aceptar.
—¿Sabes cómo están esos dos?
—¿Hablas del Héroe de la Espada Sangrienta?
No lo sé.
No he tenido noticias.
—¿Y el Héroe de la Naturaleza?
—Está estable.
Dijo que podrá recuperarse… quiere seguir buscando más sobrevivientes.
Nadie respondió.
Yo solo miré a Alex.
—Sigo sin creer lo que vimos… —murmuré—.
¿Cómo es posible que alguien tan fuerte como él nos haya derrotado así?
Apreté los dientes.
—Nos barrió contra el suelo.
Fue humillante.
—Y lo sabes, Nicolás —continué—.
Ese tipo debe ser eliminado.
Una sonrisa amarga apareció en mi rostro.
—¿Eliminarlo?
¿Cómo?
—respondió Nicolás—.
Él los mató a todos.
Nuestros camaradas murieron en sus manos.
—No pudimos salvar a nadie.
Miré al suelo.
—Y ahora míranos… gravemente heridos.
—Ojalá alguien viniera a salvarnos… —No me hagas reír —interrumpió Alex—.
¿Crees que alguien vendrá?
No seas idiota.
Nadie vendrá.
Entiéndelo.
Entonces… Algo cambió.
El aire se volvió pesado.
Una presencia peligrosa se extendió como una sombra.
Todos reaccionamos al instante.
—¿Quién eres…?
—dijo Nicolás—.
¿Y qué es lo que quieres de nosotros?
La luz de la luna iluminó lentamente a la figura.
Era una chica.
Cabello morado.
Ojos morados brillantes.
—¿Ustedes son… los 10 Legendarios Héroes?
—E-eh… sí —respondió Alex—.
Lo somos.
¿Por qué la pregunta, muchacha?
Ella los observó con atención.
Con admiración.
Sus ojos brillaron de emoción.
—¡Increíble!
—dijo—.
Al fin los encontré.
—Llevo años buscando su paradero.
Alex y yo nos quedamos en blanco.
—¿Qué demonios es esta chica…?
—dijimos al mismo tiempo.
Ella mantenía una sonrisa juguetona.
Como una niña que acababa de conocer a las mayores leyendas de la humanidad.
Y, por primera vez en mucho tiempo… sentí que algo impredecible estaba a punto de comenzar.
—Bueno… ejem —dijo la chica, rompiendo el silencio—.
Perdón por mi falta de cortesía.
—Me presento… soy Sara.
Soy una de las nuevas héroes.
El silencio cayó como un golpe.
Ambos quedamos completamente en shock.
—¿Eh… qué…?
—las palabras no salían—.
¿Cómo que una de nosotros…?
—Es una historia larga —respondió con calma—.
Pero antes les diré mi apodo.
—Me llaman la Esperanza de la Humanidad.
Sonrió con cierta vergüenza.
—Sé que suena exagerado… pero verlos vivos me emociona.
Sobre todo poder convivir con ustedes.
Alex dio un paso al frente, serio.
—A ver, a ver… —dijo—.
¿Me estás diciendo que te convertiste en una de los Legendarios?
—¿Cómo demonios pasó eso?
Sara apartó la mirada.
Sus ojos decían todo.
—Fue cuando un abismal apareció en el mundo exterior… —La batalla fue difícil.
En realidad… él solo estaba jugando conmigo.
Apretó los puños.
—Ese maldito… Astaroth.
El nombre cayó como una maldición.
—¿Astaroth…?
—murmuró Nicolás—.
—Dime algo —preguntó con tensión—.
¿Lo derrotaste?
Sara levantó la cabeza.
Una sonrisa traviesa se dibujó en su rostro.
—Por supuesto que lo derroté.
—Aunque fue extraño… se frustró.
El ambiente se volvió más pesado.
—Me declaró que volvería para matarme a mí… y a mis amigos.
—Por eso desaparecí.
Su voz tembló apenas.
—Sabía el riesgo… —Y por mi culpa… terminé lastimando a la única persona que no quería que sufriera.
El silencio volvió.
—Ya veo… —dije finalmente—.
No haré más preguntas.
—Entiendo cómo te sientes.
