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The strongest warrior of humanity - Capítulo 128

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  4. Capítulo 128 - 128 capitulo 128 Está vez sentirán el miedo
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128: capitulo 128 Está vez sentirán el miedo 128: capitulo 128 Está vez sentirán el miedo — —Qué agonía… —dijo Ling mientras se incorporaba entre el polvo—.

No pensé que alguien como tú vendría a golpearme de esta manera.

Alzó la mirada, sonriendo con desprecio.

—Pero dime algo, Carlos… ¿de verdad crees que puedes hacerme algo?

Ling estaba seguro.

El golpe no le había causado ni un rasguño.

Su aura seguía intacta, oscura, aplastante.

Lo que no notó… …fue la sombra detrás de él.

—Ahora —susurró Melissa.

La guadaña descendió.

¡CRAAASH!

El impacto fue brutal.

Ling salió disparado, atravesando el suelo y provocando una explosión gigantesca que sacudió los alrededores del castillo.

El fuego y el polvo se elevaron como una tormenta.

Melissa respiraba agitada, con la guadaña firme entre las manos.

—…No —murmuró—.

Ese golpe no fue suficiente.

El aire se distorsionó.

Un parpadeo.

—Correcto.

Ling apareció detrás de ella.

—Tu ataque fue magnífico —dijo con una sonrisa burlona y oscura—.

Pero no es suficiente.

Melissa apenas tuvo tiempo de reaccionar.

¡CLANG!

Bloqueó con su guadaña, pero el impacto fue aterrador.

La onda de choque la empujó varios metros, rompiendo el suelo bajo sus pies.

—¡Gh…!

Cada golpe de Ling parecía un martillo divino.

No había técnica, solo fuerza pura y maldad concentrada.

Yo observaba.

Pensaba.

Mi mente trabajaba mientras veía cómo Melissa luchaba contra algo que no debía existir.

—Así que eres eso… —murmuré.

Un escalofrío recorrió mi espalda.

—Un abismal.

No había duda.

Si mis cálculos no fallaban… esas cosas habían estado ocultas durante siglos.

—Así que decidiste aparecer frente a mí… —una sonrisa perversa se dibujó en mi rostro—.

Qué alivio.

Mis ojos brillaron con furia.

—Porque ahora sí puedo matarte.

Ling atacaba sin descanso.

Melissa saltaba, esquivaba, giraba en el aire.

Sus movimientos eran rápidos, elegantes, desesperados.

Una ráfaga destructiva tras otra.

Pero Ling mantenía la ventaja.

—Vamos —se burló—.

Muéstrame más.

Cada choque hacía temblar el entorno.

El sonido del metal, la energía oscura, el aire cortándose.

Melissa comenzaba a fallar.

—Maldita sea… —pensó mientras bloqueaba otro golpe—.

Apreté los puños.

—Ya fue suficiente.

El campo de batalla se llenó de tensión.

El silencio duró solo un segundo.

Y ese segundo… fue el anuncio de algo mucho peor.

—Ahora… —dije avanzando— es mi turno.

Usé magia de teletransportación y aparecí detrás de él.

Sabía que no sería suficiente.

Ling reaccionó al instante, girándose sin dudarlo.

Su mirada chocó con la mía.

En ese segundo… la sed de sangre dentro de mí estuvo a punto de estallar.

No dije una sola palabra.

—Corte dimensional.

El espacio se partió.

¡SHHHRAAAM!

Ling salió despedido, lanzado a kilómetros de distancia, como si el mundo mismo lo hubiese rechazado.

No le di tiempo.

Masha siguió mi ritmo.

Ambos desaparecimos.

Aparecimos.

Desaparecimos otra vez.

Nuestras espadas danzaban, los ataques combinados se mezclaban: cresnos, cortes aéreos, ráfagas de fuego que rasgaban el cielo.

Sabía que esto era una prueba.

Sin dudar, Masha avanzó delante de mí.

Ling lanzó una lluvia de ataques.

Ella los esquivó, retrocedió, bloqueó.

Cada movimiento le costaba.

Cada choque hacía temblar el aire.

Entonces, en medio del combate, Masha me miró y sonrió.

—¿Sabes, Carlos?

—dijo sin apartar la vista del enemigo—.

Esto me trae recuerdos.

Desvió otro ataque.

—Te acuerdas de nuestro estilo, ¿verdad?

¿Qué te parece si lo hacemos de nuevo?

Me quedé en silencio.

La observé.

Había cambiado.

No era la misma de antes.

Desde ahí lo supe… se había vuelto fuerte.

Activé mi visión y vi el esfuerzo que estaba haciendo, la tensión en su aura, el desgaste.

Pero también vi algo más.

Determinación.

—Está bien… —respondí finalmente—.

Si eso quieres, lo haremos.

Masha asintió.

Me dio la señal.

Ambos liberamos nuestras auras.

Corrimos.

La velocidad distorsionó el entorno.

Por primera vez, Masha creó una técnica nueva.

—Veloz de fuego ardiente.

Llamas brotaron de su cuerpo, partículas ígneas que giraban a su alrededor como una tormenta viva.

El calor era insoportable.

Yo activé la mía.

—Dios del rayo.

Relámpagos recorrieron mi cuerpo, el suelo se quebró bajo mis pasos, el aire vibró.

Estábamos listos.

Ling nos observó.

Su expresión cambió.

Por primera vez… no era burla.

Era incredulidad.

Y algo más oscuro.

—…Así que este es su verdadero poder —murmuró con una sonrisa amarga.

El silencio duró un latido.

Luego— —Ahora.

Masha y yo nos lanzamos contra él.

Cada golpe, cada choque, cada gota de sudor… era como si el mundo estuviera presenciando algo que no debía verse.

Nuestros ataques lo obligaban a retroceder.

Ling se movía con una sonrisa torcida, burlándose, pero ya no con la misma seguridad.

—¿Eso es todo?

—se mofó—.

Pensé que serían más interesantes.

No dudó.

Atacó.

Y tal como lo supuse… podía seguir nuestro ritmo.

Eso lo hacía mucho más peligroso.

Entonces— El aire cambió.

Sentí dos presencias conocidas.

Mío apareció junto a Melissa, ambas liberando su magia.

Fuego y luz se desataron al mismo tiempo, directos hacia nosotros.

No entré en pánico.

Al contrario.

Sonreí.

Miré a Masha.

Ella entendió la señal sin palabras.

Ambos atacamos a Ling, obligándolo a retroceder justo en la trayectoria del ataque.

Pero en el último segundo— Ling me atrapó del cuello.

No sé cómo lo hizo.

Pero no luché.

Porque eso… también era parte del plan.

—Vaya, vaya… —dijo con voz baja—.

Debo admitirlo, eres bastante listo.

Me miró fijamente.

—Carlos Sánchez… eres justo como dijo Gabriel… Dejé de sonreír.

Mi expresión se volvió fría.

Molesta.

Ese nombre… Ese maldito nombre.

Mi cuerpo tembló.

No de miedo.

De odio.

—No vuelvas… a decirlo —murmuré.

En ese instante, el fuego y la luz llegaron hasta nosotros.

Levanté mi espada.

—Magia de arma: Cadenas del Juicio.

Las cadenas surgieron de la hoja y nos envolvieron a ambos.

La luz y el fuego chocaron.

—¡¡BOOOOM!!

Una onda destructiva estalló, devorándolo todo.

El humo nos cubrió por completo.

—¡CARLOS!

—¡CARLOS!

Escuché los gritos de Mío, Sasha y Melissa a la distancia.

Pero yo solo sentía una cosa: Había funcionado.

Cuando el humo comenzó a disiparse, vi la sangre.

Ling estaba herido.

Cortes profundos.

Quemaduras.

Grietas en su cuerpo.

Pero… Yo tampoco salí ileso.

La sangre corría por mi brazo, mi costado ardía.

Respiré hondo.

No importaba.

Resistí.

Aunque sonara enfermo… el dolor ya no me importaba.

Mi rostro reflejaba puro odio.

Lo recordé.

Lo que él hizo.

Por su culpa, un reino cayó.

Todo ocurrió en solo un minuto.

Una tragedia absurda.

Un error imperdonable.

Pero ahora estaba aquí.

Cambiando las cosas.

—No saldrá como tú, Gabriel… ni como Lucifer quieren —pensé.

Mi objetivo era uno solo.

Amadeus.

Es la única aliada que me queda allí.

Y aunque tenga que atravesar el infierno… Encontraré la forma de sacarla de ese maldito lugar.

Pero por quedarme pensando… por un solo segundo… Él lo aprovechó.

Sentí el golpe antes de entenderlo.

Una fuerza brutal, mucho más de lo que había mostrado antes, me estrelló contra el suelo.

El aire salió de mis pulmones como si me los hubieran arrancado.

El impacto resonó en todo el salón.

Ling se reía.

No una risa normal.

Era una risa rota, enferma, como la de alguien que disfruta ver cómo algo se rompe lentamente.

Su mirada… esa mirada mediocre y perversa… Me provocaba náuseas.

Ganas de arrancarme los ojos con tal de no volver a verla.

—Te diré algo… —dijo caminando hacia mí con calma—.

¿Sabes por qué me infiltré en este lugar?

Escupí sangre, pero no respondí.

—¿O acaso no lo sabes?

—continuó—.

¿O te haces el estúpido?

Se inclinó un poco, acercando su rostro al mío.

—Vine por un solo objetivo.

Destruir esa maldita alianza.

Su voz se volvió más grave.

—No sabía cuál era el problema… hasta que cierta persona me dijo que tú fuiste quien la creó.

Soltó una carcajada.

—Es ridículo.

Estúpido.

Un simple humano atreviéndose a unir razas sin el permiso de mi— —¿De tu señor?

—lo interrumpí.

Una sonrisa tranquila nació en mi rostro.

No había burla.

No había nervios.

Solo desprecio.

—No me hagas reír —dije con arrogancia—.

¿Crees que le haré caso a alguien que ni siquiera es capaz de mostrarse frente a mí?

Levanté la mirada lentamente.

—Solo porque tiene miedo… miedo de salir de su escondite.

Mis ojos se clavaron en los suyos.

—Qué ingenuo eres, Ling.

El silencio se volvió pesado.

—Y te diré algo más —continué—.

A mí ya todo me da igual.

Mi voz se volvió fría.

Vacía.

—Lo que hagan ustedes… sus planes… sus dioses… sus reyes… No significan nada.

Una presión oscura comenzó a envolver el lugar.

—Porque los voy a matar —susurré—.

Uno por uno.

Sin importar lo que tenga que hacer.

Mi mirada se volvió siniestra.

Retorcida.

Tan oscura que incluso Ling dio un paso atrás.

Por primera vez… Sintió miedo.

Y eso que yo ya no era un simple humano.

Algo dentro de mí se rompió.

O despertó.

El poder nocturno se liberó por tercera vez.

Un destello de luz oscura se elevó al cielo, rasgando las nubes como una herida abierta.

El aire gritó.

El suelo tembló.

La noche misma parecía retorcerse.

Mi aura tomó una forma monstruosa, antinatural.

Una presencia tan aplastante que ningún caballero común… ninguna bestia… ninguna raza… Podría sobrevivir a esta atrocidad.

Y en ese instante, Ling lo entendió.

No estaba frente a un humano.

Estaba frente a algo que la noche había reclamado como suyo.

Continuará..

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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