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The strongest warrior of humanity - Capítulo 137

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  4. Capítulo 137 - Capítulo 137: capitulo 137 Terraza del reino noche
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Capítulo 137: capitulo 137 Terraza del reino noche

De vuelta al trono, Angélica se preparó para moverse luego de que Robert retrocediera. El aire y la tensión se volvían cada vez más pesados; la única manera de salir con vida era enfrentarlo. Saleh no había dicho ni una sola palabra desde que fue sometido por él.

Tragué saliva luego de ver lo que ocurrió. ¿En verdad era necesario recordar el pasado? Solo pensé y miré directamente a los ojos de Robert. Entonces me di cuenta de algo en él, como si estuviera ganando tiempo.

—¡Veo que andas muy pensativa, humana! Para ser exactos, no pensé que tú fueras la única en librarte de mi gravedad. Y por Josué, déjame decirte algo… ¿cómo es que alguien como tú aún puede moverse?

—¡¡No es algo que a ti te importe mucho!! A lo mejor es porque aún sigo siendo más hábil de lo habitual… —suspiré en voz baja—. Angélica, pase lo que pase, protege a Su Majestad.

—¿Por qué me dices eso, Josué? Además, no es momento para pensar en esto. Deberíamos hacer algo para salir de esta situación. Hay que pensar bien… espero que Carlos y el resto estén bien. ¡Eh, tú, David! ¿Cómo se encuentran los chicos?

—Para ser preciso, ellos están bien por ahora. Debemos unirnos para luchar contra él si es necesario. Solo cálmate, Angélica, él vendrá… estoy seguro de esto.

—¡Oh! ¿Tienen esperanza de que venga a salvarlos? —dijo con burla—. Déjenme decirles algo: como dije al principio, cancelen esta alianza o ya sabrán lo que pasará más adelante. Tienen dos opciones… ¿cuál eligen?

—¿Y si yo elijo matarte?

Una voz desconocida resonó fuera del trono. Algo se movió a gran velocidad; la puerta fue destrozada de golpe y una cabeza rodó por el suelo, una cabeza bastante familiar.

Entonces Robert se dio cuenta de quién era.

—¿Qué demonios significa esto…? —pensó—. Ling fue aniquilado… esto no puede ser posible, no puede estar pasando…

La frustración lo invadió, el terror lo dominó por un segundo… pero luego sonrió.

—Muy bien, interesante. Has derrotado a un abismal tú solo. Para ser honesto, nunca creí que otro humano fuera capaz de derrotarlo de forma tan simple.

—Es verdad, tienes razón, soy un humano cualquiera. Pero dime una cosa… ¿qué diablos quieren ustedes? ¿O acaso lo que buscan son las reliquias, no es así?

Todos los que estaban allí quedaron en silencio: algunos sorprendidos, otros alterados. Aun así, ya sabía lo que estaban tramando. La resurrección de Astaroth, los clanes desterrados, el regreso del dios nocturno y, por último, aunque no menos impactante, el Caballero Oscuro.

Todo apuntaba a que ellos y el imperio estaban detrás de esto.

En ese caso, caminé lentamente sin usar mi espada. Solo miré al resto y entonces ellos, y mi padre, sintieron mi ira. Una aura monstruosa y destructiva comenzó a desatarse dentro de mí.Robert sintió mi presencia… pero lo que no sabía es que, para él, el odio, el dolor y el sufrimiento estaban ocultos. No logró usarlos a su favor. Caminó preparando su puño; el aire se comprimió y, en un parpadeo, desapareció. El impacto lo lanzó lejos. Retrocedió varios metros, pero no se contuvo: siguió adelante, esquivando golpes y ataques con una concentración aterradora.

Nos separamos, tomando distancia. Nuestros cuerpos se movían de forma casi monstruosa; bloqueo, retroceso, avance. Corrí hacia él para atacar de nuevo, pero me detuvo con su magia. La energía se envolvió en su mano y el golpe fue devastador, arrancándome el aire y obligándome a retroceder.

Susurró en voz baja, con una calma inquietante:

—Es tal como pensaba… eres igual de fuerte que Lucifer. No creí que esto se alargara tanto.

Yo apreté los dientes. Aun así, no pienso retroceder.

—¿Tanto querías una respuesta? —dije—. Te la daré: no vamos a romper la alianza, te guste o no. No es algo que tú debas decidir. Solo eres alguien rabioso porque no eres capaz de ver lo que realmente está pasando.

El silencio pesó como plomo.

—Qué agonía… —murmuró—. Esto es muy comprometedor. Alguien como tú debería entender lo que se podría desatar.

—Eso lo sé con claridad —respondí—, y por eso seré yo quien los desafíe uno por uno. No importa qué métodos usen, los derrotaré pase lo que pase. Aunque mi cuerpo quede hecho cenizas… siempre estaré aquí para desafiarlos.

No sabía si hablaba por convicción o por emociones desbordadas. Dentro de mí surgió la duda: ¿algún día podré alcanzar mi propio futuro? Sé que no soy el adecuado… pero al mirar a los demás, la preocupación me atraviesa.

Las palabras de ellos resonaban en mi mente: el dios antiguo, el caballero oscuro, incluso Ling. Y, aun así, había otras identidades, otras verdades que quizá tenían razón sobre mí… tal vez yo sea la causa de todo esto.

Ahora él ya sabía sobre mi reencarnación y, aun así, estaba dispuesto a cargar con ese peso. Levanté la mirada: Robert avanzó directo hacia mí, decidido a matar. Gracias a mis reflejos evité una herida mortal; apenas logré dar un paso atrás.

Entonces Angélica atacó primero, como siempre. Sin dudar. Ese detalle siempre me dio miedo. Un solo golpe bastó para estrellarlo contra la pared; el estruendo sacudió el lugar.

Pero todo había sido calculado. Ese ataque le dio justo el tiempo que necesitaba. Robert sonrió… y desapareció.

Antes de irse, dejó caer sus palabras como una sentencia, cargadas de odio y burla:

—Dejaré algo muy claro desde este momento: ustedes están condenados. Sus muertes serán la prueba de esta humillación… y del arrepentimiento que han provocado.

Se despidió con una sonrisa retorcida. Su risa, oscura y deformada, quedó flotando en el aire… como un presagio de lo que estaba por venir.Durante una hora, Robert había huido del reino, pero lo que se llevó fue un gran éxito; solo tuvo algunos contratiempos. El plan de Gabriel era robarse las reliquias sagradas que solo el reino podía tener, y lo logró sin dejar rastro inmediato.

Luego de esto, Carlos y compañía fueron a revisar el almacén de la Sala de los Tesoros Perdidos. El silencio era pesado mientras avanzaban. Y sí, al momento de abrir el almacén no había casi nada: todo lo que estaba ahí fue robado sin ningún problema previsto.

—¡Maldición! —golpeó el rey la pared—. ¿Cómo es que no nos dimos cuenta antes?

—Sé que esto es frustrante —dijo Melissa, intentando mantener la calma—, pero debemos saber por qué se llevarían todas esas reliquias y armas.

—Hay cosas que no podemos averiguar ahora, Melissa, pero debemos saber qué es lo que están tramando. Y si no es por esto, entonces… lo siento, Carlos —dije—. No fui capaz de hacer nada, solo fui un estorbo. Estaba paralizada de miedo, no podía moverme. En verdad lo lamento mucho —dijo Alefa, con la voz temblorosa.

—Pero ey, niña, no eres la única que no hizo nada. También yo, e incluso ese chico de ahí, solo miramos —intervino David—. Pero tu padre está raro; deberías preguntarle si realmente está bien. No lo descuides por ninguna circunstancia.

Angélica guardó silencio. Las palabras de aquel tipo regresaron a su mente como un eco persistente. Por primera vez se preocupó por un elfo; tal vez él tenga mucha razón, pero al final ya no puedo dar vuelta atrás.

Este es mi destino. No puedo dudar ni olvidar. No seré perdonada, pero no quiero que sigas con el dolor y el sufrimiento —pensé, entrando en mis propios pensamientos—.

Saleh, no es tu culpa no haber podido salvarlos. Eres alguien fuerte, no puedes caer por esto. Todos debemos vivir con el dolor… pero también seguir adelante.El silencio pesaba. Saleh estaba callado, hundido en sus pensamientos, con la mirada perdida. Sus ojos apagados reflejaban un recuerdo que volvía una y otra vez; el dolor y el odio lo invadían al mismo tiempo. Las lágrimas caían sin sonido, cargadas de culpa. Estaba solo, apartado del reino, como si el mundo hubiera decidido olvidarlo.

Quería matarse a sí mismo por no ser suficiente. Ni siquiera pudo desafiar a ese tipo.

—¿Es porque soy débil…? —murmuró al fin.

El odio hacia sí mismo lo aplastó. Se dejó caer sobre la terraza, recostándose, observando la luz fría de la noche y el cielo infinito.

Las estrellas brillaban con un color profundo. Era como si Carlos fuera el espacio mismo: su poder, sus ojos… idénticos a lo que veía ahí arriba.

En verdad eres alguien que debo respetar, pensó. No sé cómo alguien como tú aún sigue siguiéndome.

Otro pensamiento lo atravesó, más doloroso.

¿Por qué alguien como tú, Carlos, estás aquí conmigo? Yo solo soy un fracaso como rey de la guerra. No tengo nada que enseñarte.

Recordó el primer encuentro. Aquel día en que vio algo hermoso. No solo porque estuviera con su hija, sino porque, por primera vez, presenció a un humano usando magia de teletransportación. En ese momento creyó que cargaría solo con toda la responsabilidad… y se equivocó. Al fin había encontrado a la persona correcta, a alguien indicado.

Lo vio entrenar en su mente. Cada golpe, cada avance. Mientras Carlos se fortalecía, Saleh solo sentía admiración.

Derrotaste a un demonio abismal… y aun así, yo, Angélica y los demás no hicimos nada. Fallamos. Dejamos que ese tipo se lo llevara todo.

Su respiración se volvió pesada.

Casi muero frente a mi hija. Eso era algo que nunca quise que ella viera. No quiero verla sufrir.

Apretó los dientes.

Si no fuera por él…

—Veo que estás aquí, Saleh. Creí que estarías con mi hijo en el almacén.

La voz rompió el silencio como un filo. Saleh se incorporó de golpe. Dos figuras estaban frente a él, iluminadas por la luna. Eran los padres de Carlos.

—Ehh… tú debes ser el famoso Saleh del que mi hijo me había contado —dijo Hina, con una sonrisa tan cálida que contrastaba con la oscuridad de la noche.

Saleh se quedó helado.

Es tan hermosa… Es la primera vez que nos vemos en persona, pero… ¿cómo sabe de mí?

¿Acaso Carlos les hablaste…?

Hina lo observaba con atención, como si pudiera leer lo que ocultaba. A su lado estaba Josué, serio, con el rostro marcado por la preocupación al verlo así.

—No te lo tomes personalmente —dijo Josué con voz firme—. Yo tampoco pude hacer nada. Ese tal Rober está en un nivel completamente diferente. Algo que nosotros no podemos alcanzar ahora.

Hizo una pausa.

Debemos mantenernos firmes y fuertes. Una guerra se acerca… y debemos estar preparados para lo que venga.

El viento sopló con fuerza, agitando las capas, como si el reino mismo temblara ante esas palabras.

—En fin, me tengo que ir —añadió Josué, forzando una sonrisa tranquila—. Hina, ¿te quedarás a hablar con él un rato?

—Emmm… sí —respondió ella, suave—. Me quedaré un rato. No te preocupes, cariño. Solo quiero pasar un momento con él… y ver en qué le puedo ayudar. Sabes… esto me…

Josué bajó la mirada por un instante. Su voz se volvió seria, casi suplicante.

—Por favor, Hina… no recuerdes eso. Lo digo por tu bienestar.

La noche volvió a cerrarse sobre ellos.

El silencio regresó, pero ahora estaba cargado de tensión, de secretos y de un dolor que anunciaba que lo peor… aún no había comenzado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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