Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

The strongest warrior of humanity - Capítulo 142

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. The strongest warrior of humanity
  4. Capítulo 142 - Capítulo 142: capitulo 142 por qué tú estás aquí Hina
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 142: capitulo 142 por qué tú estás aquí Hina

Punto de vista de David

Al parecer todo iba bien… hasta que ocurrió una desgracia. Carlos había desaparecido. El ambiente cambió en un instante, como si el mundo se hubiera detenido. No sabíamos quién pudo haberlo hecho, pero había algo claro: era magia de teletransportación. La energía que quedó flotando en el aire no mentía. Eso me llevó a una sola conclusión… Saleh se lo llevó. ¿Pero con qué motivo lo habría hecho? Era difícil de creer. Levanté la mirada lentamente, observando a las chicas, a Haruto y a Rai. Sus rostros estaban tensos, confundidos, cargados de preguntas sin respuesta. Después de este incidente, Carlos ya nos había revelado la verdad, lo que realmente estaba pasando, y eso era mucho más peligroso de lo que habíamos imaginado. Creí que solo era un pequeño problema… pero veo que me equivoqué. Estamos jodidos.

Entonces algo no encajó.

Sentí una presión siniestra detrás de nosotros, como si una presencia invisible se hubiera acercado sin hacer ruido. El aire se volvió pesado. Volteé de inmediato… no había nadie. Silencio. Regresé la mirada al frente… y la vi. Una chica de cabello azul y ojos azules estaba justo frente a mí, demasiado cerca. Su sonrisa era linda, tranquila… demasiado tranquila.

—¡Hola! ¡Hola!

Eso fue suficiente para que el miedo me recorriera la espalda. Grité sin pensarlo y me alejé lo más rápido posible, el corazón golpeándome el pecho.

—¿Q-quién eres y por qué estás aquí adentro?

—Ehh… ahh… es verdad, no me he presentado. Perdona, estaba muy emocionada. Mucho gusto, mi nombre es…

Antes de que terminara la frase, una sonrisa silenciosa se dibujó en su rostro, una sonrisa que parecía saber más de lo que decía.

—Me llamo Hina Sánchez. Soy la madre de Carlos Sánchez.

Sentí que el suelo se hundía bajo mis pies.

—Tú debes ser David, ¿no? Mi hijo siempre me contaba de ustedes.

El impacto fue inmediato. Haruto y los demás quedaron completamente en shock.

—Hina… qué alegría verte aquí. No creí que vendrías. Dime, ¿cómo te va? ¿Todo está bien?

Una leve risa escapó de sus labios, suave, casi reconfortante.

—No es nada especial. Solo vine a verlos. Pero veo que aquí hay alguien que no quiere verme… ¿o me equivoco, Angélica?

Angélica avanzó hacia ella con pasos firmes, con esa mirada que nunca cambiaba, fría y directa.

—¿Qué hace usted aquí?

—No es nada grave. Solo vine a ver qué estaba pasando. Además, la persona que se llevó a Carlos fue Saleh, por si no lo sabías. Yo solo soy un clon de la original, ella está con ellos. Por si no lo sabías. Solo vine a ver eso, nada más. ¿Algún otro problema, Angélica?

Una sombra oscura y perversa cruzó el rostro de Angélica por un instante.

—No… no es nada. Como sea, me alegro de que estés aquí. Debería ser yo misma quien te explique todo, cada detalle de lo que pasa.

—No es necesario. Además, quiero que ustedes me acompañen al desierto. Hay algo que debo contarles acerca de lo que vi durante estos momentos… y es de suma importancia.Melissa entró en la conversación. En su rostro se mezclaban los nervios con una calma forzada.

—Hola, mucho gusto, señora. Me llamo Melissa. Soy la amiga más cercana de su hijo. Me alegro mucho de que esté con nosotros. He oído historias sobre usted… esto es algo emocionante, ¿verdad?

Una mirada tímida se dibujó en ella.

Hina no dudó en responderle.

—Encantada de conocerte. Me alegro mucho de que seas amiga de mi hijo. Dime algo… ¿no te ha faltado al respeto o no te ha hecho daño? No dudes en decirlo. Cualquier persona que sea amiga de mi hijo, yo también seré su amiga.

Al ver esto, sentí que debía contarles algo, confesar lo que había visto últimamente y si todo esto tenía que ver conmigo. La mirada de Haruto cambió de inmediato. Entonces hablé. David dio un paso al frente.

—Díganos qué ocurre, señorita. ¿En qué podemos ayudarla?

—No tienes que ser tan formal, David. Puedes hablarme normal, estamos en confianza.

—Bien… iré directo al grano. Recibí una solicitud de ayuda en el reino de Zephyra. No sé los detalles, pero al parecer ocurrió una emergencia y nos necesitan. Haruto, ¿crees que puedas prestarme a David, a Melissa y a Angélica? Es muy importante, y usted lo sabe mejor que nadie.

