Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

The strongest warrior of humanity - Capítulo 127

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. The strongest warrior of humanity
  4. Capítulo 127 - 127 capitulo 127 El infiltrado dentro de castillo se ha hecho presente
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

127: capitulo 127 El infiltrado dentro de castillo se ha hecho presente 127: capitulo 127 El infiltrado dentro de castillo se ha hecho presente Punto de vista: Angélica / Saleh Habíamos estado con Mío hace unos momentos.

Había algo en ella… algo que no terminaba de convencerme.

Sabía que era la mejor amiga de él.

Eso lo hacía más complicado.

No había tiempo para dudas.

Saleh y yo ya sabíamos a dónde debíamos ir.

El salón del trono nos recibió con un silencio solemne.

El rey Haruto Yoshida se levantó apenas nos vio entrar, ofreciéndonos una bienvenida digna de su título.

—Bienvenidos —dijo con calma—.

Es bueno verlos de nuevo.

Pero entonces lo vi.

Josué Tanaka.

No esperaba encontrarlo aquí.

Su expresión… algo en su rostro me inquietó.

—Ha pasado mucho tiempo, Angélica —dijo—.

Dime… ¿cómo ha estado mi hijo bajo tu cuidado?

Sentí el peso de la pregunta.

—¿Todo bien?

—continuó—.

¿Lo has entrenado lo suficiente?

Antes de que respondiera, Saleh dio un paso al frente.

—Usted debe ser Josué Tanaka —dijo con respeto—.

Es un honor conocerlo.

Ante todo, respeto.

Luego se giró hacia el trono.

—Y usted debe ser el representante de este reino, su majestad.

El rey asintió.

—Así es.

Saleh se arrodilló.

—Oh, vamos —dijo Haruto con una leve risa—.

No tienes que hacer eso, es innecesario… y vergonzoso.

Saleh se levantó.

—Dime —continuó el rey—, ¿qué te trae por aquí?

—He venido a darle informes sobre el estado de los reinos —respondió Saleh—.

Y también… para hablar sobre Carlos.

El ambiente cambió.

Josué giró lentamente hacia él.

—Antes de que sigas —intervino, avanzando un paso—.

¿Qué tiene que ver mi hijo en todo esto?

Su mirada se volvió dura.

Un aura peligrosa emanó de su cuerpo.

Saleh no retrocedió.

Liberó la suya.

Ambos se miraron fijamente, ojos contra ojos.

Dos presencias que podían destruir el lugar si lo deseaban.

—Nada en particular, Santo de la Espada —dijo Saleh con frialdad—.

Solo quería que su hijo fuera parte de nosotros.

—¿Parte de ustedes…?

—preguntó Josué—.

¿A qué te refieres?

—Hay una razón —respondió Saleh—.

Carlos despertó mi interés.

Quiero que sea el protector de mi ciudad.

El silencio cayó como una sentencia.

—Por si algún día yo llegara a caer… —continuó— ante las manos de mi enemigo.

El rey Haruto y yo nos quedamos en silencio.

Sentí un nudo en el pecho.

—Angélica… —dijo el rey, mirándome—.

¿Tú lo sabías?

Suspiré.

—Sí —respondí con preocupación—.

Ya sabía lo que él planeaba hacer.

Apreté los dientes.

—Pero no creí que lo haría ahora.

Me giré hacia Saleh.

Mi mirada se volvió fría, cortante.

—Más tarde tú y yo tendremos una charla —dije—.

Y créeme… no te va a gustar.

El idiota acababa de mover una pieza que no debía.

Y el tablero… ya no podía detenerse.

—Como haya sido, su majestad —continuó Saleh—.

Ahora debo seguir con el plan.

Tras evaluar varios reinos, hemos decidido que Carlos sea quien se convierta en el nuevo salvador.

El silencio se hizo pesado.

—Sé que esto es inesperado —añadió—, pero tenía que hacerlo.

Y también— No terminó la frase.

Una presencia cruzó el salón del trono.

Ni Angélica ni yo la sentimos llegar.

—¿Ha pasado mucho tiempo que no nos vemos, suegro?

—dijo una voz conocida.

Mi corazón se detuvo.

Carlos avanzó por el salón con tranquilidad, como si ese lugar le perteneciera.

—Oh… estabas aquí, padre —añadió, girando hacia Josué—.

No creí encontrarte en este lugar.

Una sonrisa tranquila se dibujó en su rostro.

El aire cambió.

—Me alegra que estés aquí —respondió Josué, observándolo con atención—.

Has crecido mucho… incluso noto un gran cambio en ti.

¿Qué fue lo que hiciste?

—He estado entrenando duro —contestó Carlos—.

Además… no vengo solo, padre.

Traje algunos invitados.

Se giró hacia la entrada.

—Vamos, chicos —dijo con naturalidad—.

No me hagan esperar.

Tengan un poco más de consideración, ¿sí?

—Sabes que exageras —respondió Melissa con tono burlón mientras entraba—.

Además, es la primera vez que vengo a este reino.

—Wow… —murmuró Rai—.

Todo es enorme.

Sus ojos brillaban de emoción.

Por último, Alefa cruzó el umbral.

No dijo nada.

Solo miró.

Sus ojos se detuvieron en Saleh… y luego en Josué.

El Santo de la Espada.

Padre e hija se encontraron con la mirada.

El pasado, el presente… y algo mucho más peligroso se cruzaron en ese instante.

Yo apreté los puños.

Carlos había llegado.El silencio se apoderó del salón tras mi llegada.

Nadie hablaba.

Nadie respiraba con normalidad.

Como si mi sola presencia hubiera congelado el tiempo.

Pero antes de cualquier cosa… me sorprendió ver a mi padre junto a Haruto.

Creí que estaría con mi madre.

