The strongest warrior of humanity - Capítulo 139
- Inicio
- Todas las novelas
- The strongest warrior of humanity
- Capítulo 139 - Capítulo 139: capitulo 139 La verdad que despierta sombras
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 139: capitulo 139 La verdad que despierta sombras
Hina observó por unos instantes.
Por primera vez vio algo nuevo… un poder abrumador. No pensó que él tuviera esa clase de magia. Entonces lo entendió.
Ahora comprendo por qué no podías usarla…
No era falta de fuerza, era miedo. Miedo a no poder salvar a nadie.
Aquella energía era peligrosa, tan peligrosa que incluso ella podría derribarlo sin rodeos si perdía el control. Eso ya no era solo asunto de Saleh. Era algo que su hijo y él tendrían que cargar juntos.
—Oye, Saleh… quiero proponerte algo —dijo Hina al fin.
Le dijo lo que realmente quería.
Saleh se quedó completamente sorprendido.
No respondió.
Desapareció.
Un rayo de luz cruzó el cielo directo hacia donde estaba Carlos.
Carlos se encontraba con los demás, investigando, tratando de entender qué era lo que realmente buscaban.
Los pensamientos los envolvían como una niebla pesada.
Algo me dice que no solo planean revivirlo a él… hay más.
Esto era mucho más peligroso.
—Hay algo que quiero revelarles —dije al fin—. Sobre lo que ellos planean.
Angélica frunció el ceño.
—Esto te va a sonar extraño —continué—, pero lo diré igual. Para ellos… yo soy su mayor amenaza. Y lo saben por lo que ocurrió hace mil años.
Haruto me miró con frialdad.
—Vamos, Carlos. Dilo de una vez. ¿Qué es exactamente lo que quieren?
Su voz exigía respuestas.
No había escapatoria.
Respiré hondo… y lo solté.
—Hace mil años hubo una guerra. Una guerra donde todas las razas chocaron: humanos, demonios, dioses… y por último, los gigantes.
Pero a lo que voy es a esto…
Los miré uno por uno.
—Yo… soy un nocturno.
El silencio cayó como una losa.
—Hace tiempo descubrí que pertenezco a un clan llamado Mundo de los Cielos de la Oscuridad. Un clan fundado por un solo ser… el Dios Nocturno.
Todos se quedaron con la boca abierta.
—Y no solo eso —continué—. De ese clan, mi madre y cuatro personas más somos los únicos sobrevivientes. Tenía que decirlo. Si no lo hacía yo… ellos lo harían más adelante.
—Entonces… ¿me estás diciendo que tú eres…? —murmuró alguien.
—Sí. Tal como lo escuchaste —respondí con firmeza—. Nadie lo sabe fuera de ustedes… y unas pocas personas más.
Apreté los puños.
—Pero ¿qué pasará si esto se extiende por todo el mundo? Ya no nos verán como personas… sino como herramientas. Y eso es algo que no voy a permitir.
Levanté la mirada.
—Esa es la razón por la que ellos regresaron. Quieren destruirlo todo… y tenerme bajo su control.
Angélica dio un paso al frente.
Yo apenas reaccioné cuando su espada ya estaba frente a mi cuello.
—Solo dime una cosa —dijo con rabia contenida—. ¿Por qué diablos no me lo dijiste? Yo creí que tú…
—Lo sé, Angélica —interrumpí—. Pero no era algo sencillo.
—¿Qué significa todo esto, Carlos…? —preguntó Melissa, con la voz temblorosa.
Rai, David y Alefa estaban congelados por la noticia.
David fue el primero en hablar.
—Ya veo… así que eres un nocturno. He leído libros sobre ellos… pero nunca pensé que fueran humanos.
Negué con la cabeza.
—Eso es porque solo nosotros lo somos. El resto de los clanes no. Al menos no desde esa época.
Los miré con seriedad.
—Mi madre y yo somos humanos, como ustedes…
—solo que muy diferentes.
El silencio volvió a caer.
Y con él, la certeza de que nada volvería a ser igual.
El silencio cayó pesado, como si el aire mismo dudara en moverse.
—Ya veo por qué yo jamás pude…
Melissa alzó la mirada.
—Melissa, por favor. Claro que lo hiciste, incluso me superaste. Eres alguien maravillosa, no lo olvides. Tú lo demostraste ese día. Aunque no recuerdes nada, yo sé de lo que fuiste capaz.
El ambiente se tensó.
—David… perdón por lo que voy a decirte, pero esta niña es hija de Henry…
El impacto fue inmediato.
—¿Qué demonios…? Carlos, dime que esto no es mentira. ¿De verdad ella es…?
—Por supuesto. Ella es hija de él. Por lo tanto, son idénticos. Tiene esa misma sonrisa de siempre. ¿O acaso no se te hace familia?
David tragó saliva, observándola con nuevos ojos.
—E-eh… bueno… en verdad estaba totalmente impresionado por la noticia, pero ahora que lo dices… es verdad. Tiene la misma vibra que él. Es algo loco de imaginar. Si ella te dio una paliza… no me quiero imaginar cuando se enfrente a nosotros…
El silencio volvió, más denso.
—Pero regresando al punto… lo que habías dicho es algo que tú estabas cargando, ¿no? Porque si ya nos revelaste la verdad, solo nos queda otra cosa: protégete.
—No necesito que lo hagan —dije firme—. Quiero hacerlo yo solo.
El sonido de pasos cortó el aire.
—¿Oye, con qué derecho te atreves a decir eso? —la voz de Angélica temblaba de rabia—. ¿Piensas que nosotros somos un estorbo para ti?
Sus palabras fueron como clavos atravesando el pecho.
