The strongest warrior of humanity - Capítulo 187
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Capítulo 187: capitulo 187 la batalla más desgarrador entre nocturnos
La luz alrededor de Shiro cambió.
No era la misma energía brillante de antes.
Se volvió más profunda.
Más densa.
Más… antigua.
Había usado poder nocturno.
Sus ojos se tornaron azul celeste intenso.
Las pupilas se afilaron, tomando forma de dragón.
Un aura oscura y luminosa al mismo tiempo brotó de su cuerpo, envolviéndola como un torbellino silencioso.
La presión en el aire se volvió insoportable.
Milin dio un paso atrás sin darse cuenta.
—Esa presencia…
Merlin frunció el ceño.
—No es solo energía… es algo más primitivo.
Carlos la miró con absoluta seriedad.
La sonrisa que había tenido desapareció por completo.
Ahora no había juego.
No había provocación.
Solo concentración.
—No usaré mi verdadero poder —murmuró para sí mismo—. Me mantendré al margen con esto… lo usaré solo si estoy a punto de perder.
Sabía que si cruzaba esa línea…
Tal vez no habría vuelta atrás.
Shiro inclinó levemente la cabeza.
El aura nocturna se comprimió a su alrededor.
Y desapareció.
No dejó rastro.
No dejó distorsión.
Nada.
Carlos abrió los ojos con sorpresa.
Ni siquiera Voltstrike generaba una ausencia tan limpia.
Sintió algo.
Demasiado tarde.
Un susurro detrás de él.
Giró apenas—
Un golpe resonó.
No fue un simple impacto.
Fue devastador.
La energía concentrada en el puño de Shiro explotó en el instante del contacto.
Carlos no logró reaccionar.
El ataque lo alcanzó en el costado.
El sonido fue como el choque de un trueno comprimido.
Su cuerpo salió disparado a una velocidad brutal.
Atravesó el campo como una bala.
Impactó contra el suelo.
La tierra se abrió bajo él.
Una grieta gigantesca se extendió por cientos de metros.
La explosión levantó una nube masiva de polvo y roca.
La academia entera vibró.
La barrera de Merlin tembló violentamente.
Milin sintió su corazón detenerse un segundo.
—¡Carlos!
El cráter era profundo.
El aire estaba cargado de energía nocturna.
Shiro permanecía de pie, flotando levemente sobre el suelo.
Su aura danzaba como llamas azules.
Sus ojos de dragón escudriñaban el polvo.
No había satisfacción en su rostro.
Solo intensidad.
—Levántate… —susurró.
En el centro de la grieta…
Algo se movió.
Un fragmento de roca cayó.
Luego otro.
Una energía carmesí comenzó a filtrarse desde el interior del cráter.
Lenta.
Pero firme.
La silueta de Carlos emergió.
Su ropa estaba rasgada.
Sangre descendía por su frente.
Su respiración era pesada.
Pero estaba de pie.
Y sus ojos…
Ya no mostraban sorpresa.
Mostraban decisión.
El aire empezó a vibrar nuevamente.
No por furia.
No por descontrol.
Sino por algo más profundo.
Shiro sonrió apenas.
—Ahora sí estamos hablando en serio.
Y el campo de batalla…
Estaba a punto de romperse por completo.El polvo terminó de disiparse.
Carlos salió del cráter caminando.
Cada paso dejaba una marca profunda en el suelo agrietado.
Su guadaña arrastraba una línea carmesí detrás de él.
No estaba temblando.
No estaba furioso.
Estaba concentrado.
Shiro descendió lentamente hasta tocar el suelo.
El aura nocturna seguía ardiendo alrededor de su cuerpo.
Sus ojos de dragón lo observaban sin parpadear.
—Esa velocidad… —murmuró Carlos— ya no es solo tuya.
Shiro ladeó la cabeza.
—¿Ah, no?
Desapareció otra vez.
Pero esta vez Carlos no reaccionó tarde.
El aire a su alrededor se comprimió apenas un milisegundo antes del impacto.
Voltstrike.
Carlos se desplazó lateralmente justo cuando el puño de Shiro atravesó el espacio donde estaba su cabeza.
El golpe partió el aire.
La onda expansiva cortó una colina lejana.
Carlos apareció arriba.
Giró la guadaña y lanzó un corte descendente cargado con energía dimensional.
Shiro bloqueó.
El choque iluminó el cielo.
Pero esta vez, Carlos no retrocedió.
Se mantuvo firme.
Empujó.
Su aura carmesí comenzó a expandirse más de lo habitual.
Shiro sonrió.
—Así me gusta.
Liberó más poder nocturno.
La presión aumentó.
El suelo bajo ambos empezó a hundirse.
Carlos dio un giro completo con la guadaña, encadenando cortes imposibles que rasgaban el espacio en múltiples direcciones.
Shiro esquivó dos.
Bloqueó tres.
El cuarto la rozó en el hombro.
Una pequeña línea de sangre azul brillante apareció.
Milin se llevó la mano al pecho.
Dentro de ella…
El ser desconocido reaccionó.
No con miedo.
Con hambre.
Merlin lo sintió.
—Esto ya no es solo entrenamiento…
Shiro retrocedió un par de metros.
La herida comenzó a cerrarse lentamente gracias a su aura.
—Bien… entonces probemos tu resistencia.
Extendió la espada.
La energía nocturna se condensó alrededor de la hoja formando la silueta de un dragón etéreo.
El cielo se oscureció levemente.
Carlos apretó los dientes.
Sabía que eso no era un ataque común.
Clavó la guadaña en el suelo.
El aura carmesí se expandió como un círculo protector.
—No cruzaré la línea… aún no.
Shiro lanzó el ataque.
El dragón de energía descendió rugiendo.
El impacto fue apocalíptico.
La explosión envolvió todo el campo.
La barrera de Merlin crujió al límite.
Milin cayó de rodillas por la presión.
Dentro del caos…
Una silueta emergió atravesando la energía nocturna.
Carlos.
Con la guadaña girando violentamente, cortando el núcleo del ataque.
Su cuerpo estaba herido.
Sus brazos sangraban.
Pero avanzaba.
Paso a paso.
Rompió el dragón desde dentro.
Apareció frente a Shiro.
Sus ojos ardían con determinación pura.
No había liberado su verdadero poder.
Pero estaba peligrosamente cerca.
Shiro abrió ligeramente los ojos.
—Estás forzando tu límite…
Carlos levantó la guadaña.
—Y tú también.
Ambos respiraban con intensidad.
El suelo estaba completamente destruido.
El cielo aún vibraba por la explosión.
Por un instante…
Se miraron.
Sabían que si seguían un paso más…
La línea se rompería.
Y lo que estaba sellado dentro de ambos…
Podría despertar.
El viento se detuvo.
El mundo pareció contener el aliento.
¿Quién sería el primero en cruzar el límite?
Carlos retrocedió varios metros.
Clavó la guadaña en el suelo.
La energía carmesí cambió.
Se volvió más profunda.
Más fría.
—Invocación… Dragón de la Oscuridad.
El suelo se abrió detrás de él.
Una grieta negra se extendió como una herida en el mundo.
De ella emergió una silueta gigantesca.
Escamas oscuras como la noche sin estrellas.
Ojos brillando en rojo intenso.
Un rugido sacudió el cielo.
No era solo sonido.
Era presencia.
Era dominio.
El dragón desplegó sus alas, cubriendo el campo destruido con sombra.
Milin sintió cómo su respiración se volvía pesada.
Merlin apretó los dientes.
—Esa invocación… no es común.
Shiro no retrocedió.
Pero sus ojos de dragón se suavizaron apenas.
Ese rugido…
Esa aura…
Un recuerdo cruzó su mente.
Un campo antiguo.
Una mujer de mirada firme.
Cabello moviéndose con el viento.
Y un dragón hielo’ elevándose detrás de ella.
El entrenamiento.
Hace años.
Con Hina.
Shiro bajó ligeramente su espada.
La presión nocturna alrededor de ella disminuyó apenas.
—Te pareces más a tu madre, Carlos…
Su voz ya no era burlona.
Era sincera.
El dragón rugió otra vez, como si reconociera el nombre.
Carlos la miró sin apartar la vista.
—Eso me agrada mucho —continuó Shiro—… que seas igual que ella.
El viento sopló con fuerza entre ambos.
Carlos recordó.
La espalda de su madre frente a enemigos imposibles.
Su manera de pararse.
Su forma de proteger.
Su forma de entrenar sin mostrar debilidad.
El dragón dio un paso al frente.
El suelo tembló.
Pero no atacó.
Esperaba la orden.
Carlos respiró hondo.
—Aún no la supero.
Shiro sonrió levemente.
—No tienes que superarla.
Su aura nocturna volvió a intensificarse.
—Tienes que ser diferente.
En un instante, desapareció otra vez.
Pero esta vez no fue contra Carlos.
Apareció frente al dragón.
La espada luminosa cortó el aire con una estela azul.
El dragón bloqueó con sus alas.
El choque hizo vibrar todo el valle.
Carlos se movió también.
Voltstrike.
Apareció junto a la cabeza del dragón.
Saltó.
Descendió con la guadaña envuelta en energía carmesí.
Shiro giró en el aire y bloqueó el ataque combinado.
La presión fue monstruosa.
Luz.
Oscuridad.
Electricidad.
El impacto partió el cielo con un estruendo ensordecedor.
Milin cayó sentada por la onda expansiva.
Dentro de ella…
El ser desconocido observaba.
Reconocía esa energía.
La misma que una vez hizo temblar reinos enteros.
Carlos aterrizó junto al dragón.
Shiro retrocedió varios metros.
Ambos respiraban con intensidad.
El dragón rugió nuevamente.
El cielo se oscureció más.
Pero esta vez…
No era solo por el poder.
Era porque ambos estaban alcanzando un punto crítico.
Shiro levantó la espada.
—Si sigues así…
Carlos sostuvo la guadaña.
—Lo sé.
Si seguían un poco más…
No sería entrenamiento.
Sería guerra.
Y algo mucho más antiguo que ellos…
Estaba empezando a despertar con cada choque.Carlos deslizó un pie hacia atrás.
Clavó la guadaña en el suelo y la hizo girar con una sola mano.
—Magia elemental… sincronización múltiple.
El aire cambió.
Primero fue el viento.
Se arremolinó alrededor de la hoja formando un torbellino comprimido.
Luego el fuego.
Líneas carmesí comenzaron a recorrer el filo, encendiéndose sin consumirlo.
Después el agua.
Una capa líquida giró alrededor del mango como si estuviera viva.
Y finalmente, la tierra.
Fragmentos del suelo se elevaron y comenzaron a orbitarlo.
Merlin abrió los ojos con sorpresa.
—Está combinando elementos… y no están colisionando.
Milin sintió la presión subir otro nivel.
Carlos levantó la guadaña.
—Hechizos superpuestos… activación.
Runas se encendieron alrededor de él.
Una detrás de otra.
Refuerzo físico.
Aceleración.
Penetración mágica.
Compresión dimensional.
El dragón de oscuridad rugió, sincronizando su energía con la de Carlos.
Shiro observó sin interrumpir.
Sus ojos de dragón analizaron cada flujo de energía.
—Estás aprendiendo a encadenar hechizos sin perder estabilidad…
Carlos desapareció.
Pero esta vez no fue solo Voltstrike.
El viento lo impulsó.
El fuego lo envolvió.
El agua redujo la fricción.
La tierra reforzó su impacto.
Apareció frente a Shiro.
Un corte horizontal.
Ella bloqueó.
El choque liberó fuego y electricidad al mismo tiempo.
Carlos giró la guadaña por debajo, levantando una ola de roca fundida.
Shiro saltó.
Pero el viento cambió su trayectoria en el aire.
Carlos ya estaba arriba.
Descendió con un corte vertical cargado de compresión elemental.
Shiro cruzó su espada y detuvo el ataque.
El impacto generó una explosión multicolor.
La barrera de Merlin crujió peligrosamente.
Carlos no se detuvo.
Giró el arma y liberó los hechizos acumulados.
Una ráfaga elemental combinada salió disparada.
Fuego azul mezclado con rayos.
Fragmentos de roca envueltos en viento cortante.
Shiro extendió su mano libre.
El poder nocturno se expandió como un escudo oscuro.
El choque entre ambos poderes fue ensordecedor.
El campo quedó envuelto en una tormenta elemental.
Carlos respiraba con intensidad.
Estaba forzando su control al límite.
Pero no había liberado su verdadero poder.
Aún no.
Shiro sonrió levemente mientras sostenía el impacto.
—Eso ya no es entrenamiento básico, Carlos…
La energía nocturna empezó a condensarse alrededor de su espada otra vez.
—Ahora veamos cuánto puedes mantener esa combinación sin perder el equilibrio.
El suelo bajo ambos comenzó a fracturarse nuevamente.
El dragón de oscuridad elevó vuelo.
Y la tormenta elemental apenas estaba comenzando. Nada mal para esté momento creo que ya es hora de usarlo..
La tormenta elemental se detuvo de golpe.
No por agotamiento.
Por algo más grande.
Una luz cubrió todo el campo.
No era fuego.
No era electricidad.
Era… nocturna.
Carlos bajó la guadaña lentamente.
El dragón de oscuridad detrás de él se desvaneció en partículas negras que se absorbieron en su cuerpo.
Milin sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—No puede ser…
Merlin abrió los ojos con una seriedad absoluta.
—Lo despertó.
Los ojos de Carlos cambiaron.
Ya no eran carmesí.
Ahora parecían una galaxia viva.
Azules profundos mezclados con destellos morados.
Como si el universo entero girara dentro de sus pupilas.
El aura que lo cubría no explotaba.
No gritaba.
Era silenciosa.
Pero aplastante.
La gravedad alrededor comenzó a distorsionarse.
Pequeñas grietas espaciales aparecieron y desaparecieron a su alrededor como respiraciones del vacío.
Carlos caminó hacia Shiro.
Paso.
El suelo se hundía.
Otro paso.
El aire se comprimía.
No corría.
No desaparecía.
No necesitaba velocidad.
La presión misma lo abría camino.
Shiro lo miró fijamente.
Sus ojos de dragón brillaron más intensamente.
Una sonrisa apenas visible apareció en su rostro.
—Así que al final… lo hiciste.
Carlos no respondió de inmediato.
Su voz, cuando habló, era más profunda.
Más lejana.
—No quería usarlo… pero tú cruzaste la línea primero.
El cielo comenzó a oscurecerse.
No como si fuera de noche.
Sino como si el espacio estuviera descendiendo sobre la tierra.
Las estrellas comenzaron a vislumbrarse en pleno día.
La barrera de Merlin vibraba como si fuera a romperse en cualquier momento.
Milin cayó de rodillas.
Dentro de ella, aquella presencia desconocida reaccionó con intensidad.
No con miedo.
Con reconocimiento.
Shiro elevó su espada.
El poder nocturno alrededor de ella creció en respuesta.
Dos auras.
La misma esencia.
Pero diferente voluntad.
Carlos levantó la guadaña.
El filo parecía absorber la luz misma.
—Esta batalla…
Shiro completó la frase.
—…no es entre nosotros.
Ambos desaparecieron al mismo tiempo.
No fue velocidad.
Fue distorsión.
El espacio se plegó.
Aparecieron frente a frente en el aire.
Guadaña contra espada.
El choque no produjo una explosión común.
El cielo se fracturó.
Literalmente.
Como un cristal invisible rompiéndose.
Las montañas a kilómetros de distancia se partieron por la onda expansiva.
El océano lejano se agitó violentamente.
La academia entera quedó cubierta por una cúpula de energía inestable.
Merlin sostuvo la barrera con ambas manos.
—Si continúan… el tejido del espacio no lo soportará.
Carlos empujó con fuerza.
Shiro respondió con la misma intensidad.
Sus auras se entrelazaron formando un remolino galáctico sobre ellos.
Dos fuerzas que podían destruir la tierra.
O peor.
Desgarrar todo el espacio que existía en ese plano.
Y en medio del choque…
Por primera vez…
Ambos sonrieron.
No con arrogancia.
Sino con comprensión.
Habían alcanzado el mismo nivel.
Y ahora…
Solo uno podría sostenerlo sin perderse en él…El choque anterior aún vibraba en el cielo cuando Shiro dio un paso al frente.
Uno solo.
Pero bastó.
Su aura nocturna cambió de frecuencia.
Se volvió más densa… más salvaje.
—Kuromi… —susurró.
El nombre no fue un grito.
Fue una invocación interna.
Partículas carmesí comenzaron a desprenderse de su cuerpo, flotando como cenizas encendidas. Su cabello se tornó rosado intenso, moviéndose como si estuviera bajo el agua. Sus ojos ya no eran solo de dragón.
Brillaban con una determinación absoluta.
Una voluntad que no aceptaba derrota.
El cielo se partió otra vez.
Pero esta vez no fue por el choque.
Fue por su presencia.
Carlos la miró.
Sus ojos galácticos giraron con una mezcla de sorpresa y respeto.
—Así que ese es tu verdadero despertar…
Shiro levantó la espada.
Kuromi respondió.
El espacio alrededor comenzó a desintegrarse en fragmentos de luz y oscuridad.
Merlin gritó:
—¡No…!
La barrera que protegía la academia alcanzó su límite.
Una grieta.
Luego otra.
Y finalmente—
Se rompió.
La onda expansiva se expandió como un anillo de destrucción pura.
Milin cayó de rodillas.
El impacto no fue físico.
Fue espiritual.
Algo dentro de ella despertó.
Una voz.
Antigua.
Fría.
Divertida.
—Vaya… no esperaba ver esto en un millón de años.
Milin llevó la mano a su pecho.
—Cállate…
La voz ignoró su súplica.
—Parece que esto será mucho más agradable de lo que imaginaba.
Mientras tanto, en el centro del campo devastado, Carlos y Shiro desaparecieron otra vez.
No había suelo ya.
Flotaban sobre un vacío distorsionado.
Kuromi envolvía a Shiro como una corona carmesí.
Carlos liberó más energía nocturna.
Sus galaxias internas giraban más rápido.
El choque entre ambos no produjo explosión.
Produjo silencio.
Un vacío absoluto por una fracción de segundo.
Y luego—
Una distorsión que atravesó el cielo como una cicatriz eterna.
Milin gritó.
La voz dentro de ella habló con claridad esta vez.
—Es una pena… no puedo salir aún.
La presencia se agitó.
Poder inimaginable presionando desde dentro.
—Pero si mi otra mitad… si mi hermana Merlin llegara a caer…
La energía alrededor de Milin cambió apenas.
Sus ojos parpadearon con un brillo desconocido.
—Seré yo quien despierte.
El aire a su alrededor se volvió pesado.
—Y esta vez… ni el dios, ni los gigantes… ni nadie podrá detenerme.
Merlin volteó hacia Milin.
Sintió algo.
No entendía qué.
Pero era peligroso.
Extremadamente peligroso.
En el cielo fracturado, Carlos bloqueó un corte de Kuromi que partió una montaña a kilómetros de distancia.
Shiro desvió una ráfaga galáctica que evaporó un lago entero.
Ambos respiraban con intensidad.
Ambos estaban cruzando un punto sin retorno.
El espacio alrededor comenzó a colapsar en pequeñas zonas.
La realidad no estaba diseñada para sostener dos fuerzas así al mismo tiempo.
Y en medio de todo…
Algo más estaba despertando.
No dentro de ellos.
Sino en respuesta a ellos.
Porque cuando dos energías capaces de destruir el mundo chocan…
El mundo no se queda mirando.
Responde.
Continua.
La presión en el aire seguía distorsionando el cielo cuando Carlos bajó lentamente la guadaña.
El arma vibró.
Su forma comenzó a deshacerse en fragmentos de energía nocturna.
La hoja curva se comprimió… se estiró… cambió de eje.
El mango se acortó.
La estructura se reorganizó como si estuviera viva.
Cuando la luz se disipó—
Ya no era una guadaña.
Era una archa de guerra.
Un arma pesada, de filo ancho y brutal, con grabados galácticos recorriendo la hoja. La energía azul y morada fluía por sus líneas como constelaciones en movimiento.
Era la primera vez que Carlos la portaba frente a todos.
Shiro la miró fijamente.
Sus ojos rosados brillaron con curiosidad genuina.
—¿De dónde diablos sacó esa arma…?
La energía del arma no era común.
No era invocación.
No era simple transformación.
Era adaptación.
Un arma que respondía al portador.
—Armas que cambian de forma… —murmuró Shiro— eso no es normal.
Sus labios se curvaron levemente.
—Aunque… en alguien como él, nada debería sorprenderme.
Carlos dio un paso adelante.
Con la archa apoyada sobre el hombro.
Su aura nocturna comprimida alrededor del arma lo hacía parecer más grande.
Más pesado.
Más… monstruoso.
No gritaba.
No sonreía.
Pero solo mirarlo de frente hacía que el instinto gritara peligro.
Shiro sintió esa sensación en el pecho.
No miedo.
Emoción.
—Al contrario… alguien como tú se vuelve un monstruo solo con mirarlo de frente.
Kuromi vibró en respuesta.
Carlos giró la archa en un movimiento lento.
El aire se partió solo por el desplazamiento.
—Es mejor para combate frontal —dijo con calma—. Contra ti, necesito impacto.
Shiro soltó una pequeña risa.
—Perfecto.
Su mente analizaba.
Carlos es el tercero más fuerte de la academia.
El segundo…
Mi hermano.
Y el cuarto…
Gojo Akinori.
El pensamiento la hizo sonreír aún más.
—Espero que el festival de este año sea más divertido.
El cielo seguía fracturado sobre ellos.
—Ya quiero destrozar a todas las demás academias.
Carlos la miró de frente.
No respondió a la provocación.
Pero sus ojos galácticos brillaron con intensidad.
Desapareció.
No con Voltstrike.
Con pura distorsión nocturna.
Apareció frente a Shiro y descendió la archa con una fuerza monstruosa.
Ella cruzó Kuromi.
El impacto no explotó hacia afuera.
Se comprimió hacia adentro.
El suelo bajo ellos colapsó formando un vacío circular.
Shiro empujó con más poder.
Carlos respondió.
La archa generó ondas de choque que partían el aire en líneas visibles.
Shiro giró sobre sí misma y contraatacó.
Kuromi dejó una estela carmesí que cortó el espacio.
Carlos bloqueó con el mango del arma.
El choque envió una grieta vertical hacia el cielo.
Milin observaba en shock.
Merlin intentaba estabilizar lo que quedaba del campo.
Y dentro de Milin…
La voz volvió a susurrar.
—Qué interesante…
En el centro del caos, Carlos sonrió apenas.
Shiro también.
Esto ya no era solo entrenamiento.
Era preparación.
Para algo más grande.
Y si en la academia ya estaban a este nivel…
El festival del año no sería una competencia.
Sería una guerra disfrazada de evento escolar.
El choque de la archa contra Kuromi volvió a sacudir el cielo.
Pero, en medio de esa devastación…
Ambos lo sabían.
Eso no era todo.
Ni cerca.
Carlos respiraba con calma forzada.
Shiro mantenía la guardia alta.
Los dos entendían algo que nadie más allí comprendía.
Estaban usando apenas el uno por ciento.
Un uno por ciento que ya había fracturado el cielo, destrozado montañas y colapsado la barrera de Merlin.
Y aun así…
No era su verdadero límite.
Ni siquiera ellos sabían con exactitud cuándo usarían el cien por ciento.
Ni cómo se vería realmente ese momento.
Porque el cien por ciento no es solo poder.
Es voluntad.
Y la voluntad no se mide.
Se despierta.
Carlos dio un paso al frente.
Shiro hizo lo mismo.
No había odio entre ellos.
Había determinación.
La fuerza no era destruir por destruir.
Era superarse.
Romper lo que uno cree que es su límite.
Como caballeros.
Como guerreros.
Como herederos de algo mucho más antiguo que ellos mismos.
La archa descendió con brutalidad.
Kuromi respondió con un corte diagonal que dejó una cicatriz en el aire.
Chocaron.
Retrocedieron.
Volvieron a lanzarse.
Una y otra vez.
El sonido del metal contra energía resonaba como campanas de guerra.
Cada impacto recorría sus brazos.
Cada bloqueo hacía vibrar sus huesos.
El dolor empezó a instalarse.
No superficial.
Profundo.
En los músculos.
En las articulaciones.
En el pecho.
Carlos sintió un crujido en su hombro al bloquear un corte directo.
Shiro sintió cómo la presión del impacto atravesaba sus costillas.
Pero ninguno retrocedió por eso.
Al contrario.
El dolor les recordaba que seguían vivos.
Que seguían creciendo.
Carlos giró sobre sí mismo y lanzó un golpe horizontal con la archa, liberando una onda nocturna comprimida.
Shiro la atravesó con Kuromi y avanzó contra la corriente.
Sus frentes casi chocaron.
Sus miradas se cruzaron.
No había duda.
No había miedo.
Solo desafío.
Retrocedieron otra vez.
Sus ropas estaban desgarradas.
La energía alrededor fluctuaba.
El suelo ya no existía como tal.
Flotaban entre fragmentos de roca suspendidos por la distorsión.
Milin los observaba con el corazón acelerado.
Merlin apenas lograba mantener estable el perímetro.
Y en medio del caos…
Carlos escupió un poco de sangre.
Shiro limpió la comisura de su boca.
Ambos sonrieron.
Porque entendían algo esencial.
No importa qué tan poderosos sean sus rivales.
No importa si enfrentan dioses, gigantes o entidades más allá del espacio.
La fuerza verdadera no nace del poder.
Nace de la decisión de no rendirse.
Carlos levantó la archa otra vez.
Shiro ajustó su agarre en Kuromi.
El aire se volvió pesado de nuevo.
Esto solo era el principio.
Y cuanto más dolía…
Más cerca estaban de romper su siguiente límite.El choque volvió a sacudir el vacío suspendido donde antes había tierra firme.
Fragmentos de roca flotaban como restos de un mundo que ya no existía.
Merlin descendió al centro del campo, su túnica ondeando por la presión del aura nocturna.
Su voz retumbó con autoridad.
—¡Esto no estaba planeado! ¡Era un entrenamiento, no un desafío a muerte!
Una grieta espacial se abrió detrás de ella y tuvo que sellarla con un gesto rápido.
—¡Oigan ustedes dos estúpidos, bájenle ahora mismo o—!
Carlos y Shiro chocaron armas una vez más.
El impacto generó una onda que hizo retroceder incluso a Merlin medio paso.
Sin mirarla, casi al mismo tiempo, respondieron:
—Mejor cállate, Merlin.
—No interrumpas este momento.
Silencio.
El aire quedó suspendido por un segundo.
Merlin los miró con incredulidad absoluta.
Su ojo tembló ligeramente.
—…¿Perdón?
Shiro lanzó un corte vertical.
Carlos bloqueó y contraatacó con la archa en un giro brutal que partió un fragmento flotante en dos.
Merlin apretó los puños.
—¡Ahhh, demonios con ustedes!
Un nuevo choque iluminó el cielo fracturado.
—¡No se puede hacer nada con ustedes dos!
Milin, aún arrodillada a lo lejos, apenas podía seguir sus movimientos.
La voz dentro de ella soltó una risa baja.
—Están completamente desquiciados…
Merlin alzó ambas manos y desplegó múltiples sellos mágicos alrededor del perímetro.
—Si van a actuar como locos… entonces al menos no destruirán medio continente en el proceso.
Carlos retrocedió apenas un paso.
Respiraba con más fuerza ahora.
Sus huesos resentían cada impacto.
Shiro también mostraba señales de desgaste.
Su aura carmesí fluctuaba.
Pero ninguno quería detenerse.
Porque no era orgullo.
Era comprensión mutua.
Habían encontrado a alguien capaz de sostener su ritmo.
Y eso no ocurre dos veces.
Carlos cargó hacia adelante con un golpe descendente que deformó la gravedad.
Shiro respondió con Kuromi envuelta en partículas rosadas que cortaron la onda antes de que explotara.
El choque produjo un vacío silencioso.
Merlin suspiró, llevándose la mano a la frente.
—Están locos…
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro, pese a todo.
—Pero si no estuvieran así… no serían ustedes.
En el centro del campo, Carlos y Shiro se separaron otra vez.
Se miraron.
Sonrieron.
Y sin necesidad de palabras…
Volvieron a lanzarse.El aire todavía vibraba por los últimos impactos cuando, en medio del caos… Shiro inclinó apenas la cabeza.
Su aura carmesí bajó un grado.
Solo un poco.
Lo suficiente para que su voz se filtrara entre la presión del poder.
—Oye… ¿te acuerdas cuando me dijiste que Natsuki pegaba más fuerte que yo?
Carlos parpadeó.
Por primera vez en toda la pelea… dudó.
—…Sí. ¿Por qué?
Shiro sonrió.
No era una sonrisa amable.
Era peligrosa.
Traviesa.
Mortal.
—¿Acaso tienes envidia de que Natsuki pegue más?
Carlos sintió un escalofrío.
Y no fue por el poder nocturno.
Fue instinto puro.
—Oh… eso…
Shiro avanzó un paso.
Las partículas rosadas a su alrededor comenzaron a concentrarse en su puño.
—Creo que es hora de darte ese golpe.
Carlos retrocedió medio paso.
—Eh… oye… espera…
Shiro flexionó los dedos lentamente.
El aire empezó a comprimirse alrededor de su mano.
—Espero que lo disfrutes mucho. Es mi regalo.
Carlos levantó ambas manos.
—No, no, no, no. Espera. Lo que dije no lo decía en serio. Vamos, Shiro… podemos arreglarlo de una forma más específica, ¿qué te parece?
Merlin, a lo lejos, murmuró:
—Ay no…
Shiro ladeó la cabeza.
—Oh, vaya… ¿desde cuándo tan asustado, Carlitos?
Carlos tragó saliva.
—No estoy asustado, solo estoy siendo estratégico.
La sonrisa de Shiro se volvió aún más amplia.
—Qué considerado.
Su aura comenzó a girar en espiral alrededor de su brazo.
Kuromi desapareció.
No necesitaba espada.
Esto era personal.
—Espero que te sientas muy cómodo con este golpe…
La presión aumentó brutalmente.
El cielo volvió a vibrar.
Carlos activó instintivamente una capa defensiva nocturna.
—Shiro, en serio, fue un comentario técnico comparativo—
—…porque es muy especial para mí.
Ella desapareció.
No por distorsión.
Por pura aceleración física.
Apareció frente a él.
Carlos apenas alcanzó a cruzar los brazos.
El puño impactó.
Silencio absoluto.
Luego—
BOOM.
La onda expansiva se expandió en un anillo perfecto que borró todas las nubes en kilómetros.
Carlos salió disparado como un cometa azul atravesando tres formaciones rocosas flotantes antes de incrustarse contra el límite mágico que Merlin acababa de reforzar.
La barrera tembló.
Milin abrió los ojos como platos.
—…Eso no fue el uno por ciento.
Merlin miró la escena con la boca ligeramente abierta.
—Creo que Natsuki acaba de perder su título.
El polvo se disipó lentamente.
Entre los escombros, una mano emergió.
Carlos.
Tosiendo.
Cubierto de polvo.
Con una marca perfecta del puño en su defensa rota.
—…Ok.
Escupió un poco de sangre.
—Retiro lo dicho.
Shiro descendió lentamente.
Sonriendo con absoluta satisfacción.
—¿Entonces?
Carlos levantó el pulgar con dificultad.
—Pegas más fuerte.
Ella cruzó los brazos, orgullosa.
—Lo sé.
Y por primera vez desde que comenzó el combate…
La tensión no era destructiva.
Era complicidad.
Aunque el cielo seguía fracturado…
Y algo, muy en el fondo del mundo…
Seguía observando.
Sara observaba desde la colina lejana.
A kilómetros del campo de entrenamiento destruido.
El viento movía su cabello mientras veía cómo, a lo lejos, una explosión rosada enviaba a Carlos volando otra vez.
—Emmm… parece que le está yendo bastante bien a Shiro maltratando a Carlos de esa forma —murmuró, con una sonrisa leve—. ¿Tú qué opinas, Luis?
Luis tenía los brazos cruzados.
Su mirada no estaba relajada.
—Ese chico… es el que nos hablaste, ¿verdad?
Sara asintió.
Luis desvió la vista hacia el horizonte oscuro.
—Escuché algo más.
El tono cambió.
—Queen confirmó que el Dios Nocturno ha vuelto.
Sara se quedó quieta.
—¿Qué?
—Dicen que usó el cuerpo de Carlos para hacer maldad. Ya mató a varias personas. No solo eso… también acabó con uno de los grandes reinos hace unos días.
El viento dejó de sentirse ligero.
Sara giró bruscamente.
—¿Qué mierda dijiste?
Su aura vibró de forma inestable.
—Eso es imposible… si hace tiempo yo…
Luis la interrumpió con firmeza.
—Sara. Sé que estás frustrada por lo que pasó con el Primer Héroe. Nicolás nos contó todo cómo fue que murió.
El silencio entre ambos se volvió pesado.
—El resto fueron asesinados de forma horrible. Solo quedaban seis.
Sara bajó la mirada.
—Nicolás… Alex… los otros dos… el Primer Héroe… y el Héroe de las Sombras…
Luis asintió lentamente.
—Entiendo el punto. El Primer Héroe dio su vida para que sus amigos huyeran del combate.
Apretó los dientes.
—Pero fue un error.
Sara alzó la vista con rabia contenida.
—Luis…
—Tengo que decir las cosas como son. Tú sabes perfectamente que cometió el peor error de su vida.
El aire se tensó.
Sara respiró agitado.
—Lo sé… lo sé, lo sé… no tienes que repetírmelo…
Sus manos temblaban.
—Pero aun así… no puedo aceptarlo.
Luis bajó la voz.
—El Héroe de las Sombras murió cuando el Dios Nocturno acabó con el Primer Héroe. Su batalla fue devastadora. Solo ellos dos quedaron en pie al final.
Sara cerró los ojos.
Recordaba los relatos.
El cielo incendiado.
El suelo partido.
La oscuridad cubriéndolo todo.
—Según nos contaron… el Primer Héroe luchó hasta el final. Pero ya no buscaba justicia.
Luis respiró hondo.
—Buscaba venganza.
Sara sintió el golpe de esas palabras más fuerte que cualquier ataque.
—Y eso fue lo que lo mató.
El viento volvió a soplar.
—La venganza y el odio lo invadieron por dentro. Perdió antes de caer.
Silencio.
A lo lejos, otra explosión marcó el campo donde Shiro y Carlos seguían enfrentándose.
Sara abrió los ojos.
—Me equivoqué.
Luis la miró.
—¿En qué?
—Yo pensé que él se dejó consumir por el odio.
Sus labios temblaron apenas.
—Pero no fue así.
Miró hacia el horizonte donde el aura nocturna de Carlos brillaba intermitente.
—Él solo quería proteger a sus amigos de él… del Dios Nocturno.
Luis no respondió de inmediato.
Porque ambos entendían lo que eso significaba.Luis mantuvo la mirada fija en el horizonte.
—Lo importante es vigilar a Queen. Que no cometa el error de hablar con Shiro.
Sara frunció el ceño.
—Sabes que si lo hace… ella dejará de ser la misma.
Luis asintió.
—Y lo sabes, ¿verdad? El Dios Nocturno ya manipuló a Carlos lo suficiente. Lo más lógico es que su siguiente objetivo sea Shiro.
El viento sopló más frío.
Abajo, en la distancia, una explosión carmesí iluminó el cielo.
Shiro reía.
Carlos resistía.
Pero si la verdad salía a la luz sin control…
Todo podría romperse.
Luis apretó los puños.
—Por ahora, hay algo más urgente. Ese bastardo… el rey conquistador de mundos. No podemos permitir que venga aquí.
Sara endureció la mirada.
Ambos sabían lo que significaba ese nombre.
Mundos arrasados.
Civilizaciones borradas.
Su propio mundo… reducido a polvo por ellos.
—Es por eso que necesitamos hacernos más fuertes —continuó Luis—. Antes de que él llegue.
Sara guardó silencio unos segundos.
Luego giró sobre sus talones.
—Tienes razón.
Comenzó a caminar.
—Voy a buscar a Noelle.
Luis la observó mientras se alejaba.
Pero antes de desaparecer entre los árboles, Sara habló sin voltearse.
—Yo solo quiero ver a Hina.
Su voz fue más baja.
Más humana.
—Pero veo que no será posible.
El viento movió su cabello.
—Ella piensa que morí. Y sé cómo lo tomaría si regresara… le dolería tanto.
Sus manos temblaron apenas.
—La conozco mejor que nadie. Por eso tuve que alejarme. Por su bien.
Cerró los ojos por un instante.
—No quiero que muera.
Las palabras pesaban.
—Eso fue lo que me dijo mi yo de otro mundo… cuando estaba al borde de la muerte.
Luis sintió un escalofrío.
Sara recordaba cada detalle.
Cada palabra.
Ese otro yo.
Esa versión que vio caer su mundo.
—Mi otra yo se enfrentó a seres que ni siquiera yo podría enfrentar ahora. Luchó contra un ejército de nivel Dios… y murió junto con su mundo.
No había orgullo arrogante en su voz.
Había respeto.
—Y aun así… lo dio todo para proteger.
Abrió los ojos.
Firmes.
—No cambiaré mi historia.
No huiría.
No retrocedería.
No repetiría el mismo error.
Si el Dios Nocturno iba tras Shiro…
Si el rey conquistador de mundos se acercaba…
Entonces se prepararía.
No por venganza.
No por odio.
Sino por elección.
Luis finalmente habló.
—Entonces asegúrate de volverte lo suficientemente fuerte para que esta vez… nadie tenga que sacrificarse.
Sara sonrió levemente.
Una sonrisa triste.
Pero decidida.
Y sin mirar atrás…
Desapareció entre los árboles.
A lo lejos, el cielo volvió a fracturarse por otro choque entre Carlos y Shiro.
El mundo seguía girando.
Pero la tormenta real…
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