The strongest warrior of humanity - Capítulo 138
- Inicio
- Todas las novelas
- The strongest warrior of humanity
- Capítulo 138 - Capítulo 138: Capitulo 138 Juramento bajo las estrellas
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 138: Capitulo 138 Juramento bajo las estrellas
Terraza, la noche avanza
Josué se había ido, dejándome a solas con ella. Caminé unos pasos y me dejé caer, acostándome a un lado, mirando el cielo. El frío de la noche se sentía distinto, más pesado.
—No tienes por qué sentirte así —dijo Hina con suavidad—. Yo también lo viví. Hay cosas que no podemos evitar. Solo porque ahora te sientas débil no significa que lo seas. Saleh, eres alguien fuerte… solo que aún no estás listo para dar ese paso que te atormenta.
Hizo una pausa.
Ese dolor te seguirá hasta que mueras con él, si no lo enfrentas.
Sus palabras no fueron duras, fueron reales. Eso dolía más.
—Saleh —continuó—, quiero preguntarte algo y quiero que seas sincero. ¿En verdad estás bien?
Bajó la mirada un instante.
Sé lo que pasó entre tú y Angélica en aquella guerra… y en verdad lo lamento mucho. Por la caída… de verdad me disculpo.
—¡Eh! ¡No, no, Hina! —respondí de inmediato—. ¿Cómo alguien como usted puede disculparse así? Debería ser yo quien deba…
—No, Saleh —me interrumpió—. Lo digo en serio. Perdón por lo que pasó.
Respiró hondo.
Entiendo que eres el maestro de mi hijo, pero cuando lo vi luchar contra ese abismal… me recordó a ella.
El aire se volvió denso.
Hina reveló que siempre estuvo allí, observando en silencio. Por primera vez vio a su hijo derrotar a un abismal… algo que yo jamás logré hacer. Y al verlo, le recordó a ella.
La única persona que consiguió hacerlo.
No quiso mencionar su nombre. Ya la había superado… pero su voz estaba quebrada.
—No pude hacer nada… lo lamento mucho —dije con torpeza—. Señorita emperatriz, ¿está bien?
—No… al contrario —respondió—. Estoy bien, solo que…
Se quedó en silencio, luego sonrió con tristeza.
¿A quién le puedo estar engañando? Me siento patética.
Su mirada estaba desanimada. Aquella sonrisa era lo único que ocultaba lo que realmente sentía.
La observé por un segundo. ¿Cómo alguien como ella se mantiene tan fuerte? Siempre escuché historias sobre Hina, leyendas, rumores… Tenía curiosidad por saberlo todo, y ahora que la tenía frente a mí, era como un sueño hecho realidad.
Solté una pequeña risa, casi sin querer. Ella también rió. Por unos minutos, solo existió ese momento, compartido, silencioso.
—Sabes, Saleh —dijo finalmente—, hay cargas que uno debe llevar.
Me miró con seriedad.
Así que dime… ¿estarías dispuesto a pasar más tiempo con mi hijo? Quiero verlo crecer junto a las personas que lo están ayudando. Eso… es mi forma de agradecerte por estar ahí para él.
Su voz se suavizó.
—Me siento tranquila y feliz al verlo con ustedes. Eso… es una experiencia. No sabes lo que él estaría dispuesto a hacer…
Desde ese momento, Carlos y Hina parecían dos gemelos. Como si ella supiera algo que nadie más había notado. De pronto, Hina comenzó a llorar. No fue un llanto fuerte, fue silencioso, roto, como si el dolor que cargaba fuera demasiado antiguo.
Lo que ella sentía… era lo mismo que Carlos sentía al mismo tiempo.
—Este es el dolor que él lleva sobre sus hombros… —susurró—.
¿Por qué, hijo mío? ¿Por qué alguien como tú está sufriendo tanto?
Cada vez que lo siento, cada vez que miro sus ojos… es como si viviera en un mundo lleno de heridas y promesas que no ha podido cumplir.
¿Por qué te castigas a ti mismo?
No sabía qué decir. Hina lloraba en silencio y yo solo podía mirarla, incapaz de consolarla.
Pero algo despertó dentro de mí.
En ese instante lo entendí con claridad absoluta:
proteger a Carlos se había convertido en mi mayor prioridad.Solo pensé… y la miré a los ojos.Esa sonrisa que tenía me recordó a mi hija. La observé por unos instantes y, sin darme cuenta, una sonrisa nació en mi rostro. En ese momento supe que estaba dispuesto a dar ese paso. No sé qué es lo que ella hace, pero cuando mira a una persona es como si fuera una clave… como si te diera un motivo más para seguir adelante.
Entonces hablé.
El aire se volvió tranquilo, casi solemne. Ella me devolvió la mirada, y yo sostuve la suya.
—Tu hijo no morirá.
Mis palabras fueron firmes.
—Estoy dispuesto a aceptar su oferta, emperatriz de la oscuridad. Él no morirá mientras yo esté con vida. Lo daré todo por él. No me importará si las personas en las que confío se ponen en mi contra. Donde él vaya, yo lo seguiré.
La miré con determinación.
—Él demostró ser digno de mí… y ese es el respeto que le debo a su hijo.
Algo se rompió dentro de mí, pero no fue dolor: fue liberación.
Gracias… me diste ánimos. Me hiciste darme cuenta de por qué no podía aceptar este hecho. De pronto los vi… a mis camaradas, por última vez. No estaban decepcionados ni molestos. No sentí culpa.
Ellos solo querían que yo fuera lo suficientemente fuerte para superarlo.
Una sonrisa apareció en mi rostro y las lágrimas rodaron por mis mejillas.
—Gracias… en verdad, chicos. Nunca me han abandonado.
Sus voces resonaron, claras, tranquilas.
—¿Bromeas, Saleh? Vamos, no te deprimas solo porque caímos. Ve y disfruta de esta vida. Morimos por honor a nuestro reino. Nunca quisimos que cargaras con esta culpa ni con esta responsabilidad.
—En parte de nosotros… nos sentimos en paz. Sigue adelante.
Sentí su presencia rodeándome.
—Ese chico que tienes como discípulo… entrénalo duro. Hazlo fuerte, tan fuerte como tú.
Asintieron con sonrisas de despedida. Sus cuerpos se deshacían en partículas de luz. Antes de desaparecer, uno de ellos dio un paso al frente.
—Acepta este nuevo camino, rey de la lanza, Saleh. Demuestra a todos quién eres. Ve y acaba con todos tus enemigos. Entrena a ese muchacho, él necesita mucho de ti. Créeme… serás el mejor maestro.
En ti habita algo especial, algo llamativo. Eso debe ser forjado por reyes.
Y tú… eres uno de ellos.
Me quedé impactado.
Gracias a ellos entendí algo esencial: no estaba solo. Nunca lo estuve.
Solo me culpaba por no ser suficiente… pero ahora, al verlos, lo entendí.
—Gracias… —susurré—. Gracias a ti, Hina. Me hiciste darme cuenta de lo mal que me sentía… y de lo que realmente soy.
Entonces ocurrió.
Algo despertó dentro de mí.
Una luz brillante, plateada y púrpura oscura, emergió desde mi interior. Mi aura estalló por sí sola, envolviendo la terraza, vibrando con fuerza.
Esa energía solo significaba una cosa:
mi verdadero yo.
Mi verdadera magia.
Hina me observó con una sonrisa satisfecha. Había logrado devolverme lo que una vez fui. La magia de teletransportación, aquella que había desaparecido, despertó por completo.
Todo por una simple razón:
ayudar a ese chico… a volverse más fuerte de lo que nadie jamás había visto.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com