The strongest warrior of humanity - Capítulo 168
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Capítulo 168: capitulo 168 una verdad que nadie quería escuchar
Esta mocosa se atreve a ponerme una mano encima?, pensó el Dios Nocturno mientras retrocedía. Pero de pronto se detuvo en seco al sentir el cambio en el aire. ¿Qué demonios es esa aura que surge de ella? Es como si una persona mucho más experimentada estuviera frente a mí. La entidad tragó saliva al cruzar su mirada con la de Shiro. Ya no había rastro de la maestra amable; solo se veía un desprecio y una arrogancia infinita, alimentada por un odio y una venganza demasiado siniestros para ser humanos.
El Dios Nocturno esquivó cada ataque de la espada de Shiro con movimientos desesperados. Giró a una gran velocidad y apareció detrás de ella conectando un golpe basto y seco. Shiro recibió el impacto directamente en su rostro. Fue un golpe tan severo y aterrador que salió disparada a una distancia increíble, cayendo con tal fuerza que la mar de sangre del dominio se quebró por completo bajo su cuerpo. El choque en el suelo hizo vibrar las bases de la realidad misma.
Pero lo que sucedió después no fue normal. Una risa siniestra comenzó a brotar de los labios de Shiro mientras se levantaba lentamente de entre los escombros. ¡Jajajaja jajajaja! ¡Qué hipócrita eres!, gritó ella con una voz que distorsionaba el espacio tiempo. Eres a quien más deseo en la vida matar con mis propias manos. Quiero destruirte, arrancarte cada extremidad para así quemarte vivo. Ante ese llamado el mundo entero respondió.
El Dios Nocturno sintió un terror absoluto ante esa mujer como nunca antes en su existencia eterna. Los dioses en sus planos superiores sintieron una presencia bastante aterradora que los obligó a mirar hacia el campo de batalla. Los sesenta y ocho guardianes cayeron al suelo de rodillas, aplastados por la presión espiritual que Shiro estaba liberando. No era poder; era la autoridad de un ser que lo ha visto todo y lo ha destruido todo.
Afuera del reino Gojo y todos los presentes cayeron de rodillas sin entender lo que estaba pasando. Era como si alguien se hubiera convertido en el ser todopoderoso del mundo en un solo instante. Por otro lado Sayo se horrorizó de miedo al sentir esa siniestra energía nunca vista a través de sus ojos de Visión Estelar. Lo que vio no fue a Shiro Shimizu sino a una sombra colosal que devoraba las estrellas, una entidad de juicio final que no dejaría nada a su paso.
El aire se volvió pesado como el plomo y el silencio regresó pero esta vez cargado de una amenaza inminente. Carlos observaba desde su posición dándose cuenta de que la Shiro que tenía delante era capaz de borrar a Tanaka Sánchez y a cualquier Dios con solo desearlo. El Dios Nocturno temblaba dándose cuenta de que no estaba luchando contra una alumna o una maestra sino contra la personificación de la venganza del tiempo mismo.
Shiro se levantó camino lentamente sus ojos ya no eran azules ahora se volvieron rosados son rasgos de un dragón mirando a su presa y por primera vez vemos a Shiro con una trasformación única dos espadas cayendo desde adentro del reino temporal afilada con grietas en sus dos espadas su color de brillo era naranja oscura vengan a mi espadas de la parca destructiva. Las espadas respondieron a su llamado Shiro de un segundo ya estaba detrás de el. Con tan solo levantar la espada fue golpeado sin darse cuenta.
El Dios Nocturno retrocedió tambaleándose, con su forma física desmoronándose bajo la presión de cortes tan profundos que llegaban hasta su esencia espiritual. Ya no era una coincidencia: ella estaba en un nivel de existencia que desafiaba toda lógica divina.
La Shiro del pasado no fue solo una maestra fue la persona que cargó con el peso más grande del mundo sobre sus hombros. Su existencia no se limitaba a su propio poder, sino al legado que la humanidad entera le otorgó como su guerrera más fuerte. Ella representaba la paz y la tranquilidad, pero el hecho de que su “yo” actual estuviera al borde de la muerte mientras esta versión reinaba en el campo de batalla planteaba una pregunta aterradora. ¿Cómo fue posible que ambas versiones se reencontraran?
Este es un misterio que nadie puede descifrar. Mientras otros han regresado porque sus mundos fueron destruidos, el caso de Shiro es único. Para el mundo exterior y para Carlos, solo pasaron seis años desde que Shiro fue sellada. Pero para ella, atrapada en un sello donde no había nada más que el vacío de la oscuridad, pasó un millón de años. Milenios de soledad donde la confianza que alguna vez tuvo se perdió tras ser vencida por alguien que usó una Magia de Sello tan aterradora que la borró de la historia.
Ahora que está en este mundo, Shiro no actúa como una sobreviviente, sino como una viajera del tiempo con una misión que nadie más podría ejecutar. Cada segundo que pasa en este plano, ella se vuelve más fuerte, absorbiendo la energía del entorno para reconstruir lo que el sello le arrebató. El Dios Nocturno la miraba con horror, comprendiendo que no estaba enfrentando a una mujer, sino a un millón de años de odio acumulado en el vacío.
—Un millón de años de silencio son difíciles de perdonar —susurró Shiro, y su voz resonó como si mil versiones de ella hablaran al mismo tiempo.
El aire alrededor de Shiro comenzó a distorsionarse, creando grietas negras que succionaban la luz. Ella es la anomalía que el universo no puede corregir. Su mirada, fija en el Dios Nocturno, no mostraba rastro de la compasión que solía definirla. El trauma del sello la había forjado en un arma de precisión absoluta. Carlos sentía la vibración de su alma la Shiro que conocía estaba allí, pero estaba cubierta por capas de una experiencia tan vasta y dolorosa que resultaba casi irreconocible.
El Dios Nocturno intentó regenerar sus heridas, pero el poder de Shiro lo impedía. Las heridas causadas por alguien que ha vivido un millón de años en la nada no sanan con magia convencional son cicatrices en la realidad misma.
Carlos observaba fijamente a Shiro mientras los guardianes intentaban desesperadamente derribar lo que quedaba del enemigo. Yuki se acercó con una cautela que delataba su nerviosismo extremo. Líder yo, comenzó a decir pero las palabras se trabaron en su garganta. No tienes por qué decirlo, respondió Carlos con calma, sé cómo te sientes pero dime qué sientes ahora. Él la miró directamente y notó en sus ojos el rastro del terror y el miedo absoluto. Yuki colocó su mano sobre el brazo izquierdo de Carlos buscando un anclaje en medio de la tormenta.
Yo no puedo negar lo que siento, confesó Yuki, aunque sea la comandante sentirme así me avergüenza pero desde que me enfrenté al Dios Nocturno él me mostró un recuerdo horrendo algo que yo. No te preocupes Yuki, la interrumpió Carlos, sé cómo fueron las cosas. Pero ahora debes entender que él no ha peleado en serio ni un poco. Al contrario noto que Shiro está luchando con todo lo que tiene pero es la primera vez que veo esa apariencia nueva en ella. No sé qué entrenamiento ha estado usando porque es algo que ni yo he podido lograr. Dominar el poder no es tan fácil como uno piensa.
Yuki observaba a Carlos con una atención profunda y sus ojos brillaban con un asombro que iba más allá de la simple lealtad. Era un respeto sagrado hacia su salvador. Carlos comprendía que cada vida que había sido arrebatada bajo las creencias de otros significaba algo más. Creer es confiar en ti mismo porque a veces nos sentimos solos pero siempre habrá alguien que nos haga compañía. Dios siempre lo ve y observa todo, pensó Carlos, aunque nosotros no podamos creer en nada Él está ahí aunque nadie lo vea.
Pero, ¿qué tiene que ver la religión o la fe en todo esto? La diferencia es que uno no cree en lo que no ve y piensa que todo está perdido. La gran diferencia es que aunque veas todo caer siempre debes tener fe en lo que haces. Sin embargo todo tiene un sacrificio, un sacrificio que nadie más se atrevería a aceptar perderlo todo, incluso toda la vida que nos queda por delante. Carlos aceptaba ese destino mientras veía a Shiro transformarse en una entidad de justicia poética y violenta.
El campo de batalla se sentía como un templo en ruinas donde Shiro era la deidad y Carlos el sumo sacerdote de una verdad dolorosa. La fe de la que hablaba Carlos no era ciega era la fe de quien ha caminado por el infierno y ha decidido seguir adelante. Yuki apretó el brazo de Carlos comprendiendo que su líder estaba dispuesto a pagar ese precio final si fuera necesario. La presión en el ambiente aumentó de nuevo cuando Shiro preparó su siguiente movimiento, recordándoles a todos que la victoria exigía una parte de sus almas que jamás recuperarían.
Kai Eric eime Fer son los más fuertes al igual que Yuki cada quien tuvo su historia su camino y eso fue que lo llevó a una nueva escala. Recuerdo cómo empezaron tuvieron una vida dura y cruel al igual que yo pero gracias a ellos me hicieron darme cuenta en algo y es que por lo mucho que piense ellos siempre estarán para todo son mi familia ellos forman parte de mi y yo de ellos.. siempre lo que he hecho me ha llevado a esto.
Yuki se hundió en sus pensamientos mientras observaba el rastro de destrucción. No podía negar el hecho de que había revivido el trauma de su pasado. La forma en que ese monstruo acabó con ella de manera aplastante fue una humillación que nunca antes había sentido, incluso después de haber matado a dioses y seres de mundos desconocidos. Ver a Shiro peleando contra ese ser le provocaba escalofríos. Nada tenía sentido para ella. ¿Cómo es que había salido con vida ante él la primera vez?
Miró a Shiro con una mezcla de miedo y asombro, observando cómo luchaba de forma monstruosa. La espada de Shiro vibraba con una trascendencia única, algo que Yuki nunca había visto en la Shiro que conoció anteriormente. Era increíble y aterrador ver cómo ella era capaz de humillar a ese bastardo que una vez fue el terror de los clanes.
Mientras tanto el verdadero nombre del Dios Nocturno estaba a punto de ser revelado ante las suposiciones de los presentes. Ambos combatientes tenían sus ropas desgarradas y sus cuerpos marcados por el esfuerzo extremo. A Shiro no le importaba en absoluto su estado físico pues solo tenía un motivo: matarlo. Era la única manera de aniquilarlo por completo y corregir el error de hace mil años cuando sus miedos le impidieron dar el golpe final.
Sé que desde lo más allá de este mundo me estás observando, ¿verdad vieja amiga?, susurró Shiro con una sonrisa que desconcertó al Dios Nocturno. Era la sonrisa de alguien que había recuperado un recuerdo valioso, una promesa sellada en la sangre que ahora le otorgaba una fuerza renovada. El Dios Nocturno se quedó confundido, sintiendo que la ventaja psicológica que creía tener se desvanecía ante la claridad de la guerrera.
Sin dudarlo más el Dios Nocturno se movió a una velocidad que superaba la percepción humana, haciendo que el lago de sangre salpicara con una fuerza violenta. El océano carmesí rugió y se formó una gran tormenta de sangre delante de ambos combatientes, oscureciendo la visión de los guardianes. ¡Destello de la oscuridad: Áreas cortantes!, rugió la entidad mientras varios destellos de energía negra salían de sus manos.
El ataque se dirigió hacia Shiro con la intención de despedazarla en mil fragmentos. Los cortes de oscuridad eran tan densos que devoraban la luz a su paso, creando una red mortal de la que parecía imposible escapar. Shiro permaneció inmóvil por un milisegundo, esperando que el ataque estuviera lo suficientemente cerca para demostrar que el tiempo de los dioses antiguos ya había terminado
Shiro levantó su espada con una calma que resultaba insultante para el Dios Nocturno. Los destellos oscuros impactaron, pero en lugar de atravesarla, se deslizaron por el filo de su arma como si fueran agua. Ella no bloqueó los ataques; los redirigió con movimientos circulares que creaban un vacío a su alrededor. Cada destello que pasaba de largo cortaba la tormenta de sangre, dividiendo el océano carmesí en dos.
—¿Eso es todo lo que tu odio puede construir? —preguntó Shiro, su voz resonando por encima del rugido del viento sangriento.
El Dios Nocturno, frustrado por la falta de resultados, lanzó un alarido y se hundió en el océano de sangre, desapareciendo de la vista. De repente, mil estacas de sombra surgieron desde abajo, intentando empalar a la guerrera desde todos los ángulos posibles.
Shiro cerró los ojos y, en un instante, el tiempo pareció detenerse para ella. No era magia temporal común; era la experiencia de ese millón de años de aislamiento manifestándose en puro instinto. Con un solo giro de su cuerpo, desató una onda expansiva de energía azul cielo que pulverizó las estacas antes de que la tocaran.
—Estilo del Vacío Eterno. Corte de la Memoria Perdida —susurró.
Su espada brilló con una intensidad cegadora. Shiro se lanzó hacia el centro de la tormenta, cortando no solo la sangre y el aire, sino la propia oscuridad que protegía al enemigo. El Dios Nocturno fue forzado a emerger, su rostro mostrando por primera vez un pánico genuino al ver que Shiro lo había encontrado en su propio escondite.
El choque fue inminente. La espada de Shiro se hundió en el hombro del Dios Nocturno, quemando su esencia con una luz que no pertenecía a este plano. Él intentó sujetar el brazo de ella con su mano restante, pero la presión del aura de Shiro comenzó a desintegrar sus dedos.
Abajo, Carlos y Yuki observaban cómo la tormenta de sangre comenzaba a lloverse sobre ellos, pero ya no con furia, sino como gotas pesadas de una batalla que estaba llegando a su clímax. Los guardianes sintieron que la presión que los mantenía de rodillas se transformaba en una energía de esperanza. El Dios Nocturno estaba perdiendo la forma, su silueta se volvía borrosa mientras Shiro lo obligaba a mirar el abismo que ella misma había habitado por milenios.
Shiro se puso seria por un momento, una seriedad tan profunda que parecía matar toda curiosidad y esperanza en el ambiente. Dime algo, ¿por casualidad tu nombre no es…? Las palabras se perdieron en un vacío sonoro, como si la realidad misma se negara a permitir que ese nombre fuera escuchado por oídos mortales. En ese instante, el Dios Nocturno dejó de sonreír. Su mirada cambió por completo; ya no era la de un guerrero arrogante, sino una mirada siniestra y distorsionada que brillaba con una luz que hería la vista.
Pero entonces, una sonrisa peligrosa y desgastante, una expresión retorcida e incrédula, se dibujó en su rostro. ¡JAJAJAJAJAJA! ¡Debo estar iluminado!, gritó con una carcajada que rasgó los tímpanos de los presentes. Tras su risa, su voz se volvió tan fría como la muerte misma y desapareció a una velocidad que ni Carlos ni Shiro pudieron presenciar con sus sentidos sobrehumanos.
—Yo soy quien está por encima de todo —su voz resonó desde todas las direcciones, haciendo vibrar los huesos de los guardianes—. Quien se atreva a desafiarme, a mí, el Dios, el humano que fue devorado por las llamas nocturnas de la muerte solo para superar sus propios límites… ¡No hay nadie en este mundo que pueda detenerme!
La presión aumentó hasta que el oxígeno pareció desaparecer. No importa si alguien es mucho más fuerte que yo, jamás podrían ganarme porque yo soy el Dios Nocturno, el terror de la vida eterna. Entre la vida y la muerte, soy el único dios capaz de destruir todo lo que aparezca en la existencia. Unos seres miserables como ustedes no merecen la vida; todos son una plaga sin prejuicios, incapaces de comprender lo que realmente busco.
El Dios Nocturno se materializó en lo alto, descendiendo como una sombra que devoraba el firmamento. —Ustedes son simples seres incapaces de proteger lo que alguna vez anhelaron en su eternidad —sentenció con un desprecio que pesaba más que una montaña. Sus palabras no eran simples sonidos; eran como un universo entero colapsando, cargado de una verdad tan amarga que hizo que Carlos y Shiro sintieran una rabia y un coraje incontenibles, mezclados con un miedo primigenio.
Sus palabras buscaban destruir el espíritu antes que el cuerpo. Carlos apretó los dientes, sintiendo cómo sus llamas del infierno reaccionaban violentamente ante el insulto a su voluntad de proteger. Shiro, por su parte, apretó su espada hasta que sus nudillos sangraron, reconociendo en ese discurso la misma arrogancia que la mantuvo sellada por un millón de años. La batalla ya no era por el territorio o el poder; era una lucha por el derecho a existir contra una entidad que los consideraba nada más que polvo.
El Lamento de la Academia punto de vista de Natsuki Yoshida
A veces me pregunto el porqué siempre nos ocurren estas desgracias. No sabemos qué fue lo que ocurrió; todo estaba bien hace apenas un momento, pero ahora un nudo opresor me aprieta el pecho. Mi corazón reclama el dolor y el sufrimiento de los estudiantes que han muerto. Los edificios están destrozados, caídos; los escombros están manchados de sangre mientras el fuego los devora sin detenerse, iluminando la carnicería con un brillo anaranjado y cruel.
La mirada de Natsuki se transformó en una máscara de horror. Observé cómo los demás pedían ayuda desde debajo de las estructuras colapsadas, pero ya era demasiado tarde. Casi todos han muerto. Algunos pocos alcanzaron a salir con vida, pero los que se quedaron atrás no corrieron con esa misma suerte. El destino los había abandonado a su suerte en medio del caos. Por lo tanto, Yue, Karen y yo logramos sobrevivir si no fuera por Hiko, nosotros ya estaríamos muertas en este preciso instante.
¿Cómo es posible que ocurran estas tragedias una tras otra? No hace mucho tuvimos que enfrentar a los abismales, ¿y ahora esto? ¿Qué demonios está ocurriendo en realidad? Me siento inquieta, una desesperación creciente me carcome por dentro. Quisiera saber algo de Carlos, tener una señal de que sigue luchando, de que sigue vivo.
Busqué con dedos temblorosos el collar, ese vínculo que nos mantenía unidos a pesar de la distancia. Pero cuando miré de nuevo, el alma se me cayó a los pies. El brillo se había apagado por completo. La gema, que antes pulsaba con la energía vital de Carlos, ahora era una piedra opaca, fría y muerta.
El Silencio del Vínculo
Un silencio aterrador me envolvió a pesar de los gritos y las explosiones a mi alrededor. El hecho de que el collar se apagara solo podía darme a entender una cosa que él finalmente había…
Mis rodillas cedieron y caí sobre los escombros, ignorando el dolor de las piedras cortando mi piel. Yue y Karen me gritaron algo, pero sus voces se sentían lejanas, como si estuvieran bajo el agua. Si la luz de Carlos se había extinguido, significaba que el Dios Nocturno finalmente lo había consumido o que su corazón simplemente había dejado de latir en ese reino lejano. El mundo se sintió más oscuro que nunca, y por primera vez, la fe que Carlos nos pidió tener comenzó a desmoronarse entre mis manos.
Estaba cansada, agotada de ver cómo mi mundo se derrumbaba ante mis ojos. Las promesas que nos hicimos en la enfermería y nuestro paseo con nuestra hija Yue dolió como si me estuvieran arrancando el alma. El dolor reclamaba los hechos; quería desaparecer. Pero entonces oí una voz tierna y adorable. Se trataba de Yue. ¡Mamá! No tienes por qué sentirte tan mal. Mi padre no ha muerto, sigue con vida y está luchando. No te desanimes, él es fuerte y no será derrotado por nadie. Sé que las cosas no están saliendo como deseamos, pero…
Una mirada tierna y dulce iluminó el rostro de la pequeña Yue. Papá vendrá, no tienes por qué perder la fe madre. Sus palabras fueron un pequeño bálsamo, reforzado por la presencia de Karen, quien caminaba con una tranquilidad sobrenatural. Mi sobrina tiene razón, dijo Karen. Mi hermano no podría caer, lo conozco mejor que nadie. Confía en él, en tu querido y mediocre prometido… Una sonrisa traviesa y peligrosa, muy propia de su linaje, apareció en su rostro.
La esperanza se vio interrumpida por la aparición de Hiko frente a nosotras. Se acercó a Natsuki con una expresión sombría. Ejem, perdón por interrumpir su escena de fe, pero hay personas que debemos salvar. Hablé hace un momento con Shiro y parece que Carlos ha sido poseído otra vez, pero es por alguien que ni siquiera nosotros podemos enfrentar. Shiro me recordó que nuestra prioridad es salvar a los alumnos. Si dejamos que esto siga así, el peso más grande del mundo caerá sobre Carlos.
Hiko tragó saliva, mostrando una preocupación y un dolor que nacían de lo más profundo de su corazón. Es una verdad muy triste, Natsuki. Esto será duro. Él será condenado a un castigo severo. Hay opciones terribles: que sea declarado culpable de esta tragedia y expulsado, o que pague sus pecados con una ejecución más cruel de lo imaginable. No será un destino apropiado; será un juicio donde las víctimas lo reclamarán a lo largo de su vida. Lo lamento mucho, pero Carlos no tendrá suerte. Nada de lo que él diga será aceptado.
¡No! ¡Tiene que ser una broma, Hiko! Carlos no puede ser ejecutado, tiene que haber otro modo, gritó Natsuki con la voz quebrada. Las lágrimas corrían por sus mejillas en un llanto desgarrador. No quería aceptar la realidad. ¿Por qué tiene que pagar por algo que él nunca hizo? ¿Por qué siempre quieren destruirlo por completo? Quieren arruinar la vida de alguien que solo fue poseído de forma extraña, solo para que sea ejecutado por crímenes que no cometió por voluntad propia.
Natsuki se desplomó, abrazando a Yue mientras el sonido de los edificios colapsando de fondo parecía subrayar la injusticia del mundo. Karen apretó los puños, su sonrisa desapareciendo y siendo reemplazada por una mirada de odio hacia los altos mandos que ya estarían redactando la sentencia. La academia, que debía ser su hogar, se estaba convirtiendo en el tribunal que enviaría a Carlos al patíbulo.
Te seré honesto, suspiró Hiko con una expresión tan cruel que nadie desearía verla jamás. No lo conozco muy bien; al principio me parecía un estudiante promedio, pero cuando lo vi metiéndose en problemas a cada momento, tuve dudas sobre él. Ahora entiendo perfectamente: él debe ser asesinado de inmediato. Las palabras cayeron como guillotinas. Yue, Natsuki y Karen quedaron paralizadas de miedo y dolor, un sentimiento tan profundo que les robó el aliento.
¡No, no, no! ¡Me niego a aceptar eso!, gritó Karen con la voz quebrada por un odio puro. Sus ojos se clavaron en los de Hiko con una intensidad asesina. ¿No voy a dejar que hagan lo que quieran solo porque él se ha metido en problemas? ¡No digas estupideces! Ustedes no saben nada de lo que mi hermano ha tenido que pasar. En ese instante, un recuerdo cruzó su mente: Carlos sonriéndole en el puente bajo el atardecer, prometiéndole que no moriría si confiaba en él. Ese recuerdo, que antes era un consuelo, ahora era una herida abierta.
La tensión fue interrumpida por una voz imponente y antigua: era Akira, el Dios de la Espada. Niños, presten mucha atención, dijo con una autoridad que hizo callar a todos. Ese chico por nada de este mundo debe morir de esa forma. Hay otros métodos para que él salga de estas situaciones. Creo que es hora de que les diga la verdad de por qué siempre trae problemas. Él está cargando un dolor y un peso que ustedes no se pueden imaginar. Mis sentidos y mi corazón ven a un hombre con varias espadas clavadas en su cuerpo, con la sangre cayendo lentamente y los ojos de un guerrero que lo ha perdido todo en una guerra que jamás pudo ganar.
Akira continuó con un tono solemne. Ese chico está sufriendo de una manera tan horrible que ni ustedes mismos podrían imaginarla. No dice nada para que ninguno de ustedes tenga que morir frente a sus ojos; esa es su mayor debilidad. Es un dolor aplastante. Lo ven alegre y feliz cuando está con otros, pero por dentro está vacío, hecho pedazos, como si sus fragmentos se estuvieran desintegrando por completo, borrando su existencia.
Además, la razón por la cual fue poseído por segunda vez es porque el Dios Nocturno ha aparecido. Un silencio absoluto, más pesado que cualquier otro, cayó sobre el grupo. La noticia era difícil de creer. El Dios Nocturno, la leyenda de la destrucción, había hecho contacto con Carlos. La reacción de Karen, Hiko y Natsuki fue de un shock total; el aire parecía haber desaparecido de sus pulmones.
Entonces, Hiko habló finalmente, con la voz temblorosa al procesar la magnitud del peligro. Si lo que dices es verdad, entonces los libros no mentían. Él aún vive y ha regresado para destruirlo todo. Natsuki apretó el collar apagado contra su pecho, comprendiendo ahora que el vacío en el corazón de Carlos no era solo una metáfora, sino el resultado de haber servido como el último escudo contra la oscuridad más antigua del mundo.
Karen, ¿recuerdas cuando hablamos sobre cómo fue mi vida?, preguntó Akira con una voz que parecía venir desde el fondo de los siglos. Lo que dije fueron verdades. Ese tipo mató a mis amigos en el pasado y no tienen ni la menor idea de lo que tuve que vivir en mi juventud. Luego, dirigió su mirada gélida hacia Hiko. Además, niño insolente y arrogante, ¿crees que matarlo podrá traer paz? No seas tan ingenuo. ¿Ustedes qué harán? Nada, absolutamente nada. No tienen oportunidad ni posibilidades de ganar contra ese ser.
Todos morirán, y eso solo hará que él sufra más de lo que ya está acostumbrado. Lo sabes perfectamente, Karen; ya viste mis recuerdos, viste cómo terminé yo y cómo el Rey de los Héroes murió en esa lucha. Karen bajó la mirada, apretando los puños. Yo lo siento mucho, Akira. En verdad no me había dado cuenta; quería olvidar mi trauma al ver mi propia muerte. Sentí que iba a morir de verdad si no fuera por mi hermano. Jejejeje, rió Karen con una sonrisa que intentaba ocultar un dolor insoportable.
Yue caminó hacia Karen, y el Dios de la Espada la observó con una atención que rozaba el temor. Sus ojos vieron algo en ella que lo hizo temblar. Esa niña… Esa mirada… ¿Eso quiere decir que…? Akira se enfureció y tembló al mismo tiempo. ¿Cómo es posible que hayas muerto, Dragón de la Felicidad? ¿Por qué tenías que morir? Entonces comprendió la verdad: esa niña se mezcló con la sangre de Carlos Tanaka Sánchez. Ahora ella es mitad nocturna y mitad dragón, poseedora de una luz cegadora.
Akira sonrió, pero no era una sonrisa de enojo, sino de esperanza por un futuro que esa niña podría lograr. Los demás dioses lo sabrán tarde o temprano: una semidiosa ha nacido en un mundo lleno de caos y destrucción para traer la paz y la felicidad a todos los que han perdido la esperanza. Yue, ajena a la magnitud de su propia naturaleza, solo miraba hacia el horizonte donde su padre luchaba por su alma.
De pronto el mundo se detuvo por un segundo. Akira cerró los ojos y, a través de su visión divina, vio lo que el Dios Nocturno estaba haciendo en el cuerpo de Carlos. Una batalla desgarradora se mostraba: dos seres del mismo poder y la misma raza enfrentándose en un duelo a muerte. Y allí estaba ella, Shiro Shimizu, la sobreviviente que pasó mil años en una soledad que ella misma se condenó en el pasado. Pero ahora se veía diferente. ¿Qué le había ocurrido para alcanzar esa apariencia?
¿Cómo es posible que se le haya ocurrido luchar contra alguien a quien no puede ganar?, se preguntó Akira para sus adentros. ¿De dónde saca esa confianza? Como sea, esa chica terminará muriendo tarde o temprano, aunque la venganza de esa mujer no se compare con la mía. Mientras tanto, en el mundo real, Natsuki sentía cómo el collar vibraba ligeramente, no por Carlos, sino por la resonancia del poder que Yue estaba empezando a emanar de forma inconsciente.
Varios testigos observaron con asombro cómo Yue miraba hacia el vacío, viendo lo que nadie más podía: a su padre, Carlos, de pie como una estatua de dolor, sosteniendo sus espadas mientras sesenta y ocho sombras, los Guardianes, lo rodeaban como un ejército de espectros leales. Pero Yue veía más allá. En sus sueños, la verdadera amenaza no era solo el Dios Nocturno; era algo más antiguo, un ser cuyo objetivo era el robo absoluto de la esencia humana.
—Nadie me arrebatará este vínculo —susurró la niña con una determinación que heló la sangre de Akira—. Los sueños me mostraron que él vendrá, y yo no lo permitiré.
Cerrando sus ojos, Yue liberó cada barrera de su ser. El poder nocturno de su padre y la luz ancestral del Dragón de la Felicidad se fusionaron, abriendo un portal que parecía un espejo hacia otra dimensión. Antes de cruzar, les dedicó una leve sonrisa a Natsuki y a los demás. —Déjenme esto a mí. Lo traeré de vuelta. Bay bay —dijo con esa ternura infantil que contrastaba con el aura dorada y feroz que emanaba de sus manos.
Dentro del Reino Temporal, Shiro estaba en su punto de quiebre. El Dios Nocturno se movía a una velocidad que desafiaba incluso sus mil años de experiencia. Ella sentía una presión intimidante; la entidad desaparecía y atacaba desde ángulos imposibles, dejándola sin aliento y con el cuerpo cubierto de cortes que drenaban su energía vital.
—Si no logro detenerlo… ambos seremos borrados —pensó Shiro, apretando los dientes mientras veía al Dios Nocturno preparar su golpe final. La entidad se lanzó como un meteoro de sombras, listo para atravesar el corazón de la maestra y el recipiente de Carlos al mismo tiempo. Pero antes de que el impacto ocurriera, el aire se saturó de un brillo dorado.
De repente, una lluvia de cadenas celestiales cayó desde el techo del vacío, envolviendo al Dios Nocturno y dejándolo inmóvil. La entidad rugió, forcejeando contra los eslabones que no solo ataban su cuerpo, sino que quemaban su esencia con una pureza insoportable.
Yue caminó lentamente por el aire, sus pies creando ondas doradas en la mar de sangre. Su mirada desafiante hizo que incluso Shiro retrocediera por el instinto de supervivencia. El Dios Nocturno, paralizado por las cadenas, miró a la pequeña con un odio mezclado con un terror absoluto. No era una niña lo que tenía enfrente; era la justicia de un linaje que él mismo había intentado corromper.
—Ya fue suficiente de lastimar a mi papá —sentenció Yue, y su voz hizo que el Reino Temporal entero temblara como si fuera de cristal.
—Oh, mira a quién tenemos aquí —siseó la entidad, forcejeando contra las cadenas—. Una simple niña ha venido para ver cómo mato a su padre y a esa mocosa de Shiro.
Pero Carlos, desde lo más profundo de su ser, observó a Yue. Al verla bajar por el aire rodeada de esa aura siniestra y a la vez divina, sintió una punzada de orgullo que logró atravesar la niebla de la posesión. Esa mirada era suya; era la mirada de un guerrero que no conoce el retroceso. “Vaya, vaya”, pensó Carlos en un rincón de su conciencia, “esa niña me hace sacar mi lado más puro. Si está aquí es porque no va a dejar que nadie toque lo que es suyo”.
El aura de Yue palpitaba con una frecuencia que solo los de sangre antigua podrían reconocer. Era el poder del Dragón de la Felicidad, una fuerza que no se basa en la destrucción, sino en la restauración del equilibrio. Carlos, mientras recuperaba fragmentos de su voluntad, recordó a Sage. Aquel encuentro que terminó mal por culpa de las intrigas de Shima.
“Ese maldito elfo”, gruñó Carlos internamente, “está ocultando algo y lo voy a averiguar. Cuando salga de esta, voy a borrar esa mirada estúpida de su rostro”. La presencia de su hija no solo le daba fuerza, sino que le devolvía el raciocinio. El vínculo entre ellos estaba funcionando como un puente de doble vía: ella le daba luz y él le entregaba su instinto de combate.
Yue no pronunció palabra. Se detuvo a pocos metros del Dios Nocturno, cuya sombra se agitaba violentamente bajo las cadenas doradas. Shiro, herida y exhausta, observaba con los ojos muy abiertos cómo la pequeña levantaba su mano izquierda, donde el aura dorada comenzó a girar como una galaxia en miniatura.
—Tú no eres un dios —dijo Yue con una voz que resonó con la autoridad de mil dragones—. Eres solo un parásito que se olvidó de cómo morir.
El Dios Nocturno sintió, por primera vez en eones, que su existencia estaba realmente en peligro. No era por la fuerza bruta de Carlos o la técnica de Shiro, sino por la pureza absoluta de la niña, que veía a través de todas sus mentiras y manipulaciones
En tan solo un segundo, Yue chasqueó los dedos y varios hechizos de una complejidad geométrica ancestral brotaron a nuestro alrededor, mostrando una autoridad que silenció incluso el rugido del Dios Nocturno.
—El que tiene más derecho sobre quién debo cuidar soy yo —sentenció la pequeña, rodeada de runas flotantes—. Mientras yo esté junto a mi padre, no permitiré que un miserable que perdió su humanidad buscando poder intente tocarlo. Solo das pena. No le llegas ni a los talones a mi padre, miserable escoria.
La seguridad de Yue era absoluta. Era patético que esa entidad hubiera regresado solo para encontrarse con la heredera del Dragón. —Te expulsaré del cuerpo de mi padre ahora mismo. ¡Ven a mí, Espada Separadora de Almas! —La hoja legendaria se materializó entre sus manos, rodeada de un resplandor que dividía la luz de la sombra. Yo me quedé atónito; solo Karen y yo podíamos portarla, pero verla en manos de Yue era una revelación.
Caminé hacia ella, con la duda quemándome por dentro. —Yue, dime algo… ¿Cómo supiste de esta espada? —pregunté con la voz temblorosa por el asombro.
—No tienes por qué decírmelo —respondió ella con una sonrisa juguetona, rompiendo la tensión del combate por un momento—. Solo confía en mí, papá. Recuerda que estoy aquí para ayudarte. Bueno, también porque estaba nerviosa por si vendrías a vernos a mamá y a mí. La tienes muy preocupada… deberías ser más romántico con ella, no sé, ¡mínimo mandarle cartas!
Me quedé mudo, rascándome la nuca mientras el calor subía a mis mejillas. —Ehhh, bueno, yo… —balbuceé, sin saber qué responder ante semejante reclamo en pleno campo de batalla.
—¡Jajajaja! —La risa de Shiro estalló detrás de nosotros, a pesar de sus heridas—. Vaya, hasta la pequeña Yue te está regañando. ¡Eso es, mi Yue! ¡Acábalo, demuestra quién manda aquí!
—Oye, Shiro, no me estás ayudando mucho que digamos —suspiré, intentando recuperar la compostura mientras miraba a mi hija sosteniendo el arma que podía salvarme—. Como sea… en fin, Yue, ¿sabes cómo funciona verdad? Es un arma peligrosa, no solo para el enemigo, sino para el portador.
—Vamos, padre, confía —dijo Yue, su mirada volviéndose afilada y decidida de nuevo—. Sé cómo hacerlo, además te he visto usarla muy a menudo. No soy solo una niña, soy tu hija.
El Dios Nocturno, encadenado y viendo la Espada Separadora de Almas, comenzó a forcejear con un pánico frenético. Sabía que ese arma era el único objeto en existencia capaz de arrancarlo de su recipiente sin destruir el alma de Carlos. El final de su ocupación estaba a un solo tajo de distancia
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