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The strongest warrior of humanity - Capítulo 174

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  4. Capítulo 174 - Capítulo 174: Capitulo 174 No pensé que un simple general fuera tan débil
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Capítulo 174: Capitulo 174 No pensé que un simple general fuera tan débil

Zani no dudó.

Giró sobre sus talones y desapareció entre las filas enemigas como una llama desatada. Gritos, acero, energía quebrándose. Su silueta roja se volvió una tormenta imparable.

Atrás quedaron solo dos presencias.

Yins.

El general.

El mundo pareció contener la respiración.

Ambos comenzaron a caminar.

Lento.

Paso.

Paso.

El suelo no sonaba. El viento no existía. Incluso los ecos de la batalla de Zani se volvieron lejanos, como si el tiempo hubiese decidido apartarse para observar.

Sus miradas chocaron primero.

Después sus pasos se aceleraron.

Más rápido.

Más.

Hasta que desaparecieron al mismo tiempo.

BOOM.

Las espadas chocaron en el centro del campo con una explosión que abrió un cráter bajo sus pies. La onda expansiva levantó escombros y partió el horizonte en líneas rojas y negras.

Destellos carmesí.

Destellos de oscuridad absoluta.

Ambos intercambiaron golpes a una velocidad inhumana. Cada choque era un trueno. Cada corte dejaba cicatrices en el aire.

Yins giró sobre sí misma, su hoja envuelta en energía roja, lanzando una ráfaga en forma de media luna que rasgó el espacio.

El general bloqueó con una sola mano.

Pero retrocedió.

Un metro.

Sonrió.

—Eso es… más interesante.

Desapareció.

Apareció detrás de ella.

Corte vertical.

Yins se inclinó apenas, la hoja oscura rozó su mejilla dejando una línea de sangre. Ella respondió con un golpe de codo cargado de energía que lo lanzó contra una pared de roca lejana.

El impacto levantó polvo negro.

Silencio.

El general emergió entre los escombros sin perder compostura.

—Sigues reteniéndote.

Yins no respondió.

Su aura se intensificó, tornándose más densa, más inestable. Las grietas bajo sus pies comenzaron a brillar.

De repente ambos volvieron a desaparecer.

En el cielo.

En el suelo.

En medio del cráter.

Sus figuras aparecían y desaparecían entre destellos rojo carmesí y ráfagas de oscuridad comprimida.

Corte.

Bloqueo.

Impacto.

Explosión.

Yins retrocedió esta vez más rápido, clavando su espada en el suelo para frenar la fuerza del último choque. La tierra se abrió detrás de ella.

El general también fue empujado hacia atrás, dejando una línea negra que quemaba el terreno a su paso.

Ambos levantaron la mirada al mismo tiempo.

Respiraban.

Pero no estaban cansados.

Estaban calculando.

El cielo seguía agrietándose arriba.

El descenso se acercaba.

Y esta pelea… apenas estaba entrando en su verdadera fase.

El polvo aún flotaba en el aire.

El cráter ardía con grietas rojas y sombras que se movían como si tuvieran vida propia.

Yins y el general permanecieron inmóviles por un instante.

Uno frente al otro.

Midiéndose.

El general levantó su espada lentamente.

La oscuridad a su alrededor comenzó a comprimirse, formando anillos densos que giraban alrededor de su cuerpo.

—Ahora sí —murmuró.

Desapareció.

Yins sintió la presión antes de verlo.

Se inclinó apenas.

Una hoja negra descendió donde estaba su cuello un segundo antes.

El impacto partió el suelo en dos.

Ella giró sobre un pie, cortando en diagonal.

La energía roja salió disparada como un rayo horizontal.

El general bloqueó, pero fue arrastrado varios metros hacia atrás.Ambos reaparecieron en el aire.

Espadas chocando.

Una.

Dos.Tres.

Cada choque generaba explosiones que iluminaban el campo como relámpagos.

Destello rojo.

Destello oscuro.

El cielo comenzó a oscurecerse más.El general extendió su mano libre.

Cadenas de sombra salieron disparadas hacia Yins.

Ella cruzó su espada frente a su cuerpo.

Las cadenas chocaron contra un escudo rojo que vibró violentamente.

Una grieta apareció en la barrera.

Otra.

Y otra.

Yins rompió el escudo por voluntad propia.

Se impulsó hacia adelante atravesando las sombras.

Su espada atravesó el hombro del general.

La sangre cayó oscura.

Pero él no gritó.

Sonrió.

La herida comenzó a cerrarse.

—Eso es todo…

Su aura explotó.

Una presión aplastante descendió sobre el campo.

Las rocas se pulverizaron.

A lo lejos, los gritos de los soldados que quedaban se extinguieron bajo el peso de esa energía.

Yins cayó de rodillas por un segundo.

Solo un segundo.

Clavó su espada en el suelo.

La energía roja comenzó a ascender por su brazo, envolviendo todo su cuerpo.

Su mirada cambió.

Más profunda.

Más fría.

Se levantó.

El suelo dejó de temblar.

La presión del general ya no era suficiente.

Ambos caminaron otra vez.

Lento.

Pero esta vez el aire se partía con cada paso.

Desaparecieron al mismo tiempo.

El choque fue distinto.

No fue una explosión.

Fue silencio absoluto.

Durante un segundo el mundo se quedó mudo.

Después.

Una onda expansiva se expandió en todas direcciones borrando todo lo que quedaba en kilómetros.

Yins apareció detrás del general.

Corte horizontal.

Él giró bloqueando.

Rodilla contra costillas.

Golpe de energía directa al pecho.

El general fue lanzado al cielo.

Yins lo siguió.

Ambos convertidos en rayos.

Rojo.

Oscuridad.

En lo alto.

El general sostuvo su espada con ambas manos.

La oscuridad se concentró en la punta formando una esfera densa.

Yins cargó su hoja.

El rojo comenzó a arder como si estuviera vivo.El descenso se acercaba.Ambos lo sabían.Se lanzaron uno contra el otro.La colisión iluminó el cielo como un segundo amanecer.Y esta vez.Ninguno retrocedió.

Yins estaba entrando en sus pensamientos. Es fuerte, pero aun así parece divertido luchar. Eso está bien… pero no es mi rival. Tendré que matarlo. Es una pena.

Su mirada cambió lentamente. Sus ojos brillaron con una determinación fría y absoluta. Su cabello comenzó a iluminarse, mezclando rojo intenso con blanco resplandeciente, como si dos fuerzas opuestas despertaran al mismo tiempo.

Magia de rango 24.

Una enorme esfera de fuego surgió desde la mano de Shadow, elevándose hacia los cielos como si fuera un planeta entero suspendido sobre el campo de batalla. El aire se distorsionó por el calor. Las llamas cambiaron de color. El rojo se extinguió… y se volvieron negras, profundas, vivas. No eran simples llamas, eran sombras ardiendo, moviéndose como criaturas conscientes.

Magia de oscuridad eterna. Mundo de sombras.

El desierto comenzó a transformarse. La arena se hundió lentamente hasta desaparecer. Todo se convirtió en un vasto lago de sombras líquidas que reflejaba el cielo oscuro. Ondas negras se expandían con suavidad, iluminando el lugar con un brillo espectral. Era hermoso… y al mismo tiempo profundamente terrorífico.

El general permaneció en silencio.

No retrocedió.

No mostró miedo.

Sus ojos observaron cada cambio, cada alteración del entorno, como si analizara una obra maestra antes de destruirla.

Y eso solo demostraba una cosa.

Esta batalla… sería verdaderamente desgarradora.

La esfera negra descendió lentamente.

El lago de sombras comenzó a agitarse, formando remolinos gigantes alrededor del general. Columnas oscuras emergieron del suelo como manos intentando arrastrarlo al abismo.

El general no se movió.

—Interesante… —murmuró.