—No es lo que quise decir… pero para serles sincero… no son lo suficientemente fuertes para derrotarlos.
El golpe fue directo.
—Claro… como tú sí pudiste hacerlo solo porque eres un mediocre nocturno —escupió—. No pienses todo tú solo. ¿Por qué nos excluyes? No queremos que tú…
Su voz se quebró. No pudo continuar.
—Angélica… sé lo que estás pensando —dije en voz baja—, pero ahora no tengo tiempo. Hay más problemas de los que ya existen. No quiero decepcionar a nadie… y mucho menos a mi familia. Para mí ellos son lo más importante en mi vida, al igual que ustedes. No quiero que se involucren en mi camino.
El aire vibraba.
—Lo hago por ustedes, no por mí mismo. Esto va más allá de todo…
Entonces ocurrió.
Una mano me sujetó de la espalda, arrancándome del suelo. El mundo se rompió en un parpadeo.
Desaparecí.
Todos quedaron en shock.
El vacío me escupió a otro lugar.
—¿Esto es… un coliseo?
Mi cuerpo cayó contra el suelo. El polvo se elevó, nublando mi vista.
—¿Qué diablos hago aquí…?
Las sombras comenzaron a moverse.
Dos ojos verdes brillaron en la oscuridad. Una silueta caminó lentamente desde la entrada, atravesando la penumbra como si le perteneciera.
—Saleh…
Había algo distinto en él. Su presencia pesaba. Su magia se filtraba sin control, como si ya no se ocultara.
Entonces lo sentí.
Otra presencia.
Giré la cabeza hacia las gradas.
Allí estaba ella.
Sentada, observándome… sonriendo.
—Holi, mi pequeño y preciado hijo —dijo con una dulzura venenosa—. Ha pasado mucho tiempo desde que no vienes a visitar a tu hermosa y preciada madre. ¿Por qué no has venido, eh?
Su sonrisa era peligrosa. Hermosa. Mortal.
—N-no es nada, madre… solo estaba ocupado…
¿Estoy temblando…?
¿O es miedo?
—Solo quería verte —continuó—. Te he echado mucho de menos. Mínimo podrías escribirme una carta de vez en cuando, ¿sí?
Tragué saliva.
—Está bien… lo haré cuando pueda.
Levanté la mirada, directo a sus ojos.
—Pero explícame algo…
¿Qué haces aquí?
¿Y por qué Saleh me trajo hasta acá?
El coliseo guardó silencio.
Y algo me dijo…
que esta prueba apenas comenzaba.
—¡Bueno, en realidad yo le dije a Saleh sobre este plan, ya que quería ver qué tanto te has fortalecido! —dijo mi madre con total calma—. Para serte sincera, también quería comprobarlo por mí misma. Pero sería lo mejor ver cómo te enfrentas al rey de la lanza.
La noche nos envolvía a ambos, silenciosa y pesada. La luz lunar caía sobre el coliseo como un reflejo plateado. Yo me quedé mirando a Saleh… y entonces él atacó.
Su lanza se movió con violencia, directa a mí. Me desplacé al instante, contrarrestando cada embestida. Sus ataques me hicieron retroceder, uno tras otro, obligándome a concentrarme. Pero mientras más avanzaba el combate, algo comenzó a hacerse evidente.
Saleh no era el mismo de antes.
Había algo distinto en su postura, en su mirada. Ya no había duda ni peso sobre sus hombros. Estaba decidido… como si todo lo que alguna vez lo aplastó hubiera desaparecido por completo.
Y entonces lo entendí al instante.
—Murmuré en voz baja—. Así que ya has despertado, rey de la lanza… me alegro mucho de que hayas regresado después de tanto tiempo.
Una sonrisa siniestra se dibujó en mi rostro.
Esto iba a ser muy divertido.
Nos cruzamos de nuevo. Cada choque de nuestros movimientos desataba ondas destructivas que sacudían el suelo. El sonido del metal resonaba como un trueno. Ambos retrocedimos un instante… y entonces él desapareció.
Se volvió cada vez más rápido.
No podía verlo.
Su teletransportación estaba fuera de toda lógica humana.
Mi madre observaba desde las gradas, sin perder detalle. Cada paso, cada ataque, cada respiración. Entonces lo comprendió.
Una sonrisa hermosa, casi peligrosa, apareció en su rostro.
—Esto es fascinante, hijo —susurró—. Me has mostrado cuánto has mejorado sin usar tu poder nocturno. Estoy segura de que tú ya lo has comprendido… al menos un poco.
Saleh, entrando en sus propios pensamientos, se movía con absoluta precisión.
Veo que este chico ha alcanzado un nuevo nivel… gracias a ellos… y a Hina he vuelto a ser lo que era antes.
Un ser más peligroso que cualquiera.
Esquivó cada uno de mis ataques. Yo bloqueé los suyos con mi lanza, girándola en todas direcciones mientras él me lanzaba destellos de luz que cortaban el aire. Retrocedí apenas, esquivándolos uno a uno, sin permitir que ninguno me alcanzara.
Entonces activé mi magia.
Teletransportación — Clon etéreo.
Varias lanzas aparecieron alrededor de Carlos en un instante, envolviéndolo contra el suelo. Cada una se clavó a su alrededor, deteniéndolo por completo. No lo dañaban… solo lo inmovilizaban.
—Veo que ya fue suficiente, ¿no?
La mirada de Saleh cambió.
Una presión intimidante brotó de él, algo que no había sentido en años. El verdadero Saleh había regresado… idéntico al que yo conocí.
Una inquietud se dibujó en mi rostro.
—Estás de vuelta, Saleh…
Y por primera vez en mucho tiempo, sentí respeto puro frente a él.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com