Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

The strongest warrior of humanity - Capítulo 169

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. The strongest warrior of humanity
  4. Capítulo 169 - Capítulo 169: capitulo 169 el recuento de Yue y Dios nocturno
Anterior
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 169: capitulo 169 el recuento de Yue y Dios nocturno

El Lamento de la Academia punto de vista de Natsuki Yoshida

A veces me pregunto el porqué siempre nos ocurren estas desgracias. No sabemos qué fue lo que ocurrió; todo estaba bien hace apenas un momento, pero ahora un nudo opresor me aprieta el pecho. Mi corazón reclama el dolor y el sufrimiento de los estudiantes que han muerto. Los edificios están destrozados, caídos; los escombros están manchados de sangre mientras el fuego los devora sin detenerse, iluminando la carnicería con un brillo anaranjado y cruel.

La mirada de Natsuki se transformó en una máscara de horror. Observé cómo los demás pedían ayuda desde debajo de las estructuras colapsadas, pero ya era demasiado tarde. Casi todos han muerto. Algunos pocos alcanzaron a salir con vida, pero los que se quedaron atrás no corrieron con esa misma suerte. El destino los había abandonado a su suerte en medio del caos. Por lo tanto, Yue, Karen y yo logramos sobrevivir si no fuera por Hiko, nosotros ya estaríamos muertas en este preciso instante.

¿Cómo es posible que ocurran estas tragedias una tras otra? No hace mucho tuvimos que enfrentar a los abismales, ¿y ahora esto? ¿Qué demonios está ocurriendo en realidad? Me siento inquieta, una desesperación creciente me carcome por dentro. Quisiera saber algo de Carlos, tener una señal de que sigue luchando, de que sigue vivo.

Busqué con dedos temblorosos el collar, ese vínculo que nos mantenía unidos a pesar de la distancia. Pero cuando miré de nuevo, el alma se me cayó a los pies. El brillo se había apagado por completo. La gema, que antes pulsaba con la energía vital de Carlos, ahora era una piedra opaca, fría y muerta.

El Silencio del Vínculo

Un silencio aterrador me envolvió a pesar de los gritos y las explosiones a mi alrededor. El hecho de que el collar se apagara solo podía darme a entender una cosa que él finalmente había…

Mis rodillas cedieron y caí sobre los escombros, ignorando el dolor de las piedras cortando mi piel. Yue y Karen me gritaron algo, pero sus voces se sentían lejanas, como si estuvieran bajo el agua. Si la luz de Carlos se había extinguido, significaba que el Dios Nocturno finalmente lo había consumido o que su corazón simplemente había dejado de latir en ese reino lejano. El mundo se sintió más oscuro que nunca, y por primera vez, la fe que Carlos nos pidió tener comenzó a desmoronarse entre mis manos.

Estaba cansada, agotada de ver cómo mi mundo se derrumbaba ante mis ojos. Las promesas que nos hicimos en la enfermería y nuestro paseo con nuestra hija Yue dolió como si me estuvieran arrancando el alma. El dolor reclamaba los hechos; quería desaparecer. Pero entonces oí una voz tierna y adorable. Se trataba de Yue. ¡Mamá! No tienes por qué sentirte tan mal. Mi padre no ha muerto, sigue con vida y está luchando. No te desanimes, él es fuerte y no será derrotado por nadie. Sé que las cosas no están saliendo como deseamos, pero…

Una mirada tierna y dulce iluminó el rostro de la pequeña Yue. Papá vendrá, no tienes por qué perder la fe madre. Sus palabras fueron un pequeño bálsamo, reforzado por la presencia de Karen, quien caminaba con una tranquilidad sobrenatural. Mi sobrina tiene razón, dijo Karen. Mi hermano no podría caer, lo conozco mejor que nadie. Confía en él, en tu querido y mediocre prometido… Una sonrisa traviesa y peligrosa, muy propia de su linaje, apareció en su rostro.

La esperanza se vio interrumpida por la aparición de Hiko frente a nosotras. Se acercó a Natsuki con una expresión sombría. Ejem, perdón por interrumpir su escena de fe, pero hay personas que debemos salvar. Hablé hace un momento con Shiro y parece que Carlos ha sido poseído otra vez, pero es por alguien que ni siquiera nosotros podemos enfrentar. Shiro me recordó que nuestra prioridad es salvar a los alumnos. Si dejamos que esto siga así, el peso más grande del mundo caerá sobre Carlos.

Hiko tragó saliva, mostrando una preocupación y un dolor que nacían de lo más profundo de su corazón. Es una verdad muy triste, Natsuki. Esto será duro. Él será condenado a un castigo severo. Hay opciones terribles: que sea declarado culpable de esta tragedia y expulsado, o que pague sus pecados con una ejecución más cruel de lo imaginable. No será un destino apropiado; será un juicio donde las víctimas lo reclamarán a lo largo de su vida. Lo lamento mucho, pero Carlos no tendrá suerte. Nada de lo que él diga será aceptado.

¡No! ¡Tiene que ser una broma, Hiko! Carlos no puede ser ejecutado, tiene que haber otro modo, gritó Natsuki con la voz quebrada. Las lágrimas corrían por sus mejillas en un llanto desgarrador. No quería aceptar la realidad. ¿Por qué tiene que pagar por algo que él nunca hizo? ¿Por qué siempre quieren destruirlo por completo? Quieren arruinar la vida de alguien que solo fue poseído de forma extraña, solo para que sea ejecutado por crímenes que no cometió por voluntad propia.

Natsuki se desplomó, abrazando a Yue mientras el sonido de los edificios colapsando de fondo parecía subrayar la injusticia del mundo. Karen apretó los puños, su sonrisa desapareciendo y siendo reemplazada por una mirada de odio hacia los altos mandos que ya estarían redactando la sentencia. La academia, que debía ser su hogar, se estaba convirtiendo en el tribunal que enviaría a Carlos al patíbulo.

Te seré honesto, suspiró Hiko con una expresión tan cruel que nadie desearía verla jamás. No lo conozco muy bien; al principio me parecía un estudiante promedio, pero cuando lo vi metiéndose en problemas a cada momento, tuve dudas sobre él. Ahora entiendo perfectamente: él debe ser asesinado de inmediato. Las palabras cayeron como guillotinas. Yue, Natsuki y Karen quedaron paralizadas de miedo y dolor, un sentimiento tan profundo que les robó el aliento.

¡No, no, no! ¡Me niego a aceptar eso!, gritó Karen con la voz quebrada por un odio puro. Sus ojos se clavaron en los de Hiko con una intensidad asesina. ¿No voy a dejar que hagan lo que quieran solo porque él se ha metido en problemas? ¡No digas estupideces! Ustedes no saben nada de lo que mi hermano ha tenido que pasar. En ese instante, un recuerdo cruzó su mente: Carlos sonriéndole en el puente bajo el atardecer, prometiéndole que no moriría si confiaba en él. Ese recuerdo, que antes era un consuelo, ahora era una herida abierta.

La tensión fue interrumpida por una voz imponente y antigua: era Akira, el Dios de la Espada. Niños, presten mucha atención, dijo con una autoridad que hizo callar a todos. Ese chico por nada de este mundo debe morir de esa forma. Hay otros métodos para que él salga de estas situaciones. Creo que es hora de que les diga la verdad de por qué siempre trae problemas. Él está cargando un dolor y un peso que ustedes no se pueden imaginar. Mis sentidos y mi corazón ven a un hombre con varias espadas clavadas en su cuerpo, con la sangre cayendo lentamente y los ojos de un guerrero que lo ha perdido todo en una guerra que jamás pudo ganar.

Akira continuó con un tono solemne. Ese chico está sufriendo de una manera tan horrible que ni ustedes mismos podrían imaginarla. No dice nada para que ninguno de ustedes tenga que morir frente a sus ojos; esa es su mayor debilidad. Es un dolor aplastante. Lo ven alegre y feliz cuando está con otros, pero por dentro está vacío, hecho pedazos, como si sus fragmentos se estuvieran desintegrando por completo, borrando su existencia.

Además, la razón por la cual fue poseído por segunda vez es porque el Dios Nocturno ha aparecido. Un silencio absoluto, más pesado que cualquier otro, cayó sobre el grupo. La noticia era difícil de creer. El Dios Nocturno, la leyenda de la destrucción, había hecho contacto con Carlos. La reacción de Karen, Hiko y Natsuki fue de un shock total; el aire parecía haber desaparecido de sus pulmones.

Entonces, Hiko habló finalmente, con la voz temblorosa al procesar la magnitud del peligro. Si lo que dices es verdad, entonces los libros no mentían. Él aún vive y ha regresado para destruirlo todo. Natsuki apretó el collar apagado contra su pecho, comprendiendo ahora que el vacío en el corazón de Carlos no era solo una metáfora, sino el resultado de haber servido como el último escudo contra la oscuridad más antigua del mundo.

Karen, ¿recuerdas cuando hablamos sobre cómo fue mi vida?, preguntó Akira con una voz que parecía venir desde el fondo de los siglos. Lo que dije fueron verdades. Ese tipo mató a mis amigos en el pasado y no tienen ni la menor idea de lo que tuve que vivir en mi juventud. Luego, dirigió su mirada gélida hacia Hiko. Además, niño insolente y arrogante, ¿crees que matarlo podrá traer paz? No seas tan ingenuo. ¿Ustedes qué harán? Nada, absolutamente nada. No tienen oportunidad ni posibilidades de ganar contra ese ser.

Todos morirán, y eso solo hará que él sufra más de lo que ya está acostumbrado. Lo sabes perfectamente, Karen; ya viste mis recuerdos, viste cómo terminé yo y cómo el Rey de los Héroes murió en esa lucha. Karen bajó la mirada, apretando los puños. Yo lo siento mucho, Akira. En verdad no me había dado cuenta; quería olvidar mi trauma al ver mi propia muerte. Sentí que iba a morir de verdad si no fuera por mi hermano. Jejejeje, rió Karen con una sonrisa que intentaba ocultar un dolor insoportable.

Yue caminó hacia Karen, y el Dios de la Espada la observó con una atención que rozaba el temor. Sus ojos vieron algo en ella que lo hizo temblar. Esa niña… Esa mirada… ¿Eso quiere decir que…? Akira se enfureció y tembló al mismo tiempo. ¿Cómo es posible que hayas muerto, Dragón de la Felicidad? ¿Por qué tenías que morir? Entonces comprendió la verdad: esa niña se mezcló con la sangre de Carlos Tanaka Sánchez. Ahora ella es mitad nocturna y mitad dragón, poseedora de una luz cegadora.

Akira sonrió, pero no era una sonrisa de enojo, sino de esperanza por un futuro que esa niña podría lograr. Los demás dioses lo sabrán tarde o temprano: una semidiosa ha nacido en un mundo lleno de caos y destrucción para traer la paz y la felicidad a todos los que han perdido la esperanza. Yue, ajena a la magnitud de su propia naturaleza, solo miraba hacia el horizonte donde su padre luchaba por su alma.

De pronto el mundo se detuvo por un segundo. Akira cerró los ojos y, a través de su visión divina, vio lo que el Dios Nocturno estaba haciendo en el cuerpo de Carlos. Una batalla desgarradora se mostraba: dos seres del mismo poder y la misma raza enfrentándose en un duelo a muerte. Y allí estaba ella, Shiro Shimizu, la sobreviviente que pasó mil años en una soledad que ella misma se condenó en el pasado. Pero ahora se veía diferente. ¿Qué le había ocurrido para alcanzar esa apariencia?

¿Cómo es posible que se le haya ocurrido luchar contra alguien a quien no puede ganar?, se preguntó Akira para sus adentros. ¿De dónde saca esa confianza? Como sea, esa chica terminará muriendo tarde o temprano, aunque la venganza de esa mujer no se compare con la mía. Mientras tanto, en el mundo real, Natsuki sentía cómo el collar vibraba ligeramente, no por Carlos, sino por la resonancia del poder que Yue estaba empezando a emanar de forma inconsciente.

Varios testigos observaron con asombro cómo Yue miraba hacia el vacío, viendo lo que nadie más podía: a su padre, Carlos, de pie como una estatua de dolor, sosteniendo sus espadas mientras sesenta y ocho sombras, los Guardianes, lo rodeaban como un ejército de espectros leales. Pero Yue veía más allá. En sus sueños, la verdadera amenaza no era solo el Dios Nocturno; era algo más antiguo, un ser cuyo objetivo era el robo absoluto de la esencia humana.

—Nadie me arrebatará este vínculo —susurró la niña con una determinación que heló la sangre de Akira—. Los sueños me mostraron que él vendrá, y yo no lo permitiré.

Cerrando sus ojos, Yue liberó cada barrera de su ser. El poder nocturno de su padre y la luz ancestral del Dragón de la Felicidad se fusionaron, abriendo un portal que parecía un espejo hacia otra dimensión. Antes de cruzar, les dedicó una leve sonrisa a Natsuki y a los demás. —Déjenme esto a mí. Lo traeré de vuelta. Bay bay —dijo con esa ternura infantil que contrastaba con el aura dorada y feroz que emanaba de sus manos.

Dentro del Reino Temporal, Shiro estaba en su punto de quiebre. El Dios Nocturno se movía a una velocidad que desafiaba incluso sus mil años de experiencia. Ella sentía una presión intimidante; la entidad desaparecía y atacaba desde ángulos imposibles, dejándola sin aliento y con el cuerpo cubierto de cortes que drenaban su energía vital.

—Si no logro detenerlo… ambos seremos borrados —pensó Shiro, apretando los dientes mientras veía al Dios Nocturno preparar su golpe final. La entidad se lanzó como un meteoro de sombras, listo para atravesar el corazón de la maestra y el recipiente de Carlos al mismo tiempo. Pero antes de que el impacto ocurriera, el aire se saturó de un brillo dorado.

De repente, una lluvia de cadenas celestiales cayó desde el techo del vacío, envolviendo al Dios Nocturno y dejándolo inmóvil. La entidad rugió, forcejeando contra los eslabones que no solo ataban su cuerpo, sino que quemaban su esencia con una pureza insoportable.

Yue caminó lentamente por el aire, sus pies creando ondas doradas en la mar de sangre. Su mirada desafiante hizo que incluso Shiro retrocediera por el instinto de supervivencia. El Dios Nocturno, paralizado por las cadenas, miró a la pequeña con un odio mezclado con un terror absoluto. No era una niña lo que tenía enfrente; era la justicia de un linaje que él mismo había intentado corromper.

—Ya fue suficiente de lastimar a mi papá —sentenció Yue, y su voz hizo que el Reino Temporal entero temblara como si fuera de cristal.

—Oh, mira a quién tenemos aquí —siseó la entidad, forcejeando contra las cadenas—. Una simple niña ha venido para ver cómo mato a su padre y a esa mocosa de Shiro.

Pero Carlos, desde lo más profundo de su ser, observó a Yue. Al verla bajar por el aire rodeada de esa aura siniestra y a la vez divina, sintió una punzada de orgullo que logró atravesar la niebla de la posesión. Esa mirada era suya; era la mirada de un guerrero que no conoce el retroceso. “Vaya, vaya”, pensó Carlos en un rincón de su conciencia, “esa niña me hace sacar mi lado más puro. Si está aquí es porque no va a dejar que nadie toque lo que es suyo”.

El aura de Yue palpitaba con una frecuencia que solo los de sangre antigua podrían reconocer. Era el poder del Dragón de la Felicidad, una fuerza que no se basa en la destrucción, sino en la restauración del equilibrio. Carlos, mientras recuperaba fragmentos de su voluntad, recordó a Sage. Aquel encuentro que terminó mal por culpa de las intrigas de Shima.

“Ese maldito elfo”, gruñó Carlos internamente, “está ocultando algo y lo voy a averiguar. Cuando salga de esta, voy a borrar esa mirada estúpida de su rostro”. La presencia de su hija no solo le daba fuerza, sino que le devolvía el raciocinio. El vínculo entre ellos estaba funcionando como un puente de doble vía: ella le daba luz y él le entregaba su instinto de combate.

Yue no pronunció palabra. Se detuvo a pocos metros del Dios Nocturno, cuya sombra se agitaba violentamente bajo las cadenas doradas. Shiro, herida y exhausta, observaba con los ojos muy abiertos cómo la pequeña levantaba su mano izquierda, donde el aura dorada comenzó a girar como una galaxia en miniatura.

—Tú no eres un dios —dijo Yue con una voz que resonó con la autoridad de mil dragones—. Eres solo un parásito que se olvidó de cómo morir.

El Dios Nocturno sintió, por primera vez en eones, que su existencia estaba realmente en peligro. No era por la fuerza bruta de Carlos o la técnica de Shiro, sino por la pureza absoluta de la niña, que veía a través de todas sus mentiras y manipulaciones

En tan solo un segundo, Yue chasqueó los dedos y varios hechizos de una complejidad geométrica ancestral brotaron a nuestro alrededor, mostrando una autoridad que silenció incluso el rugido del Dios Nocturno.

—El que tiene más derecho sobre quién debo cuidar soy yo —sentenció la pequeña, rodeada de runas flotantes—. Mientras yo esté junto a mi padre, no permitiré que un miserable que perdió su humanidad buscando poder intente tocarlo. Solo das pena. No le llegas ni a los talones a mi padre, miserable escoria.

La seguridad de Yue era absoluta. Era patético que esa entidad hubiera regresado solo para encontrarse con la heredera del Dragón. —Te expulsaré del cuerpo de mi padre ahora mismo. ¡Ven a mí, Espada Separadora de Almas! —La hoja legendaria se materializó entre sus manos, rodeada de un resplandor que dividía la luz de la sombra. Yo me quedé atónito; solo Karen y yo podíamos portarla, pero verla en manos de Yue era una revelación.

Caminé hacia ella, con la duda quemándome por dentro. —Yue, dime algo… ¿Cómo supiste de esta espada? —pregunté con la voz temblorosa por el asombro.

—No tienes por qué decírmelo —respondió ella con una sonrisa juguetona, rompiendo la tensión del combate por un momento—. Solo confía en mí, papá. Recuerda que estoy aquí para ayudarte. Bueno, también porque estaba nerviosa por si vendrías a vernos a mamá y a mí. La tienes muy preocupada… deberías ser más romántico con ella, no sé, ¡mínimo mandarle cartas!

Me quedé mudo, rascándome la nuca mientras el calor subía a mis mejillas. —Ehhh, bueno, yo… —balbuceé, sin saber qué responder ante semejante reclamo en pleno campo de batalla.

—¡Jajajaja! —La risa de Shiro estalló detrás de nosotros, a pesar de sus heridas—. Vaya, hasta la pequeña Yue te está regañando. ¡Eso es, mi Yue! ¡Acábalo, demuestra quién manda aquí!

—Oye, Shiro, no me estás ayudando mucho que digamos —suspiré, intentando recuperar la compostura mientras miraba a mi hija sosteniendo el arma que podía salvarme—. Como sea… en fin, Yue, ¿sabes cómo funciona verdad? Es un arma peligrosa, no solo para el enemigo, sino para el portador.

—Vamos, padre, confía —dijo Yue, su mirada volviéndose afilada y decidida de nuevo—. Sé cómo hacerlo, además te he visto usarla muy a menudo. No soy solo una niña, soy tu hija.

El Dios Nocturno, encadenado y viendo la Espada Separadora de Almas, comenzó a forcejear con un pánico frenético. Sabía que ese arma era el único objeto en existencia capaz de arrancarlo de su recipiente sin destruir el alma de Carlos. El final de su ocupación estaba a un solo tajo de distancia

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo