The strongest warrior of humanity - Capítulo 158
- Inicio
- Todas las novelas
- The strongest warrior of humanity
- Capítulo 158 - Capítulo 158: capitulo 158 El demonio nocturno está de regreso
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 158: capitulo 158 El demonio nocturno está de regreso
Al parecer Eime lo estaba destrozando… pero algo no encajaba.
Había una presión invisible, una incomodidad que no venía del combate, sino de algo más profundo. Algo mal.
Entré en mis pensamientos mientras Milin me observaba. Ella parecía confundida al verme tan tranquilo después de haberle dejado esto a Eime.
Pero la calma no era confianza… era cálculo.
Ya era hora de moverme.
Dejé caer una pequeña parte de mi maná. Apenas un fragmento, lo suficiente para no llamar la atención de ese monstruo.
Mi mente trabajaba a toda velocidad.
¿Qué hechizo usar?
Algo efectivo.
Algo destructivo.
Algo que pudiera afectar a un dios.
Entonces lo pensé.
Devorador de Sombras… con púas negras.
Milin me observaba en silencio mientras yo me concentraba. El aire a nuestro alrededor comenzó a volverse pesado, como si las sombras mismas estuvieran reaccionando a mi intención. No solo estaba mejorando mis habilidades… estaba forzando mis límites.
No pensaba solo en destruir.
Necesitaba algo que corrompiera su poder divino, algo que fuera más allá de cualquier regla humana.
Después de todo…
yo no era un héroe.
Solo era un sobreviviente de un clan muerto.
Respiré hondo y hablé sin apartar la vista del campo de batalla.
—Milin… hay algo que debes saber.
Ella levantó la mirada de inmediato.
—Cuando todo esto acabe, tú y tu hermana se irán con cierta persona. Más adelante te daré los detalles.
Hubo un silencio breve, tenso.
—Por ahora dime algo —continué—. ¿Cuál es tu especialidad?
Milin dudó un instante antes de responder.
—Puedo usar sanación… y magia de destrucción —dijo en voz baja—. Pero como acabas de ver, no soy muy buena con la espada que me dio tu compañera Eime…
Apretó los dedos con nerviosismo.
—Pero… podría mejorar. Si tú quieres.
—Y si logro hacerlo… ¿me ayudarías a controlar esta espada?
Su voz tembló.
—Me está consumiendo el maná. Intento sanarme con mi magia, pero es imposible, Carlos… —levantó la mirada, asustada—. Me está absorbiendo todo.
Las sombras a mi alrededor reaccionaron a sus palabras, agitándose lentamente.
La miré con seriedad, pero sin dureza.
—Escúchame bien, Milin —dije con voz firme—. Esa espada no te está rechazando… te está probando.
Di un paso hacia ella.
—Sanación y destrucción no son opuestas. Son la misma decisión vista desde dos lados distintos. Tú no fallas con la espada porque seas débil… fallas porque aún dudas de ti misma.
El maná oscuro comenzó a condensarse a mis pies.
—Sí —continué—. Si sobrevives a esto, te ayudaré a controlarla. Pero primero debes resistir. No la enfrentes con miedo. Aférrate a una sola cosa proteger.
Le di la espalda y fijé la mirada al frente.
—Ahora concéntrate. Yo abriré el camino.
Las sombras se elevaron lentamente, formando púas negras que pulsaban como si tuvieran vida propia.
—Prepárate, Milin…
—Esto apenas comienza.
—Y eso… es algo que te voy a enseñar —dije con voz firme—. Cierra los ojos. Solo concéntrate. Yo me iré adelantando.
Milin dudó apenas un segundo, pero obedeció. Cerró los ojos y respiró hondo, aferrándose a mis palabras como a un salvavidas.
Activé Voltstrike.
Ya lo tenía todo listo. Todo calculado.
Desaparecí.
Mi cuerpo se teletransportó a una velocidad absurda, atravesando el campo de batalla en un instante. El mundo se volvió un destello azul violáceo hasta que aparecí frente a él.
Aún estaba cubierto de heridas mortales.
El humo lo envolvía por completo, espeso, denso, como si el propio aire intentara ocultarlo.
Entonces… lo vi.
Una silueta.
—Así que sigues con vida… —murmuré.
La silueta se movió. Su cuerpo estaba regenerándose. Carne, hueso y energía divina reconstruyéndose a una velocidad antinatural.
No le di tiempo.
Alcé la mano y mi sombra se deformó.
—Púas de sombras… de la Oscuridad Astral.
Las sombras surgieron desde debajo de mi propia sombra, retorciéndose como bestias hambrientas. Decenas de púas negras emergieron del suelo, atravesando el espacio mismo, y estallaron frente a él.
La ráfaga de viento que siguió fue brutal.
Destructiva.
El impacto descontroló el maná del entorno, creando una explosión masiva que se expandió sin freno. El suelo se resquebrajó, el aire vibró como si estuviera a punto de romperse, y la explosión siguió creciendo… más y más.
Por un instante, todo fue luz, oscuridad y caos.
Y mientras observaba cómo la explosión devoraba el lugar, solo pensé una cosa
Esto no es solo para detenerte…
Esto es para que entiendas que ya no tienes el control.
Las sombras seguían expandiéndose, hambrientas, reclamando su presa.Pero entonces ocurrió algo extraño.
Los ataques de Carlos no se detenían, las sombras seguían avanzando sin piedad…
y aun así, algo no estaba bien.
Desde el interior del humo, unos ojos brillantes y penetrantes se abrieron paso. No eran humanos. No eran divinos. Eran algo peor.
Una risa resonó.
Despreciativa. Arrogante.
Daniel desapareció.
Y en el siguiente instante…
Apareció justo detrás de Carlos.
Con un solo movimiento, una presión aplastante se sintió en el aire.
—¡Carlos! —gritó Eime desde lejos.
Pero él no la escuchó.
La espada lo atravesó en la parte superior del pecho.
La sangre brotó de su boca mientras su cuerpo se arqueaba por el impacto. Una luz dorada estalló desde la espada de Daniel, provocando una explosión tan devastadora que el caos arrasó todo a su alrededor.
El terreno fue pulverizado.
El aire se rompió.
La destrucción lo consumió todo.
Carlos salió disparado, su cuerpo atravesando los restos del campo de batalla. Aun así, las púas de sombras no se detuvieron. Seguían persiguiendo a Daniel sin descanso, pero él las bloqueaba una tras otra.
—Este niño… es peligroso —pensó Daniel, apretando los dientes—. ¿Cómo puede crear algo así…? Si lo mato, esto jamás se detendrá. Maldición… niño astuto.
Eime observó cómo Carlos había sido atravesado.
Su rostro se horrorizó.
Una ira absoluta despertó dentro de ella.
Emperor lo sintió.
Sin esperar órdenes, el coloso se movió por voluntad propia. Sujetó a Daniel de la cabeza y lo estrelló violentamente contra el suelo, una y otra vez. El impacto provocó una destrucción masiva, arrancándole partes del cuerpo… pero Daniel se regeneraba.
Cada vez más rápido.
—¡Basta! —rugió Eime.
Alzó su espada.
Decenas de ataques aparecieron de golpe, cayendo sobre Daniel como una lluvia de muerte. Su mirada era fría, siniestra, completamente decidida a borrarlo de la existencia.
Una gran onda destructiva estalló y lo envolvió por completo.
Durante un instante… silencio.
Y entonces…
Desde el fondo del humo, una sonrisa retorcida apareció.
—Esto… no puede ser… —susurró Eime—. ¿Cómo es posible que alguien salga ileso de mis ataques…?
Daniel emergió lentamente entre los escombros.
—¿Ya te quedó claro? —dijo con burla—. Lo repetiré las veces que haga falta—
No terminó la frase.
Desde lo más profundo de los escombros, una presencia se alzó.
El aire se volvió pesado.
El mundo tembló.
Una luz oscura emergió desde abajo, como si algo destinado a destruir toda lógica de la humanidad estuviera despertando.
—¿Cómo demonios sigues vivo, Carlos? —gritó Daniel, lleno de odio y frustración—. ¡Ese ataque podría destruir un universo entero! ¡Y aun así…!
Una sombra se levantó entre los restos.
Un aura violenta sacudió todo el lugar.
Cuando Carlos emergió, sus ojos ya no eran los mismos.
Daniel los reconoció al instante.
El miedo se apoderó de él.
—No… —susurró—. Esa presencia…
Un Nocturno enfurecido estaba frente a él.
Y en ese momento, Daniel lo comprendió
Esta pelea ya no estaba equilibrada.
Se había convertido en algo peor.Una sentencia de muerte.La ira de Carlos ya no era humana.
Por primera vez, había mostrado un odio imponente, absoluto, uno que se reflejaba en sus ojos como el de un ser capaz de destruir un mundo entero sin vacilar.
No era rabia común.
Era una sentencia.
Su respiración lo delataba pesada, profunda, cargada de una furia contenida durante demasiado tiempo.
Ya no era el mismo de hace unos minutos.
Ese poder que se había manifestado no era voluntad, no era decisión consciente.
Era algo que había sido despertado por error…
algo que no debía despertar.
Esto no se parecía a ninguna de sus batallas anteriores.
Una mirada aterradora cruzó su rostro.
Carlos se elevó lentamente…
y luego desapareció.
Nadie lo vio venir.
En el siguiente instante, Daniel sintió un golpe directo en el abdomen.
No fue un ataque común.
La fuerza rompió las reglas de la humanidad, deformó el espacio, aplastó la realidad misma. El impacto lo lanzó como si el mundo hubiera decidido expulsarlo.
El sonido fue seco. Brutal. Final.
A kilómetros de distancia…
Kai se detuvo en seco.
Todas las personas —sin importar la raza— sintieron esa presencia.
Gigantes.
Abismales.
Humanos.
Dioses.
Seres que jamás habían sentido miedo…
Todos lo sintieron.
El Demonio Nocturno había regresado.
—E-esto es… imposible… —murmuró Sayu, con el rostro pálido, el cuerpo rígido por el terror—. ¿Acaso… el Dios Nocturno… ha vuelto?
En otro lugar, Hina sintió cómo la sangre se le helaba.
Josué apretó los puños.
No hacía falta decirlo en voz alta.
Ese poder…
esa presión…
esa sensación de ser observado por algo que no debía ser despertado…
Si aquello era realmente el Dios Nocturno…
Entonces el mundo acababa de cruzar un punto sin retorno.Hina dio un paso al frente, pero alguien la detuvo antes de que pudiera reaccionar.
—Será mejor que no vayas, Hina —dijo aquella voz con firmeza—. Si es verdad que él ha regresado… no somos capaces de enfrentarlo.
Hina apretó los dientes.
—Entonces qué hacemos…
—Solo hay una persona que podría hacerlo —respondió con seriedad—. Shirou.
El silencio cayó pesado.
—Pero por ahora debemos seguir con el viaje —continuó—. Recuerda que Melissa, Saleh, Rai, Alefa y Angélica están con nosotros. Hay que dejar que ellos hagan lo posible.
—No te preocupes —añadió con un tono más suave—. Carlos estará bien.
Hina no respondió de inmediato.
Su pecho seguía oprimido, esa sensación de miedo que no quería aceptar. Aun así, asintió lentamente.
—Confío en él… —murmuró—. Siempre lo hago.
Mientras tanto, en el mundo abismal, Sayu se había quedado completamente inmóvil.
Esa presencia…
No había duda de que algo había despertado.
—No puede ser… —susurró—. Pero si realmente es él…
El nombre no necesitaba ser pronunciado.
El Dios Nocturno.
Sayu cerró los ojos por un segundo. Sentía inseguridad, un miedo que no había experimentado en siglos, pero también una necesidad imposible de ignorar.
—Tengo que verlo con mis propios ojos.
Sin avisar a nadie más, dio un paso al frente y abrió un portal oscuro. Las sombras respondieron a su llamado, envolviéndola como un manto viviente.
—Si de verdad eres tú… —pensó—. Entonces el equilibrio de todos los mundos ya se ha roto.
Y desapareció.De vuelta en el campo de batalla, la atmósfera era irrespirable.
Daniel retrocedía, no por estrategia, sino por instinto.
Cada fibra de su ser gritaba peligro.
Frente a él, Carlos no hablaba.
No lo necesitaba.
Su aura oscura se extendía como una noche eterna, aplastando todo a su alrededor. El suelo se agrietaba bajo sus pies, el aire vibraba con una presión imposible.
Eime observaba desde la distancia, con el corazón acelerado.
—Ese no es solo Carlos… —susurró—. Pero tampoco es alguien que no conozca.
El Demonio Nocturno había despertado.
Y esta vez…
no parecía tener intención de detenerse.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com