The strongest warrior of humanity - Capítulo 155
- Inicio
- Todas las novelas
- The strongest warrior of humanity
- Capítulo 155 - Capítulo 155: capitulo 155 un dios caído está aquí para matarme
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 155: capitulo 155 un dios caído está aquí para matarme
Todo lo que estaba pasando no podía ser posible.
¿Cómo es que nunca me di cuenta de lo que realmente ocurría?
Solo podía mirarlo a él.
Esto ya había ido demasiado lejos.
Habían cruzado una línea que jamás debieron cruzar.
Al verlo hecho, se iban a arrepentir.
Desaparecí de golpe intentando hacerlo caer, pero cada vez que lo hacía solo le estaba dando ventaja.
Mi respiración era irregular.
Estaba desesperado.
Quería saber la verdad.
¿Por qué le hicieron esto a Dani?
¿Por qué a él?
¿Por qué tenía que ser él?
No dije nada.
Me quedé en silencio.
Mi corazón dolía como si estuviera siendo aplastado.
Solo tuve una opción.
Arrancármelo.
Cuando lo hice, Milin quedó horrorizada.
Sus ojos se abrieron por completo, su cuerpo tembló al ver lo que acababa de hacer.
—Carlos… —susurró con la voz rota.
No la escuché.
Desaparecí como un destello, asestando múltiples ataques con mi guadaña.
El también comenzó a atacar y bloquear cada uno de mis golpes.
El choque de nuestras armas retumbaba como truenos.
Yo apenas lograba esquivar, moviéndome al límite, forzando mi cuerpo más allá de lo posible.
Todo en mi mente se volvió oscuro.
El mundo perdió color.
Entonces levanté la mano.
—Llamas del infierno…
Una presión aplastante cayó sobre el lugar.
El cielo se iluminó de rojo.
Una enorme esfera ardiente se formó sobre nosotros, como si el mismo sol hubiera descendido.
El calor era insoportable.
El aire se quemaba.
La piel ardía solo por estar cerca.
Milin gritó, cubriéndose el rostro.
—Detente… por favor…
No podía.
La esfera descendió lentamente, iluminándolo todo con un resplandor infernal.
—Esto es por Dani… —murmuré, con la voz quebrada.
La lancé contra él.
El impacto sacudió la academia.
El suelo se resquebrajó.
Las paredes comenzaron a colapsar mientras el fuego devoraba todo a su paso.
Pero incluso en medio de ese infierno…
Una risa se escuchó.
Baja.
Cruel.
Inhumana.
—¿Eso es todo… Carlos? —resonó su voz entre las llamas—. ¿Eso es lo mejor que puedes hacer?
Mi sangre se heló.
Entre el fuego, su silueta seguía de pie.—¿Esto es lo que llamas fuego? —dijo con desprecio—. Yo te voy a enseñar cómo se hace uno… con más dolor.
Repitió lo que yo había hecho hace un momento.
Pero su fuego era distinto.
Era enorme.
Tan vasto que cubrió toda la academia.
Las llamas se elevaron hasta el cielo, devorándolo todo.
Él flotó en el aire, dominándolo como si fuera parte de su cuerpo.
Por segunda vez, todas las personas dentro de la academia presenciaron el verdadero terror.
Entonces lo entendí.
Había cometido un grave error.
Había gente mirando.
No había nadie más en la academia excepto Lucía, Mío, Shiro, mi hermana…
pero sobre todo…
esas dos chicas.
—Bueno —dijo con una calma enfermiza—, ya es hora de que veas lo que significa destruir un mundo entero.
Levantó ambas manos.
—Energía solar… poder del dios del sol glaciado divino…
El ataque fue lanzado.
Fue demasiado rápido.
La energía descendía directo hacia todos los que estaban ahí.
No tenía opción.
—Dios del rayo…
Liberé todo mi poder.
—Barrera rango nueve.
Una muralla eléctrica cubrió toda la escuela.
La protegí por completo.
Protegí a Milin.
Pero yo quedé afuera.
Solo.
Como aquella vez contra Ling.
El ataque mágico de Daniel me impactó de lleno.
No me defendí.
Dejé que me quemara.
Las llamas atravesaron mi cuerpo, mi piel se carbonizaba, el dolor era insoportable.
Grité por dentro, pero no me detuve.
Apreté la guadaña.
Cambió de forma.
Se convirtió en una lanza.
La giré con todas mis fuerzas.
—Dragón Celeste de los Mil Dioses…
La lancé directo contra su esfera.
El choque fue devastador.
Una onda destructiva estalló, arrasando con todo a su alrededor.
La explosión sacudió la academia como un terremoto.
El profesor William y los demás estudiantes lo escucharon.
Una explosión imposible.
Cuando miraron al cielo, vieron a dos figuras flotando en el aire, luchando sin contenerse.
Sin límites.
Carlos había detenido el ataque.
Pero el precio fue brutal.
La explosión lo envolvió por completo.
Cuando el humo se disipó, su cuerpo estaba destrozado.
Sangraba sin parar.
Había perdido un ojo.
Había perdido un brazo.
Apenas se mantenía consciente.
Y en ese instante, Carlos lo entendió.
Estaba luchando contra alguien
contra quien no tenía ninguna posibilidad de ganar.
Un dios de la guerra.La risa retorcida se dibujó en su rostro.
Era una risa amarga, llena de desprecio.
—¿Ves? Te lo dije —escupió—. ¿De verdad creíste que alguien como tú podría hacerme frente? Estoy hablando de un dios de la guerra. En serio… ¿estás bien de la cabeza?
Tenía razón.
Pero aun así…
como siempre digo…
y como siempre repetiré…
No bajé la mirada.
Mis ojos estaban vacíos, sin emoción alguna.
Apreté la lanza con la única mano que me quedaba.
Había perdido un brazo.
Había perdido un ojo.
Pero eso no importaba.
Lo único que podía hacer ahora era ganar tiempo.
Me moví.
Desaparecí en un destello.
Aparecí justo frente a él y ataqué con la lanza, descargando todo lo que me quedaba.
Él ni siquiera parpadeó.
Con un solo dedo detuvo cada uno de mis ataques.
El impacto fue humillante.
Retrocedí de inmediato.
Mi mente trabajaba desesperada.
Segundos.
Solo necesitaba unos segundos más.
No podía dejar que este monstruo escapara.
Si no lo eliminaba aquí, ellos tendrían la ventaja.
Tenía que aguantar.
Tenía que esperar a Shiro.
—¿En qué estás pensando? —su voz resonó sobre mí.
Ya estaba arriba.
Ni siquiera lo vi venir.
Una sonrisa siniestra se dibujó en su rostro.
—Será mejor que mueras ahora.
Su espada se movió.
Ataques rápidos.
Demasiado rápidos.
Cada golpe me destrozaba el cuerpo.
Sentí cómo mi cuerpo salía disparado contra el suelo.
El impacto fue brutal.
El temblor sacudió todo a nuestro alrededor.
El suelo se quebró bajo mi cuerpo.
Antes de que pudiera moverme, él ya estaba encima de mí.
Descendió de golpe y puso su pie sobre mi estómago.
El dolor fue indescriptible.
Sentí cómo algo se rompía dentro de mí.
—¡Aaaaah…!
Grité.
No pude contenerlo.
El aire escapó de mis pulmones, mi visión se nubló, la sangre brotó de mi boca.
El peso de un dios de la guerra me aplastaba.
Y en ese momento lo supe…
Si nadie llegaba pronto,
este sería mi final.Estaba perdiendo el conocimiento.
Las voces se volvían lejanas, distorsionadas.
Ya no podía escuchar lo que decía.
¿De verdad… iba a morir aquí?
¿Morir a manos de un dios de la guerra?
Mi cuerpo no respondía.
Entonces una voz resonó dentro de mí.
—Si sigues así, lo perderás todo.
Mi corazón se estremeció.
—¿De qué sirve que te esfuerces tanto… si no usas tu verdadero poder? No tienes otra opción. Usa tu poder nocturno.
Esa voz…
La conocía.
—Kai…
Él ya me lo había dicho antes.
Si no regresaba a lo que era…
seguiría siendo débil.
Pero llegó un punto en el que ya no pude resistir más.
Mi mente estaba al límite.
—Eime… —susurré su nombre sin fuerzas.
Y justo cuando él levantó su espada para dar el golpe final…
Una silueta apareció frente a él.
El impacto lo obligó a retroceder varios metros.
Por un segundo pensé que era Shiro.
Pero no.
Quien estaba ahí…
era Eime.
—Vaya… si no me hubiera dado cuenta a tiempo, usted ya estaría muerto, ¿verdad, jefecito? —dijo con una sonrisa peligrosa—. Oiga, no se me duerma todavía, aún tiene que casarse conmigo.
Me dio un golpe directo en el estómago.
—¡Agh…!
El dolor se multiplicó.
—¡Oye, idiota! ¿Por qué hiciste eso? ¿Acaso quieres matarme, eh?
—Ay, no se enoje —respondió con total calma—. Además, ya es hora de que use su regeneración. Hace tiempo que no la usa, ¿no cree? Ya no puede seguir ocultándolo, Carlos.
Tenía razón.
—…Solo por esta vez.
Activé mi regeneración.
En menos de un segundo, mi cuerpo se reconstruyó por completo.
La carne sanó.
Los huesos volvieron a su lugar.
La sangre dejó de brotar.
Daniel me miró con asco.
—¿Qué diablos…? Se regeneró en un segundo… eso es imposible.
—Para nada es imposible, Daniel.
Mi voz cambió.
Se volvió distante.
Fría.
Autoritaria.
En ese instante, mis ojos cambiaron de color.
Me levanté de golpe.
Llamé a mi arma.
La espada respondió al instante, cambiando a su forma original.
La espada sangrienta.
—Eime… —dije sin apartar la mirada de él—. ¿Estás lista para luchar a mi lado?
—Obvio que sí, mi amado Carlos.
—¡Oye! ¡Deja de decir eso, loca! ¿Acaso quieres que Natsuki me mate?
Ella soltó una risa divertida.
—Vamos, no seas tan miedoso —dijo Eime con una sonrisa descarada—. Además, si ella se entera… yo podría decirle lo—
—Me estás agotando la paciencia, Eime. En verdad eres muy entrometida —gruñí—. Le diré eso a Emilia.
—¡Eh! ¡No es justo! A ella no la metas en esto —su expresión cambió de inmediato—. Sabes perfectamente que es capaz de hacerme temblar de miedo.
Suspiré con fastidio.
—Como sea… primero tenemos que hacer que ese tipo se aleje de aquí. Ya te lo dije, no podemos revelar nuestra identidad. Pero si su vida corre peligro… no hay remedio más que ayudarlo.
Eime asintió, esta vez seria.
—Bien, entonces a mi señal nos movemos.
Nuestras miradas se cruzaron.
Luego, las tres se dirigieron hacia él.
Era como si dos presas se observaran entre sí… pero esta vez, el depredador no estaba del todo claro.
Yo solo me estaba haciendo el dramático…
aunque, siendo honesto, sí, realmente podía morir.
Activé mi poder nocturno.
El aire cambió al instante.
Una presión oscura se expandió a nuestro alrededor, pesada, sofocante, como si la noche misma descendiera sobre la academia.
Solo tenía un objetivo.
—Acabar con él de una vez.
Si un dios caído estaba aquí… no quería ni imaginar qué otra sorpresa podría aparecer después.
Milin dio un paso al frente.
Su expresión ya no era de miedo, sino de determinación.
Se preparó para apoyarnos.
—¿Qué… qué está haciendo? —murmuré.
Eime y yo la miramos al mismo tiempo.
—Oye… —dijo Eime en voz baja—. ¿Desde cuándo ella tiene esa mirada?
La energía alrededor de Milin comenzó a agitarse.
El viento respondió a su llamado.
Yo y Eime nos quedamos en silencio, con una sola pregunta en mente.
—¿Qué demonios… está haciendo ella…?
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com