The strongest warrior of humanity - Capítulo 167
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Capítulo 167: capitulo 167 entre el mundo y el destino no serán lo mismo
Lo imposible se estaba por desatar frente a mis ojos. Observaba cómo Shiro y yo peleábamos en equipo con una sincronía perfecta que me traía recuerdos de tiempos mejores. Pero había algo raro en ella. Una sensación extraña me invadía mientras nos movíamos. ¿Por qué presiento que la persona que está conmigo no es la Shiro de la academia? No sé por qué me entró esta duda en estos momentos tan críticos pero hay algo que no logro comprender del todo. Es como si su esencia hubiera cambiado, volviéndose más antigua y profunda de lo que recordaba.
Las consecuencias se están yendo de las manos y a veces me pregunto de nuevo qué pasaría si tuviera una oportunidad de verla de nuevo. Me sentiría muy feliz de verla de regreso y que me diga con su voz de siempre que está de vuelta Sánchez. Ella siempre me llamaba así, incluso cuando todo se perdió. Hay heridas profundas que no pueden ser sanadas simplemente con poder. Es inestable saber que estoy luchando contra el Dios Nocturno mientras cargo con el peso de lo que él hizo.
Desde que tomó mi cuerpo lo vi todo. Fui testigo de lo que es capaz de hacer y lo demostró matando a personas inocentes usando mis propias manos. Me siento sucio y asquerosamente horrible al saber que alguien usó mi cuerpo para destruir y matar. Es como si su único propósito fuera reducir este mundo a cenizas mientras yo estaba atrapado en la oscuridad de mi propia mente. Siento que hay muchos más misterios ocultos detrás de esta invasión de lo que nos han contado.
A pesar del torbellino de emociones Shiro y yo logramos esquivar cada ataque con una precisión sobrehumana. Cada movimiento de la entidad era respondido con una evasión más rápida que la anterior. No podíamos permitirnos ni un solo error. El Dios Nocturno lanzaba estocadas que desgarraban el aire pero nosotros fluíamos como el agua a su alrededor, evitando el contacto directo mientras buscábamos el momento justo para contraatacar.
Nuestras miradas se cruzaron por un instante en medio de las explosiones de energía. Vi en los ojos de Shiro una determinación que me dio fuerzas para seguir a pesar del asco que sentía por mí mismo. Si ella era real o no importaba menos que el hecho de que estaba aquí arriesgándolo todo por mi salvación. El Dios Nocturno rugió de frustración al ver que sus ataques más veloces no lograban tocarnos. Estábamos bailando en el filo de la muerte, esperando que la luz rosada y azul de su espada encontrara finalmente el camino hacia el núcleo del monstruo.
El Dios Nocturno frenó en seco permitiendo que el aire se calmara por un instante pero la presión psicológica aumentó hasta volverse insoportable. Con una sonrisa retorcida clavó su mirada en los ojos vacilantes de Carlos. ¿Te diste cuenta verdad niño? Esa mujer que pelea a tu lado no es la Shiro que conociste. Es una extraña que viste la piel de tu maestra. ¿Acaso no sientes el olor a muerto y a tiempo podrido que emana de su alma? Ella te oculta secretos mientras tú te desangras por ella.
Las palabras golpearon a Carlos con la fuerza de un mazo. El Dios Nocturno aprovechó el titubeo para expandir su aura de pesadilla creando visiones alrededor de ellos. Carlos comenzó a ver los rostros de las personas que la entidad había asesinado usando su cuerpo. Hombres mujeres y niños aparecían como espectros sangrientos rodeándolo y acusándolo con el dedo. ¡Tú los mataste Carlos! ¡Tus manos son las que apretaron sus cuellos! gritó la entidad con una voz que parecía venir de todas partes.
Carlos soltó su espada por un momento y se llevó las manos a la cabeza mientras las llamas del infierno en su interior comenzaban a volverse inestables y a quemar su propio cuerpo. El asco que sentía por sí mismo se transformó en un ancla que lo hundía en la oscuridad. El Dios Nocturno se regocijaba viendo cómo su recipiente se desmoronaba desde adentro. ¡Mírate! Eres un asesino un monstruo que solo trae desgracia a quienes ama. ¿Crees que Shiro te mirará igual después de saber lo que disfrutaste mientras yo controlaba tus músculos?
