The strongest warrior of humanity - Capítulo 162
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Capítulo 162: capitulo 162 La academia fue destruida
Punto de vista de Shiro Shimizu
Debo llegar a tiempo. Si no lo hago ese dios lo matará. Tengo que darme prisa. Shiro vio una explosión enorme que surgió a varios kilómetros fuera de la academia. Sin pensarlo dos veces usó su Magia de Distinción desapareciendo del lugar en un parpadeo. Miguel y Lucía quedaron en shock absoluto pero no podían perder el rastro. Ambos siguieron corriendo lo más rápido posible para intentar alcanzarla.
Shiro llegó a aquel lugar de pesadilla pero en ese instante otra persona apareció. Merlín llegó al mismo tiempo que ella. ¿Qué diablos? ¿Cómo es que esta mocosa es más rápida que yo? Pero como sea lo que importa es otra cosa ahora.
Giré hacia el frente y lo vi todo. El suelo estaba totalmente destruido con grietas enormes y los árboles se quemaban sin control. Una luz se iluminaba más adelante. Me acerqué con un poco de miedo pero no podía permitirme pensar que el Dios de la Guerra había matado a Carlos. Sin embargo algo estaba mal. Sentí una presión enorme recorriendo el lugar. Una ráfaga de viento resonó por todos lados y esa energía fue tan siniestra que caí de rodillas. ¿Qué mierdas está ocurriendo aquí? ¿De dónde vino esa energía tan penetrante? Intenté correr a gran velocidad pero antes de dar un paso más Merlín me detuvo.
Es mejor que no vayamos ahora. Tenemos que esperar a que venga el resto. No puedes irte sin pensarlo dos veces porque aún hay peligro. Sé que estás desesperada por salvar a tu novio.
¿Espera un momento, dijiste novio? Disculpa pero Carlos no lo es. Solo es alguien muy cercano a mí aunque yo…
Entonces si no lo son por qué te pones tan roja de la cara. Algo me dice que no solo son cercanos. Merlín la miró con una sonrisa astuta mientras la presión en el aire seguía aumentando, recordándoles que algo aterrador estaba despertando más adelante
Shiro no pudo responder a la provocación de Merlín. El aire se volvió tan denso que cada respiración le quemaba los pulmones. No era el calor de las llamas de Carlos, sino un frío seco que parecía congelar la sangre dentro de sus venas. Miguel y Lucía aparecieron tras ellas jadeando y deteniéndose en seco al sentir la vibración del suelo. Sus rostros perdieron todo rastro de color al mirar hacia el epicentro de la explosión.
Esa energía no es humana, susurró Miguel mientras apretaba los puños. Es algo mucho más antiguo que cualquier dios que hayamos estudiado en la academia. Lucía se abrazó a sí misma temblando violentamente. Siento que si doy un paso más mi alma se va a romper en mil pedazos. ¿Qué está pasando allí arriba?
Merlín se puso seria de inmediato y extendió su báculo para crear un campo de protección visual. Miren bien pero no se acerquen. Lo que Shiro vio a través de la neblina de polvo la dejó sin palabras. Dani, el Dios de la Guerra, estaba siendo levantado por el cuello como si no pesara nada. Pero la persona que lo sostenía, aunque tenía el cuerpo de Carlos, no se movía como él. Sus movimientos eran lentos, precisos y cargados de una autoridad aterradora.
El cabello de Carlos flotaba en el aire rodeado de una negrura que devoraba la luz del sol. Shiro sintió un nudo en la garganta. Ese no es Carlos, gritó ella con desesperación intentando soltarse del agarre de Merlín. ¡Su energía ha desaparecido por completo! ¿¡Qué le han hecho!?
Ante sus ojos Daniel comenzó a desintegrarse en partículas de luz dorada que eran absorbidas por el cuerpo de Carlos. El Dios Nocturno giró levemente la cabeza como si hubiera escuchado los gritos de Shiro a kilómetros de distancia. Sus ojos eran dos pozos de sombras infinitas que parecían observar cada pecado y secreto de los que estaban allí escondidos.
Vaya, parece que tenemos espectadores, dijo la entidad con una voz que resonó directamente en los cerebros de los cuatro jóvenes. Merlín cayó de rodillas mientras su báculo se agrietaba por la simple presión de esas palabras. Shiro se quedó petrificada. La mirada del Dios Nocturno se clavó en ella con una curiosidad maligna, reconociendo algo en su interior que la conectaba con el chico que ahora servía como su recipiente.
