The strongest warrior of humanity - Capítulo 153
- Inicio
- Todas las novelas
- The strongest warrior of humanity
- Capítulo 153 - Capítulo 153: capitulo 153 las hijas de Kenzo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 153: capitulo 153 las hijas de Kenzo
—En fin… —dije aclarando la garganta—.
—Oigan, tengo algo más que decir, así que por favor… Eime, ni se te ocurra acercarte. Sabes bien que tengo prometida.
—Ohh, vaya… —respondió Eime llevándose una mano al pecho—.
—¿Y sabes cuál es mi respuesta, jefe?
La miré con desconfianza.
—A mí me vale un carajo lo que ella piense —continuó con total descaro—.
—Además, ni siquiera me conoce. Yo puedo hacer lo que quiera con usted.
—Esta loca no entiende nada… —murmuré, suspirando aliviado para no perder la paciencia—.
—Como sea, escuchen bien.
Todos se enderezaron… incluso Fer, sorprendentemente serio por una vez.
—Desde este momento, ustedes se van a infiltrar en la escuela.
Yuki abrió los ojos.
—Tú, Yuki —continué—, serás la nueva secretaria del profesor William.
—¿Yo? —preguntó, claramente nerviosa—.
—Haré lo mejor que pueda.
—Dos —seguí—, Eime, tú serás mi compañera de clase. Mañana mismo te presentas.
—¿Compañera? —sonrió de inmediato—.
—Qué casualidad… siempre quise sentarme a tu lado, jefe.
—No te emociones —le advertí.
—Tres —dije mirando a Kai—, tú serás el guardaespaldas de mi hermana, de Natsuki y de Yue.
Kai tragó saliva.
—¿Las tres… al mismo tiempo?
—Exacto.
—…Voy a morir.
—Y por último —miré a Fer—, tú tienes algo muy importante que hacer.
Sus ojos brillaron.
—Oh, ¿en serio? —dijo acercándose—.
—Dime, dime, ¿de qué se trata?
Se cruzó de brazos con una sonrisa confiada.
—Ya sabes, siempre quisiste ser el más mandón de aquí.
—Espera un momento… —dijo frunciendo el ceño—.
—No me digas que yo seré el reemplazo de Yuki.
—Es correcto —respondí—.
—Solo por un año. Cada informe que ellos traigan me lo informas a mí de inmediato.
Fer se quedó en silencio un segundo… y luego explotó.
—¡Esto es increíble, jefe!
—Gracias por darme esta oportunidad, te prometo que no te voy a fallar.
Me dio una palmada en el pecho.
—Lo sé, Fer —respondí—.
—Sé que eres alguien que se toma el trabajo en serio.
—Ya sabes… —sonrió con orgullo—.
—Modo chamba activado.
Kai lo miró de reojo.
—No durará ni una semana.
—Cállate —le respondió Fer—.
—Soy un profesional.
Yuki soltó una pequeña risa, más tranquila que antes.
Eime los observó a todos… y sonrió.
—Vaya, vaya… —murmuró—.
—Esto se va a poner divertido.
Y no supe por qué, pero en ese instante sentí que esa misión…
no iba a ser nada normal.
—Bien, lo dejaremos para mañana —dije con voz firme—. Tengo que controlar este núcleo de Salma, así que no me hagan perder el tiempo. Retírense ahora mismo.
—Está bien, nos iremos —respondió Fer mientras comenzaba a caminar.
El resto hizo lo mismo.
Solo Eime se detuvo un segundo… me miró y, desde lejos, me mandó un beso exagerado.
—…Esta mujer de verdad disfruta ver el mundo arder —murmuré.
No dije nada más.
Regresé mi atención por completo al núcleo.
Me arrodillé frente a Salma, analizando cada pulso, cada irregularidad. El núcleo era inestable, violento, como si tuviera voluntad propia.
No era algo que se pudiera forzar sin consecuencias.
—Concéntrate… —susurré para mí mismo—. Sé más preciso.
Canalicé mi energía con extremo cuidado, ajustando capas, sellos internos, rutas mágicas.
Por un segundo logré someterlo.
Salma se estremeció.
El dolor la golpeó como una ola.
Apretó los dientes, su respiración se volvió irregular, pero no gritó.
Aguantó.
—Solo un poco más… —le dije—. Confía en mí.
Pasaron varios minutos que parecieron eternos.
Finalmente, el núcleo dejó de resistirse. Su energía se estabilizó, fluyendo de forma más limpia, menos agresiva.
Solté el hechizo y di un paso atrás.
—Listo —dije—. Ya terminé. Ahora prueba con esto.
Salma abrió los ojos lentamente.
Había sudor en su frente, pero su mirada estaba clara.
Levantó una mano con cautela.
—Magia de viento… —murmuró—. Muro de vientos.
La energía respondió.
El aire a su alrededor se condensó y, desde su palma, se formó un muro de viento sólido, estable, girando con una precisión perfecta.
Mis ojos se entrecerraron.
—Bien… —susurré—. Veamos algo más.
Sin avisar, levanté la mano y lancé un hechizo de grado superior.
—Llamas infernales.
El fuego explotó contra el muro con una fuerza brutal.
Las llamas devoraron el aire, el impacto sacudió el suelo y una nube de humo cubrió todo.
Durante unos segundos…
no se veía absolutamente nada.
Cuando el humo comenzó a disiparse, mi corazón dio un salto.
El muro seguía ahí.
No intacto…
pero en pie.
La magia de Salma había resistido mi ataque.
Me quedé en silencio, observando.
—…Esto es imposible —murmuré.
El núcleo, que antes era un riesgo, ahora amplificaba su control sin desbordarse.
No solo sobrevivió… se adaptó.
Salma me miró, aún sorprendida.
—¿Eso… eso significa que funcionó?
Una leve sonrisa se dibujó en mi rostro.
—No —respondí—.
—Significa que eres mucho más peligrosa de lo que pensaba.
—Has pasado la prueba, Salma. Lo hiciste bien —dije, bajando la mano lentamente—. Por casualidad… ¿tu elemento es magia de viento, no?
—E-eh… sí —respondió ella, un poco nerviosa—. ¿Por qué la pregunta?
—No es nada —respondí con calma—. Solo que eres muy inteligente y tienes un control excelente de tu resistencia. Tienes potencial. Algún día serás de gran ayuda… si sigues así, créeme, llegarás a ser muy fuerte.
Salma se sonrojó al instante.
—En verdad… muchas gracias, Carlos. No es necesario que me digas esas cosas…
—Vamos, no seas tímida —sonreí levemente—. Lo digo porque somos compañeros, no lo olvides. Si tienes dudas o algo te preocupa, solo avísame.
Pero entonces…
mi expresión cambió.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
Sentí una presencia.
Pesada. Penetrante.
Demasiado cerca.
—Jejeje… tú debes ser Tanaka Sánchez, ¿verdad?
Una voz femenina sonó a mi espalda. Me giré de inmediato.
Era una chica de cabello rosado pálido, casi cremoso, con una mirada incrédula y arrogante. Esa expresión… me recordó demasiado a alguien que preferiría olvidar.
—Perdón por entrometerme —continuó—, pero quería hablar contigo a solas. ¿Crees que puedas darme unos minutos? No te quitaré mucho tiempo, solo quiero que conversemos.
La observé con atención.
No sentí hostilidad directa… pero tampoco era alguien común.
—Está bien —respondí finalmente.
Me giré hacia Salma.
—Oye, Salma. Por mientras sigue practicando tu maná. Regresaré en unos minutos.
Ella asintió con la cabeza, algo confundida.
Me alejé junto a la chica.
Mientras caminábamos, algo no cuadraba.
¿Cómo sabe mi nombre?
Nos apartamos un poco más de la academia, hasta llegar a una esquina de servicio donde se almacenaban herramientas mágicas. El lugar estaba vacío… demasiado silencioso.
—Bien —dije—, ya estamos a solas. ¿De qué querías hablar?
La chica respiró hondo.
—Te lo diré directamente. Mucho gusto, me llamo Milin. Y sí, sé que suena raro. Yo estuve en tu ceremonia hace unos años… soy hija de Kenzo, uno de los Reyes de la Lanza.
Mis ojos se afilaron.
—Y no vengo sola —continuó—. Vengo con mi hermana, Merlin.
Una segunda figura dio un paso al frente desde las sombras.
Ella era distinta.
Más madura.
Ojos morados profundos, fríos.
Cabello castaño con un tono rosado apagado.
—Queríamos saber tu opinión acerca de nuestro padre —dijo Milin con voz más baja.
Guardé silencio.
—Sabemos que lo que hizo en el pasado estuvo mal —continuó—, pero… no teníamos idea de lo que realmente estaba ocurriendo en ese entonces.
Así que Kenzo sí se los contó…
Ese idiota.
Suspiré en voz baja.
—Bien —dije—. Entonces díganme… ¿qué es lo que quieren exactamente?
Milin bajó la mirada, apretó sus manos.
—S-solo queríamos saber si… si quisieras ser nuestro amigo…
Antes de que pudiera responder, sentí algo.
Un cambio en el aire.
Merlin me miró fijamente.
Esa mirada…
Mi cuerpo reaccionó solo.
Di un salto hacia atrás justo a tiempo.
—Oh… —dijo Merlin, sonriendo de lado—. Veo que ya te diste cuenta de lo que iba a hacer.
Una presión invisible atravesó el lugar donde había estado un segundo antes.
—Para ser honesta —continuó—, eres tal como dijo mi padre. Rápido… más de lo que esperaba.
Sus ojos brillaron con interés peligroso.
—Pero no pensé que notarías mi movimiento tan rápido.
Dio un paso hacia mí.
—Qué listo eres, Carlos Tanaka Sánchez…
—Vaya… no sabía que también eras tan buena atacando —dije con una leve sonrisa—. ¿No lo crees, Merlin Hashima Tower?
Ella alzó una ceja.
—Tenías que decir también mi apellido, ¿eh? —respondió con tono burlón—. Pero tú hiciste exactamente lo mismo, ¿no?
—Touché —murmuré—. Entonces dime… ahora que ya sabes lo que soy, ¿qué planeas hacer?
No tuve tiempo de parpadear.
En un instante, Merlin estaba frente a mí, demasiado cerca. Sentí la presión del aire romperse alrededor.
Qué velocidad…
¿Desde cuándo esta mocosa se mueve así?
—No eres el único chico que puede ser veloz —susurró con una sonrisa ladeada—. ¿O me equivoco, dios del trueno?
—Vaya… ahora apodos —bufé—. Muy creativa.
Genial.
Otra más como Masha. A todas les encanta ponerme nombres raros.
—Como sea —continué, retomando la compostura—. Solo necesito saber una cosa… ¿qué es exactamente lo que buscan?
Merlin dio medio paso atrás. Esta vez fue Milin quien habló, algo nerviosa.
—Bueno… veníamos para disculparnos por el incidente —dijo—. Y… y también porque mi hermana menor quería conocerte en persona, ya que cuando te vio por primera vez ella—
—¡H-hermana, no! —interrumpió Milin de golpe, completamente roja—. ¡No le digas nada! ¡Me haces sentir vergüenza, por favor!
Merlin la miró con una sonrisa cruel.
—¿Eh? ¿No quieres que lo diga? —se llevó un dedo al mentón—. Pero si es muy obvio.
Luego me miró directamente.
—Dice que le gustas —soltó sin piedad—. Y que, por favor… seas su novio.
Silencio.
El mundo se quedó en pausa por unos segundos.
Milin quedó con la boca abierta, como si su alma hubiera abandonado su cuerpo en ese instante.
—… —yo parpadeé una vez—.
—… —Milin parpadeó dos.
—Ups —dijo Merlin, fingiendo sorpresa—. Supongo que me equivoqué de momento. Hermana… creo que voy a—
—¡CÁLLATE! —gritó Milin, completamente avergonzada.
Tosí levemente.
—Ejem… perdón por interrumpir su problema de hermanas —dije, levantando una mano—. Pero antes de que esto se vuelva más incómodo de lo que ya es… díganme el verdadero motivo.
Ambas me miraron.
—Puedo aceptar ser su amigo —continué con calma—, pero necesito que me expliquen qué está pasando en realidad.
Merlin sonrió, esta vez sin burla.
—Interesante… —murmuró—. Definitivamente no eres nada aburrido, Carlos Tanaka Sánchez.
—¿A poco soy aburrido? No vería eso desde la era de los idiotas.
Una carcajada escapó de Merlin.
—Eres alguien gracioso.
Luego su expresión cambió, volviéndose más seria.
—Pero en fin, iré directo al grano. Somos de tu misma clase, solo que nos inscribimos ayer por la mañana. Sabes, mi padre ha pasado por muchas cosas y por eso nos han señalado a nosotras.
—Yo… no sabía que tenían una mala reputación…
—No es así como piensas, Carlos —dijo Merlin—. Todo empezó cuando él te atacó sin ningún motivo y quedamos ridículamente humilladas frente a todos. Desde entonces nos discriminan. La estamos pasando mal… mi hermana ha tenido problemas y traumas desde que llegó ayer.
Milin bajó la mirada. Sus manos temblaban.
—Sin decir nada… hay algo que tengo que decirte sobre ayer…
—Por favor, hermana, no sigas —susurró Milin. Las lágrimas comenzaron a caer sin control—. No quiero…
Merlin apretó los puños.
—Lo siento mucho, Milin, pero él tiene que saberlo. No puedo verte así.
Mi corazón se hundió.
—¿Saber qué…?
Merlin respiró hondo.
—Ayer… tu hermano Dani la lastimó.
Sentí un golpe seco en el pecho.
—Cuando llegamos a la academia se burlaban de nosotras por lo que hizo mi padre. Dijeron cosas horribles sobre Milin. Ella me lo contó porque la encontré llorando en el pasillo. Yo no entendía qué pasaba… hasta que lo vi.
Milin negó con la cabeza.
—Por favor, hermana, no…
—Muéstrale lo que te hizo —insistió Merlin—. No puedes quedarte callada. No hiciste nada malo.
—¿Cómo diablos quieres que lo diga? —respondió Milin con la voz rota—. Nadie nos cree. Solo somos un circo, la burla de todos.
Me quedé en shock. Sentí la sangre hervir.
—Milin… por favor, déjame ver.
—N-no… no quiero que lo veas…
Di un paso al frente, con la voz más suave que pude.
—Lo siento, pero no puedo permitir que pasen por algo así. Nada de esto es culpa de ustedes. Todos cometemos errores… y a veces esos errores se arreglan cambiando la forma en que los demás nos miran.
Extendí mi mano.
—Confía en mí. No soy como mi odioso hermano. Mis otros dos hermanos tampoco son así. Confía en mí… por favor.
Milin dudó. Tomó mi mano por unos segundos. El silencio fue pesado… doloroso.
Entonces la soltó lentamente y levantó las mangas.
Ahí estaban.
Moretones oscuros marcando ambos brazos.
Sentí que algo se rompía dentro de mí.
Bajé la mirada, apretando los puños con rabia y frustración.
—…Soy un idiota —murmuré—. ¿Cómo no me di cuenta ayer…?
El silencio que siguió fue aún más cruel que cualquier palabra.—¿Por qué no le dijeron nada a Natsuki o a Karen o a mi hermano Abram? —pregunté con la voz tensa—. Explíquenme por qué no lo hicieron.
Milin negó con la cabeza, temblando.
—No los vimos, Carlos… no los vi. Estaba desesperada, buscando ayuda, buscando a alguien que nos ayudara… pero no los encontré.
Sus piernas fallaron y cayó al suelo. Milin rompió a llorar sin poder contenerse.
Merlin se acercó a mí, con el rostro endurecido.
—Tu hermano mayor debe pagar las consecuencias, Carlos. Ayer tuve un enfrentamiento con él, pero…
Apretó los dientes.
—No pude hacer nada por las normas del instituto. Fui tan estúpida… solo hice que la situación empeorara.
La miré fijamente.
—Dime algo, Merlin. ¿Él puso una mano encima de ti?
—No… pero estuvo a punto de hacerlo.
Respiré hondo.
—Está bien. Denme un momento, las dos. Iré a buscarlo ahora mismo.
Milin levantó la mirada cuando me vio acercarme. Con cuidado le sequé las lágrimas con el pulgar.
—No tienes por qué llorar —le dije con una sonrisa honesta—. Sé cómo te sientes… y esto es algo que ya no voy a tolerar más.
Activé Voltstrike. La electricidad recorrió mi cuerpo mientras buscaba su presencia, cada rincón de la academia, cada sombra.
Hasta que lo encontré.
Lo sujeté del cuello de su ropa y, usando la empuñadura de mi espada, lo arrastré hasta donde estaban las chicas.
—Oye, imbécil de mierda, ¿acaso no sabes quién soy? ¿A quién se le ocurre ha—
Se quedó en silencio.
Su rostro palideció al verme. El miedo se filtró en su expresión.
—Oh, hermano menor… cómo est—
—Cierra tu estúpida boca —gruñí—. Pedazo de imbécil. ¿Cómo alguien como tú puede poner una mano encima de una chica? ¿Acaso nuestros padres no te enseñaron a respetar a los demás?
Una sonrisa retorcida se dibujó en su rostro.
—Vaya, vaya… no pensé que mi hermanito sería tan defensor de estas dos. Así que vinieron con el chisme, ¿eh? Lo que les hice fue solo una advertencia. Ahora tendré que hacerte sufrir de nuevo, ahora que—
No lo dejé terminar.
Le di un golpe brutal.
Su cuerpo salió disparado, atravesando el muro con un estruendo seco. Escupió sangre al caer.
Una risa desagradable escapó de su boca.
—¿Crees que eso es todo, hermano? ¿Sabes en el problema en el que te estás metiendo? Y ustedes dos, mujeres estúpidas, deberían estar fuera de la academia, tal como se los advertí. No pensé que fueran con el chisme a contarle todo a mi inútil hermano.
Sentí cómo algo oscuro se levantaba dentro de mí.
—¿Quién te dio derecho a hablar?
Mi voz salió baja, siniestra. Mi mirada se volvió aterradora.
Caminé lentamente… y aparecí detrás de él en un parpadeo.
—¿Qué ganas haciendo esto, Dani? —susurré—. ¿Por qué tratas así a las personas? ¿Acaso no sabes lo que es respetar a los demás?
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com