The strongest warrior of humanity - Capítulo 152
- Inicio
- Todas las novelas
- The strongest warrior of humanity
- Capítulo 152 - Capítulo 152: capitulo 152 una idea equivocada
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 152: capitulo 152 una idea equivocada
Esto se estaba volviendo más incómodo de lo normal.
No pensé que Yuki fuera tan celosa solo porque Fer se quedara.
Además, él no era alguien cuya fuerza pudiera subestimarse. No tenía comparación con casi nadie.
Si dejaba que esos dos idiotas se enfrentaran, no podría detener nada.
Suspiré y bajé la mirada.
—Bueno… ya que están aquí, voy a ser sincero.
El ambiente se volvió pesado.
—Han pasado cosas muy extrañas últimamente, chicos.
Mis palabras salieron lentas, cargadas.
—No logro comprender del todo lo mucho que ustedes significan para mí.
Levanté la vista.
—Yuki, me has ocultado cosas.
—Te lo había dicho, ¿no? No me gusta que me guarden secretos.
Ella permaneció en silencio.
—Ya sé lo que Eime me dijo.
—Y también lo que Kai me contó.
Di un paso al frente.
—Así que ya oíste el mensaje que te mandé, ¿verdad?
—¿Hablas sobre…?
—Sí —la interrumpí—.
—A eso me refiero.
Respiré hondo.
—No sé cómo decirte esto sin sonar grosero.
—Lo que hiciste no estuvo bien.
Mi voz no era un grito, pero dolía.
—No intento regañarte.
—Solo quiero ayudarte.
La miré fijamente.
—Pero dime algo…
—¿qué habrías hecho tú si no hubieras salido con vida frente a él?
—Ejem… —intervino Fer, con una sonrisa cargada de arrogancia—.
—Si me disculpas, Carlos. Ella solo estaba haciendo lo correcto, pero…
Lo miré.
Él me sostuvo la mirada.
Fruncí el ceño.
—¿Sabes algo, Fer?
—Esto no te incumbe.
Mi tono se volvió cortante.
—Lo que ella hizo fue cruel.
Giré hacia Yuki.
—Respóndeme.
—¿Por qué mataste a Kratos y a Charlotte?
El aire se volvió asfixiante.
—Ellos no tenían nada que ver.
—Ya sé la verdad de lo que les pasó.
Mis manos temblaron.
—Jamás quisieron traicionarme.
—Los forzaron.
Apreté los dientes.
—¿Sabes cuánto me dolió que los ejecutaras sin motivo?
—Sabes perfectamente lo que ellos significaban para mí.
La rabia me nubló la vista.
—Solo ellos dos…
—el resto que se joda.
Mi voz se quebró un instante.
—Mi hermano y los demás saben lo que hicieron.
—Y no planeo perdonarlos.
Yuki seguía sin decir nada.
Mi enojo la había paralizado.
No quería ser distante con ella…
pero debía entender.
—Ellos no tuvieron culpa de mi muerte.
La oscuridad se filtró en mi voz.
—Y ahora que he vuelto…
—me aseguraré de que jamás, ni en esta vida ni en ninguna otra, vuelvas a ponerles una mano encima.
Mis ojos ardieron.
—¿Quedó claro?
Muy lejos de la academia…
Kronos se detuvo.
Había sentido algo.
Sed de sangre.
Sonrió.
—Vamos…
—Enójate más, Carlos.
Su sonrisa se volvió torcida.
—Espero que algún día seas un gran juguete para destruirlo todo.
Sus ojos brillaron con locura.
—Gracias a eso pude robar las reliquias.
—Y vi cómo matabas a un abismal.
Rió en voz baja.
—Eres tan… pero tan interesante.
Su voz fue un susurro venenoso.
—Deseo que llegue el día del festejo.
—Para que sientas…
—la derrota más aplastante de tu vida.
Una sonrisa retorcida se dibujó en su rostro.—Lo tendré en cuenta… —dijo Yuki con una voz débil, rota, casi un susurro.
Pero dentro de ella, el ruido era ensordecedor.
No quería que te enfadaras conmigo.
Sé lo mucho que ellos significaron para ti…
pero yo no podía perdonarlos.
A lo que hicieron no hay nombre.
No tiene sentido.
¿Por qué sigues defendiendo a esos dos?
Un nudo se formó en su garganta.
¿Será que soy una inútil?
Siempre que hago algo… termino haciéndolo enojar más.
Solo quería hacer lo correcto.
Apretó los dientes con fuerza.
Me siento tan patética…
La frustración la invadió.
Desvió la mirada y, por un momento, decidió ignorar a Carlos.
Kai y Eime se acercaron sin decir nada.
La rodearon con los brazos.
—Sé cómo te sientes —dijo Kai en voz baja—. Y de verdad lo entiendo.
—Pero él no te está diciendo lo que tú crees.
Yuki no respondió.
—Solo está diciendo que había otras opciones —continuó Kai—. Nada más.
—Kai tiene razón —intervino Eime, esbozando una sonrisa suave—.
—No tienes que tomártelo como si fuera un rechazo.
Eime apoyó su frente contra la de Yuki.
—Él solo dice las cosas que no quisiera que fueran así.
Yuki tembló levemente.
—Es difícil entenderlo… —susurró Eime—, pero no debes sentirte así.
—Jamás te ha dicho que te odia.
—Jamás te ha llamado inútil.
Kai asintió.
—No olvides quién fue él una vez.
—No dejes que eso te afecte más de lo que ya lo hace.
Yuki cerró los ojos.
—Ánimo —dijo Eime, intentando aligerar el ambiente—.
—Solo fue tu primer regaño.
Soltó una pequeña risa.
—Yo ya recibí uno cuando me puse en modo pervertida…
—y créeme, es difícil que él caiga en mis encantos.
Suspiró.
—Pero lo admiro mucho.
—Todos lo admiramos.
La voz de Eime se volvió más seria.
—Nos salvó.
—Nos cuidó… cuando la vida siempre nos trató como basura.
Bajó la mirada.
—Perdón por mis palabras…
—pero es la verdad.
El silencio pesó.
—La vida es una porquería —continuó—.
—No sabes cuán crueles y malvadas pueden ser las personas.
Yuki sintió un escalofrío.
—Hace tiempo… —Eime dudó—
—quería suicidarme.
Yuki abrió los ojos de golpe.
—Pero no lo hice.
Eime sonrió, con tristeza.
—¿Sabes por qué?
Yuki negó lentamente.
—Por él.
—Por lo que nos enseñó cuando éramos niñas.
Apretó los brazos alrededor de Yuki.
—No lo olvides.
—Para él… tú lo vales todo.
—No debes sentirte así —dijo Kai con calma—. Solo mira al exterior y sigue avanzando.
—Carlos también ha cometido errores y tú lo sabes bien.
Yuki levantó la mirada.
Sus ojos se cruzaron con los de Carlos.
En ellos no había enojo.
Había preocupación.
Y culpa.
Eso fue lo que más le dolió.
¿Por qué me mira así
¿Siente pena por mí
¿Es porque soy una carga
El pecho le ardió.
Quisiera irme
No quiero estar aquí
Si él piensa eso de mí
Antes de que pudiera apartarse, Carlos se acercó y la abrazó sin pensarlo.
Sus manos rodearon su nuca con firmeza y cuidado.
Yuki se quedó paralizada.
El calor de su cuerpo la tomó por sorpresa.
El rostro se le sonrojó al instante.
—Yuki lo siento —dijo Carlos en voz baja—.
—No quería que mis palabras te afectaran así.
Apretó un poco más el abrazo.
—Solo quería que entendieras que no siempre las cosas son blancas o negras.
—Lo hice por tu bien.
Yuki tembló.
—Nadie te está juzgando.
—Solo te llamé la atención.
—Tranquilízate.
Carlos intentó soltarla.
Pero ella no lo permitió.
Lo abrazó con todas sus fuerzas, como si al hacerlo fuera a desaparecer el miedo.
—Yo… lo siento —susurró bajando la mirada—.
—No me siento bien.
Su voz se quebró.
—Tenía miedo de que pensaras mal de mí.
—De ser una decepción.
—De ser una fracasada.
Carlos suspiró con suavidad.
—Todo lo que pasó antes ya quedó atrás.
—Ahora solo importa el presente.
Separó un poco el rostro para mirarla.
—Vamos a cambiar las cosas juntos.
—No te desanimes.
Una pequeña sonrisa apareció.
—Mantente como siempre.
—Relajada.
—Alegre.
—Todos estamos aquí para ti.
—Para lo que necesites.
Luego desvió la mirada con un leve fastidio fingido.
—Y tal como dijo Eime…
—Yo evité que ella hiciera una estupidez.
—Por eso siempre es así conmigo —continuó—.
—Acosadora.
—Manipuladora.
—Pervertida.
—Egoísta.
—Mediocre.
—Una tonta que siempre intenta seducirme.
—Créeme Yuki no seas como ella.
Eime frunció el ceño…
pero sonrió.
Kai estalló en carcajadas.
Fer también.
Ambos la señalaron con el dedo.
—Pensó que podía conquistar a Carlos —dijo Fer entre risas.
Las carcajadas llenaron el aire.
Duraron apenas un segundo.
La atmósfera cambió.
Una presión invisible cayó sobre ellos.
—…¿Eh?
Ondas de ataque se dispararon sin advertencia.
Una explosión brutal sacudió el lugar.
El suelo tembló.
Cuando el humo se disipó, Kai y Fer estaban tirados en el suelo, chamuscados, humeando, cubiertos de hollín.
Silencio absoluto.
Eime los miró de reojo.
—Se lo buscaron.
Carlos solo suspiró.
Yuki, aún aferrada a él, sonrió por primera vez sin miedo.—Y bien… ahora que te veo sonreír —dije con calma—, ¿ya podrías soltarme, Yuki?
—E-eh… a-ah… sí —respondió de inmediato—. Lo siento, me dejé llevar un poco.
Se separó rápido, acomodándose el cabello con torpeza, evitando mirarme a los ojos.
—No te preocupes —añadí—. Todo quedó bien.
Miré a los lados.
Kai y Fer seguían tirados en el suelo, humeando como si hubieran sobrevivido a una explosión nuclear de baja calidad.
—En fin —continué—, veo que ellos dos quedaron hechos polvo.
—Se lo buscaron —dijo Eime cruzándose de brazos—, por ser don comedias.
—Pero mira quién habla —respondí—. Usted no se salva.
Eime sonrió de lado, peligrosa.
—Hay algo pendiente que debo hacer contigo.
—¿Crees que tienes derecho a hablarme así?
Sentí un escalofrío.
Kai levantó la mano desde el suelo.
—Jefe… creo que cruzamos una línea.
Fer miró su ropa chamuscada.
—¿Cómo quedó nuestra ropa, Kai?
—Hecha polvo —respondió con voz dramática—.
—Creo que ya veo la luz.
—¿Qué le diremos a todos? —preguntó Fer—.
—Que Eime nos quemó viva y deliberadamente.
Eime los miró con calma… demasiada calma.
—¿Ah, sí?
Ambos se congelaron.
—Eh… veo que aún siguen burlándose —dijo ella, sonriendo—.
—¿No les caería mal otra lluvia de fuegos artificiales?
Los rostros de Kai y Fer se pusieron pálidos.
—Está… está loca —susurró Kai.
—Confirmado —añadió Fer—.
—Totalmente loca.
—¡Jefe, ayúdenos! —gritaron ambos al mismo tiempo—.
—¡No puede dejar que ella haga lo que quiera con nosotros!
Suspiré.
—A ver… ustedes tres —dije con voz firme—.
—Se me van calmando o…
—¿O qué? —interrumpió Eime, inclinando la cabeza—, con una sonrisa peligrosamente tranquila—.
—¿Acaso no quiere unirse a ellos, jefecito?
Su sonrisa fue lo que más miedo me dio.
Yuki dio un paso atrás.
—Eime… baja la intensidad.
—No puedo —respondió—. Me divierte.
Kai se arrastró un poco.
—Carlos… hermano… líder… salvador… lo que sea…
—Prometo no volver a reírme.
—Yo tampoco —dijo Fer—.
—Bueno… tal vez un poco.
Eime chasqueó la lengua.
—Cobardes.
Me llevé una mano al rostro.
—Definitivamente… nada ha cambiado.
Yuki soltó una pequeña risa.
—Al menos… no estamos aburridos.
La miré de reojo.
—Eso seguro.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com