Daniel, el Dios de la Guerra, fue humillado y pisoteado por el Dios Nocturno. No lo mató de inmediato, sino que comenzó a desintegrarlo, devorando cada rastro de la fuerza que le quedaba. Dicho esto, el dios caído aún sigue con vida pero reducido a nada. Al menos ten algo de agradecimiento, aún me serás útil, suspiró el Dios Nocturno con desprecio. Giró su atención hacia los árboles donde Shiro se ocultaba. Esta chica de ahí, oh vaya, fue difícil reconocerte. Shiro Shimizu, han pasado mil años, ¿verdad? Lo dijo con una sonrisa retorcida y una arrogancia que helaba la sangre.
Escena 2 El Despertar del Trauma
Todos se quedaron en shock. Un silencio sepulcral invadió el terreno destruido. Shiro se horrorizó, sus ojos reflejaban un miedo aterrador y antiguo. ¿Por qué estás aquí? Bajé la mirada con un odio y una frustración que me quemaban por dentro. ¿Cómo es posible que alguien como tú haya regresado después de que mataras a mis padres, a nuestro clan y a mi mejor amiga? Eres alguien que jamás debió nacer en primer lugar, maldito. Mi hermano tenía razón. Carlos y tú están conectados de alguna forma, ¿cómo es que no me di cuenta de esto antes?
¡Oh vaya vaya! ¿Parece que ya vas a llorar? Vamos, no seas tan estúpida Shiro Shimizu. Sabías perfectamente que en aquella guerra que se desató, si no fuera por ese caos, yo no habría despertado. Además, cuando todo acabó, maté a los diez legendarios héroes. Aunque algunos escaparon, qué cobardes son en verdad. Yo siempre encuentro la forma de volver. Aunque no estoy muerto, mi cuerpo habita en este mundo escondido. Solo estaba aburrido de no encontrar a nadie más fuerte. Así que viajé por cada dimensión y cada mundo, aunque la mayoría ya están muertos. Es una pena terrible, ¿verdad? JAJAJAJAJAJAJAJAJA
Shiro apretó los dientes hasta que sus encías sangraron. Cada carcajada del Dios Nocturno era como una estocada en su memoria. Las imágenes de su clan ardiendo y el rostro de su mejor amiga desvaneciéndose en la nada regresaron con una fuerza violenta. Miguel y Lucía intentaron acercarse a ella para sostenerla pero la presión que emanaba el cuerpo de Carlos les impedía mover un solo músculo. Eran hormigas frente a un huracán de oscuridad.
Tú no eres él, gritó Shiro con la voz rota por el llanto y la rabia. Carlos es un idiota que daría su vida por otros, él tiene un corazón que tú jamás podrías comprender. ¡Sal de su cuerpo ahora mismo! ¡No dejaré que ensucies su existencia con tu presencia asquerosa!
¿Sal de su cuerpo?, la entidad ladeó la cabeza mientras caminaba lentamente hacia ellos flotando a pocos centímetros del suelo. Cada paso que daba marchitaba la poca hierba que quedaba viva. Qué graciosa eres Shiro. ¿De verdad crees que estoy aquí por accidente? Este chico, Carlos, es el recipiente perfecto. No es solo por su fuerza o su linaje. Es por su vacío. Su desesperación por salvar a los demás creó una grieta tan profunda en su alma que me permitió entrar como si fuera mi propio hogar.
Él me invitó a pasar aunque no se diera cuenta. Sus dudas y su culpa fueron la llave. Ahora su alma está encadenada en lo más profundo de su propia mente, gritando mientras observa cómo uso sus manos para destruir todo lo que él ama. El Dios Nocturno se detuvo frente a Shiro y extendió la mano de Carlos para acariciar su mejilla con una frialdad cadavérica.
Merlín intentó conjurar un hechizo de sellado pero el Dios Nocturno simplemente sopló y la magia se deshizo como polvo en el viento. No interrumpas a los adultos cuando están hablando, niña. Miró de nuevo a Shiro con una chispa de maldad pura en sus ojos azabache.
Dime Shiro, ¿quieres ver cómo destruyo esta academia igual que hice con tu clan hace mil años? ¿O prefieres ser tú quien le dé el golpe final a Carlos para intentar detenerme? De cualquier forma voy a disfrutar mucho de este espectáculo. El destino ya está escrito y esta vez no hay héroes legendarios que puedan salvarte.
El Dios Nocturno retiró su mano de la mejilla de Shiro y elevó ambos brazos hacia el firmamento. Sus ojos azabache brillaron con una intensidad que eclipsó la luz de las estrellas. Si tanto aman este lugar, entonces dejen que sea el escenario de su entierro definitivo. No necesito moverme de aquí para borrar sus esperanzas del mapa.
Un círculo mágico de proporciones kilométricas se dibujó en el cielo sobre la academia. No era una magia elemental común. Era una geometría de sombras que vibraba con un sonido agudo, un lamento que hacía sangrar los oídos de Miguel y Lucía. Desde la distancia se podían escuchar las alarmas de emergencia de la institución activándose, pero ya era demasiado tarde.
¡No lo hagas! Shiro gritó con todas sus fuerzas mientras intentaba lanzar una ráfaga de energía para interrumpir el conjuro. Pero el Dios Nocturno simplemente soltó una carcajada que resonó en todo el valle. Del círculo mágico empezaron a descender lanzas de energía negra pura, cada una con el poder destructivo de un meteorito.
Los edificios de la academia empezaron a colapsar uno tras otro. El gran comedor, la torre de los dormitorios y el jardín central fueron devorados por explosiones de negrura. Los gritos de los estudiantes que no lograron evacuar a tiempo se mezclaban con el estruendo de los escombros cayendo. Shiro vio con horror cómo el lugar que Carlos juró proteger se convertía en un cementerio de fuego y cenizas bajo la voluntad de aquel monstruo.
Miguel y Lucía cayeron al suelo, incapaces de procesar la magnitud del desastre. La barrera defensiva de la academia, que supuestamente era impenetrable, se deshizo como papel mojado ante el poder del Dios Nocturno. Merlín miraba el horizonte con los ojos vacíos sus años de estudio no servían de nada contra una deidad antigua que jugaba con la destrucción como si fuera un niño con juguetes rotos.
Miren bien este paisaje, dijo el Dios Nocturno sin dejar de sonreír. Carlos puede ver todo esto desde su encierro mental. Cada grito, cada muerte, cada edificio cayendo es un clavo más en su ataúd de culpa. ¿No es hermoso ver cómo su héroe se convierte en su mayor verdugo? El cielo azul oscuro sobre ellos empezó a tornarse de un rojo sangriento, anunciando que la verdadera pesadilla apenas estaba comenzando
Hagas lo que hagas sabes que tú no puedes salvarlo. ¿O acaso quieres que te refresque la memoria de cómo fue que tu adorable amiga Queen murió en mis manos frente a ti? Dime cómo se siente ver cómo matan a la persona que te dio promesas para que al final no las cumplas. Eres alguien más horrible que haya visto en mi vida. Ni siquiera pudiste cumplir con su legado. Hasta me das lástima. Qué pena en verdad pero en fin.
Las palabras del Dios Nocturno fueron como dagas oxidadas hundiéndose en las heridas abiertas de Shiro. El nombre de Queen resonó en el aire muerto provocando que la energía blanca de Shiro comenzara a parpadear y debilitarse. El recuerdo de aquel campo de batalla de hace mil años regresó con una claridad brutal. El olor a sangre y la mirada vacía de su mejor amiga mientras la vida se le escapaba entre los dedos.
Shiro soltó un grito que no era de rabia sino de una agonía pura y desgarradora. Sus fuerzas la abandonaron y cayó de rodillas frente al cuerpo de Carlos todavía atrapada por las manos de la entidad. Las lágrimas comenzaron a caer sin control sobre el suelo carbonizado. Tienes razón, susurró ella con la voz quebrada. No pude salvarla. No pude cumplir nada de lo que juramos. Soy una basura que solo sabe sobrevivir mientras los demás mueren por mi culpa.
El Dios Nocturno soltó una carcajada triunfal al ver cómo el espíritu de la guerrera más fuerte se desmoronaba ante sus pies. Es delicioso ver cómo la verdad te destruye más rápido que cualquier ataque elemental. Mírate ahora. No eres más que una niña asustada llorando por un pasado que no puedes cambiar y un futuro que voy a incinerar ahora mismo.
La esfera de energía oscura en la mano del Dios Nocturno creció hasta alcanzar un tamaño aterrador. La presión era tan grande que Shiro no podía ni levantar la cabeza para enfrentar su muerte. Pero justo cuando la entidad se disponía a descargar todo ese poder sobre ella algo cambió.
La mano de Carlos que sujetaba las muñecas de Shiro comenzó a temblar violentamente. Los dedos se cerraron con una fuerza distinta, no una fuerza de odio sino una de protección. Por un breve instante la negrura de los ojos de Carlos luchó contra un destello verde celeste. El Dios Nocturno frunció el ceño con molestia al sentir la resistencia interna. ¡Quédate abajo maldito mortal! Pero la voluntad de Carlos, alimentada por el llanto de Shiro, estaba empezando a rasgar las cadenas del abismo.
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