The strongest warrior of humanity - Capítulo 16
- Inicio
- Todas las novelas
- The strongest warrior of humanity
- Capítulo 16 - 16 capitulo 16 -
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
16: capitulo 16 – EL PESO DE MIL AÑOS 16: capitulo 16 – EL PESO DE MIL AÑOS La noche se extendía sobre la ciudad como un manto silencioso.
El viento movía las hojas en el patio de la academia.
Hina, sola en su habitación, miraba por la ventana.
Sus pensamientos la arrastraban una y otra vez a lo que había leído hoy en la biblioteca.
> “El Dios Nocturno…
el abismo de los demonios…” —Un largo camino que debo recorrer —murmuró—.
Aún sigo pensando en lo que acabo de ver.
Su respiración temblaba.
El recuerdo del texto la perseguía como una sombra.
—Debo encontrar una manera de volverme fuerte… —dijo en voz baja—.
Pero ¿cómo lo haré?
¿Y si le pido ayuda a Shiro?
Aunque… no sé si tenga tiempo para entrenarme.
Suspiró.
—No importa.
Haré mi mejor esfuerzo.
Terminó de cenar y caminó por el pasillo hasta su habitación.
Pero al abrir la puerta… se detuvo.
Shiro estaba allí.
Hacía algo extraño, concentrada, con un libro entre las manos.
> “Así que decidí espiarla por un ratito…” Hina se ocultó tras la puerta.
El resplandor de una lámpara iluminaba el rostro de Shiro.
Sus ojos recorrían las páginas con intensidad.
—Ese libro… —susurró Hina— se ve muy interesante.
Shiro dio un salto, sobresaltada.
—¿Qué?
¡¿Qué haces aquí, Hina?!
Hina sonrió con nerviosismo.
—No te hagas la chistosa.
Regresé de la biblioteca y hay algo que debemos hablar.
El rostro de Shiro se volvió serio.
—¿De qué se trata?
—Acerca de los demonios del abismo.
El silencio cayó de golpe.
Shiro no podía creer lo que escuchaba.
Hina le contó todo: lo que había leído, lo que había sentido, y sobre todo… sobre el Dios Nocturno.
Shiro apretó los puños.
—¡Diablos…!
No pensé que esto fuera tan impactante.
¿Hablas en serio?
—Sí.
Todo lo que te digo es real.
Catorce de ellos lograron salir.
Si no hacemos algo… la guerra podría comenzar en cualquier momento.
Shiro la miró fijamente.
—Tienes razón.
Pero… ¿qué podemos hacer?
Nadie nos va a creer sin pruebas.
Las palabras la golpearon como un peso.
Hina bajó la mirada, frustrada.
—Entonces… quiero volverme fuerte, Shiro.
Shiro no dijo nada.
Solo la observó.
Hina levantó el rostro.
—Eres la persona más fuerte que conozco.
Por eso… quiero que me entrenes.
Tu hermano está ocupado con Josué y los demás, pero tú… tú puedes ayudarme.
Shiro cerró el libro lentamente.
—Si eso es lo que realmente deseas, te ayudaré.
Pero hay algo que debes saber sobre mí.
Hina frunció el ceño.
—¿Algo que me ocultas?
Shiro respiró hondo.
Su voz se volvió más grave, más antigua.
—La verdad… es que tengo mil años.
El silencio llenó el aire.
—¿¡Qué!?
¡Debes estar bromeando!
—exclamó Hina.
—No.
Lo que digo es verdad.
Viví todo lo que ocurrió hace siglos.
Y hay mucho que debo contarte… Hina no podía hablar.
El shock la dejó sin aliento.
—Diablos… —susurró apenas.
Shiro desvió la mirada, perdida en sus recuerdos.
> “A lo largo de mi vida, he visto morir a camaradas, amigos, familias enteras.
He caminado entre ruinas, he sentido el peso de miles de gritos que se apagaron para siempre.
La guerra no fue solo contra demonios… fue contra los dioses, los gigantes, los seres de otras dimensiones.” Sus ojos brillaban con tristeza.
> “Perdí todo, Hina.
Todo lo que alguna vez amé.
Y aun así sigo aquí… cargando las voluntades de los caídos.” Una lágrima rodó por su mejilla.
—Intenté rendirme, muchas veces —confesó—.
Pero no podía hacerlo.
Algo dentro de mí me decía que aún no debía caer.
El aire se volvió denso.
El eco de su voz resonaba con dolor.
> “Caí en un mundo lleno de sangre.
La sangre de los inocentes asesinados por ellos.
Y no pude perdonarme.
Vi morir a muchos frente a mis ojos.
Estaba vacía.
Sin alma.
Hasta que una voz me dijo: ‘No importa cuántas veces caigas.
Siempre encontrarás una forma de levantarte.’” Shiro cerró los ojos, recordando aquella voz.
> “Seguí caminando.
Acepté el sufrimiento.
Entrené día tras día, año tras año… hasta pasar mil años de entrenamiento.” Abrió los ojos.
Una determinación antigua ardía en su mirada.
—Aun así, sigo caminando —dijo—.
Sin mirar atrás.
Porque debo seguir adelante.
El dolor de los caídos… se convirtió en mi fuerza.
Las sombras parecían danzar alrededor de ella.
El aire se estremeció.
—Después de eso —continuó— me enfrenté a cada enemigo sin piedad.
Incluso… me enfrenté a mí misma.
A muerte.
Y gané.
Su voz se quebró apenas.
—Así sobreviví estos mil años.
Shiro bajó la mirada.
—Ahora que lo sabes… debes estar decepcionada de mí.
Hina negó con la cabeza.
—Te equivocas.
Jamás estuve decepcionada.
Hiciste todo lo posible.
El enemigo era demasiado poderoso, y aun así sobreviviste.
Sus ojos se cruzaron.
—Después de mil años… sigues de pie.
Aún eres fuerte.
Y aún hay un futuro que debemos proteger.
Shiro sonrió por primera vez esa noche.
—De verdad no tienes remedio, Hina… Se levantó, con el brillo del fuego reflejando su silueta.
—Ya tomé una decisión.
Desde este momento… tu entrenamiento comienza.
Hina dio un paso atrás, sorprendida.
—¿Cuánto crees que tardaré en completar el entrenamiento?
Shiro cruzó los brazos, pensativa.
—Si vemos la situación actual… diría que unos cincuenta años.
Pero tranquila.
Con mi método, lo lograremos en dos años.
Hina abrió los ojos, incrédula.
—¿Dos… años?
Shiro asintió.
—Sí.
Pero necesitarás toda tu fuerza.
El silencio volvió a llenar la habitación.
El cansancio cayó sobre ambas como un velo.
—Bien —dijo Shiro finalmente, estirándose—.
Ya es hora de dormir.
Mañana tenemos mucho que hacer.
No lo olvides.
Descansa.
Hina sonrió débilmente.
—Nos vemos mañana… Shiro.
Las luces se apagaron.
La noche continuó su curso.
El viento soplaba suavemente entre los árboles, como si la historia acabara de comenzar.
Continuará…
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com