The strongest warrior of humanity - Capítulo 135
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Capítulo 135: capitulo 135 la ejecución fue realizado pero a qué costo
—¡Maldición! —grité con frustración y rabia—.
¡No puedo perder aquí… no puedo!
Si caigo ahora, todo el plan que ideé se irá directo al carajo.
—¿Qué pasa, Ling? —me burlé—.
¿Acaso viste a alguien que no querías recordar?
Avancé un paso.
—¿O te duele perder contra un Significante Nocturno frente a tus propios ojos?
Pude sentirlo.
El miedo.
Una sonrisa siniestra se dibujó en mi rostro.
Reí sin parar mientras él retrocedía.
—Esa mirada… —susurré—.
Esa es exactamente la que quería ver.
Mi espada sangrienta vibró en mi mano.
Activé Corte Elemental.
El aire se rasgó.
Hechizos surgieron desde todas direcciones, flotando a nuestro alrededor, apuntando directamente hacia él como depredadores esperando la orden final.
—Ya es momento de que mueras.
Pero entonces…
Algo cambió.
Una sonrisa penetrante apareció en su rostro.
El aire se volvió pesado.
El viento comenzó a resonar como un lamento antiguo.
Una onda destructiva estalló desde su cuerpo.
Retrocedí instintivamente.
Ling se transformó.
Su cuerpo se alzó, más alto, más monstruoso.
Sus ojos ardían con una luz antinatural.
Sus brazos se alargaron, afilados, terminando en garras gigantescas.
Dos espadas surgieron en sus manos.
Y detrás de él…
alas negras, las alas de un guerrero caído.
—Parece que al fin liberaste tu verdadera forma… —dije con calma forzada—.
¿O no, rey de la lucha?
Solté una breve risa.
—Lo admito, eres molesto… niño insolente —gruñó—.
Pero ya no importa.
Su voz se volvió grave, inhumana.
—Ahora solo quiero matarte… arrancar cada parte de tu cuerpo y dársela a mis sabuesos como recompensa.
Avanzó.
—Me aseguraré de que no vuelvas a ponerte de pie—
No lo dejé terminar.
Estaba cansado.
Harto.
Vacío.
Alcé mi espada.
—Dios del Rayo.
La electricidad descendió del cielo y del suelo al mismo tiempo.
La combiné con cada ataque, con cada hechizo que había preparado.
Todo se unió.
La energía giró, comprimida, furiosa.
Una esfera gigantesca se formó frente a mí, devorando luz, sonido y aire.
La sostuve con mi espada.
El mundo tembló.
—Si este es el final… —dije en voz baja—, entonces arderás conmigo.
La batalla había dejado de ser una pelea.
Ahora era una ejecución pendiente.Cierro los ojos otra vez, entrando en mis pensamientos.
Busco una forma de ejecutarlo.
Por su apariencia… es el tipo de cosa que dejaría traumas a cualquiera.
Pero no me importa.
Debo matarlo antes de que haga un solo movimiento más.
Además… ahora lo sé.
Hay alguien mucho más peligroso moviéndose en las sombras.
Y esa energía que sentí desde el interior del reino…
hay algo que debo hacer antes de acabar con esta basura.
Si no me equivoco, tendré que usar mi ataque más poderoso.
Si logro eliminarlo con eso, aún podré ir a ayudar a los demás.
Decidí contraatacar.
Levanté mi espada y bloqueé sus dos espadas al mismo tiempo.
—Tsk…
Este tipo es bueno…
Muy bueno.
Manejar dos espadas a la vez sin perder el equilibrio… ni siquiera yo puedo hacerlo.
A duras penas lucho bien con una.
Ya debería madurar.
No quiero comportarme como un niño.
Y eso es justamente lo que no le gusta de mí.
Aun así… no puedo bajar la guardia.
Por suerte, logré arrebatarle una de sus espadas con la mía.
Una ventaja.