La miré con seriedad.
—Pero dime… ¿estás con más gente?
Sara asintió.
—Sí.
Hay sobrevivientes.
—Pero hay un problema.
—¿Cuál?
—pregunté sin rodeos.
Ella bajó la mirada.
Caminó hacia nosotros y se sentó junto a la fogata encendida.
Las llamas iluminaron su rostro cansado.
—Las personas que salvé… no son de este mundo.
—Vienen de otros mundos.
El fuego crepitó.
—Y no es solo el Dios Nocturno —continuó—.
—Hay otro ser… uno que se hace llamar el Devorador de Mundos.
Nos miró uno por uno.
—¿Han oído hablar de él?
Nadie respondió.
—No es solo uno —dijo en voz baja—.
Hay más como él.
—Estamos huyendo.
Apretó los dientes.
—Y presiento que si nos encuentran… —estaremos jodidos.
Todos.
El fuego siguió ardiendo.
Pero el frío… ya se había instalado entre nosotros.No puede ser… Entonces los gigantes tenían razón.
Ellos vendrán por nosotros y nuestros mundos serán destruidos.
Maldición.
Me mordí el labio con fuerza mientras el fuego crepitaba frente a nosotros.
—¿Qué pasa, Nicolás…?
Nicolás apretó los puños, su rostro iluminado por las llamas danzantes.
—Tenemos que regresar.
No podemos dejar que ese ser llegue, sabiendo que ya tenemos problemas para derrotar al Dios Nocturno.
No hay nadie en este mundo que pueda derrotarlo… Por un instante, el silencio pesó como una losa.
Entonces, una risa rompió la tensión.
—Jajajaja… La voz de Sara resonó tranquila, casi burlona.
—No tienen por qué estar asustados.
Ya hay alguien que sí puede rivalizar con él.
El aire se tensó.
El viento rugió con más fuerza, haciendo que la fogata ardiera aún más, como si reaccionara a sus palabras.
Las sombras se estiraron a nuestro alrededor.
Nicolás y yo nos miramos.
Por primera vez en mucho tiempo… sonreímos.
Una esperanza había vuelto a nosotros.
—Dime cómo se llama esa persona —pregunté sin dudarlo.
Sara levantó la mirada.
—Bueno… en realidad son dos.
Mi amiga Noelle y Carlos.
El nombre cayó como un golpe seco.
—Ellos dos son la nueva esperanza.
Pero no se preocupen, porque el chico que mencioné posee poder nocturno… El ambiente cambió de inmediato.
Nicolás y yo bajamos la mirada.
Alex dio un paso al frente, molesto.
—¿Es en serio… un nocturno?
Eso es imposible.
Ese maldito mató a todo su clan.
Incluso mató a los padres de dos niños inocentes… frente a ellos.
Esa persona que tanto estás diciendo… ¿no es Shirou y Shiro?
Sara asintió lentamente.
—Exacto.
—¿Cómo están ellos?
—preguntó Nicolás, serio—.
Dímelo, Sara, esto es de suma importancia.
—Ellos están bien… pero hay un dolor vacío en Shiro.
No sé por qué nunca tuve el valor de convivir con ella.
Siempre se la pasaba sola, no quería socializar con nadie… El fuego crujió.
—¿Ustedes saben el porqué…?
Hubo un silencio incómodo.
—Bueno, sobre eso… —dijo Sara—.
Vamos, Nicolás, dilo.
Nicolás cerró los ojos.
—No hay nada que podamos hacer por esa chica.
Aquella a la que alguna vez le juraste que salvarías a su familia ya no es la misma persona que conocimos.
Las palabras dolieron.
—Ella se atormenta.
La culpa y el dolor la hundieron más… y lo sabes bien.
Esa chica morirá.
No le queda mucho tiempo.
—¡Eso ya lo sé!
—grité con frustración.
El eco de mi voz se perdió en la noche.
—No sabes cómo me arrepiento de no cumplir esa promesa.
Y ahora que ella perdió a su mejor amiga durante esa época, su corazón está más vacío… y no hay nada en este mundo que pueda traerla de vuelta… Levanté la mirada.
—Dime una cosa… ¿esa persona no es la que pienso que es?
Sara respiró hondo.
—Así es.
El nombre de esa chica perteneció a un clan llamado el Mundo de los Vivos.
Su nombre es Queen… Silencio interno Sara quedó inmóvil.
Sus pensamientos la invadieron.
Lo sabía… es ella.
No tendría sentido que estuviera con nosotros.
Es imposible.
¿Cómo es que Queen no me dijo nada sobre su vida…?
¿Por qué lo hiciste?
¿Por qué no me dijiste la verdad…?
Pero ya qué más da.
Ahora entiendo ese dolor, esa ira, esa culpa.
Esa vida que no pudiste vivir con mayor tranquilidad.
Y tu clan… eso es lo que no entiendo.
Entonces tú y Shiro son clanes antiguos.
Ahora que lo sé, la verdad… ella tendrá muchas explicaciones que darme.
— Regreso a la fogata Frente a mí estaba uno de los legendarios héroes.
Me sentí nerviosa.
Tenía miedo de que me insultara.
Pero al mirarlo mejor… me sentí feliz.
Tan feliz que me dieron ganas de contarle a Hina todo lo que he visto, todo lo que he vivido, y lo feliz que estoy.
Bajé la mirada.
Mi corazón se hundió con más fuerza.
Me dolía verla sufrir por mi culpa… y en verdad no sé cómo se lo tomará cuando me vea de nuevo.
— Atardecer, el viento sopla con fuerza Miré a los dos con tristeza.
—Oigan… perdón por interrumpir su conversación, pero ya es hora de irnos.
No se preocupen, yo los llevaré de regreso.
Iremos a escondernos mientras vemos qué haremos.
La información que les voy a dar es muy importante… El silencio se hizo pesado.
—¿Cuántos sobrevivientes hay?
—pregunté con curiosidad.
Nadie respondió.
Sus miradas lo dijeron todo.
Un dolor profundo los invadía.
—En verdad… solo sobrevivimos cuatro —dijo uno de ellos finalmente—.
El resto… No terminó la frase.
Caí de rodillas al suelo.
La noticia me afectó más de lo que imaginé.
Tenía ganas de conocer al héroe del arco… y al de las dagas.
Sentía curiosidad por ellos, quería conocer su historia.
Y ahora… ya no estaban en este mundo.
—Lo siento mucho, Sara —dijeron—.
Sé que a ellos les hubiera gustado verte aquí… pero ya no se encuentran en este mundo.
Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Sara.
Tenía tantas esperanzas de verlos por primera vez, de aprender cosas nuevas de ellos.
Se secó las lágrimas lentamente.
Se levantó.
Su mirada estaba apagada.
Su expresión cambió de golpe.
—Bien… es hora de irnos.
Nosotros cuidaremos de los dos restantes.
— Viaje Luego de muchas horas, fui por ellos dos para que pudiéramos irnos a un lugar más seguro.
Desde lo más alto de la tierra solo se veían montañas infinitas.
La nieve caía lentamente.
Era un buen lugar para refugiarnos.
Ellos se quedaron con la boca abierta.
—No… no puede ser.
Es imposible —murmuraron—.
¿Cómo es que esa chica sobrevivió a ese tipo…?
—¿Ustedes son…?
—preguntó Queen, caminando hacia ellos—.
No creí volver a verlos.
—Lo mismo digo —respondió Alex, frunciendo el ceño—.
Dime una cosa… ¿nos podrías explicar cómo carajos sobreviviste a él?
La pregunta dio mil vueltas en mi cabeza.
Sabía que ya no podía ocultarlo más.
Así que les conté cómo sobreviví… y cómo fue que logré librarme de él, por ahora.
Mi clan también fue aniquilado.
Otros clanes aún siguen con vida, y sé que están esperando el momento exacto para venir a destruir todo lo que existe ahora.
Pero ahora que sé lo que pasará… debo contarle la verdad a Miranda.
Ella sabe más que nadie de lo que ya soy capaz de hacer.
—Todos empezamos a vivir lo que nos queda —dije, sin apartar la mirada de Nicolás y Alex.
El aire pesaba, como si el mundo contuviera la respiración—.
Sé que tienes demasiadas cosas encima… y por eso este no es el momento.
Pero tengo que estar aquí.
Hice una pausa.
—Aun así, lamento lo de Shiro.
Debe odiarme por no dejarla quedarse a mi lado justo cuando me enfrenté a la muerte.
El silencio fue incómodo.
Siempre lo es cuando se habla de cosas que no deberían nombrarse.
Muchos se preguntan por qué no he envejecido.
La respuesta no es simple.
Los humanos, con suerte, llegan a los ciento cincuenta años.
Nosotros no.
Somos distintos.
Podemos vivir más de mil años… y créanme, eso no es una bendición.
Tal vez sea porque somos un clan.
O quizá porque nacimos malditos, con un don demasiado fuerte para permitirnos morir cuando corresponde.
Por eso sigo viéndome joven.
Por eso Shiro también.
Ella aparenta dieciocho años, aunque el tiempo no la toca como debería.
Para ser honesto, no ha crecido mucho que digamos… aunque su desarrollo físico es evidente.
Irónico, casi cruel.
Debería ir a verla ahora mismo.
—Ni se te ocurra —intervino Sara, clavándome la mirada—.
Es mejor que te escondas.
Recuerda que nos están cazando.
A ti y a nosotros.
Sonreí de lado.
—Lo sé, babosa.
Precisamente por eso iré.
Sara apretó los puños.
—¿Oye?
¿No te dije que no irías?
¿Por qué nunca me escuchas, Queen?
La última vez desobedeciste una orden mía… y no me gusta repetir las cosas.
—¿Me estás amenazando?
—respondí, avanzando un paso—.
Escúchame bien, niña estúpida.
Si sigues hablando, terminaremos arreglando esto aquí y ahora.
El ambiente se volvió denso.
Incluso las sombras parecieron retroceder.
—No me hagas enojar, Queen —dijo Sara con una sonrisa que no tenía nada de humana—.
No quiero que esto termine como aquella vez… cuando nos conocimos.
Un escalofrío recorrió la habitación.
—Sabes perfectamente que yo nunca peleo en serio —continuó—.
Pero si lo hiciera ahora… terminarías muerta ante mí.
De rodillas.
Temblando de miedo.
Se inclinó ligeramente hacia mí.
—No olvides cuál es tu lugar.
Las luces parpadearon.
Por un segundo, juré escuchar algo moverse detrás de las paredes… como si el pasado estuviera despierto, esperando que uno de los dos diera el primer paso.Entonces llegó una persona.
No escuchamos sus pasos.
Solo su presencia.
Luis apareció con una mirada muy seria, y en el instante en que avanzó un paso, un aura siniestra cayó sobre nosotros, pesada, sofocante, como si el aire se hubiera vuelto enemigo.
—Oigan —dijo con voz fría—, ¿quién les dio derecho de pelear?
El silencio respondió por nosotros.
Luis clavó sus ojos en mí.
—Tú, Queen… sabes mejor que nada que Sara tiene razón.
No puedes ir.
Hizo una pausa.
—Entiendo que quieras verla, pero debes saber una cosa: mientras él siga libre, no podemos hacer nada.
Sentí el pecho arder.
—Cierra tu puta boca, maldito Luis —dije—.
Sabes que ella está sufriendo.
No puedo abandonarla… y menos ahora.
Sigo viva, ¿entiendes?
No puedo.
Mi voz se quebró al final.
Eso me dolió más que cualquier amenaza.
Luis suspiró.
Parpadeó.
Y en ese mismo parpadeo ya estaba frente a mí.
Demasiado cerca.
Su mirada cambió.
Se volvió amenazante, aterradora.
Algo oscuro se asomó en su rostro.
—Entiendo —dijo—.
Pero ya sabes cómo funciona esto.
Se inclinó apenas.
—Si ves que las cosas se complican, regresarás de inmediato.
¿Te quedó claro?
Un escalofrío recorrió mi espalda.
—Pero, Luis —intervino Sara—, sabes lo que estás haciendo.
Si Miranda Riley se entera de lo que hiciste, ella… —Lo sé —la interrumpió sin mirarla—.
Pero ella quiere ver cómo se encuentra Shiro.
Pausa.
—Y no podemos negárselo.
Sara apretó los labios.
No dijo nada más.
Luis entonces se giró hacia ellos.
—Y ustedes… los cuatro Legendarios Héroes —dijo—.
Díganme algo.
Los miró uno por uno.
—¿Estarían dispuestos a acompañarla?
No quiero que cometa un error.
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
—Además… tengo una sorpresa.
El ambiente se tensó.
—Al parecer encontramos al Héroe de las Sombras.
—Espera… ¿qué mierda dijiste?
—dijo Alex, frunciendo el ceño—.
—¿Está vivo?
La expresión de Luis se apagó.
—Lamento informarles que murió.
El golpe fue seco.
—Pero su alma… y su espíritu… reencarnaron en otra persona —continuó—.
—Se encuentra en la Ryouou Clannad.
El viento se coló entre nosotros.
—Él sabe algo —dijo Luis—.
Algo que ocurrió en aquella lucha.
Alzó la mirada.
—Y ustedes deben encontrar la respuesta.
Las sombras parecieron moverse.
Nada volvió a sentirse seguro.
—Les daré una misión —dijo Luis—, pero antes deberán cambiarse de ropa.
Nosotros curaremos las heridas de sus dos compañeros.
Su mirada se endureció.
—A cambio, les exijo que protejan a ese chico y a sus amigos.
Podrían ser de utilidad.
Luego me miró a mí.
—Queen, no quiero errores.
¿Te queda bastante claro?
Debes ser consciente de tus acciones.
No quiero que Miranda me regañe por lo que he hecho.
Pausa.
—Ah… y una cosa más.
Escuché que dijeron algo sobre los gigantes.
¿No es así?
El ambiente se tensó.
—Espera… ¿cómo sabes eso?
—proclamó Nicolás.
Luis sonrió apenas.
—Las preguntas solo las hago yo —respondió—, Héroe de la Ciencia Vibrante.
Sé que eres mucho más listo que cualquier persona aquí.
Ya debes saber hacia dónde lleva todo esto.
Nicolás abrió los ojos.
—No puede ser… no me digas que tú estás planeando que ellos… —Exacto —interrumpió Luis—.
Ellos también están envueltos en esto.
Saben quiénes son esas personas que Sara mencionó.
Su voz se volvió grave.
—Esto ya está fuera del alcance de la humanidad.
Por eso quiero que encuentren la manera de regresar sanos y salvos.
Asentí con la mirada.
—Entendido.
—Bien —dije—.
Nos iremos a descansar primero.
—Claro —respondió Luis—.
No se preocupen.
Descansen.
Mañana partirán a primera hora.
Sara bajó la mirada y se dio la vuelta junto a Luis.
Pero antes de irse… se detuvo.
Giró la cabeza lentamente hacia mí.
Su mirada dejó en claro una sola cosa.
—Te lo juro, Queen —dijo en voz baja—.
Si fallas, te mandaré a otro mundo.
Se acercó un poco más.
—Y espero que no le hagas daño al hijo de Hina.
Porque si le tocas un solo cabello… te mataré.
Sonrió.
—Yo siempre cumplo mis promesas.
Esa mirada fue tan amenazante que sentí un escalofrío recorrerme el cuerpo.
Oscura.
Perversa.
Peligrosa.
Tragué saliva.
Debo ser cuidadosa.
Esto depende de mi vida.
No debí desafiarla.
—¿Todo bien, Queen?
—preguntó Alex con preocupación.
—Sí… estoy bien —respondí—.
Gracias por preocuparte.
De verdad.
Mentí.
—Bien —dijo Alex—.
Descansen primero.
Mañana tenemos una misión.
—Tienes razón —respondió—.
Aquí nos despedimos.
Nos vemos en la madrugada.
Dio un paso atrás y se retiró junto a Nicolás.
Yo me quedé sola.
Levanté la mirada al cielo.
Las estrellas brillaban, indiferentes, como si todo estuviera en mi contra.
Algún día seremos como ellas… Shiro, tú y yo.
Nos volveremos a reencontrar… después de tanto tiempo.
Continuará
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