Clavó su espada en la superficie del lago. La oscuridad bajo él se solidificó al instante, formando un círculo estable que resistía la presión del dominio de Yins.

La esfera cayó.

Impactó.

El sonido no fue una explosión común. Fue un colapso. El cielo se curvó, el horizonte desapareció y una onda de fuego negro se expandió devorando todo a su paso. Las sombras ardientes cubrieron kilómetros en segundos.

Silencio.

Luego, una grieta roja cruzó la esfera.

Desde el centro, una presión contraria comenzó a expandirse.

El general emergió atravesando el fuego oscuro, su armadura parcialmente destruida, pero su aura más intensa que antes. Energía negra y plateada envolvía su cuerpo como una segunda piel.

—¿Eso es todo tu rango 24?

Yins no respondió.

Extendió su mano.

El lago de sombras se elevó formando lanzas líquidas que dispararon desde todos los ángulos. El general giró, cortando algunas, bloqueando otras, pero varias lo atravesaron. La oscuridad del dominio intentó consumirlo desde dentro.

Él levantó la cabeza.

Sonrió.

—Entonces jugaré en tu mundo.

Clavó ambas manos en la sombra bajo sus pies.

El lago comenzó a fragmentarse. La superficie se agrietó como vidrio. Una energía distinta, más antigua, comenzó a filtrarse desde abajo, tiñendo partes del dominio con un brillo gris profundo.

Yins entrecerró los ojos.

El general dio un paso adelante.

La presión aumentó.

El mundo de sombras comenzó a deformarse.

—Tu magia es impresionante —dijo con calma—. Pero aún no has visto lo que ocurre cuando la oscuridad reconoce a su verdadero dueño.

El cielo volvió a temblar.

El descenso se acercaba.

Y esta vez, el dominio de Yins ya no era absoluto..

—¿Oh… en verdad eso crees?

Una sonrisa siniestra apareció en el rostro de Shadow.

No era burla.

Era certeza.

Comenzó a caminar lentamente sobre el lago de sombras fragmentado, cada paso dejando ondas rojas en la superficie oscura. Su presencia ya no era solo poderosa… era dominante.

—Hay algo que jamás debiste provocar…

Sus ojos brillaron.

—Dios del rayo.

El nombre cayó como una sentencia.

La técnica de Carlos.

El mundo tembló.

Shadow desapareció.

Un destello verde atravesó el campo como una línea perfecta de luz. Un segundo después, ese verde se volvió rojo intenso, como si hubiera evolucionado en pleno movimiento. Chispas salieron de su cuerpo, electricidad roja mezclada con oscuridad pura, desgarrando el aire en cada desplazamiento.

No era velocidad.Era desaparición.El general apenas alcanzó a girar la cabeza.Un corte cruzó su pecho.Otro en su espalda.Uno más en el aire.La electricidad roja explotaba en cada impacto, dejando cicatrices ardientes que no se cerraban.El lago de sombras comenzó a girar alrededor de ella como un huracán.Esto dejó algo claro.

Ella ya había superado a Carlos Tanaka Sánchez.

Su dominio.

Su velocidad.

Su adaptación.

Todo estaba más allá.

Pero una pregunta flotaba en el aire como una sombra inevitable.

¿Será capaz de superar a Shiro?

El general no dijo nada.

Se quedó en shock.

Su rostro perdió color.

En esa magia…

Había visto algo.

Un recuerdo antiguo.

Una figura del pasado.

Algo que no debía repetirse.

Su respiración se volvió irregular.

Esto ya no era una pelea estratégica.

Ya no era una evaluación.

Era una sentencia.

Porque entendió algo demasiado tarde.

No se había encontrado con una anomalía.

Se había encontrado con la persona equivocada.

Y la muerte que se acercaba…

No sería rápida.

El general intentó recuperar la compostura, pero su instinto ya había entendido lo inevitable. Shadow reapareció frente a él sin previo aviso, sus ojos ardiendo en rojo absoluto. La electricidad carmesí recorría su cuerpo como venas expuestas, fusionándose con la oscuridad eterna que aún dominaba el campo. No había vacilación en su mirada, solo una decisión fría y definitiva.

El general lanzó un tajo desesperado cargado con toda su energía comprimida, una ola negra capaz de partir montañas, pero ella simplemente inclinó el rostro y desapareció otra vez, dejando una estela roja que atravesó la oscuridad como un relámpago divino. El siguiente segundo fue insoportable. Apareció sobre él, descendiendo como una sentencia, y su espada impactó con una fuerza que hizo colapsar el espacio. El lago de sombras explotó hacia arriba formando una cúpula gigantesca mientras la electricidad roja perforaba el cuerpo del general desde múltiples ángulos.

Su armadura se fracturó, su aura se quebró, su espada cayó de sus manos. Intentó hablar, pero solo salió sangre oscura de su boca. Shadow apoyó la punta de su arma bajo su mentón, obligándolo a mirarla a los ojos. En ellos no había odio, solo superioridad absoluta. La presión que emanaba de ella aplastó cualquier resto de resistencia. El cielo volvió a rasgarse por encima de ambos, pero ya no importaba. El general comprendió que el descenso que tanto esperaban no llegaría a tiempo para salvarlo. Un último destello rojo atravesó su pecho y su energía comenzó a desintegrarse, consumida por la fusión de rayo y oscuridad. No hubo grito final, solo silencio. El lago de sombras se estabilizó lentamente mientras el cuerpo del general se convertía en polvo negro que se dispersó en el viento. Shadow permaneció inmóvil unos segundos, su cabello aún mezclado en rojo y blanco, la electricidad chisporroteando suavemente alrededor de su figura. Bajó la espada con calma. La guerra aún no terminaba.

—¿Qué pasa? No te veo tan engreído ahora… ¿dónde está eso de que me matarías, miserable abismal? La diferencia entre una humana y un simple abismal es abismalmente distinta. Jamás, en tu vida, podrán derrotar a una simple mortal.

Su voz sonó fría. Sin desprecio exagerado. Solo verdad.

El polvo oscuro aún flotaba en el aire cuando Zani terminó de arrasar el último frente. No quedó ninguno en pie. Cuarenta mil presencias reducidas a silencio. El campo quedó cubierto de cuerpos desintegrándose lentamente en ceniza negra.

Zani apareció detrás de ella, caminando con calma, sosteniendo aún los restos de dos soldados como si no significaran nada. Los dejó caer.

—Parece que te divertiste mucho jugando contra ellos, ¿verdad?

Shadow no volteó.

—Jajaja… no seas tonta. No duraron nada.

Zani cruzó los brazos.

—Pero vi que solo estabas jugando con él. Te la estabas pasando muy bien… ¿no creas que tú sola podrás con todo?

La electricidad roja aún chisporroteaba alrededor del cuerpo de Shadow. Su aura seguía inestable.

—Cierra la boca, perrita. Aún no acabo con él.

El aire se tensó un segundo.

—Recuerda algo —continuó, con una frialdad más profunda—. Yo solo quiero matar a quienes mataron a nuestro maestro. No olvides por qué caímos aquí. Si no fuera por Yuki…

El nombre quedó suspendido.

El lago de sombras comenzó a disiparse lentamente. El cielo seguía agrietado.

Zani bajó la mirada por un instante.

—No lo he olvidado.

La presencia del general, aunque destrozada, aún no había desaparecido por completo. Una energía oscura intentaba recomponerse a la distancia, reconstruyéndose con dificultad.

Shadow dio un paso adelante.

Sus ojos ya no eran juguetones.

Eran definitivos.

—Entonces no vuelvas a insinuar que esto es un juego.

El general intentó levantarse, su cuerpo regenerándose lentamente, pero su mirada ya no tenía arrogancia. Solo miedo.

Shadow levantó la espada.

—Esto es ejecución.

La electricidad roja volvió a envolver el campo.

Y esta vez… no habría conversación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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