The strongest warrior of humanity - Capítulo 182
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Capítulo 182: Capitulo 182 Será que esté será el inicio
El ambiente todavía estaba cargado cuando Kimberly dio un paso al frente.
Su mirada no era suave.
Era calculadora.
—Para ser el hermano de Abrán… tienes demasiados problemas.
Carlos levantó apenas una ceja.
Kimberly cruzó los brazos.
—Pero no te preocupes. Te ayudaré con eso.
Farid ladeó la cabeza.
—Ahí vamos…
Kimberly ignoró el comentario.
—No olvides algo importante. Eres parte de las Doce Grandes Familias.
Algunos murmuraron.
Ese título no era decorativo.
Era político. Militar. Histórico.
—Y eso significa —continuó ella con una pequeña sonrisa— que tu ejecución no es una decisión sencilla.
Carlos entendió de inmediato.
Ella no hablaba de compasión.
Hablaba de influencia.
—Claro… —murmuró Farid—. Y aquí viene la parte peligrosa.
Kimberly señaló a Carlos.
—Me deberás un favor.
Natsuki frunció el ceño.
—¿Un favor?
Farid intervino rápido.
—Oye, Kimberly, no empieces.
Su mirada era curiosa, pero también advertencia.
—No pidas cosas ahora.
Kimberly lo miró de reojo.
—¿Y cuándo es buen momento? ¿Después de que lo condenen?
Kevin suspiró.
—¿Que diga qué? Ella sabe lo que hace.
Se encogió de hombros.
—Abrán pensaría igual.
Todos miraron a Abrán.
Él no habló de inmediato.
Su expresión era seria.
—Carlos no pidió ayuda —dijo finalmente.
Kimberly sonrió apenas.
—Pero la necesita.
Silencio.
Carlos respiró hondo.
—¿Qué tipo de favor?
Directo.
Sin rodeos.
Kimberly sostuvo su mirada.
—Cuando el Consejo vote, las familias tendrán peso. Mi casa puede inclinar la balanza.
Lucia entrecerró los ojos.
—Esto no es un mercado político.
Kimberly respondió tranquila.
—Todo juicio de alto nivel lo es.
Kratos no discutió eso.
Porque sabía que era cierto.
—El favor no es inmediato —continuó Kimberly—. Solo quiero tu palabra.
Carlos la observó en silencio.
No parecía trampa.
Parecía estrategia.
Farid negó con la cabeza.
—Siempre negocias incluso en funerales.
—Es supervivencia —respondió ella sin culpa.
Kevin miró a Carlos.
—No es mala oferta.
Abrán finalmente habló con tono firme.
—Pero no aceptes algo que no puedas cumplir.
Eso era importante.
Carlos pensó unos segundos.
El juicio. Yue. La promesa. La niña del recuerdo.
No podía morir.
No ahora.
—Si usas tu influencia para garantizar un juicio justo… —dijo Carlos— te deberé un favor. Pero no uno que traicione a los míos.
Kimberly sonrió.
—Tranquilo. No te pediré tu alma.
Farid murmuró:
—Eso ya intentaron hacerlo.
Algunos soltaron una risa leve.
La tensión bajó apenas.
Kimberly extendió la mano.
—¿Trato?
Carlos la miró.
Luego estrechó su mano.
—Trato.
El gesto no fue pequeño.
Era un movimiento en el tablero.
Lucia observó todo en silencio.
—El amanecer decidirá más que tu destino —dijo finalmente—. Decidirá el equilibrio entre las familias.
Carlos lo sabía.
Ya no era solo un acusado.
Era una pieza central.
Y el Dios Nocturno… si estaba observando…
Acababa de entender algo importante.
Carlos no estaba solo.
Y ahora…
Tampoco estaba políticamente indefenso.
Miguel soltó una risa seca.
—Como sea… después de todo, ese tal Dios Nocturno es mucho peor que Lucifer.
Shiro giró la cabeza con una seriedad que cortó el aire.
—Si yo fuera tú… me quedaría callado.
No era amenaza.
Era advertencia.
—Ustedes no tienen idea de lo que es capaz.
Karen dio un paso al frente.
Pero sus ojos… cambiaron.
La energía alrededor se volvió más pesada.
Más antigua.
Cuando habló, la voz no era suya.
Era más profunda.
Más afilada.
—La niña tiene razón.
El murmullo se apagó.
El Dios de la Espada hablaba a través de Karen.
—Yo peleé contra él hace mil años.
El viento se volvió denso.
—Ese ser no es un simple dios oscuro.
Es un exterminador.
Un destructor de linajes.
—Mató un ejército nivel dios… él solo.
Algunos palidecieron.
Kratos frunció el ceño.
—Arrasó su propio clan.
Merlin abrió los ojos con sorpresa.
—Y acabó con los Diez Héroes Legendarios.
Silencio absoluto.
El peso histórico de ese nombre no era pequeño.
Ni siquiera Lucia habló.
La voz continuó:
—No pelea por conquista.
No pelea por orgullo.
Pelea por propósito.
Y cuando decide borrar algo…
Lo borra por completo.
La presencia se desvaneció poco a poco.
Karen parpadeó, volviendo en sí.
El aire volvió a moverse.
Pero nadie respiraba igual.
Abrán se llevó la mano a la cabeza.
Un recuerdo cruzó su mente.
No reciente.
No de esta vida.
Un lugar devastado.
Cielos rojos.
Un cuerpo en el suelo.
Alguien… muriendo frente a él.
Sintió el mismo olor a destrucción que ahora impregnaba la academia.
Pero ese recuerdo no era del ataque reciente.
Era anterior.
Mucho más.
Y fue cuando él murió.
Abrán retrocedió un paso.
—¿Qué…?
Las voces alrededor se volvieron lejanas.
—¿Qué tiene que ver ese recuerdo conmigo?
Su respiración se aceleró.
—¿Qué me está pasando?
Kevin fue el primero en notarlo.
—Abrán.
Farid también lo miró.
—Oye.
Carlos se giró lentamente.
Los ojos de Abrán no estaban enfocados en el presente.
Estaban viendo algo más.
Merlin frunció el ceño.
—No es posesión.
Lucia tensó la expresión.
—Es resonancia.
Shiro miró a Carlos.
Y Carlos entendió.
Si él tenía recuerdos de otra vida…
Si el Dios Nocturno apareció por razones que aún no comprendía…
Entonces quizá…
No era el único.
Abrán apretó los dientes.
La imagen volvió más clara.
La figura que moría frente a él…
Tenía una espada.
Una espada que brillaba igual que la que Yue empuñó.
Y antes de caer…
Esa persona dijo una frase.
“Él regresará.”
Abrán respiró con dificultad.
—Yo estuve ahí…
Kevin lo sostuvo del brazo.
—¿Dónde?
Abrán levantó la mirada lentamente.
—En la guerra contra el Dios Nocturno.
El silencio fue más pesado que antes.
Carlos sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Si eso era cierto…
Entonces esto no era solo un juicio.
Ni una posesión aislada.
Era algo que llevaba mil años gestándose.
Y apenas ahora…
Estaban empezando a recordarlo.
El aire cambió otra vez.
Abrán se quedó rígido.
Su sombra… se movió.
No con la luz.
Con voluntad propia.
Y entonces habló.
—Carlos Tanaka Sánchez… sé que esto sonará raro.
La voz no era de Abrán.
Era más profunda. Más antigua. Más cansada.
Todos retrocedieron un paso.
—Yo soy el Héroe de las Sombras.
Silencio absoluto.
—Perdón por interrumpir, pero esto es de suma importancia. Presten atención.
Carlos sintió un escalofrío.
La energía que emanaba no era maligna.
Era pesada.
Como alguien que cargó demasiado tiempo una guerra.
—Dios de la Espada… sé que puedes escucharme.
Karen volvió a tensarse.
La presencia respondió.
—¿Viejo amigo…? ¿Acaso tú…?
La sombra asintió.
—Así es.
Un murmullo recorrió el grupo.
—Al igual que los demás… morimos.
Las palabras cayeron como piedra.
—Todos nosotros caímos.
Merlin susurró:
—Reencarnación fragmentada…
La sombra continuó.
—Solo cuatro logramos escapar con vida… si puede llamarse vida a esto.
Carlos apretó los puños.
—¿Cuatro…?
—Tienen que encontrarlos antes de que él… o ellos… lo hagan.
Lucia frunció el ceño.
—¿Ellos?
La sombra se expandió un poco más.
—Si él los encuentra primero… los matará.
Y no será una muerte rápida.
La voz se volvió más oscura.
—Será un dolor que ni siquiera ustedes pueden imaginar.
Y entonces…
La atmósfera se volvió más fría.
—Él fue humano.
Un humano que se convirtió en dios.
No por ambición.
Por odio.
—Su propósito era acabar con todo ser vivo.
No conquistar.
No gobernar.
Destruir.
El Héroe de las Sombras tembló.
No por miedo presente.
Por memoria.
—Esa guerra fue una masacre.
Las imágenes comenzaron a filtrarse en la mente de todos.
No ilusiones.
Recuerdos compartidos.
Campos cubiertos de sangre divina. Cielos desgarrados. Montañas partidas en dos.
—Vimos morir a los Diez Héroes Legendarios.
Uno por uno.
Gritos que ningún humano podría soportar.
—Las muertes no fueron rápidas.
Fueron… crueles.
Desgarradoras.
Personas suplicando. Deidades arrodilladas. Guerreros que preferían arrancarse el corazón antes que seguir sintiendo el dolor que él infligía.
Algunos en el presente desviaron la mirada.
Miguel tragó saliva.
Natsuki apretó los dientes.
Yue se aferró a Carlos.
La sombra siguió:
—Él no solo mata cuerpos.
Rompe almas.
Las fragmenta.
Las deja conscientes mientras se desintegran.
El Dios de la Espada habló con gravedad.
—Eso es cierto.
Yo lo vi.
Silencio.
—Carlos Tanaka Sánchez.
La sombra lo señaló directamente.
—Tú no fuiste elegido al azar.
El corazón de Carlos dio un golpe seco.
—Fuiste marcado desde aquella guerra.
El mundo pareció inclinarse.
—Porque tú…
La sombra vaciló.
Como si decirlo costara.
—Tú fuiste uno de nosotros.
El silencio fue devastador.
Shiro abrió los ojos.
Abrán tembló.
—Moriste protegiendo a los otros tres.
Y antes de caer…
Sellaste algo en tu alma.
Carlos sintió que el recuerdo de la niña llorando se conectaba con todo.
—Ese sello… es lo que él quiere.
Lucia habló con voz baja.
—¿Qué sello?
La sombra respondió:
—La llave.
No para abrir un portal.
Sino para terminar lo que comenzó.
El viento sopló con fuerza.
—Si él recupera esa llave… este mundo no tendrá segunda oportunidad.
La sombra comenzó a desvanecerse.
—Encuentren a los otros tres.
Antes de que sea tarde.
La energía cayó de golpe.
Abrán cayó de rodillas.
Kevin lo sostuvo.
El silencio posterior fue más aterrador que las palabras.
Carlos respiraba agitado.
Uno de ellos.
La guerra.
La llave.
El sello.
Todo empezaba a encajar.
Y lo peor…
Es que el Dios Nocturno no buscaba poseerlo por capricho.
Lo buscaba…
Porque necesitaba lo que estaba dentro de él.
El silencio se volvió más denso.
Carlos dio un paso al frente.
—No creo que yo fuera esa persona de la que hablas, Héroe de las Sombras. Tal vez te refieres al Primer Héroe de la Humanidad… el que los protegió a todos.
La sombra en torno a Abrán no respondió de inmediato.
Carlos continuó:
—Lo de la llave… puede tener sentido. Hace un tiempo, Lucifer robó algo dentro de mí. Pero no sé si eso sea lo que llamas “la llave”.
La sombra se tensó.
Un murmullo oscuro escapó de su voz.
—Maldición… ¿cómo fue posible?
La atmósfera vibró.
—Carlos… si usaron eso…
Mael dio un paso al frente.
Su mirada era fría.
—Ya veo… así que es verdad.
Miró directamente a la sombra.
—Dime algo, Rey de las Sombras… ¿sabes algo sobre la Reliquia Sagrada de Dios?
La sombra se quedó en silencio.
Mael avanzó otro paso.
—Respóndeme.
Un aura oscura emergió de él, densa y opresiva.
Su mirada se volvió peligrosa.
—Dímelo ahora mismo.
La sombra suspiró.
—Sí… conozco esa reliquia.
Un murmullo recorrió el grupo.
—No es un artefacto cualquiera.
Puede revivir a los caídos.
Las palabras cayeron como un martillo.
Merlin palideció.
Lucia apretó los dientes.
—Si ese abismal de Lucifer tiene la llave… y además la reliquia…
La sombra bajó el tono.
—Entonces no busca destruir todavía.
Busca restaurar.
Carlos sintió un vacío en el estómago.
—¿Restaurar a quién?
La sombra respondió sin rodeos:
—A alguien que cayó hace años.
Mael entrecerró los ojos.
—¿Hablas de ella?
La sombra asintió lentamente.
—Conozco esa historia.
Una chica.
Una humana.
Que aspiraba a convertirse en uno de los Diez Héroes Legendarios.
Las imágenes comenzaron a filtrarse otra vez.
Una joven con mirada decidida. Cabello movido por el viento. Una espada que parecía demasiado grande para su cuerpo… pero que manejaba como si hubiera nacido con ella.
—Se enfrentó a Astaroth.
La batalla fue colosal.
El cielo se partió. La tierra ardió. La magia se desbordó.
—Logró algo que nadie más había hecho.
Contenerlo.
Herirlo.
Forzarlo a retroceder.
El Héroe de las Sombras habló con respeto.
—Era incluso superior al Primer Héroe.
Eso hizo que el Dios de la Espada reaccionara.
—No exageres.
—No lo hago.
Silencio.
—Pero después de esa batalla…
Desapareció.
No hay cuerpo confirmado. No hay tumba. No hay registro claro.
—No sabemos si sigue con vida… o si murió realmente.
Y entonces algo conectó en la mente de Carlos.
El recuerdo.
La niña llorando mientras comía sola.
El dolor. La sensación de promesa incumplida.
Su respiración se volvió inestable.
—¿Cómo se llamaba?
La sombra dudó.
—Su nombre fue borrado de los registros tras la guerra.
Lucia frunció el ceño.
—¿Borrado por quién?
—Por quienes temían lo que representaba.
Mael miró a Carlos.
—Si Lucifer quiere la llave… y tiene la reliquia…
Kevin terminó la frase.
—Quiere traerlo de vuelta.
Shiro dio un paso adelante.
—Pero ¿para qué?
La sombra respondió:
—Porque el mismo está buscando venganza…
Y no un arma cualquiera.
Una que conoce las técnicas antiguas. Las debilidades divinas. Y la estrategia que casi destruyó al Dios Nocturno.
El silencio se volvió aterrador.
Carlos cerró los ojos un segundo.
Si Lucifer revive a alguien así…
El mundo no enfrentará solo a un dios.
Enfrentará a un abismal mucho más peligroso de toda la humanidad
Y eso…
Es mucho más peligroso.
Carlos sintió que el corazón le golpeaba en los oídos.
—Espera… esa mujer…
Su voz se quebró apenas.
—Se llama Sara. La mejor amiga de mi madre.
El silencio cayó como una lápida.
Shiro abrió los ojos con incredulidad.
—¿Sara? Pero… ella dio su vida por salvar a Hina en el Reino del Sol. Todos vimos el final de esa batalla. Tu madre peleó contra Astaroth… y Sara…
Carlos respiraba con dificultad.
—Sara fue quien se interpuso cuando todo se salió de control.
Un viento frío atravesó el lugar como si el pasado hubiera abierto una grieta invisible.
—Maldita sea…
Se llevó la mano a la cabeza.
—Entonces su objetivo es mi madre… y Sara.
Levantó la mirada con rabia contenida.
—Si quiere traer de regreso a Astaroth… el mundo entero estará en peligro.
Lucia dio un paso al frente. Sus ojos brillaban con una frialdad inquietante.
—¿En verdad creen que van a hacer eso?
Su voz era tan firme que parecía cortar el aire.
—A ese maldito le dejé claro algo. ¿Revivir a un inútil como él? Aunque lo haga… será derrotado. De eso estoy segura.
Su seguridad era casi aterradora.
Freya negó suavemente, su expresión sombría.
—Estás pensando demasiado a la ligera.
El ambiente se tensó.
—Cuando me enfrenté a Lucifer… me advirtió algo.
Señaló directamente a Carlos.
—Dijo que todo… caerá sobre ti.
Las palabras quedaron suspendidas.
El aire se volvió más pesado.
Carlos bajó la mirada un segundo.
—Así que todo lo que pase será por mi culpa… ¿no es así, Freya?
Su voz no tembló, pero sus dedos sí.
Respiró profundo.
Intentando no romperse.
Intentando ordenar el caos.
—Hay cosas que aún no encajan. Mi juicio. El destino. El lugar donde todo se llevará a cabo…
Sus ojos se oscurecieron.
—Tal vez tenga sentido. Tal vez siempre estuvo conectado conmigo.
Un recuerdo fugaz cruzó su mente.
Fuego. Gritos. Una niña llorando mientras comía algo sola en la oscuridad.
Milin levantó la mano tímidamente.
—Una pregunta… ¿quién es Astaroth?
Todos la miraron.
Ella tragó saliva.
—No sé mucho de historia… solo escuché el nombre de Sara. La Heroína de la Esperanza.
El título resonó como una campana rota.
—Pero dime algo, Carlos… ¿de verdad crees que lo mejor ahora es enfocarnos solo en eso? También hay cosas importantes contigo. Debes ser consciente.
Carlos levantó la mirada lentamente.
Sus ojos ya no mostraban solo miedo.
Mostraban algo más peligroso.
Comprensión.
—Si Lucifer dijo que todo caerá sobre mí…
El viento volvió a soplar, esta vez más frío.
—Entonces no es coincidencia.
Mael habló con gravedad.
—Puede que el ritual necesite tu presencia. Tu energía. Tu sangre.
Un escalofrío recorrió el grupo.
Natsuki se acercó un poco más a Carlos, como si temiera que desapareciera de pronto.
Freya bajó la voz.
—Si el regreso de Astaroth requiere un sacrificio… y ese sacrificio eres tú…
Las sombras alrededor parecieron alargarse.
El silencio comenzó a oprimir.
Carlos cerró los ojos un instante.
Vio a su madre. Vio a Sara. Vio al demonio levantándose entre ruinas.
Y en medio de todo…
Él.
Abrió los ojos.
—Entonces que venga.
Una ligera sonrisa apareció, cansada pero firme.
—Si el destino quiere cargarlo sobre mí… que lo intente.
Shiro dio un paso a su lado.
Lucia chasqueó la lengua, aunque una sonrisa apenas perceptible apareció en su rostro.
Freya no apartó la mirada.
La guerra no era solo externa.
Era personal.
Y si Astaroth volvía…
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