Mañana sería la reunión de padres en la academia; al parecer anunciarían los exámenes finales.

Además… en dos días vería a Mael.

Una ligera sonrisa cruzó mi mente.

Esperaba que nuestro encuentro fuera… agradable.

—Ejem.

La voz de Saleh rompió el ambiente.

—Como decía —continuó—, he encontrado información sobre el reino imperial.

Y lo que voy a decirles… no les va a gustar en absoluto.

Angélica y él intercambiaron una mirada.

—Nos infiltramos en su territorio —prosiguió—.

Y lo que descubrimos fue inquietante.

Están preparando algo grande.

Algo capaz de destruir todas las naciones.

Por un instante pensé que hablaría de mí.

O de Angélica.

Pero no.

—Es peor.

El aire se volvió más pesado.

—Están experimentando con humanos —dijo—.

Usan una sustancia que jamás habíamos visto.

Haruto y Josué quedaron en silencio, pensativos, como si las piezas empezaran a encajar.

—Pero eso no es todo —añadió Saleh—.

También están intentando revivir a un ser… no-muerto.

Un escalofrío recorrió la sala.

—Su objetivo es claro —finalizó—.

El Reino Platinos del Amanecer.

Algo en mí reaccionó.

Me llevé la mano a la barbilla, sonriendo con calma.

—Interesante… Cerré los ojos por un instante.

Visión del Dragón.

El mundo cambió.

Energías, presencias, hilos invisibles recorriendo el castillo.

Y entonces lo vi.

—…¿Qué diablos…?

Esa espada.

La Espada Mata-Dioses.

—¿Cómo es posible que Mío la tenga…?

Pero eso no era lo peor.

Sentí algo más.

Una presencia.

Oscura.

Asquerosa.

Observándonos.

Abrí los ojos de golpe.

—Angélica, Saleh —dije con seriedad—.

Me iré afuera.

Ambos me miraron.

—Creo que hay un infiltrado dentro del castillo.

El ambiente se tensó aún más.

—Cuento con ustedes —añadí—.

Disimulen, por favor.

Me giré hacia mis compañeros.

—Me llevaré a Melissa conmigo.

Cuiden bien de Alefa y Rai mientras no esté.

—Muy bien —respondió Angélica con calma—.

Te dejo el resto a ti entonces.

Luego miró a Saleh.

—¿Y tú?

—Confía —dijo él—.

Yo me encargo.

—Perfecto —concluyó Angélica—.

Nosotros hablaremos con el rey.

Di media vuelta.

El castillo seguía en silencio… pero ahora sabía la verdad.

El enemigo ya estaba aquí.

Y esta vez… no pensaba esconderse.

— —Melissa, vamos afuera por un momento —dije con voz baja pero firme—.

Hay algo que tenemos que hacer… y es importante.

—¿De qué se trata, Carlos?

—preguntó mirándome con atención.

—Hay un infiltrado dentro de este castillo —respondí—.

Y por lo que siento… es demasiado fuerte.

Melissa frunció el ceño.

—Eh… ¿tú solo puedes, verdad?

—No es eso —dije con disgusto—.

Solo no quiero pensar en lo que estoy pensando.

Ella asintió.

—Entendido.

Entonces vamos.

No era momento para caminar.

Salimos corriendo por los pasillos del castillo.

Activé mi Visión del Dragón y el mundo cambió: líneas de energía, presencias ocultas, rastros invisibles.

Lo vi.

—Se dirige hacia donde está Mío y los demás… —murmuré—.

Tenemos que darnos prisa.

— Por otro lado… Mío y las demás seguían esperando a David.

El ambiente se volvió extraño.

Masha se detuvo de golpe.

—…Siento algo —dijo con el ceño fruncido—.

Una presencia desagradable.

—Creo que ya no es momento de esperar a David —respondió Mío con la voz tensa—.

Alguien se acerca.

¡BOOM!

La puerta estalló en pedazos.

La madera salió volando.

Masha y Mío retrocedieron lo más rápido posible.

—¿Qué diablos es esa cosa…?

—susurró alguien.

Entre el humo apareció una figura.

Alto.

Oscuro.

Con un aura retorcida.

—No sabía que había personas aquí dentro —dijo con una sonrisa peligrosa—.

No tienen por qué estar sorprendidos.

Dio un paso al frente.

—Déjenme presentarme.

Mi nombre es… Ling.

Y he venido a matarlos.

—¿Matarnos?

—rió Masha con arrogancia—.

No me hagas reír.

Alguien como tú— —¡Masha, aléjate de ahí!

—gritó Mío desesperada—.

¡Ese tipo no es normal!

Masha no escuchó.

Ling apareció frente a ella en un instante.

¡CLANG!

El golpe fue brutal.

Por pura reacción, Masha logró bloquearlo con su espada.

Cada impacto resonó en la sala como un trueno.

—Tch… —sonrió Ling—.

Interesante.

Sentí el choque de esa energía incluso a la distancia.

—Ahí estás… —murmuré.

Llegué en un parpadeo.

Giré el cuerpo y golpeé con toda mi fuerza.

¡BOOM!

Ling salió despedido, atravesando muros y siendo lanzado muy lejos del castillo.

El impacto sacudió el suelo.

Me coloqué frente a ellas.

—¿Están bien?

Mío me miró con los ojos abiertos, aún temblando.

—Carlos… Miré hacia el exterior.

El polvo aún no se asentaba.

Y desde la distancia… una risa retorcida se escuchó.

—Jajaja… —dijo Ling—.

Así que tú eres Carlos… Apreté los puños.

—Aléjate de ellos —dije con frialdad—.

Porque ahora… peleas conmigo.

El aire se volvió pesado.

La verdadera batalla acababa de comenzar.

Continuará

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo