The strongest warrior of humanity - Capítulo 13
- Inicio
- Todas las novelas
- The strongest warrior of humanity
- Capítulo 13 - 13 capitulo 13 La Fuerza de un Monstruo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
13: capitulo 13 La Fuerza de un Monstruo 13: capitulo 13 La Fuerza de un Monstruo El campo estaba en silencio.
El polvo flotaba entre la brisa.
“Parece que todo terminó bien por aquí…” pensé, limpiando la sangre del suelo.
Pero no todo había acabado.
Aún quedaban seis oponentes.
Ambos se movían con velocidad, pero lo que no sabían era que estaban frente a un monstruo.
Los dos se lanzaron al ataque al mismo tiempo.
Los esquivé con facilidad.
Entonces, tres de ellos se adelantaron, extendiendo sus manos.
Un relámpago azul rasgó el aire.
La electricidad recorrió mi cuerpo, paralizándome por un instante.
Uno de ellos aprovechó la oportunidad y me golpeó con fuerza.
Sentí el impacto en mi abdomen.
La sangre cayó al suelo.
“Parece que sí estoy en problemas…” pensé.
Si peleaba en serio, esos tipos no vivirían para contarlo.
Decidí usar solo el 1% de mi fuerza.
Mi aura se expandió.
El aire se distorsionó.
Uno de ellos salió volando a varios metros, golpeando el suelo con un crujido seco.
Me moví a una velocidad que sus ojos no pudieron seguir.
Aparecí detrás de otro y le propiné una patada directa a las costillas, rompiéndolas al instante.
Su brazo cayó inerte, fracturado.
El siguiente, con una espada en mano, se lanzó hacia mí.
Lo dejé acercarse.
Nuestros ojos se cruzaron.
Él vio algo… algo que lo congeló por completo.
Una presión abrumadora lo envolvió.
Cayó al suelo desmayado sin siquiera tocarme.
Dos caídos.
Cuatro restantes.
Podía sentirlo… Una energía distinta emanaba de ellos.
Los cuatro avanzaron al mismo tiempo.
Las espadas chocaron contra mi defensa.
Los esquivé, girando entre sus ataques.
Pero uno de ellos, más veloz que los demás, apareció detrás de mí.
Una flecha de electricidad se clavó en mi espalda.
El dolor fue agudo.
La sangre corrió.
Arranqué la flecha con rabia.
“Trabajan bien en equipo…” pensé, molesta.
Mi respiración se aceleró.
Era momento de acabar con esto.
Cerré los ojos un segundo.
Dejé que todos me atacaran al mismo tiempo.
Moví mi espada y desvié sus golpes con precisión inhumana.
Giré, retrocedí, avancé… Cada paso era un destello.
Los empujé con una ráfaga que los lanzó varios metros atrás.
Pero la situación empeoró.
Los cuatro encendieron su aura.
Desaparecieron de mi vista.
Golpes invisibles venían de todas partes.
Di una vuelta completa, cortando el aire a mi alrededor con un solo movimiento.
El acero chocó con el suyo.
Uno de ellos cayó inconsciente.
No podía perder el tiempo.
Empuñé mi espada con ambas manos.
Una luz brillante emergió de la hoja, bañando el campo en un resplandor púrpura y blanco.
—Espada Nocturna: Atadura Celestial.
Una ráfaga cortante se desató, tan rápida que el aire tembló.
Una lluvia de luz descendió.
Los enemigos apenas pudieron ver el brillo antes de ser derribados.
Tres más cayeron.
Solo quedaba uno.
El chico respiraba con dificultad, pero no levantó su arma.
—¿Por qué no me atacas?
—pregunté, bajando mi espada.
—Porque… —respondió jadeando— sé que no tengo ninguna posibilidad de ganarte.
Eres demasiado fuerte.
Ya vi lo que hiciste cuando peleamos en equipo.
Aunque te inmovilizáramos… no servía de nada.
Fuimos derrotados.
Guardó su arma, tomó a sus compañeros heridos y dijo con voz firme: —No volveremos a molestar a esa chica.
—Espero que cumplas tu palabra —le advertí.
Él asintió, luego desapareció entre la niebla.
Caminé lentamente hacia Josué e Hina.
Los vi conversando, riendo como si el mundo no acabara de caerles encima.
—Al menos me alegra que estés bien, Hina —dije sonriendo con cansancio.
—Sí, muchas gracias por ayudarme… —respondió con timidez—.
Y perdón por la cachetada de esta mañana.
Me asusté y fue sin querer… —No te preocupes.
Está bien —contesté riendo suavemente—.
Todo quedó en orden.
—Bueno, me iré a la enfermería —dijo Hina—.
Nos vemos luego.
Nos despedimos con una leve sonrisa.
Josué y yo caminamos juntos hacia la enfermería.
—Eres fuerte, Josué.
—Lo mismo digo, Shirou —contestó.
Sonreí.
—Espero que seamos amigos en el futuro.
—Eso lo tendré en cuenta —respondió, con una mirada tranquila.
La tarde se desvaneció entre pasos silenciosos.
El viento arrastraba las hojas del campo donde había caído la sangre.
Continuará…
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com