Usé teletransportación una vez más, confundiéndolo, mientras mi espada sangrienta cambiaba de forma.
…Eso no me gustó.
Miré mis manos.
—¿Dag… dagas sangrientas?
¿Hojas de sangre?
Es la primera vez que sostengo dos armas así.
—Emm… ¿debería aprender a usarlas ahora?
Tragué saliva.
—Mierda… debí tomarme en serio las clases de Angélica…
Dije con voz asustada.
—¿Qué haré ahora si se entera de que no aprendí nada de esto?
Suspire.
Como diría mi padre, Carlos:
“Si una vez no aprendes un arma… solo aplícale que se te olvidó.”
No quiero ser egoísta, pero…
¿en verdad funcionará?
Esos recuerdos tan tontos de mi padre…
bueno, al menos me alivian un poco.
Aunque, si eso también se lo aplicó a mi madre…
no quiero ni imaginar cómo le fue.
Mientras tanto, Ling me miraba confundido.
—¿Y este bastardo… en qué tanto está pensando?
Apretó los dientes.
—Debo aprovechar esta oportunidad y matarlo.
Desapareció.
Apareció detrás de mí.
Pero reaccioné.
Lo golpeé con mi espada y lo lancé lejos, enviando varios cortes de luz oscura tras él.
Uno.
Dos.
Tres.
Pero los detuvo.
Todos.
Y peor aún…
me devolvió mis propios ataques.
—Contraataque —dije, sonriendo.
Maldita sea…
El impacto fue brutal.
Incluso él sintió cómo los cortes atravesaban su cuerpo.
Reuní mi aura.
La luz brilló en mis dagas, formando una energía penetrante.
Lo miré directo a los ojos.
Lancé una daga.
La bloqueó, retrocedió…
y desapareció.
—Qué estúpido… —murmuré—.
¿Acaso no sabe…?
Puedo sentirlo.
Sé exactamente hacia dónde se dirige.
Apareció para atacar.
Pero ya era tarde.
—Dios del Rayo.
Desaparecí.
Me moví a una velocidad nunca vista.
Golpeé.
Uno.
Dos.
Un solo instante bastó.
Le arranqué ambos brazos.
La sangre salpicó mi rostro.
Caliente.
Espesa.
Había perdido demasiada sangre.
Ling no podía creerlo.
Su grito llenó el aire.
Un grito de dolor, de rabia, de horror.
Y por primera vez…
su mirada dejó de ser arrogante.La daga que lancé regresó a mí.
La sostuve en el aire.
Mi mirada se volvió siniestra y fría, completamente vacía de emoción, clavándose en él.
Descendí lentamente, observándolo caer al suelo sin poder hacer nada.
Me acerqué.
Ling estaba horrorizado, paralizado.
Como si el miedo y el terror de un simple humano lo hubieran humillado por completo.
Esa mirada…
era demasiado horrorosa.
Cuando estuve frente a él, nuestras miradas se reencontraron.
—Bien… —dije en voz baja—.
Solo dime una cosa.
—¿Qué planea Gabriel con todo esto?
¿Qué es lo que quiere de mí?
¿Por qué tanta obsesión conmigo?
Apreté la daga.
—¿Acaso no le dejé claro que si intentaba meterse conmigo otra vez, lo buscaría y lo mataría sin importar dónde se escondiera?
—Él no es capaz de salir de su agujero —continué—, porque sabe que perdería lo más estúpido de su miserable vida.
Mi voz se volvió más oscura.
—Por eso Lucifer tomó control de mi cuerpo…
Solo por la magia de sellos de ese bastardo.
El mismo que selló mi poder.
Apreté los dientes.
—Y eso… es algo que yo mismo voy a destruir.
Esa maldición que llevo atada.
Saber todo lo que me ha costado…
esto es lo más peligroso que he vivido.
Entonces, una risa recorrió el lugar.
Ling… se estaba burlando.
—Ay, ay, Carlos… —dijo entre risas—.
Me hiciste reír.
—Por mucho que te esfuerces, no puedes hacer nada tú solo contra nosotros.
Su sonrisa se volvió retorcida.
—Pronto ellos van a despertar.
Y cuando lo hagan, tu patético reino…
y el de las demás razas…
—Morirán de la manera más cruel y horrible posible.
Me miró con desprecio.
—¿Qué clase de persona eres tú?
Solo un simple niño que no comprende la situación en la que todos ustedes están metidos.
—¿A qué te refieres…? —exigí, apuntando mi daga directo a la punta de su nariz—.
Dímelo.
¿Qué es lo que están tramando ustedes?
Ling soltó una risa baja.
—Vamos, no te alarmes… —dijo con calma enfermiza—.
Solo vamos a darte un consejo.
Su mirada se volvió más seria.
—Así que presta mucha atención, porque en este momento…
él está aquí.
—¿Qué quieres decir con eso? —pregunté, frunciendo el ceño.
—Veo que sigues sin entender, imbécil —continuó—.
Tus amigos morirán ahora mismo.
Sentí un vacío helado recorrerme el pecho.
—Antes de que digas algo más —añadió—, debes saber algo sobre nuestras formas…
sobre cómo tratamos al inferior y al superior.
Su voz se volvió más grave.
—Cada uno de nosotros pertenece a una suposición distinta.
Yo… soy de un clan caído, desterrado.
Apretó los dientes.
—Éramos basura para el mundo.
Pero entonces… alguien apareció.
—Nos dio apoyo.
Comida.
Un propósito.
—En ese entonces no sabíamos nada de lo que realmente estaba ocurriendo.
Su expresión se endureció.
—Hasta que conocí a Gabriel…
y a los otros quince.
El aire se volvió pesado.
—Son personas temidas por cada generación.
Cada punto de la historia…
cada marca de sangre…
—Llevan sus nombres.
Tragué saliva.
—Mi clan… no tuvo opción.
—No fue porque quisiéramos servirles —continuó, con odio—.
Fue por maldad.
Por ambición.
—Por el deseo de tenerlo todo en la palma de la mano.
Sus ojos brillaron de forma siniestra.
—Y ahora…
todo está en movimiento.Sabía que ahí no acababa todo.
Lo sabía.Si revelo todo… moriré igual.
Ya estaba condenado.
Al menos… fui útil en esta vida.
Gracias a ellos, los planes de mi señor se volverán realidad.
—No puedes cambiar el hecho —continuó Ling—.
No podrás salvar a nadie si sigues aferrándote a lo mismo.
Su voz era tranquila, cruel.
—¿Qué vas a hacer ahora cuando ya no quede nada en este mundo?
—Te quedarás solo.
Abandonado por los demás.
—No importa cuántas veces lo intentes…
jamás regresarán.
—Todos pasamos por esto, niño.
Guardé silencio.
Sentí cómo la oscuridad envolvía mi rostro.
Pero lo sabía…
si no hacía nada, igual morirían.
Ling siguió hablando.
—Hace mil años pasó lo mismo.
Hubo alguien muy similar a ti.
—También lo perdió todo.
—Esa persona fue quien me desafió…
y quien me humilló.
Sus ojos se clavaron en mí.
—Tú y él son iguales.
Luego sonrió con arrogancia.
—Como hayan sido las cosas…
si yo caigo, todos vendrán conmigo.
No dudé.
Apunté mi daga directo a su pecho.
La hundí.
Pero…
—¿Qué…? —gruñí—.
¡¿Qué mierda?!
No pude perforar su corazón.
Algo me empujaba desde adentro.
Entonces lo entendí.
La droga del demonio del caos…
Había hecho efecto en Ling.
Él comenzó a reír con desprecio.
Una luz brillante surgió de su cuerpo.
Su energía se volvió inestable.
—¡Maldita sea…! —grité desesperado—.
¡Esto no puede estar pasando!
Si esa explosión se liberaba…
no solo el reino.
Todo el continente sería destruido.
Solo me quedaban dos opciones.
Y sabía que ninguna le gustaría a nadie.
—Es una pena… ¿verdad? —dije con una sonrisa apagada.
Ling seguía riendo.
Todo estaba a punto de perderse.
Pero yo no lo permitiría.
Con un solo movimiento…
le corté la cabeza.
Silenciosamente.
Su cuerpo quedó ahí, a punto de explotar.
Las personas nos observaban desde lejos.
Sasha y Masha regresaron volando, gritando mi nombre.
No podía permitir que esa explosión devorara el reino.
Tenía un deber.
Salvar a las personas.
Canalicé todo mi maná.
—Campo sangriento…
Rango superior.
Nivel 8.
Una barrera colosal se desplegó, protegiendo a todos los que estaban afuera.
Yo me quedé dentro.
Atrapado.
La onda destructiva estalló frente a mí.
Activé mi magia nocturna.
—Devorador de sombras.
La explosión fue absorbida…
pero el dolor fue insoportable.
Me mordí el labio.
Grité.
La sangre comenzó a salir de mi cuerpo.
Pero resistí.
Tenía que hacerlo.
La luz desapareció por completo.
Todo el lugar quedó destruido.
Un enorme cráter se extendía bajo mis pies.
Mi ropa estaba desgarrada.
No me importaba.
Caí al suelo, exhausto.
Al menos… maté a un abismal.
Pero algo me preocupaba.
Debía volver con Angélica…
con los demás.
—¡Carlos!
¿Estás bien? —gritó Masha desde arriba.
Ambas descendieron a mi lado.
Estaban asustadas.
Preocupadas.
Supongo que las puse en esta situación.
—Estoy bien —dije con una sonrisa cansada—.
Lo siento… no podía permitir que…
—¡No vuelvas a hacer eso en tu vida! —me interrumpió Masha—.
¡No sabes lo preocupadas que estábamos!
—Creí que tú… que tú…
—No sigas —dijo Sasha, mirándome con seriedad—.
Hiciste un buen trabajo.
—Nos protegiste…
y también a la gente del reino.
—En verdad eres alguien que supera toda lógica.
Suspiró.
—Pero estoy de acuerdo con Masha.
Jamás vuelvas a hacer eso.
—¿Sabes qué le diríamos a Mío…
si se entera de que estuviste a punto de…?
—Lo sé —respondí—.
Ella jamás me perdonaría.
—No tenía otra opción.
—Si me sacrificaba…
o si usaba teletransportación, el riesgo era el mismo.
—Esa cosa podía desintegrarlo todo.
—Por eso lo hice.
Bajé la mirada.
—Lo siento…
pero ya no tenemos tiempo.
—Vayan con las personas.
Yo iré directo a la sala del trono.
—Está bien… como tú digas, chico suicida —murmuró Masha.
—¿Ah?
¿Ya me pones apodos, señora pirata?
Masha frunció el ceño.
—¡Más respeto!
¿No ves que soy una bella dama?
Sasha estalló en risa.
—¿Perdón?
¿Una dama?
¿Dónde? Porque yo no la veo.
—¡Maldita zorra! —gruñó Masha—.
¡Me la vas a pagar!
—¿Ah, sí? —respondió Sasha—.
Luego no vengas a rogarme de rodillas.
—¿Qué dijiste? —sonrió Masha peligrosamente—.
Ya sacaste boleto.
Antes de que se agarraran del chongo,
les di un golpe a ambas en la nuca.
—Ustedes dos…
ya guarden silencio.
—¡Pero Carlos, no es justo! —protestó Masha—.
¡Ella empezó!
—¿Yo? —respondió Sasha—.
Deja de llorar.
—Cielos…
te comportas como una bebé.
Suspiré.
Aún hay esperanza…
pero el tiempo se está acabando.
Continuará
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