Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

The strongest warrior of humanity - Capítulo 185

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. The strongest warrior of humanity
  4. Capítulo 185 - Capítulo 185: capitulo 185 El debe regresar pronto
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 185: capitulo 185 El debe regresar pronto

El director se quedó en silencio unos segundos más.

Luego habló con un tono más controlado.

—No vamos a cambiar la decisión… pero tampoco vamos a ignorar lo que dices.

Arlette respiró con dificultad.

—Entonces entiendan algo —dijo sin retroceder—. Carlos no se va a quebrar por un enemigo externo. Se va a quebrar por cargar demasiado.

William miró hacia el patio nuevamente.

Carlos ya no estaba entrenando con movimientos básicos.

Estaba forzando su magia.

La energía se concentraba en su espada, vibrando de forma inestable.

—Está forzando el flujo interno —murmuró Nicolás—. Si sigue así puede dañarse los conductos mágicos.

—Lo sabe —respondió Arlette—. Y aun así no se detiene.

Abajo, una descarga explotó.

El impacto dejó una grieta en el suelo de entrenamiento.

Carlos respiraba agitado.

Sus manos sangraban otra vez.

Pero no retrocedió.

Cerró los ojos un instante.

Recordó las palabras.

Guerra.

Kronos.

Astaroth.

Dios Nocturno.

Hermanos.

Dani.

Todo mezclado.

Todo pesando.

Apretó la espada.

—No puedo fallar…

Lo dijo en voz baja.

Como si alguien pudiera escucharlo.

En la sala, el director finalmente habló:

—Si Kronos realmente está moviendo piezas… entonces la misión que propuso Arlette podría servir.

William lo miró.

—¿Separarlo?

—No. Fortalecerlo.

Arlette levantó la vista.

—Pero bajo vigilancia.

—Exacto —respondió el director—. No podemos permitir que sea manipulado. Pero tampoco podemos quitarle la oportunidad de crecer.

Nicolás asintió lentamente.

—¿Y sobre el Imperio?

El director frunció el ceño.

—Eso es otro asunto. Si los rumores sobre los caballeros aniquilados son ciertos… algo más grande se está moviendo.

Arlette sintió un escalofrío.

Porque en el fondo sabía que no era coincidencia.

Imperio.

Kronos.

Carlos.

Todo estaba conectándose.

En el patio, Carlos volvió a levantar la espada.

Su magia esta vez fluyó mejor.

No perfecta.

Pero más estable.

Recordó lo que Lucia le dijo días atrás:

“Control no es fuerza. Es comprensión.”

Su respiración se reguló.

El brillo alrededor de la hoja dejó de temblar.

La energía se volvió más limpia.

Desde la ventana, William murmuró:

—Está mejorando.

—Siempre lo hace —respondió Arlette sin apartar la mirada—. Incluso cuando nadie se lo pide.

Un silencio distinto llenó la sala.

No era tensión.

Era reconocimiento.

Carlos bajó la espada lentamente.

Miró sus manos ensangrentadas.

No sonrió.

Pero tampoco parecía derrotado.

Solo… decidido.

Arriba, el director concluyó:

—Prepárenlo.

Pero no lo rompan.

Porque si Kronos intenta usarlo…

Lo que enfrentará no será un niño.

Será alguien que ya aprendió a levantarse solo.

Y eso…

Es mucho más peligroso.—Bueno… es hora de irme.

Arlette se detuvo en la puerta un segundo.

—Tengo que reencontrarme con Lucia. Dijo que me enseñaría algo… aunque con sus métodos me da más miedo que emoción.

Intentó sonreír.

No le salió del todo.

—No olviden lo que hablamos.

Salió de la sala.

El pasillo estaba más frío de lo normal.

Respiró hondo.

Su plan sonaba firme cuando lo decía en voz alta…

Pero ahora, sola, la duda la alcanzó.

¿Realmente funcionaría?

Si fallaba, no solo sería una misión más.

Sería abrirle el camino a Kronos.

Y eso no podía permitírselo.

Mientras tanto, en otra parte de la academia…

Kratos y Shirou conversaban en un salón lleno de mapas y documentos.

Sobre la mesa había frascos sellados.

Polvo oscuro en el interior.

—¿Crees que todo esto valdrá la pena? —preguntó Kratos, cruzado de brazos.

Shirou sostuvo uno de los informes.

—Investigamos más sobre la droga del Demonio de la Destrucción.

Su expresión era grave.

—Es difícil entender cómo funciona exactamente. No es solo una sustancia… altera la esencia mágica de quien la consume.

Dejó el documento sobre la mesa.

—Me preocupa la gente. Esto es peligroso.

Suspiró.

—Presiento que este día será imposible…

—¿Imposible?

María apareció apoyándose en la puerta.

—Para ser honesta, Shirou… deberías descansar. Has estado así durante semanas. No puedes seguir empujándote de esta manera.

Shirou bajó la mirada un instante.

Tenía ojeras marcadas.

Sus manos temblaban levemente.

—Lo sé, María… pero no puedo soltar esto.

Levantó el frasco.

El polvo oscuro parecía moverse como si tuviera vida propia.

—Tengo que encontrar la forma de eliminarlo. Si logran expandirlo… todos podrían convertirse en monstruos.

Apretó los dientes.

—Mira lo que pasó con Alan.

El recuerdo fue inmediato.

Alan temblando.

Su piel agrietándose.

La magia fuera de control.

Shirou tuvo que enfrentarlo.

No para matarlo.

Sino para detenerlo antes de que perdiera completamente la razón.

Lo logró.

Pero no salió ileso.

Alan ahora llevaba una cicatriz profunda que cruzaba su rostro.

Un recordatorio de lo cerca que estuvo de no regresar.

Kratos habló con voz firme.

—No fue tu culpa.

—No —respondió Shirou—. Pero pudo haber muerto.

María se acercó.

—Y tú también casi mueres ese día.

Shirou guardó silencio.

Sabía que era cierto.

Pero no podía detenerse.

—Si esto se expande —continuó— no será solo un incidente aislado. Será caos. La droga no solo potencia… corrompe. Saca lo peor de cada persona y lo amplifica.

Kratos frunció el ceño.

—¿Crees que Kronos está detrás?

Shirou no respondió de inmediato.

—No tengo pruebas. Pero alguien con recursos… con influencia… podría distribuir algo así sin dejar rastro.

El aire se volvió pesado.

María cruzó los brazos.

—Entonces no eres el único que debe cargar esto.

Shirou la miró.

—No quiero que nadie más salga herido.

—Eso ya está pasando —respondió ella con suavidad—. Te estás desgastando. Y si caes… perderemos más que una investigación.

Silencio.

En el exterior, el viento golpeó las ventanas.

Algo se estaba moviendo.

Droga.

Imperio.

Kronos.

Misión al norte.

Festival acercándose.

Demasiadas piezas.

Y todos estaban empujándose más allá de sus límites.

Shirou cerró el frasco con firmeza.

—No voy a detenerme.

Pero esta vez su voz no sonó completamente segura.

Porque en el fondo…

Sabía que el tiempo se estaba acabando. Kratos levantó una ceja al escuchar el nombre.

—Freya dijo que esta sería la parte difícil…

Shirou asintió lentamente.

—Sí. Ella fue clara. Dijo que lo complicado no sería descubrir qué es la droga… sino decidir qué hacer cuando sepamos quién está detrás.

María sonrió.

Pero no era una sonrisa seria.

Se acercó a Shirou con esa expresión juguetona que siempre usaba cuando quería incomodarlo.

—Ahora que lo mencionas… últimamente tú y Freya han estado muy pegaditos.

Kratos soltó un leve “oh”.

—Desde que interrumpiste su conversación con Mael —continuó María—. Fue algo muy… impulsivo.

Se inclinó un poco hacia él.

—Algo que haría un hombre se-lo-so.

Shirou parpadeó.

—No fue eso.

—¿Ah no? —María ladeó la cabeza—. Porque recuerdo perfectamente cómo entraste, cómo miraste a Mael, y cómo Freya se quedó callada mirándote.

Kratos se cruzó de brazos, divertido.

—Sí, fue bastante evidente.

—No estaba celoso —respondió Shirou con rapidez—. Solo… no confiaba en él.

María soltó una pequeña risa.

—Claro. No confiabas en él.

Hizo una pausa teatral.

—Pero no te preocupes. Aunque dudo que ella sienta algo por ti.

Silencio.

Shirou no dijo nada.

Pero su expresión cambió apenas.

Un leve rubor.

Una rigidez en los hombros.

Kratos lo notó.

María también.

—Aunque… —continuó ella suavemente— ¿qué pasa si sí es verdad?

Esa pregunta se quedó flotando.

Shirou desvió la mirada.

Freya riendo mientras discutían estrategias.

Freya frunciendo el ceño cuando él se sobrecargaba de trabajo.

Freya poniéndose frente a él cuando Alan perdió el control.

“Si vas a hacer algo imprudente, al menos avísame.”

Recordó esas palabras.

Y cómo lo había mirado.

No con admiración.

No con lástima.

Con preocupación genuina.

—No es momento para eso —murmuró finalmente.

María suspiró.

—Nunca es momento para ti, Shirou.

Kratos habló más serio ahora:

—Los sentimientos no desaparecen solo porque haya problemas más grandes.

Shirou apretó los labios.

—No puedo distraerme.

—¿Y quién dijo que querer a alguien es una distracción? —replicó María.

Él guardó silencio.

Porque en el fondo…

No era miedo a que fuera mentira.

Era miedo a que fuera verdad.

Porque si Freya realmente sentía algo…

Entonces él tendría algo más que perder.

Y Shirou ya sabía demasiado bien lo que era perder.

María dio un pequeño golpe en su hombro.

—Relájate. Solo te estoy molestando.

Pero luego lo miró con más suavidad.

—Solo asegúrate de no ignorar lo que sientes por miedo.

Kratos volvió a tomar uno de los informes.

—Tenemos suficiente caos afuera. No necesitas crearlo también dentro de ti.

Shirou respiró hondo.

Intentó enfocarse en los documentos.

En la droga.

En la amenaza.

Pero, por primera vez en días…

No fue el miedo al desastre lo que le apretó el pecho.

Fue una posibilidad.

Pequeña.

Incierta.

Pero real.

¿Y si Freya sí sentía algo?

Y peor aún…

¿Y si él también?

El ambiente cambió en el instante en que Charlotte entró.

Ya no había bromas.

Ni tensión ligera.

Su expresión era completamente seria.

—Tengo algo que deben saber.

Kratos dejó los documentos.

María se enderezó.

Shirou la miró con atención.

—Fui a la Iglesia Sagrada. Necesitaba respuestas.

Hizo una pausa breve.

—Y encontré una.

El silencio se volvió absoluto.

—Hace mucho tiempo existió alguien… un ser descrito como fragmentos de un Dios Demonio.

Shirou frunció el ceño.

—¿Fragmentos?

—Sí. No era un demonio común. No era un dios común. Era una entidad que combinaba ambos aspectos. Se dice que apareció hace un millón de años y trajo caos a todo lo que tocaba.

Kratos apretó la mandíbula.

—Eso suena a mito antiguo.

—No lo es —respondió Charlotte con firmeza—. Los registros son claros. Los gigantes fueron quienes lograron derrotarlo. Pero antes de morir… dividió su esencia.

María dio un paso atrás.

—¿Dividió… cómo?

—Fragmentó su alma. Su poder. Sus espadas más peligrosas.

Charlotte miró el frasco oscuro sobre la mesa.

—Ese polvo… es parte de esos fragmentos.

El aire se volvió pesado.

—Entonces… —murmuró Shirou— no estamos hablando solo de una droga.

Charlotte negó lentamente.

—Estamos hablando de restos de un Dios Demonio.

Kratos murmuró:

—Es la primera vez que escucho algo así en todos estos años.

—Y no será lo último —continuó Charlotte—. Porque hay otra noticia importante.

Sus manos temblaron apenas.

Pero no retrocedió.

—Tengo magia divina.

María abrió los ojos.

—Eso ya lo sabíamos…

—No —interrumpió Charlotte—. No sabían esto.

Respiró hondo.

—Por error… fui elegida como la próxima sacerdotisa de la Iglesia Sagrada.

El silencio fue más denso que antes.

—¿Elegida? —repitió Shirou.

—Sí. Y eso significa que debo dejar la academia por un tiempo. Necesito entrenar. Aprender el origen real de esos fragmentos. Entender cómo purificarlos.

María dio un paso hacia ella.

—¿Te vas?

Charlotte asintió.

—No es opcional.

Kratos habló con seriedad:

—¿Cuánto tiempo?

—No lo sé.

Miró el frasco otra vez.

—Pero si lo que enfrentamos es un Dios Demonio fragmentado… entonces lo que viene será lo más difícil que hemos visto.

Shirou bajó la mirada.

Freya.

Carlos.

La droga.

Kronos.

Ahora esto.

—¿Y si alguien está intentando reunir los fragmentos? —preguntó.

Charlotte lo miró directamente.

—Entonces no buscan caos temporal.

Buscan resurrección.

El silencio se volvió frío.

María apretó el brazo de Charlotte.

—No me gusta esto.

—A mí tampoco —respondió ella—. Pero si no entiendo el origen… no podremos destruirlo.

Kratos asintió lentamente.

—Entonces no es una despedida.

—No —dijo Charlotte—. Es una preparación.

Pero en sus ojos había algo más.

Miedo.

No por ella.

Sino por el momento en que los fragmentos comenzaran a unirse.

Porque si el polvo ya estaba circulando…

Entonces alguien ya había empezado el ritual.

Y eso significaba que el tiempo…

Era mucho menos del que imaginaban.

El silencio no se rompió de inmediato.

Fue Shirou quien habló primero.

—Si los fragmentos existen… entonces deben estar dispersos por todo el mundo.

Charlotte asintió.

—La Iglesia cree que algunos están sellados. Otros perdidos. Y otros… activos.

Kratos frunció el ceño.

—¿Activos?

—Objetos malditos. Espadas antiguas. Reliquias que cambian de dueño y dejan tragedias a su paso.

María miró el frasco con el polvo oscuro.

—Y alguien decidió convertir uno de esos fragmentos… en droga.

Charlotte bajó la mirada.

—Eso significa que no solo buscan poder. Están experimentando.

Shirou apretó los puños.

—Alan fue una prueba.

Kratos asintió lentamente.

—Y si fue una prueba… vendrán más.

Charlotte dio un paso atrás.

—Por eso debo irme. La Iglesia no solo me entrenará como sacerdotisa. Me enseñarán rituales de purificación antigua. Sellos gigantes. Lenguas olvidadas.

—¿Gigantes? —preguntó María.

—Sí. Los registros dicen que los gigantes no solo lo derrotaron. Crearon un sistema de contención basado en runas primordiales. Si alguien está rompiendo esos sellos… necesito saber cómo restaurarlos.

Shirou respiró hondo.

—Entonces no se trata solo de combatir.

—No —respondió Charlotte—. Se trata de impedir que vuelva a existir.

El viento golpeó las ventanas otra vez.

Kratos caminó hasta el mapa.

—Si alguien está recolectando fragmentos… debe haber patrones.

Shirou se acercó.

—La ciudad del norte. La droga aquí. Rumores del Imperio.

María los miró con preocupación.

—¿Creen que todo está conectado?

Kratos habló con firmeza.

—Demasiadas coincidencias dejan de ser coincidencias.

Charlotte miró a Shirou.

—Mientras yo esté fuera… tú debes mantener esto bajo control.

Él levantó la vista.

—No soy el líder.

—No —respondió ella—. Pero eres quien no se rinde.

Eso lo dejó en silencio.

María intentó sonreír.

—Y además, alguien tiene que evitar que te consumas trabajando.

Shirou exhaló levemente.

—No prometo descansar.

—Promete sobrevivir —dijo Charlotte.

Un momento pesado.

No era una despedida dramática.

Era peor.

Era real.

—¿Cuándo te vas? —preguntó Kratos.

—Mañana al amanecer.

María la abrazó sin previo aviso.

—Regresa.

Charlotte cerró los ojos un instante.

—Lo haré.

Pero todos sabían que si lo que enfrentaban era realmente la esencia fragmentada de un Dios Demonio…

Nada volvería a ser igual.

Y en algún lugar lejano, en ruinas antiguas cubiertas por hielo y piedra…

Una grieta brilló con una luz oscura.

No era grande.

No aún.

Pero latía.

Como un corazón que llevaba un millón de años esperando volver a latir con fuerza.

Y alguien…

Ya estaba escuchando ese pulso.

La caverna estaba viva.

No por sonido.

Sino por pulsación.

Una masa oscura, suspendida en el centro del abismo, latía con una luz roja profunda.

Un corazón.

No de carne común.

Sino de algo antiguo.

Algo que no debía seguir existiendo.

Laxuz lo observaba con una sonrisa contenida.

—Parece que encontré algo muy interesante… ¿no lo crees, Lucas?

Los abismales detrás de él guardaron silencio. Sus figuras cubiertas por capas negras apenas se movían.

El corazón del Dios Demonio latía más fuerte cuando alguien se acercaba.

Como si reconociera intención.

—Por ahora debemos llevarlo con nosotros —continuó Laxuz—. Este será el siguiente paso.

Uno de los abismales habló con voz grave:

—¿Y después?

Laxuz giró lentamente.

—Después de esto… traeremos a Astaroth a la vida.

El nombre resonó en la caverna.

Oscuro.

Prohibido.

—Esperemos que esté recuperado —añadió—. Como dijo Gabriel… él es el más fuerte de todos.

Se acercó al corazón.

No lo tocó.

Aún no.

—Pero ahora no es el momento.

Lucas permanecía en silencio.

Mirando.

Pensando.

“¿Cómo estarán Gojo y Arlette…?”

Habían pasado años desde aquel templo.

Desde su muerte.

Desde que todo terminó.

O eso creyó.

Lucifer fue quien lo trajo de regreso.

No hubo luz.

No hubo gloria.

Solo oscuridad.

Y una voz.

“Tu historia no termina aquí.”

Desde entonces…

Caminó en las sombras.

Aprendió.

Creció.

Se volvió algo que nunca imaginó.

Más fuerte.

Más frío.

Más distante.

Pero el precio fue alto.

Entró en guerras que no eran suyas.

En pactos que no debía aceptar.

Alcanzó un poder que jamás soñó poseer.

Y aun así…

Se sentía vacío.

Laxuz habló sin mirarlo:

—No estás muy entusiasmado.

Lucas respondió finalmente.

—Solo pienso.

—¿En el pasado?

Silencio.

El corazón volvió a latir.

Más fuerte.

Más profundo.

Lucas levantó la vista hacia él.

Esa energía…

La reconocía.

No como alguien que la estudiaba.

Sino como alguien que había caminado cerca de ella.

Lucifer no lo revivió por compasión.

Lo hizo porque era útil.

Porque alguien como él podía soportar la oscuridad sin quebrarse.

O eso creían.

“Gojo…”

“Arlette…”

¿Seguirían vivos?

¿Lo recordarían?

¿O su nombre se había convertido en un simple recuerdo más?

Laxuz extendió la mano esta vez.

Una barrera abismal envolvió el corazón.

—Prepárenlo.

Los abismales comenzaron el ritual de sellado.

Runas negras se activaron alrededor.

El suelo tembló levemente.

Lucas apretó los puños.

“Alcancé algo que nunca debí imaginar…”

Poder que rivalizaba con entidades antiguas.

Control sobre energías prohibidas.

Pero también entendió algo más.

Ese corazón no era solo un fragmento.

Era una llave.

Y si lo usaban para traer a Astaroth…

El equilibrio entero colapsaría.

Laxuz lo miró de reojo.

—No dudes ahora, Lucas.

Él respondió sin emoción visible.

—No estoy dudando.

Pero en el fondo…

Sabía que cada paso que daban los acercaba a un punto sin retorno.

El corazón brilló una última vez antes de quedar contenido en el sello.

Y en algún lugar distante…

Una presencia abrió los ojos en la oscuridad.

No completamente despierta.

Pero consciente.

Algo estaba reuniéndose.

Algo estaba regresando.

Y esta vez…

No sería un simple caos.

Sería una reclamación.La barrera terminó de cerrarse.

El corazón quedó suspendido dentro del sello abismal, envuelto en runas negras que giraban lentamente como engranajes antiguos.

Pero aun sellado…

Seguía latiendo.

Laxuz observó el resultado con satisfacción.

—Perfecto. Ni la Iglesia podrá detectar esto ahora.

Uno de los abismales inclinó la cabeza.

—¿Lo llevamos al Santuario Profundo?

—No —respondió Laxuz—. Aún no. Primero debemos estabilizarlo. Si reacciona antes de tiempo… perderemos más que esta caverna.

Lucas permanecía inmóvil.

Sentía la vibración en el pecho.

No era sonido.

Era resonancia.

El corazón respondía a algo.

O a alguien.

“Esto no es solo un fragmento…”

Cerró los ojos un instante.

Desde que Lucifer lo trajo de vuelta, su percepción había cambiado.

Podía sentir la estructura de la energía.

Las grietas.

Los hilos invisibles que conectaban acontecimientos.

Y ese corazón…

No estaba incompleto.

Estaba esperando.

Laxuz caminó hacia él.

—Estás muy callado.

—Estoy analizando.

—¿Qué cosa?

Lucas abrió los ojos.

—Si usamos esto para traer a Astaroth… no habrá marcha atrás.

Laxuz sonrió levemente.

—Ese es el punto.

Un silencio pesado cayó entre ambos.

—Gabriel fue claro —continuó Laxuz—. Astaroth no es como los demás. No es un peón. Es una fuerza absoluta.

Lucas respondió con voz baja:

—Y las fuerzas absolutas no obedecen.

Por primera vez, Laxuz dejó de sonreír.

—Por eso necesitamos el corazón.

Los abismales comenzaron a transportar el sello flotante.

Las sombras de la caverna parecían estirarse mientras avanzaban.

En lo profundo…

Algo más reaccionó.

No era el corazón.

Era la conexión.

Muy lejos de allí, en ruinas cubiertas de hielo, una grieta volvió a brillar.

Y en la academia…

Charlotte se detuvo en mitad del pasillo al sentir una presión en el pecho.

Una vibración divina.

Se llevó la mano al corazón.

—Ya empezó…

Mientras tanto, Lucas caminaba detrás del grupo.

Pensamientos cruzaban su mente.

Gojo.

Arlette.

El templo.

El día en que murió.

Lucifer extendiendo la mano entre sombras.

“Vuelve. Aún no has terminado.”

Desde entonces había entrenado.

Había aprendido a dominar energía abismal sin perder la razón.

Había alcanzado un nivel que ni siquiera en vida soñó tocar.

Pero ese poder tenía un costo.

Cada vez que usaba más de lo necesario…

Sentía que algo dentro de él se desvanecía.

No su alma.

Sino su calidez.

Su humanidad.

Y ahora…

Estaban reuniendo piezas de un Dios Demonio.

Lucas habló finalmente:

—¿Y si Astaroth no quiere ser traído de vuelta?

Laxuz no se detuvo.

—Entonces lo obligaremos.

Lucas apretó los puños.

Esa respuesta confirmó su temor.

No estaban preparando un regreso.

Estaban provocando una catástrofe.

El corazón latió más fuerte dentro del sello.

Como si respondiera a la intención.

Como si supiera.

Y en un plano más profundo…

Una conciencia fragmentada comenzó a alinearse.

No completa.

No aún.

Pero suficiente para reconocer una verdad:

Sus piezas estaban siendo reunidas.

Y cuando la última encajara…

No sería invocación.

Sería despertar.

Lucas levantó la mirada hacia la oscuridad del techo de la caverna.

“¿En qué me he convertido…?”

Porque si continuaba por ese camino…

No habría diferencia entre él…

Y aquello que estaban intentando traer de regreso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo