Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

The strongest warrior of humanity - Capítulo 159

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. The strongest warrior of humanity
  4. Capítulo 159 - Capítulo 159: Capitulo 159 un pequeño recordatorio
Anterior
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 159: Capitulo 159 un pequeño recordatorio

Punto de vista de Sayu Death

Salí del portal con el corazón acelerado.

No había duda, lo que había sentido era real. Ese poder… esa presión que hacía temblar incluso a mi alma. Era el verdadero poder del dios nocturno. No había otra alternativa lógica.

Pero aun así, la duda seguía clavada en mi mente.

¿Y si no es él?

¿Y si todo esto es un error?

No existe nadie más que pueda emitir una energía tan idéntica. Nadie.

Entonces cómo puede existir alguien con esa misma presencia.

Solo hay una forma de comprobarlo.

Ir hacia esa dirección.

Di un paso al frente, pero algo me hizo detenerme.

Una presencia distinta. Antiguamente conocida. Peligrosa.

Mi respiración se volvió irregular.

—Espera un momento…

Mis ojos se abrieron con sorpresa.

—Si ese maldito sigue con vida… entonces la leyenda es cierta.

Sentí un escalofrío recorrerme por completo.

—El dios de la guerra… está vivo.

Negué lentamente con la cabeza.

—No… no puede ser posible…

Entonces lo entendí.

—Ah… espera un segundo.

Una risa nerviosa escapó de mis labios.

—Tienes que estar bromeando…

Apreté los puños con rabia.

—Lucifer… cómo te atreves a darle ese cuerpo a él.

La verdad era clara ahora.

Y si mis sospechas eran correctas…

Esta guerra ya no era solo entre mundos.

Era el inicio del regreso de las peores pesadillas de la existencia.Y esa existencia solo fue el inicio.

Porque el verdadero problema es que ellos dos están destinados a enfrentarse eternamente.

No es algo normal para mí.

Yo ya lo viví una vez.

Fue cuando conocí a Amadeus.

Sentí un nudo en el pecho al recordarla. Me encariñé demasiado contigo. No debiste convertirte en lo que eres ahora, un ser abismal. Fuiste una chica alegre, amable, con un amor tan puro hacia tu familia y tus amigos. Y el hombre que alguna vez amaste está muerto. Esa muerte… la de todos ellos… tuviste que presenciarla con tus propios ojos.

Te vi llorar.

Te vi romperte por dentro.

Te vi torturarte a ti misma por no poder encontrar paz.

Y el causante de toda esa desgracia fue Lucifer.

Fui yo quien te ayudó a iniciar la rebelión contra él.

Y salió mal.

Por mi culpa.

Por mi error tuviste que soportar torturas sin descanso. No podía permitir que te convirtieran en un juguete, que destruyeran lo poco que quedaba de ti. Por eso ahora estás bajo mi mando. Mientras sigas conmigo, nadie volverá a tocarte. Nadie volverá a hacerte daño.

Intenté sacarte de ese infierno.

Intenté darte otra oportunidad.

Quiero que vivas una vida hermosa. De verdad lo quiero.

Pero el mundo es cruel.

Con tu apariencia, todos te mirarán con horror.

No verán a la chica que fuiste.

No verán tu dolor.

Solo verán al monstruo que ellos mismos crearon.

Y eso…

Eso es lo que más me duele.Estaba pensando mientras avanzaba. Todo el lugar se sentía completamente extraño. La presencia que envolvía el ambiente era antinatural, como si se hubiera salido del propio universo, como si fuera capaz de destruir este maldito mundo con un solo ataque. Aun así debía seguir adelante y encontrarlo. No podía detenerme ahora.

A lo lejos pude distinguir a algunas personas abajo.

No logré verlos bien, pero lo que alcancé a notar fue inconfundible. Shiro. Se dirigía justo en esa dirección. Parece que ya te diste cuenta de que el dios de la guerra y el dios nocturno han regresado. No sé cómo terminarán las cosas. Espero que todo salga bien. No planeo intervenir, solo observar.

La conozco desde hace quinientos años. Y debo admitirlo, ella es mi mayor rival. La que me ha dejado las experiencias más terribles a lo largo de estos siglos. Si ella nunca perdía, mucho menos yo. Y ese es el verdadero problema. No haber podido derrotarla. Ella también es nocturna, pero aun así no se compara con otra persona.

Pero qué pasaría si esos dos se enfrentan

Esa sí sería una pregunta interesante.

Sacudí la cabeza. No podía perder el tiempo pensando en cosas tan estúpidas. Por ahora solo la seguiré. Lo extraño es que no veo a su hermano. Ni a esas personas que deberían estar con ella.

Me quedé atrapada en mis pensamientos mientras observaba a esa chica de cabello castaño rosado. Qué raro. Nunca la había visto antes. Pero al percibir su flujo de maná sentí una advertencia silenciosa, una sensación tan sutil que casi nadie podría notarla. Parece que hay gente con talentos extraordinarios. Y si ella no es la única, entonces debe haber otra hermana.

Y luego están ellos dos.

Ese chico no me llama la atención en lo absoluto. Solo ella. Y mi rival más patética. Pero entonces todo cambia.

Esa chica de cabello plateado… a ella la he visto antes. No es de Frostglen. Sus padres tienen problemas legales con el imperio. Nada sorprendente. Siempre han deseado poder y control. Aún recuerdo la última vez que vine al reino imperial.

Los humanos…

Son de lo peor.

Hacen experimentos con humanos.

Eso fue lo más horrible que he presenciado. Los gritos. Las torturas. Cómo perdían su humanidad poco a poco. Las cabezas arrancadas. Los restos esparcidos. La sangre explotando con cada experimento fallido. El dolor desgarrador recorriendo cada rincón de ese lugar.

Aún lo recuerdo.

Y sigue siendo lo más traumante que uno puede presenciar.

Nosotros y ellos somos distintos. Lucifer ha hecho cosas peores, sí. Pero los humanos… son lo contrario. Seres asquerosos, horribles, repugnantes. No valen la pena. Todos ellos merecen la muerte.

Ya no sé lo que quiero hacer.

Lo único que deseo…

Es que Amadeus pueda vivir una nueva vida en este mundo.

Solo si ella lo desea.

Solo si logra encontrar a la persona correcta.

Alguien que pueda sacarla, de una vez por todas, de este mundo infernal.Más a fondo noté algo extraño.

Ese… no es el dios nocturno.

Entonces ¿quién es?

Me quedé en silencio por unos minutos. Mi expresión se volvió más seria de lo normal. Ese chico… ¿cómo diablos es capaz de rivalizar contra un dios?

Y no solo fue eso.

En ese instante, todo a mi alrededor se detuvo. El aire se congeló. Una risa clara y perturbadora resonó en el lugar.

—Qué raro… ver a otro abismal frente a mí.

Mi cuerpo se tensó de inmediato.

—¿Quién eres? —pregunté con frialdad—. ¿Y por qué detuviste el tiempo?

Una figura descendió lentamente desde los cielos. Era un chico de cabello blanco y ojos azules, mirándome fijamente. No eran ojos comunes… bastaba un solo movimiento de los suyos para que mi vida pendiera de un hilo.

—Vamos, no seas así —dijo con una sonrisa amarga—. Desde que ustedes nos atacaron en la mazmorra no han parado de decir puras estupideces.

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

—Ustedes masacraron a esa gente. Yo lo vi. Vi cómo tus amigos mataban a los míos.

Su voz temblaba, cargada de rabia contenida.

—¿De verdad crees que te dejaré pasar? Ustedes son la peor porquería que existe. Ya consiguieron lo que querían… la reliquia.

¿A qué vienen ahora? ¿A matarnos?

Negué lentamente.

—Tonterías. No voy a permitir que nadie más muera.

Sus ojos se oscurecieron. Gojo estaba claramente destrozado. De veinte compañeros… solo quedaban doce. No eran solo números. Eran vidas. Vínculos. Promesas.

Pero no fue solo la pérdida.

Fue la esperanza.

La esperanza de volver con vida.

La esperanza de regresar a casa.

Y ahora… ya no estaban. La muerte los había alcanzado sin importar las consecuencias.

—¿Qué demonios está hablando este mocoso…? —pensé, completamente en shock—. ¿Reliquia? ¿Muertes?

Entonces lo entendí.

—¿Qué diablos hiciste, Lucifer…? —murmuré con furia contenida—. Dijiste que no nos moveríamos. Dijiste que no intervendríamos.

Apreté los puños con rabia.

—Y esto… esto es lo que se te ocurrió.

Mi aura se agitó de forma violenta.

—Maldita seas… eres un pedazo de mierda.

De la peor mierda que he visto en mi puta vida.

—Pero oye… dímelo tú misma, de tu maldita boca.

¿Qué es lo que buscan ustedes?

Su voz temblaba, no de miedo, sino de algo más profundo.

—¿Acaso es por mi amigo? ¿Por mi único amigo? Él siempre confió en mí… ¿es a él a quien están buscando?

¿Sabes? Yo ya no puedo seguir así. Y si es necesario, estaría dispuesto a dar mi propia vida por él.

El silencio se volvió pesado.

—¿Por qué dices esas cosas? —respondí con frialdad—. ¿Acaso él significa algo para ti? ¿Algo que nadie más puede ver? Algo que muy pocos entienden… lo que realmente implica seguir ese camino.

Di un paso al frente.

—Tú lo sabías, ¿no es así? Siempre lo supiste.

Desde el momento en que él llegó a esta academia, sabías que todo lo que pasara después también sería consecuencia de eso.

Mis palabras cayeron como cuchillas.

—Si buscas a alguien a quien culpar, culpa a él, no a mí. No a alguien insignificante.

El aire se tensó de golpe.

—Oye… —dijo con voz baja y peligrosa— ¿quién te dio el derecho de hablar?

Una mirada amenazante nació en su rostro. No era solo ira. Era decisión. Una determinación peligrosa, de esas que anuncian que alguien está dispuesto a cruzar un punto sin retorno.

—No quiero pelear contigo, niño. Tengo que ver qué está pasando allá. Déjame ir.

No di un solo paso atrás.

—¿Dejarte ir? Na. Antes dime solo algo.

¿Estás de acuerdo con lo que Lucifer está planeando?

No trates de evadir el tema. Un error tuyo… y te mataré.

Su ceja se contrajo. Sentí cómo su paciencia se deshacía.

—Por favor, niño… no tengo tu tiempo. Mi paciencia se me está acabando.

No puedo revelarte nada. Además, soy una abismal —dije con una sonrisa torcida—.

Pero hay veces que se le puede decir algo a las personas. No se trata de confianza ni de nada por el estilo. Es la vida de la que nosotros dependemos. A veces es algo extraordinario… pero nadie sabe cómo vivimos nosotros en realidad.

Di un paso a un lado, intentando avanzar, pero su presencia seguía bloqueándome.

—Niño, si de verdad quieres que las cosas no se compliquen tanto, deberías hacerte valiente para lo que viene después.

Antes de que pudiera decir algo más, un pensamiento me golpeó con fuerza.

Sus ojos…

Esos ojos.

Eran iguales.

No en color. No en forma.

Si no en el fondo.

Los ojos de aquel chico sin igual… como los de Lucas.

No lo entendía.

La misma edad. El mismo tiempo.

Pero él no nació fuerte. Se volvió así por la vida que recibió.

Ahhh… qué patética me siento.

Cansada.

Harta de todo esto.

En primer lugar, yo solo tengo un objetivo.

Amadeus.

Nada más.

Y para eso necesito comprobar algo.

Si esa persona resulta ser quien Lucifer o Gabriel temieron… no será por su fuerza ni por su poder.

Será por esa mirada.

La mirada de alguien que está dispuesto a aniquilarlo todo.

No por justicia.

No por deber.

Si no por venganza.

Y por un odio tan profundo… que ni siquiera los dioses podrían apagarlo.

Esas llamas del infierno que Lucifer vio no lo estaban quemando a él.

Pero en el momento en que se acercó… las llamas lo consumieron.

Eso fue lo extraño.

Lo inquietante.

Si esa persona es realmente de quien Gabriel habló hace treinta y dos años, entonces no vino a salvar nada.

Está aquí para vengarse.

De todos los que le dieron la espalda.

Lo recuerdo.

Recuerdo a ese chico.

Cuando fijé mi mirada con más atención, hacia la izquierda, lo comprendí.

Los ojos de ese muchacho… eran los de Carlos Sánchez.

Es posible que alguien así despierte la misma sensación que aquel hombre que se volvió dios por su propia voluntad.

Todo por buscar fuerza.

Poder.

Tuve la oportunidad de convivir con él.

Antes… no era así.

No sé qué le ocurrió.

Sus palabras, su mirada, esa sonrisa hermosa llena de amabilidad y respeto.

Yo lo respeté cuando él y su clan no eran una amenaza.

Pero llegó la guerra.

Y ya no fue el mismo.

Eras y serás siempre mi gran hermano.

Ahora ya no eres quien fuiste.

Solo estás aquí para matar.

Para destruir a cualquiera, solo porque tu ego creció más de lo que nadie pudo detener.

Y ahora, al ver a este muchacho, me recuerda a ti.

Pero él es diferente.

No tiene lo que tú tenías.

No siento miedo.

Aun así… su apariencia no es la misma que la tuya ni la de Shiro.

Conozco bien la verdadera forma de Shiro.

Y es aterradora.

Es algo horrible.

Peligroso.

Una amenaza que debió desaparecer en aquel tiempo.

Tal como Mikoto.

Ella fue una buena rival.

Como diosa de la guerra, nadie pudo igualarla.

Ese dios que ahora pelea… no le llega ni a los talones.

En aquella época, Mikoto era la más fuerte.

La más amenazante.

Una guerra viviente capaz de aniquilar dioses.

Incluso seres con reneraciones superiores o inmortalidad.

Hasta entidades de otros multiversos.

Suena imposible.

Pero sé que es real.

Y ahora… ese niño.

Ese niño puede manipular el espacio y el tiempo.

Lo siento en su aura.

Es peligrosa.

Violenta.

Infinity.

Ese poder es aterrador.

Hace años despertó el primero de los primeros.

Pasaron eras enteras…

Y todos murieron de las formas más crueles.

Un destino del que nadie escapó.

No importaba el cabello.

No importaban los ojos.

Cualquiera podía usarlo.

Lo verdaderamente imponente…

Es que nadie fue capaz de resistirlo.La mirada de Sayu ya no estaba solo envuelta en un problema.

Era algo peor.

Algo que nadie sería capaz de cambiar.

Era imposible librarme de él.

Su espacio… su presencia… eran demasiado peligrosos.

Alguén como él no debería existir.

Y aun así…

Ese chico podría ser la pieza perfecta para Lucifer.

O para Gabriel.

O incluso para Laxuz.

Los tres son más fuertes que yo.

Mucho más.

A veces me pregunto cómo sería vivir como una persona normal.

Una humana cualquiera.

Si no fuera por mis alas.

Por mis cuernos.

Por estos ojos que delatan lo que soy…

Podría pasar desapercibida.

Podría vivir una vida simple.

Aparté la mirada.

No podía seguir con esa idea tan patética.

No se trataba de robar el poder de Carlos.

Nunca fue eso.

Bastaría una muestra.

Un rastro de sangre.

ADN.

Un experimento.

Y si sale como lo imagino…

Si mis cálculos no están equivocados…

Él podría ser la cura para Amadeus.

La única.

No para convertirla en un arma.

No para encadenarla a otro infierno.

Sino para liberarla.

Pero ese pensamiento era peligroso.

Porque en el momento en que cruzara esa línea, dejaría de ser distinta a ellos.

Lucifer usaría ese poder.

Gabriel lo moldearía.

Laxuz lo rompería hasta que no quedara nada humano.

Y yo…

Yo no quiero ser eso.

Amadeus ya sufrió demasiado.

No permitiré que vuelva a ser un experimento.

Ni un sacrificio.

Ni una herramienta.

Si existe una cura…

Debe ser elegida.

No robada.

Respiré hondo.

Ese chico —Carlos— no es un dios.

No es un monstruo.

No todavía.

Pero si alguien lo empuja demasiado…

Si lo traicionan…

Si le arrebatan lo poco que aún conserva…

Entonces sí.

El mundo conocerá algo peor que un dios nocturno.

Y esta vez…

Nadie podrá detenerlo por qué el es Carlos Sánchez un Sánchez que jamás va caer para detenerlo se necesita un ejército enteró para pararlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo