The strongest warrior of humanity - Capítulo 183
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Capítulo 183: capitulo 183 la vida siempre tendrá un precio
El Héroe de las Sombras miró a Carlos.
No fue una mirada normal.
Fue pesada. Oscura. Como si cargara siglos de culpa.
El aire alrededor de Abrán se volvió más frío.
—No hay tiempo.
Su voz ya no era firme. Era urgente.
—Sé que tienen cosas por hacer.
Las sombras a su alrededor se movieron inquietas.
—Esto puede sonar egoísta… pero quiero pedirles un favor.
Todos guardaron silencio.
—Si llegan a encontrarlos… entréguenles este mensaje sobre mi regreso.
La energía alrededor de Abrán vibró, como si algo invisible pasara de una dimensión a otra.
—Aunque este chico sea alguien extraño… no fue mi intención que eligieran a tu hermano.
La sombra miró a Abrán con pesar.
—Es muy arriesgado. Se parece un poco a mí… cuando era niño.
Abrán sintió un escalofrío que le recorrió la espalda.
Luego la mirada volvió a Carlos.
Y esta vez no fue aterradora.
Fue humana.
—Carlos… tienes una familia muy hermosa.
La imagen de Yue, de su madre, de todos los que estaban allí pasó por la mente de Carlos como una ráfaga cálida en medio del frío.
—No la descuides por ninguna circunstancia.
La voz se volvió más profunda.
—Proteger a los demás… no quiero que acabes como él.
Un silencio pesado cayó.
—Tú puedes lograr algo más que eso. Yo creo en ti.
Una pequeña pausa.
—Aunque nunca nos hayamos visto.
Carlos no sabía por qué… pero esas palabras dolían.
—Tal vez me equivoqué cuando dije que tú eras esa persona.
La sombra bajó un poco la cabeza.
—Pero en verdad tienes algo parecido al Primer Héroe.
El nombre quedó suspendido en el aire como un eco antiguo.
—Él fue igual que tú… en un tiempo.
Las imágenes comenzaron a formarse en la mente de todos.
Un joven sonriendo. Un joven cayendo. Un joven solo.
—Pero entregó su vida. No solo por justicia.
La voz se quebró apenas.
—Sino para proteger a quienes más amaba.
El silencio ya no era solo tensión.
Era tristeza.
—Todos tenemos algo que proteger.
La sombra miró directamente a Carlos.
—Siempre me pregunté por qué alguien tan amable como tú estaría dispuesto a darlo todo por los demás… en vez de por ti mismo.
Carlos negó con la cabeza lentamente.
Su voz salió seca.
—Esas mismas palabras…
Sus ojos se endurecieron.
—Me las dijo el Caballero Oscuro aquel día.
El ambiente cambió.
—Pero no entiendo qué tiene que ver el Primer Héroe y el Caballero Oscuro.
Respiró hondo.
—Siento como si ambos lo hubieran perdido todo.
Su mandíbula se tensó.
—Como si hubieran visto morir aquello que más amaban… una y otra vez.
Un silencio incómodo se extendió.
Carlos bajó la mirada.
—Me siento frustrado.
Sus manos temblaron apenas, pero las cerró en puños.
—Pero…
Levantó la cabeza.
Y sus ojos ya no estaban confundidos.
Estaban decididos.
—Sé cómo llevar mi vida hacia esto.
El viento sopló, levantando polvo y hojas.
—Hay cosas que debo cambiar.
Su voz se volvió más firme.
—Debo volverme más fuerte.
La sombra lo observó sin interrumpir.
—Porque cuando llegue ese día…
La presión en el ambiente aumentó.
—Estaré dispuesto a pelear.
Una pausa.
Sus ojos brillaron con una mezcla de determinación y soledad.
—Aunque tenga que hacerlo yo solo.
El Héroe de las Sombras no respondió de inmediato.
Pero por primera vez…
Sonrió.El Héroe de las Sombras lo observó como si estuviera mirando no al presente… sino al futuro.
Las sombras a su alrededor se aquietaron.
—No cabe duda.
Su voz era grave, pero esta vez no sonaba distante.
—Serás el mejor.
Carlos levantó la mirada lentamente.
—Tu determinación va más allá de la humanidad, chico.
El aire pareció vibrar con cada palabra.
—Créeme… tienes el potencial más grande de todo el mundo.
Los demás quedaron en silencio. No era exageración. No era motivación vacía. Era una afirmación pesada.
—Mientras más desarrolles tus técnicas… tu magia…
Una leve sonrisa se dibujó en el rostro oscuro del héroe.
—Llegará el día en que no perderás contra nadie.
La presión espiritual aumentó, pero no era opresiva. Era como un juramento suspendido en el aire.
—No caigas.
La voz se volvió más firme.
—Sigue luchando.
Una pausa.
—No te rindas.
Carlos sintió que esas palabras no eran solo consejo. Eran advertencia. Eran experiencia.
—Eres un guerrero bastante interesante.
La sonrisa se amplió apenas.
Pero entonces el tono cambió.
Más serio.
Más humano.
—Además…
Las sombras titilaron como una llama a punto de apagarse.
—Si yo caigo de nuevo…
El silencio fue absoluto.
—Quiero que me jures algo.
Carlos no respondió. Solo lo miró fijamente.
—Si algo nos llega a pasar… a mí y a tu hermano…
Por primera vez, el Héroe de las Sombras mostró vulnerabilidad.
—Quiero que tú obtengas mi magia.
El ambiente se volvió frío.
Esa no era una petición pequeña.
Era una herencia.
Era una carga.
—No para que me superes.
Una leve risa seca escapó de él.
—Sino para que nadie más tenga que cargar con lo que yo cargué.
Carlos sintió un peso en el pecho.
—Yo seré quien cargue ese peso —continuó el héroe— mientras esté aquí.
Las sombras comenzaron a disiparse lentamente.
—Todos tenemos algo que cuidar.
Su mirada se suavizó.
—Y ese cuidado… debemos protegerlo con todo lo que somos.
Carlos cerró los ojos un segundo.
Sintió miedo.
Sintió presión.
Sintió la enorme responsabilidad que esas palabras traían.
Cuando volvió a abrirlos, su voz fue firme.
—No prometo reemplazarte.
El viento sopló alrededor.
—Pero si caes…
Dio un paso al frente.
—Tomaré tu magia.
El silencio tembló.
—No para cargar tu dolor.
Sus ojos brillaron con determinación.
—Sino para asegurarme de que nadie más tenga que hacerlo.
Una leve sonrisa apareció en el rostro del Héroe de las Sombras.
Orgullo.
Tristeza.
Esperanza.
Y por un instante… las sombras dejaron de parecer oscuras.
El silencio no se rompió de inmediato.
Las sombras alrededor del Héroe comenzaron a fragmentarse como ceniza flotando en el aire.
—Entonces está decidido…
Su voz ya no resonaba con la misma fuerza. Era más lejana.
Carlos sintió una presión extraña en el pecho.
No era miedo.
Era despedida.
El Héroe levantó la mano y una marca oscura apareció flotando entre ambos. No quemaba. No brillaba. Solo existía.
Antigua. Pesada. Viva.
—Esto no es un regalo.
La marca giró lentamente.
—Es una responsabilidad.
El suelo vibró suavemente cuando la energía descendió hacia Carlos, pero no lo tocó.
Aún no.
—Cuando llegue el momento… si mi alma vuelve a caer…
Las sombras se arremolinaron por última vez.
—Esa magia te reconocerá.
Carlos sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
No era poder lo que percibía.
Era memoria.
Dolor.
Batallas interminables.
El eco de gritos que no eran suyos.
Freya bajó la mirada.
Lucia apretó los puños sin decir nada.
Shiro dio medio paso al frente, preocupada.
—¿Y si eso lo consume? —preguntó en voz baja.
El Héroe de las Sombras negó lentamente.
—Solo consumirá a quien dude.
Sus ojos se fijaron en Carlos.
—Y él… no duda.
Carlos tragó saliva.
Por dentro sí dudaba.
Dudaba de ser suficiente. Dudaba de poder proteger a todos. Dudaba de no repetir los errores del pasado.
Pero algo era claro.
No iba a huir.
—Cuando llegue ese día —dijo finalmente— no estaré solo.
Miró a sus compañeros.
A su familia.
—No volveremos a cometer el error de pelear aislados.
El Héroe de las Sombras lo observó en silencio.
Luego sonrió.
Una sonrisa pequeña, cansada, pero genuina.
—Eso es lo que el Primer Héroe nunca entendió a tiempo.
Las sombras comenzaron a disolverse definitivamente.
El aire recuperó temperatura.
—Recuerda esto, Carlos…
Su voz ya era apenas un eco.
—La fuerza no nace del sacrificio.
Una pausa.
—Nace de aquello que te niegas a perder.
La marca oscura se apagó, pero no desapareció.
Quedó latente.
Esperando.
El espacio volvió a la normalidad.
Pero nadie se movió.
Porque todos sintieron lo mismo.
El viento sopló con fuerza de pronto.
No era un viento natural.
Era como si el espacio mismo hubiera exhalado.
Las últimas partículas de sombra se deshicieron en el aire, pero la sensación de presencia… no desapareció.
Carlos permaneció inmóvil.
Sentía la marca.
No ardía.
No brillaba.
Pero latía.
Como un segundo corazón oculto bajo su piel.
Shiro fue la primera en hablar.
—¿Ya… se fue?
Su voz sonó pequeña en comparación con lo que acababan de presenciar.
Freya observó el cielo oscurecido.
—No del todo.
Carlos levantó la mirada.
—No.
Su voz era baja, pero firme.
—Sigue aquí.
Se llevó la mano al pecho.
—Solo… esperando.
Un silencio incómodo los rodeó.
Lucia cruzó los brazos.
—Genial. Ahora tenemos un posible ritual demoníaco, el regreso de Astaroth, un destino que “caerá sobre ti” y una herencia de sombras latente dentro de tu cuerpo.
Suspiró con ironía.
—Día tranquilo.
Kevin soltó una risa nerviosa.
Nadie más rió.
Carlos bajó la mirada.
Las palabras del Héroe seguían resonando.
“La fuerza nace de aquello que te niegas a perder.”
Su mente viajó a su madre.
A su hermano.
A cada uno de ellos.
Y entonces lo sintió.
Un pulso.
Más fuerte esta vez.
La marca reaccionó.
El suelo tembló levemente.
—¿Lo sintieron? —preguntó Natsuki.
Freya frunció el ceño.
—Eso no vino de él.
El horizonte, a lo lejos, se tiñó por un instante de un rojo profundo.
Como sangre diluyéndose en el cielo.
Un susurro recorrió el ambiente.
No era una voz clara.
Era una intención.
Oscura.
Antigua.
Despertando.
Carlos apretó los dientes.
—Ya empezaron.
Lucia dio un paso adelante.
—Entonces no tenemos tiempo para quedarnos aquí reflexionando.
Shiro miró a Carlos con intensidad.
—¿Qué vas a hacer?
La pregunta no era simple.
No era táctica.
Era personal.
Carlos respiró profundo.
Por primera vez desde que todo comenzó… no sentía solo miedo.
Sentía dirección.
—Voy a prepararme.
Levantó la mirada hacia el cielo rojizo.
—Voy a volverme más fuerte.
Sus ojos se endurecieron.
—Pero no para pelear solo.
Miró a cada uno.
—Vamos a entrenar. Vamos a investigar. Vamos a adelantarnos.
Una leve sonrisa apareció en Lucia.
—Eso suena mejor.
Freya asintió.
—Si el destino va a caer sobre ti… entonces lo enfrentaremos juntos.
El cielo volvió lentamente a la normalidad.
Pero todos sabían que no era el final del presagio.
Era el anuncio.
Carlos cerró los ojos un instante.
Y en la oscuridad detrás de sus párpados…
Vio una silueta.
Cuernos.
Alas extendiéndose.
Ojos ardiendo en un vacío infinito.
La sensación de ser observado.
La sensación de ser esperado.
Carlos abrió los ojos de golpe.
—No voy a dejar que regreses.
Su voz fue apenas un susurro.
Pero la determinación era real.
Astaroth podía estar despertando.
El destino podía estar moviéndose.
Pero esta vez…
No encontraría a un niño confundido.
Encontraría a alguien dispuesto a enfrentarlo.
Y esta vez…
La historia no terminaría igual esto ya no iría tan mal después de todo si..
El ruido del mundo se apagó poco a poco.
Las voces de sus compañeros se volvieron lejanas.
Carlos bajó la mirada.
El latido en su pecho era lo único claro.
Mi única debilidad… es perder a quienes fueron importantes para mí.
La pregunta apareció sola en su mente.
¿Está bien sentirme así?
Cerró los ojos.
Oscuridad.
Silencio.
Un pasillo blanco.
La enfermería.
El olor a desinfectante.
Una promesa susurrada con rabia contenida.
“Si alguien intenta lastimarlos… me convertiré en un monstruo.”
Su respiración se volvió más pesada.
¿Está mal tener miedo?
Perderlo todo.
Perder a su madre.
A su hermano.
A las personas que conoció en el camino.
Risas compartidas.
Entrenamientos bajo el sol.
Heridas que sanaron gracias a otros.
Eso… era lo que realmente lo aterraba.
No Astaroth.
No Lucifer.
No la guerra.
El vacío.
Carlos apoyó la mano contra su pecho.
—Todos tienen algo que proteger…
Recordó las palabras del Héroe de las Sombras.
Pero proteger… ¿hasta dónde?
Si el día llegaba.
Si alguien los amenazaba.
¿Sería capaz de perder su humanidad?
La imagen apareció en su mente sin pedir permiso.
Sus manos cubiertas de sangre.
Sus ojos vacíos.
Un poder descontrolado devorándolo desde dentro.
Un monstruo.
¿Podría cruzar esa línea?
Su respiración se agitó.
—¿Sería capaz de hacer eso…?
El miedo no era convertirse en fuerte.
Era dejar de reconocerse.
Recordó al Caballero Oscuro.
Recordó al Primer Héroe.
Hombres que lo perdieron todo.
Hombres que sacrificaron más de lo que pudieron recuperar.
¿Ellos también pensaron lo mismo?
¿También prometieron convertirse en algo que no eran?
Carlos abrió los ojos lentamente.
El cielo sobre él estaba tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Tal vez la verdadera pregunta no era si podía convertirse en un monstruo.
Sino si el mundo lo empujaría a serlo.
Sintió algo cálido en su interior.
No era oscuridad.
Era amor.
Era apego.
Era miedo de perder.
Y comprendió algo que le costó aceptar.
No es debilidad.
Es humanidad.
El problema no es querer proteger.
El problema es olvidar por qué lo haces.
Carlos respiró más despacio.
Si alguna vez tenía que pelear…
No sería por odio.
No sería por venganza.
Sería por ellos.
Y mientras recordara eso…
Tal vez…
No se convertiría en un monstruo.
Tal vez…
Podría caminar en la oscuridad sin dejar que lo consuma.
Pasaron semanas.
Semanas pesadas.
Silenciosas.
Desde aquel accidente en la Academia Ryouou, nada volvió a sentirse igual.
Los pasillos que antes estaban llenos de ruido ahora parecían más largos… más fríos.
Cada paso de Carlos resonaba distinto.
La condena fue severa.
Demasiado severa.
Pero todo tiene un precio.
Y Kimberly cumplió su parte del trato.
Nadie habló mucho de eso.
Algunas decisiones no se discuten.
Se cargan.
La lluvia caía fina aquella tarde.
En un camino apartado, lejos de la ciudad… un chico de cabello rubio caminaba en silencio.
Ojos morados.
Mirada contenida.
Sostenía una espada de oscuridad que parecía absorber la luz a su alrededor.
No era un arma común.
Era una herida hecha metal.
Su respiración era tranquila… pero sus manos temblaban apenas.
Emanuel.
Su nombre ya no se pronunciaba igual.
Aún hay cosas que nadie sabe.
Nadie entiende lo que ocurre cuando alguien pierde lo único que lo mantenía humano.
Su hija Alicia.
Su pequeña mano aferrándose a la suya.
Su risa.
Su voz llamándolo “papá”.
Y Gimena.
Su sonrisa serena.
Su mirada llena de paciencia.
Recuerdos que ahora solo eran ecos.
La espada vibró suavemente.
Como si respondiera al dolor.
Emanuel apretó los dientes.
—No debía terminar así…
Su voz salió rota.
No gritó.
No lloró.
Eso era lo peor.
El dolor que no sale se convierte en algo más oscuro.
Algo más frío.
El viento sopló con fuerza.
La sombra a sus pies se alargó de forma antinatural.
Su magia ya no era la misma.
Desde aquella noche…
Desde el momento en que sostuvo los cuerpos sin vida…
Algo dentro de él se quebró.
Y algo más despertó.
Un poder nacido del vacío.
Un poder que no pedía permiso.
Que susurraba.
Que prometía fuerza suficiente para que nadie volviera a arrebatárselo todo.
Sus ojos morados brillaron con una intensidad peligrosa.
—Si proteger significa convertirme en un monstruo…
La espada liberó una ligera onda oscura que hizo temblar los árboles cercanos.
—Entonces no queda nada que proteger dentro de mí.
Pero en el fondo…
Muy en el fondo…
Había algo que aún dolía demasiado para morir.
Un recuerdo.
Una risa infantil.
Una promesa rota.
Y mientras caminaba bajo la lluvia…
El mundo no sabía si estaba viendo a un hombre consumido por la tragedia.
O al nacimiento de algo que algún día Carlos tendría que enfrentar.
Porque cuando el amor se transforma en pérdida…
Y la pérdida en poder…
El monstruo no nace del odio.
Nace del dolor que nadie supo sanar.
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