The strongest warrior of humanity - Capítulo 156
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Capítulo 156: capitulo 156 parte dos ustedes no son rivales para mí
—No puedo dejar que ustedes peleen contra él… —susurró Milin, apretando los puños—. Yo también los ayudaré.
Suspiré.
—Oye, Carlos —dijo Eime inclinando la cabeza—, dime algo… ¿de dónde sacaste a esta niña?
—Es una larga historia —respondí sin apartar la mirada del frente—. Pero como sea, si ella va a ayudar, mejor traigo a Miguel. De seguro ha estado esforzándose mucho para—
Me detuve en seco.
—¿Sabes qué? No. Mejor no llamo a nadie.
Eime me miró de reojo.
—¿Eh?
—Nosotros dos podemos con esto —continué—. Y tú… niña —miré a Milin con seriedad—, no hagas nada. Quédate mirando y aprende cómo se sobrevive a una situación así, si no quieres que ese dios de ahí te mate.
Milin apretó los dientes, claramente molesta, pero no dijo nada.
—Tch… qué cruel eres, jefecito —murmuró Eime—. Luego no te quejes si te odia.
—Prefiero que me odie a que muera.
El ambiente volvió a tensarse.
Entonces Eime habló con un tono distinto, más serio de lo habitual.
—Hay algo que quiero hablar contigo… y es sobre ese tal Daniel.
Mis ojos se afilaron.
—Por lo que sabemos —continuó—, él cayó del cielo. Un dios expulsado. Pero entonces… ¿cómo es que conoció a Lucifer?
—Eso… —respondí en voz baja— es algo que tampoco sabemos.
Eime cruzó los brazos.
—Pero lo que sí sabemos es esto —dijo, mirando directamente al enemigo—: si dejamos vivo a ese tipo… las cosas se van a poner feas. Muy feas.
El dios de la guerra nos observaba en silencio.
Sonreía.
Como si estuviera disfrutando cada segundo.
—¿Ya terminaron su charla? —dijo con voz burlona—. Porque mientras hablan… yo solo pienso en cuántos gritos voy a escuchar hoy.
Activé aún más mi poder nocturno.
La sombra se retorció a mi alrededor.
—Eime —dije sin mirarla—, olvídate de las bromas.
—Oh, ¿tan serio? —respondió, desenvainando—. Está bien… modo matar-dios activado.
Milin dio un paso atrás, tragando saliva.
El viento rugió.
El suelo vibró.
Y en ese instante supe algo con total claridad.
—Si Daniel sigue con vida después de esto…
—la guerra no terminará aquí.
Y esta vez…
—No pienso perder.
—Si pierdo bueno no pasa nada —murmuré— ni modo que fuera Gojo. Ese ni duró un solo golpe contra Lucifer y eso que estaba usando mi cuerpo… pero ni idea.
Suspiré con fastidio.
—Y sigo pensando por qué siempre me ocurren desgracias. Hace un día tuve que detener a Ling y al otro bastardo y ahora esto. ¿Qué sigue después? ¿Que lleguen todos a la vez?
—Vamos vamos —dijo Eime— no seas tan tonto además—
De pronto se detuvo y frunció el ceño.
—Oye ¿por qué me quedas viendo feo niña rosadita? —añadió— ¿acaso quieres pelear aquí conmigo?
Milin infló las mejillas haciendo un puchero.
—No es justo que ustedes dos no me den la oportunidad de hacer algo —dijo— yo solo quiero ayudar.
Bajó la mirada apretando los puños.
—No por mi padre… sino porque ya no quiero volver a vivir el acoso que tuve que pasar ayer.
El ambiente cambió por completo.
Eime la miró en silencio unos segundos y luego suspiró.
—Oh… la verdad lo siento —dijo con una expresión distinta, más suave— no pensé que estuvieras pasando por algo así.
Milin levantó la mirada sorprendida.—Pero si estás tan segura de serle útil —dije finalmente— entonces te entrego esto.
Le extendí el arma.
Milin abrió los ojos con sorpresa.
—¿Qué tipo de espada es esta? —preguntó— Es larga, está muy afilada… pero tiene toques distintos. Oye, tengo una duda… ¿qué son estos círculos mágicos?
Suspiré con pesadez.
—Son varios tipos de habilidades selladas dentro de la espada. Cada vez que la uses, se volverá parte de ti.
Guardé silencio un segundo antes de continuar.
—Pero hay una consecuencia. Si dejas que la espada encuentre un punto débil en ti como dolor o culpa, es capaz de devorarte por completo. No solo eso… también puede fragmentar tus recuerdos. Por eso la tengo sellada. Una vez que la portes, no sé cómo reaccionará.
Carlos quedó en blanco al ver la espada. No creyó que aquello fuera solo un problema. Al contrario, era una prueba. No solo para Milin, sino también para el arma. Todo dependería de si ambos podían llevarse bien.
Iba a decir algo más, pero fui interrumpido.
Daniel apareció de golpe.
Logré reaccionar a tiempo y esquivarlo.
Él me miró con ojos llenos de fastidio y odio.
—No me gusta que me ignoren —gritó— ¿sabes que ustedes van a morir verdad? Por eso están tan juntitos. ¿En verdad crees que—
No terminó la frase.
Eime ya no estaba a mi lado.
Una sonrisa siniestra se cruzó en mi rostro.
Ella apareció detrás de Daniel y clavó su espada en el costado de su cuello.
—Será mejor que cierres tu maldita y sucia boca, dios de la guerra —susurró con frialdad.
Se inclinó un poco hacia él.
—Ahora que lo pienso, hay más como tú. Pero ¿sabes algo? No le llegas ni a los talones a Mikoto.
—¿Cómo es que tú sabes sobre ella —dije con frialdad— ¿Acaso la conoces
No es por presumir pero yo la conozco mejor que nadie y alguien como tú cree que puede decir algo así
Daniel soltó una risa cargada de desprecio.
—Tengo algo de dignidad por favor —respondió Eime con voz firme— solo das pena. Dices que nos matarás pero si en verdad pudieras hacerlo por qué no lo haces de una vez
Para hacerte sincera eres alguien peligroso y ahora entiendo por qué te echaron del reino de los dioses. Ese lugar no es digno de ti, bastardo
Aprovechó el instante y atacó.
Pero Daniel desapareció por arte de magia.
Lo noté de inmediato, pero fue tarde para reaccionar por completo. Di un salto hacia atrás justo cuando él reapareció atacando y volvió a desaparecer al instante.
Era rápido. Demasiado.
Una ráfaga resonó por todo el lugar.
La espada de Eime había creado una barrera sólida capaz de proteger cualquier cosa. La presión era brutal. Dos seres con poder destructivo chocaban sin contención. Un dios de la guerra contra una guardiana de la longitud.
El aire temblaba.
—Esto no tiene fin —murmuré entre dientes
Milin aprovechó el momento.
Usó la espada.
Tras el choque de armas, una violenta ráfaga de viento explotó a su alrededor envolviendo a ambos combatientes. La presión fue demasiado fuerte.
Milin salió despedida por los aires tras recibir una pasada directa.
Perdió el equilibrio.
En el último segundo clavó la espada en el suelo para no estrellarse contra la barrera que yo había creado. El suelo se abrió bajo sus pies mientras su cuerpo temblaba por el impacto.
Levantó la mirada con dificultad, respirando con esfuerzo, pero sin soltar el arma.
Seguía de pie.Por otro lado de la academia, Lucía, Miguel y Shiro sintieron una presión horrible.
El aire se volvió pesado. Difícil de respirar.
—¿Qué mierda… otra vez —dijo Miguel— la academia está en peligro
Su tono sonó asustado, pero trataba de mantenerse tranquilo.
Lucía frunció el ceño y levantó ligeramente la ceja.
—Es verdad… pero esto no es alguien común —dijo con seriedad— es poder divino. Y no solo eso… es un poder monstruoso y siniestro
Shiro no dijo nada.
Se quedó en silencio, con la mirada baja, pero sus manos temblaban ligeramente. Esa presión… la conocía. Era demasiado familiar.
Antes de que pudiera reaccionar, una voz los interrumpió.
—Llegué a tiempo…
Merlin apareció frente a ellos, respirando con dificultad, visiblemente alterada.
—Oigan —dijo sin rodeos— ¿saben dónde se encuentra Shiro
Lucía la miró de inmediato y señaló hacia adelante.
—Ahí está Shiro —respondió— pero dime… ¿para qué la necesitas
Merlin apretó los dientes.
—Se trata de Carlos —dijo con voz quebrada— él… él está en peligro
El mundo pareció detenerse.
Las palabras cayeron como un golpe directo al pecho.
Shiro levantó la mirada de inmediato, sus ojos se abrieron por completo.
—¿Qué… —susurró
Sin decir nada más, Shiro salió corriendo a toda velocidad.
—¡Espera —gritó Miguel
Miguel y Lucía fueron tras ella sin dudarlo ni un segundo.
Merlin también corrió, pero en mitad del trayecto se detuvo.
—No… no llegaré a tiempo así —murmuró
Recordó entonces el objeto que Carlos le había dado antes.
Un portal.
Lo activó sin pensarlo.
El espacio se distorsionó frente a ella y, sin perder un segundo más, se lanzó dentro.
Tenía que llegar.
Tenía que hacerlo.
Carlos aún no podía morir.Eime y Milin se miraron por un segundo.No hicieron falta palabras.Ambas desaparecieron al mismo tiempo.
Una atacó por la derecha.
La otra por la izquierda.
El centro quedó completamente libre.
—Ahora —murmuré
Aproveché la apertura y liberé Dios del Rayo. Mi espada sangrienta respondió al instante. Su color cambió, tornándose verde esmeralda con partículas azuladas, vibrando como si hubiera despertado de un largo sueño.
El poder respondió a mi llamado.
Ataqué con toda mi fuerza, asestando el golpe con intención de atravesarlo.
Pero…
Él no dio ni un solo paso atrás.
Con un solo movimiento de su espada bloqueó todos nuestros ataques al mismo tiempo.
—Vaya, vaya… —dijo con una sonrisa cargada de desprecio— no creí que ustedes estuvieran preparando algo así
Su mirada recorrió a Eime, luego a Milin… y finalmente a mí.
—Debo admitir que son algo listos —continuó— pero aun así… no están a mi altura
Eime apretó los dientes.
Su aura cambió por completo.
—Cierra la maldita boca…
Una fuerza brutal explotó desde su cuerpo.
No fue magia común.
Era pura destrucción descontrolada.
La energía nos envolvió a todos en cuestión de segundos y luego…
BOOM
Una explosión masiva, casi atómica, sacudió el lugar. El suelo se resquebrajó, el aire se distorsionó y una onda expansiva arrasó con todo a su paso.
—¡Mierda…! —alcancé a decir
Milin y yo salimos disparados por la fuerza del impacto.
Mi cuerpo golpeó el suelo con violencia, rodé varias veces hasta clavar mi espada para detenerme. Sentí el sabor de la sangre en la boca.
—¿Estás bien…? —gritó Milin desde la distancia, tratando de ponerse de pie
—Sigo vivo… por ahora —respondí con dificultad
El polvo comenzó a disiparse lentamente.
En el centro del caos, una silueta seguía de pie.
Intacta.
Su risa resonó entre los escombros.
—Esto empieza a ponerse interesante —dijo el dios de la guerra— pero aún no han visto nada
Levanté la mirada, con el cuerpo destrozado pero la determinación intacta.
—Entonces… —murmuré mientras me incorporaba— tendremos que obligarte a mostrarlo
Mis ojos brillaron con un tono azul oscuro.
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