La Shiro actual intentó acercarse para romper el hechizo pero el Dios Nocturno levantó un muro de espinas de sombra que la mantuvo a raya. Carlos estaba atrapado en su propio infierno personal reviviendo cada ejecución y cada grito de agonía. El vacío en su mirada se profundizó y el aura de la Red Blood Association comenzó a parpadear como una vela a punto de apagarse por el viento de la desesperación.
Esta es la verdad de tu existencia Carlos Tanaka Sánchez, susurró la entidad deslizándose como una serpiente hacia el oído del joven. Eres una cáscara vacía destinada a destruir. Ni Henry ni esa impostora de Shiro pueden salvar a alguien que ya está muerto por dentro. Entrégame el resto de tu voluntad y te daré el olvido que tanto deseas. No más culpa no más dolor solo la nada eterna.
El Dios Nocturno extendió su mano sombría hacia el pecho de Carlos para dar el toque final que borraría su conciencia para siempre. Shiro gritaba desde el otro lado del muro de sombras golpeando la barrera con toda su fuerza pero Carlos parecía no escuchar nada más que las voces de sus víctimas reclamando justicia en su cabeza. Estaba a un paso de rendirse por completo ante la mentira del parásito
La oscuridad me estaba absorbiendo tras las palabras de los espectros. Sus voces fantasmales y los recuerdos de mis crímenes me hacían hundirme más en la desesperación. Pero en el último segundo una sonrisa perversa se mostró en mi rostro. Una sonrisa bastante penetrante y siniestra que no era de rendición sino de una aceptación terrible. Liberándome de estas cadenas del juicio usé las Llamas Verdes del Destino y las combiné con las Llamas del Infierno creando una brecha de luz en el pozo de mi agonía.
Una onda destructiva salió de esas llamas y el Dios Nocturno la vio con asombro. Shiro estaba preocupada por mí pero pronto se calmó al ver algo que no había visto antes. Yo estaba dando un paso adelante sin importar que el dolor me matara. Tomé mi espada sangrienta y esta cambió de forma en mis manos. No era una guadaña ni una lanza ni dagas. Era una espada distinta una espada nueva que se había desbloqueado con mi aceptación de la oscuridad. Gotas de sangre surgían de la hoja proclamando mi nombre en un susurro ancestral.
La tomé con una firmeza que desafiaba mi propia moral y realicé mi técnica de la espada Pétalos de Luz del Alma. La espada se convirtió en un torbellino de pétalos de sangre que giraban a una velocidad vertiginosa. Cada pétalo no era solo una cuchilla afilada sino una partícula de mi alma que había aceptado su oscuridad para brillar con una luz propia y letal. El Dios Nocturno se quedó helado al ver mi transformación.
La sonrisa de su rostro se desvaneció al comprender que no había roto a Carlos sino que lo había forzado a abrazar su verdadera naturaleza. Los espectros que me atormentaban se disolvieron en el aire como cenizas al ser tocados por los pétalos de luz. Shiro sintió la inmensa cantidad de poder que fluía de mí y su preocupación se transformó en una admiración silenciosa. Mi cuerpo ya no temblaba por la culpa sino por la convicción de un nuevo propósito.
Ahora el juego había cambiado. Yo era el cazador y el Dios Nocturno era la presa. Mis ojos ardían con las llamas verdes y rojas mientras levantaba la espada de Pétalos de Luz del Alma lista para desatar una furia que trascendía la moralidad y la bondad. Los guardianes sintieron la nueva aura de Carlos y se prepararon para seguir a su líder. El miedo había desaparecido de mi corazón siendo reemplazado por la fría determinación de alguien que ha aceptado su destino como el Demonio Nocturno.
Ya es momento de usarlo. Una sonrisa bastante arrogante salió de mi rostro mientras sentía cómo el poder desbordaba mis límites. Shiro estaba un poco asustada de verme tan tranquilo pero a la vez tan peligroso. Yo ya estaba dispuesto a darlo todo porque sé que algún día seré yo quien acabe con mis enemigos a mi manera. No volveré a ser el títere de nadie más. Activé mi técnica más poderosa, Pirámide de la Muerte, una habilidad que hacía mucho tiempo que no usaba por el nivel de devastación que conlleva.
Shiro me miró directamente a los ojos y comprendió de inmediato lo que yo estaba dispuesto a hacer. Sin pensarlo dos veces ella se alejó lo más rápido posible del epicentro de mi energía. Mis guardianes también hicieron lo mismo porque sabían perfectamente que yo sería capaz de destruir todo lo que estuviera a mi paso una vez que la técnica se completara. La atmósfera se volvió densa y el aire comenzó a crujir bajo la presión de mi aura.
En el momento en que ya tenía mi técnica lista decidí clonarla usando la Espada de Clonación, una reliquia que solo yo puedo portar. Desde la hoja surgieron varias copias de mí mismo, cada una imbuida con mis técnicas más poderosas y olvidadas. Para ser honesto no soy tan bueno recordando todas mis habilidades pero en este estado de conexión total con mi pasado todo fluía de manera destructiva. Esto se convirtió en el Reino Temporal de nuestras mentes. Su cuerpo físico no estaba allí, solo quedaba su silueta vulnerable ante mi juicio.
Es igual a lo que pasó con Lucifer. Él tenía sus objetivos claros y de todas formas logró cumplirlos. Astaroth está vivo y nadie lo sabe aún, un secreto que pronto cambiaría el rumbo del mundo. El Dios Nocturno también regresó para una guerra, una guerra de desgaste que pondría a prueba la existencia misma de la humanidad. Pero yo no estaba dispuesto a retroceder ni un solo paso.
Sin importar las consecuencias yo no perdería si fuera una batalla de mentalidad. El Dios Nocturno intentó atacarme dentro de este espacio mental pero mis clones lo interceptaron con una ferocidad inhumana. Yo soy el que infunde más terror en este mundo, sentencié mientras la Pirámide de la Muerte comenzaba a cerrarse sobre su silueta. El pánico se reflejó en sus ojos al comprender que en este reino de pesadilla sus títulos divinos no significaban nada ante el Demonio Nocturno.
Las copias de mí mismo ejecutaron movimientos coordinados que despojaban al enemigo de su esencia fragmento por fragmento. Estábamos en mi terreno y yo era el verdugo. La guerra de desgaste acababa de empezar pero yo ya había reclamado la primera gran victoria sobre el miedo y la manipulación. Shiro observaba desde la distancia cómo mi figura se alzaba imponente en medio de la destrucción absoluta, preguntándose si el Carlos que ella conocía todavía residía en algún lugar de ese guerrero implacable.
La Pirámide de la Muerte estaba lista y su núcleo vibraba con una frecuencia de aniquilación pura. Sin dudarlo pronuncié las palabras que marcarían el fin del combate Destrucción de la Muerte Escarlata. En ese instante el mundo simplemente explotó. Una ráfaga de viento devastadora nos envolvió a todos mientras mis clones con una coordinación perfecta liberaban sus propias técnicas de espada al unísono.
El Dios Nocturno en un acto desesperado por sobrevivir intentó crear su propio ataque masivo pero nuestra ofensiva fue superior. Los choques de energía fueron tan devastadores que la luz de la explosión nos envolvió por completo cegando a cualquier observador. La destrucción que generé no fue solo física sino que desgarró la estructura misma del Reino Temporal dejando a la entidad divina sepultada bajo un torrente de energía escarlata.
Cuando el polvo comenzó a asentarse y la luz disminuyó me encontré de pie sosteniendo la Espada de Clonación. No es una simple arma como muchos podrían pensar ni es un objeto que alguien deba tomar a la ligera. En realidad representa una amenaza mayor de lo que cualquier persona en este mundo o en el superior podría imaginarse. Sé que muchos la están buscando aunque sus razones sean un misterio para mí por ahora.
Mientras recupero el aliento y observo los restos de la batalla pienso que no debo usarla con frecuencia. Si abuso de su poder los dioses o cualquier otra entidad antigua vendrán a reclamarla. Pero tengo algo muy claro en mi mente para que ellos logren obtener esta hoja tendrán que pasar primero sobre mi cadáver. Ya no soy el niño que huye; soy el muro que protege este secreto con su propia vida.
Shiro se acercó a mí con cautela mientras mis clones se desvanecían uno a uno volviendo a ser parte de mi propia sombra. El Dios Nocturno ya no estaba allí o al menos su presencia física se había desintegrado en la nada. El campo de batalla quedó en un silencio sepulcral solo interrumpido por el sonido de mi respiración pesada. Mis guardianes volvieron a su estado de reposo reconociendo mi victoria absoluta.
Miré la espada por última vez antes de guardarla sintiendo cómo su poder se dormía bajo mi tacto. Habíamos ganado esta guerra de desgaste pero sabía que esto era solo el inicio de un conflicto mucho más grande. Con Astaroth libre y el mundo en caos el Demonio Nocturno tendría que estar preparado para lo que viene. Carlos Tanaka Sánchez ya no era solo un nombre era una leyenda que acababa de renacer entre las cenizas de la muerte escarlata
¡JAJAJAJAJAJAJAJAJA! Ay ay, nunca creí que el Demonio Nocturno lograra derrotarme en un duelo de mentalidad, exclamó la entidad mientras su silueta se recomponía con una lentitud aterradora. Eres alguien muy molesto en verdad. Gracias a esta experiencia que acabo de vivir no vas a correr con la misma suerte la próxima vez. Espero que te estés preparando para perderlo todo Carlos Sánchez. Tú eres aquel hombre que siempre terminará solo y abandonado por los demás. Cuando ya nadie te necesite todos te echarán de menos. Patético y miserable humano.
Carlos, Shiro y el resto se quedaron congelados al sentir que la presencia del Dios Nocturno seguía vibrando con una malevolencia intacta. Sufrí mucho tras ese ataque tuyo, continuó la sombra con un tono burlón. Además, ¿esa espada de dónde la conseguiste? Hace tiempo que los demás clanes la habían destruido. Ay Carlos, eres un caso perdido, pero en fin, me retiraré.
La entidad no logró terminar la frase. Shiro, impulsada por una rabia que trascendía su nueva calma divina, se lanzó al ataque sin pensarlo dos veces. El aire se desgarró cuando ella apareció instantáneamente frente a él, realizando un corte transversal tan veloz que el ojo humano no pudo registrarlo. Un brazo negro del Dios Nocturno salió volando, desintegrándose en partículas de sombra antes de tocar el suelo.
El Dios Nocturno retrocedió lo más rápido posible, soltando un alarido de sorpresa y dolor. Ya no estaba jugando. Esquivó la siguiente estocada de Shiro por milímetros, mientras ambos comenzaban a moverse como destellos de luz que cruzaban el campo de batalla en zigzag. El sonido de sus espadas chocando era constante, una sinfonía de metal y energía que creaba ondas de choque cada vez que sus hojas se encontraban a una velocidad que desafiaba las leyes de la física.
Yo observaba desde mi posición, recuperando el aliento mientras la Espada de Clonación vibraba en mi mano. Shiro se movía con una fluidez aterradora, su aura rosada y azul cielo dejando estelas en el vacío. Cada vez que el Dios Nocturno intentaba abrir una brecha para escapar, Shiro lo interceptaba con un ataque aún más agresivo, forzándolo a mantenerse en el combate.
Sus movimientos eran tan rápidos que por momentos desaparecían de la vista de los guardianes. Eran dos fuerzas primordiales colisionando una y otra vez. Shiro no iba a permitir que él se marchara después de haber insultado mi destino y mi pasado. Sus ojos brillaban con la determinación de la Shiro madura que conocí en el lago, ejecutando cortes precisos que buscaban no solo herir, sino desmembrar la existencia misma de Tanaka Sánchez.
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