The strongest warrior of humanity - Capítulo 178
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Capítulo 178: capitulo 178 no sería mala idea divertirme un poco
El viaje hacia la Ciudad Esmeralda tomó tres días.
Tres días sin emboscadas.
Sin sangre.
Sin órdenes.
Eso, para ellas, era más extraño que cualquier batalla.
Cuando finalmente la vieron desde lo alto de una colina, ambas se quedaron en silencio.
Las torres verdes capturaban la luz del atardecer y la devolvían convertida en brillo líquido. Los muros parecían tallados en cristal y esmeralda pura. Puentes suspendidos conectaban estructuras imposibles, y entre ellas colgaban jardines que parecían flotar.
Zani soltó un silbido bajo.
—Bien… retiro cualquier comentario sarcástico anterior. Es hermosa.
Yins no respondió de inmediato.
Sus ojos reflejaban el verde brillante de la ciudad.
—Es… diferente.
No había humo.
No había cicatrices de guerra visibles.
La vida se movía entre las calles con normalidad.
Entraron sin dificultad. Capas ajustadas, armas discretas. No buscaban llamar la atención.
El mercado central era un caos armonioso: especias, telas, música suave proveniente de instrumentos de cuerda, risas infantiles.
Zani giraba la cabeza de un lado a otro.
—No recuerdo la última vez que escuché a alguien reír así.
Yins observaba todo con cautela instintiva… pero poco a poco sus hombros dejaron de estar tan tensos.
Una niña pasó corriendo y casi choca con ella. Yins reaccionó por reflejo… pero la pequeña solo se disculpó entre risas y siguió corriendo.
No era un campo de batalla.
Era una ciudad viva.
Zani la miró de reojo.
—No todo tiene que doler, Shadow.
Caminaron sin rumbo fijo.
Compraron pan caliente.
Zani obligó a Yins a probar una fruta cubierta de miel.
—No es veneno —dijo entre risas.
Yins frunció el ceño… pero dio un pequeño mordisco.
Su expresión cambió apenas.
—¿Ves?
—No exageres.
Pero no dejó de comer.
Al caer la noche, las torres comenzaron a brillar con una luz suave, como si la ciudad respirara.
Caminaron hasta un puente elevado desde donde se veía todo.
El viento era fresco.
No había arena.
No había ceniza.
Solo luz verde reflejada en sus ojos.
—¿Te imaginas…? —murmuró Zani—. Si la guerra nunca hubiera pasado.
Yins apoyó los brazos en la baranda.
—No existiríamos como somos ahora.
—Tal vez no estaríamos tan rotas.
Silencio.
Yins habló sin mirar.
—No me arrepiento de haberte conocido.
Zani se quedó quieta.
No era algo que Yins dijera con facilidad.
—Ni yo.
Un momento largo.
El tipo de momento que no necesita llenar el espacio con palabras.
Entonces Zani habló, más suave:
—¿Sigues pensando en él ahora mismo?
Yins tardó en responder.
—Sí.
Honesta.
—Pero no duele igual.
Zani la miró.
—¿Y cómo duele?
Yins giró apenas la cabeza.
—Como algo que quiero encontrar… no algo que necesito para existir.
Zani sonrió levemente.
—Eso es progreso.
Yins observó la ciudad.
Luego a Zani.
—No vine aquí solo para distraerme.
—Lo sé.
—Quería recordar cómo se siente estar viva.
Zani dio un pequeño paso más cerca.
Sus hombros casi rozándose.
—Entonces quédate aquí un momento.
No como guerrera.
No como sombra.
Solo como tú.
La música del mercado subía desde abajo.
La ciudad brillaba.
Y por primera vez en décadas…
Yins no estaba pensando en guerra.
No estaba pensando en sacrificio.
Estaba pensando en el presente.
Y en la persona que estaba a su lado.
Sin darse cuenta, su mano rozó la de Zani.
No fue accidental.
Pero tampoco fue planeado.
Zani no se apartó.
El mundo no explotó.
La guerra no desapareció.
Pero en ese puente iluminado de verde…
Algo pequeño comenzó a cambiar.
Y esta vez…
No era por él.
El roce de sus manos no fue un accidente.
Yins lo sintió.
Zani también.
Pero ninguna lo mencionó.
El puente vibraba suavemente con los pasos lejanos de otros habitantes. La ciudad seguía viva bajo ellas, ajena a esa pequeña revolución silenciosa.
Zani fue la primera en hablar.
—¿Estás temblando?
—No.
—Mientes.
Yins inhaló despacio.
—No estoy acostumbrada a esto.
—¿A qué exactamente?
Yins bajó la mirada hacia sus manos entrelazadas.
—A no estar preparándome para perder algo.
Zani no respondió de inmediato.
Sus dedos se acomodaron mejor entre los de ella.
—No todo lo que amas está destinado a desaparecer.
Esa palabra quedó flotando.
Amas.
Yins no la corrigió.
El viento levantó su cabello y por un instante su expresión dejó de ser la de una guerrera.
Solo era una mujer cansada… aprendiendo a sentir sin armadura.
—Siempre pensé que mi fuerza venía del dolor —murmuró.
—Tu fuerza viene de seguir adelante —corrigió Zani con suavidad—. El dolor solo fue el combustible.
Yins giró el rostro hacia ella.
Había algo distinto en su mirada.
No era la obsesión intensa de antes.
No era la devoción ciega.
Era algo más tranquilo.
Más consciente.
—Si lo encuentro… —dijo finalmente—. Si algún día lo traigo de regreso… no quiero hacerlo por dependencia.
Zani sostuvo su mirada.
—Hazlo porque lo elegiste. No porque no puedas vivir sin él.
Silencio.
Yins asintió lentamente.
Luego, casi en un susurro:
—Y si algún día él regresa… y ya no soy la misma…
—Entonces que te conozca de nuevo.
Esa respuesta desarmó algo en su interior.
Abajo, comenzaron a encenderse faroles flotantes que ascendían como pequeñas estrellas verdes.
Zani soltó una risa suave.
—Mira eso.
Yins observó los faroles elevarse.
—Es hermoso.
—¿Sabes qué más es hermoso?
Yins la miró con sospecha.
—No arruines el momento.
Zani sonrió.
—Que estés aquí. Sin entrenar. Sin huir. Sin romper nada.
Yins entrecerró los ojos.
—Eso último es debatible.
—Shadow.
Yins suspiró.
—Gracias… por quedarte.
Zani ladeó la cabeza.
—Siempre me quedé.
Esa verdad cayó con más peso que cualquier confesión.
Yins lo entendió.
Mientras ella perseguía fantasmas…
Mientras entrenaba hasta sangrar…
Mientras se consumía por promesas y sacrificios…
Zani había estado ahí.
No como sombra.
No como rival.
Sino como presencia constante.
Yins dio un pequeño paso más cerca.
—No quiero seguir viviendo solo para una promesa del pasado.
Zani sostuvo su mirada sin titubear.
—Entonces empieza a vivir por lo que tienes ahora.
Un latido.
Dos.
La distancia entre ellas se volvió mínima.
No había guerra.
No había maestro.
No había recuerdos sangrantes.
Solo el presente.
Yins cerró los ojos un segundo.
Luego los abrió con decisión.
—Zani…
La semi humana sostuvo su respiración.
—Quiero intentar algo diferente.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Zani.
—¿Salir a pasear sin armas?
—No exageres.
Zani soltó una risa baja.
—Entonces dime.
Yins no apartó la mirada esta vez.
—Quiero ver qué somos… sin que él esté en medio.
El viento sopló más fuerte.
Los faroles seguían subiendo.
Zani no respondió con palabras.
Solo levantó su mano libre y tocó suavemente el rostro de Yins.
—Entonces no mires atrás esta noche.
Yins no lo hizo.
Y cuando finalmente inclinó el rostro apenas unos centímetros más cerca…
No fue impulsiva.
No fue desesperada.
Fue una elección.
Una elección que no nacía del dolor.
Sino de algo que, por primera vez…
No la hacía sangrar.
Zani no apartó la mano de su rostro.
Pero su expresión cambió.
Ya no era ligera.
Era firme.
—Shadow… —su voz bajó apenas—. Admirarlo no significa desaparecer por él.
El brillo verde de la ciudad seguía elevándose en faroles detrás de ellas, pero la conversación ya no era suave.
Era profunda.
—Tienes razón en algo —continuó Zani—. No todos los fuertes tienen un final feliz. Y sí… si Carlos lo perdiera todo… lo destruiría.
Hizo una pausa.
—Pero no somos su escudo emocional.
Yins frunció ligeramente el ceño.
—Él nos salvó.
—Sí.
—Nos entrenó.
—Sí.
—Nos hizo fuertes.
—También.
Zani se acercó un poco más, obligándola a sostenerle la mirada.
—Pero no nos dio la vida para que la entreguemos sin pensar.
El viento movía sus cabellos.
—Shadow… Carlos era duro porque quería que sobreviviéramos sin él.
Esa frase cayó con peso.
—Si algún día lo pierde todo… —continuó Zani—. Su dolor será suyo. No podemos vivir intentando evitar que sufra. Eso no es amor. Eso es cargar con una culpa que no nos pertenece.
Yins guardó silencio.
Zani suavizó el tono.
—Él nos veía como hijas. Sí. Y un padre no quiere que sus hijas vivan arrodilladas por gratitud eterna.
Yins bajó la mirada.
—A veces siento que si no lo devuelvo… si no lo salvo… estoy traicionando todo lo que hizo por mí.
Zani negó con delicadeza.
—Salvarlo porque lo amas es diferente a salvarlo porque te sientes obligada.
Sus dedos bajaron lentamente hasta sostener ambas manos de Yins.
—Nos salvó cuando éramos niñas. Nos dio una oportunidad. Eso no se paga muriendo por él. Se honra viviendo bien.
La música lejana del mercado parecía más distante ahora.
—Dices que los nobles terminan mal —Zani la miró con intensidad tranquila—. Entonces no lo dejemos terminar mal.
—¿Cómo?
—No convirtiéndolo en un mártir en nuestras mentes. No creyendo que solo existe a través del sacrificio.
Yins respiró hondo.
Las palabras le dolían… pero no como antes.
Era un dolor que despertaba.
—Si él nos quiere… —continuó Zani—. Entonces querría vernos felices. Incluso si él no está.
Silencio.
—Y si algún día regresa… no quiero que nos vea rotas. Ni consumidas por una deuda eterna.
La mirada de Yins cambió.
No menos amor.
Pero más claridad.
—Tienes miedo de que yo me pierda por él.
Zani no dudó.
—Sí.
Honesta.
—Y tengo miedo de que un día elijas morir antes que vivir.
El aire se volvió pesado por un segundo.
Yins sintió el peso real de sus propias palabras pasadas.
“Yo estaría dispuesta a darlo todo.”
Zani continuó, más suave:
—Ser fuerte no es estar dispuesto a morir por alguien. Es estar dispuesto a seguir viviendo aunque duela.
Yins cerró los ojos un instante.
Recordó el entrenamiento.
Las lágrimas.
La obsesión.
El sacrificio constante.
Y luego recordó el puente.
La risa.
La fruta con miel.
La mano de Zani.
Abrió los ojos.
—No quiero desaparecer por nadie.
Zani sonrió apenas.
—Entonces no lo hagas.
Un farol pasó cerca de ellas, elevándose lentamente.
Yins habló con más calma ahora.
—Lo amo.
No lo dijo con desesperación.
Lo dijo con aceptación.
Zani asintió.
—Y eso está bien.
—Pero también…
Miró sus manos entrelazadas.
—Estoy empezando a entender que el amor no es una sola forma.
Zani no respondió.
No interrumpió.
Yins levantó la vista.
—No quiero ser solo una guardiana del pasado.
El silencio entre ellas ya no era tenso.
Era comprensión.
Zani apoyó su frente contra la de Yins.
—Entonces seamos algo más.
No reemplazo.
No traición.
No competencia.
Algo nuevo.
La ciudad seguía brillando.
La guerra seguía existiendo en el mundo.
Carlos seguía siendo una herida abierta en su pasado.
Pero en ese instante…
Yins no era una niña salvada.
No era una discípula desesperada.
No era una guerrera dispuesta a morir por deuda.
Era una mujer aprendiendo que el amor puede ser gratitud…
Puede ser devoción…
Puede ser memoria…
Y también puede ser elección.
Y esta vez…
Ella estaba eligiendo vivir.
Continúa
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