Haruto quedó pensativo. El silencio pesó unos segundos. Suspiró en voz alta.

—Está bien —asintió, aunque desconfiado—. No conozco muy bien ese reino, pero tengan mucho cuidado. Ese lugar es bastante peligroso. He escuchado rumores de mis hombres… desapariciones de personas. Quiero que investiguen lo que ocurre ahí.

David y Angélica se quedaron en silencio. El lugar era tan quieto que resultaba incómodo. Incluso Hina terminó por interrumpir.

—Bien, ustedes dos de ahí… son amigos de mi hijo. Un gusto.

—No, en verdad es un honor conocerla. Hina, me llamo Alefa. Soy hija del rey de la guerra, Saleh, y este tonto insignificante es Rai.

—Hola, es un honor conocerla.

Él tomó mi mano y besó mi muñeca con elegancia. Tragué saliva.

—Vaya… qué educado eres. De seguro vienes de una familia muy famosa, me imagino.

Hina quedó completamente nerviosa, aunque también incómoda. Este niño es demasiado elegante y caballeroso. De verdad me dio curiosidad saber de qué familia venía, pero no parecía una mala persona. Podía sentir su energía, su presión… era mucho más agresiva, pero estable. Bajé la mirada y suspiré, observando a la elfa.

—Bien, gracias por sus presentaciones. Antes de que me vaya, quiero avisarles algo. Tengan mucho cuidado con quienes conviven… puede que haya un traidor entre ustedes, o alguien desconocido. Bueno, debo irme. Los veré más tarde. Angélica, David… lo demás es menos importante. Tú, Melissa, prepárate.

—Me gusta hablar un poco con ustedes. Nos vemos, su alteza.

Me di la vuelta y caminé despacio, desapareciendo del lugar.

—Esta mujer es alguien ordinario, ¿no lo crees, Haruto?

—Ahhh… ni que lo digas. Esa mujer es alguien fuerte, debo admitirlo. Es amable, sí… pero de ese lado amable también es muy chismosa. La otra vez casi mi esposa me da un susto.

—¿En serio? Creí que tu mujer era amable.

—Créame que lo es, David. Pero si se trata de Hina… es como una bomba de tiempo. Puede decir cosas de más en cualquier momento.El aire se volvió pesado de repente.

Todo estaba en calma, una calma falsa.

David dio un paso atrás.

—Hay algo que tenemos que hacer. Puedes retirarte. Yo me quedaré con estos dos chicos.

David inclinó la cabeza.

—Está bien, Su Majestad, lo que usted diga. Ya escucharon, hay que irnos.

Miró a la chica.

—Vendrás con nosotros, hija del gran capitán. Tenemos algo que enseñarte.

Un escalofrío me recorrió el cuerpo.

—Esperen…

Giré de golpe.

—Me olvidé de Mío. Hay que ir por ella. Hace un momento la dejé luchando contra un tipo del reino del Imperio.

El silencio fue inmediato.

—¿Qué dijiste?

La voz se alzó, llena de rabia.

—¿La dejaste sola? ¿Por qué no me lo habías dicho? Ella… no puede pelear aún.

No hubo más palabras.

David y yo salimos corriendo hacia afuera del reino. Angélica nos siguió por cualquier cosa. El viento golpeaba fuerte mientras avanzábamos.Entonces lo vi.

Las grietas cubrían el suelo como si el lugar hubiera sido aplastado desde el cielo. Muros destruidos, piedras partidas, marcas profundas por todos lados.Y ahí estaba Mío.

Tirada en el suelo.A unos pasos, el hombre del Imperio, inmóvil, destrozado.David se quedó quieto.

—¿Esa niña… hizo todo esto?

Sonrió, incrédulo.

—Esto tiene que ser una puta broma… ¿en verdad lo hizo?

Dio un paso adelante.

Y en ese instante, algo cambió.

Una presión enorme cayó sobre nosotros. El aire se volvió espeso, difícil de respirar. Sentí que el pecho me iba a estallar.

Mío se movió.

Sus ojos se abrieron de golpe.

Se levantó de un salto y vino directo hacia mí. No hubo aviso, no hubo tiempo.

Choque de espadas.

Metal contra metal.

Logré detenerla, pero no fue fácil. Su fuerza era distinta. Había algo raro en ella.

Entonces sonrió.

—Tardaste demasiado, idiota.

Su voz era baja, cansada, llena de algo oscuro.

—No sabes lo mucho que tuve que vivir para derrotar a ese maldito.

Suspiró en voz baja. El viento alrededor se calmó un poco.

—En fin… me alegro que hayan venido. Después de este desastre dudo que me pregunten cómo me fue.

Nos miró.

—Y bien… ¿qué pasó con el infiltrado adentro del trono?

Tragué saliva.

—Pasaron algunas cosas. El resumen es que escapó.

Su mirada se volvió fría.

—Pero lograron su objetivo. No sé cómo lo hicieron, apareció otra persona más sin darnos cuenta. Se llevaron las reliquias sagradas… y armas poderosas del reino.

Mío apretó los dientes.

—Eso es imposible.

Giró la cabeza hacia David de golpe.

—Dime… ¿qué pasó con Carlos?

Silencio.

—¿Está bien? ¿No le pasó nada? ¿No se suicidó el baboso?

—Vaya —dijo David—, se nota que lo querés mucho, Mío.

Ella dio un paso al frente.

—No estoy para juegos, estúpido. Él me preocupa más. Sabes lo mal que está. Tú lo viste.

David perdió la sonrisa.

—Te seré sincero. Llegó al trono cuando justo uno de nosotros iba a ser aniquilado por él. Por suerte logramos salir con vida… pero él no se quedó contento.

El ambiente se volvió más frío.

—Luego estábamos en la bodega… y desapareció. Alguien se lo llevó. No supimos nada hasta que llegó su madre y nos contó la situación en la que estamos metidos.

Hizo una pausa.

—Tenemos una misión.

Me acerqué a Mío. Bajé la voz.

—Tienes dos meses para estar con él. Aprovecha la oportunidad.

Sonreí apenas.

Ella bajó la mirada.

—David… no tienes por qué decirlo. Además no tengo oportunidad. Tengo miedo de ser rechazada… y lo sabes. Sabes cómo soy.

David suspiró.

—Lo sé, lo sé. Carlos es alguien amable, caballeroso.

La miró fijo.

—El amor es algo que una persona no puede contener para siempre, Mío. Sé que estoy forzando esto… y en verdad lo siento. Solo quiero ayudarte.

Mío no respondió.

El viento volvió a soplar entre las ruinas.

Y en el fondo, todos sabíamos que lo que venía…

iba a doler mucho más Estaba un poquito triste, pero David tenía razón. Tengo que hacerlo y lo haré cuando tenga el valor suficiente para confesarme. Dudo que él quiera una vida amorosa conmigo, pero no puedo rendirme, no ahora que me he esforzado tanto para no ser una carga. Lo conozco, soy su mejor amiga, no desde la infancia, pero aun así podría ser mucho más que solo eso. El problema es que no me siento segura de mí misma. Solo quiero lo mejor para él y hago mi intento por aprender, por mejorar, por ser una gran novia o esposa, dependiendo de cómo me vaya con él.

A él le debo mucho. Me ha ayudado, me ha defendido, me ha demostrado confianza. Me dio un lugar donde nunca pertenecí. Me dio la razón. Me dio un camino propio. Lo que investigué es que se puede tener más de una esposa, en total son catorce. Él no lo sabe, pero yo sí. Natsuki me conoce, pero no sabe nada de los sentimientos que tengo hacia él.

He pasado toda mi vida viajando con él, viviendo cosas nuevas. Me siento feliz, de verdad, pero hay un dolor en mi pecho. Un dolor que no acepta el rechazo. Sé que sería muy egoísta de mi parte querer que él me vea de otra manera.

Hay cosas de él que no me gustan. No me gusta que siempre dé su vida por la de nosotros. Eso no lo acepto. Ya lo viví una vez, cuando ignoró mis súplicas. Lloré de dolor porque algo dentro de mí no quería que se fuera de mi vida.

David se quedó mirándome sin decir nada.

Bueno Mío, ya es hora de ir a descansar. O si gustas puedes ir a ver a las chicas. Yo me quedo con Angélica y Melissa por ahora. Llevaremos este cuerpo a hacer unos estudios. Queremos saber qué hay en él, tal vez tengamos pistas sobre esos tipos.

Está bien David, asintió Mío con una sonrisa amigable. Bueno, me iré ya. Tengan una linda noche.

Me despedí, guardé mi espada, levanté la mirada y me di la vuelta para caminar a descansar. Estaba realmente asustada, aunque no lo demostrara. Di unos pasos más y entonces pasó.

Una sombra me atrapó y me teletransportó.

Cuando reaccioné ya no estaba ahí.

Quedé confundida, en blanco, mirando el lugar.

¿¡Qué!?

¿¡A dónde estoy!?

¿¡Qué es este lugar!?

Espera un momento, eso es raro. Noté dos presencias bastante peligrosas en este lugar. Me levanté y caminé para llegar hacia el centro del coliseo desde la entrada. Solo miré y vi algo que nunca debí ver.

Era Carlos.

Y ese elfo que vi hace un rato.

Estaban teniendo un duelo a muerte.

La pregunta menos importante era por qué ellos estaban peleando. Esa duda atravesó mis malos pensamientos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo