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The strongest warrior of humanity - Capítulo 188

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  4. Capítulo 188 - Capítulo 188: Capitulo 188 Shiro cumpliendo su palabra
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Capítulo 188: Capitulo 188 Shiro cumpliendo su palabra

La presión en el aire seguía distorsionando el cielo cuando Carlos bajó lentamente la guadaña.

El arma vibró.

Su forma comenzó a deshacerse en fragmentos de energía nocturna.

La hoja curva se comprimió… se estiró… cambió de eje.

El mango se acortó.

La estructura se reorganizó como si estuviera viva.

Cuando la luz se disipó—

Ya no era una guadaña.

Era una archa de guerra.

Un arma pesada, de filo ancho y brutal, con grabados galácticos recorriendo la hoja. La energía azul y morada fluía por sus líneas como constelaciones en movimiento.

Era la primera vez que Carlos la portaba frente a todos.

Shiro la miró fijamente.

Sus ojos rosados brillaron con curiosidad genuina.

—¿De dónde diablos sacó esa arma…?

La energía del arma no era común.

No era invocación.

No era simple transformación.

Era adaptación.

Un arma que respondía al portador.

—Armas que cambian de forma… —murmuró Shiro— eso no es normal.

Sus labios se curvaron levemente.

—Aunque… en alguien como él, nada debería sorprenderme.

Carlos dio un paso adelante.

Con la archa apoyada sobre el hombro.

Su aura nocturna comprimida alrededor del arma lo hacía parecer más grande.

Más pesado.

Más… monstruoso.

No gritaba.

No sonreía.

Pero solo mirarlo de frente hacía que el instinto gritara peligro.

Shiro sintió esa sensación en el pecho.

No miedo.

Emoción.

—Al contrario… alguien como tú se vuelve un monstruo solo con mirarlo de frente.

Kuromi vibró en respuesta.

Carlos giró la archa en un movimiento lento.

El aire se partió solo por el desplazamiento.

—Es mejor para combate frontal —dijo con calma—. Contra ti, necesito impacto.

Shiro soltó una pequeña risa.

—Perfecto.

Su mente analizaba.

Carlos es el tercero más fuerte de la academia.

El segundo…

Mi hermano.

Y el cuarto…

Gojo Akinori.

El pensamiento la hizo sonreír aún más.

—Espero que el festival de este año sea más divertido.

El cielo seguía fracturado sobre ellos.

—Ya quiero destrozar a todas las demás academias.

Carlos la miró de frente.

No respondió a la provocación.

Pero sus ojos galácticos brillaron con intensidad.

Desapareció.

No con Voltstrike.

Con pura distorsión nocturna.

Apareció frente a Shiro y descendió la archa con una fuerza monstruosa.

Ella cruzó Kuromi.

El impacto no explotó hacia afuera.

Se comprimió hacia adentro.

El suelo bajo ellos colapsó formando un vacío circular.

Shiro empujó con más poder.

Carlos respondió.

La archa generó ondas de choque que partían el aire en líneas visibles.

Shiro giró sobre sí misma y contraatacó.

Kuromi dejó una estela carmesí que cortó el espacio.

Carlos bloqueó con el mango del arma.

El choque envió una grieta vertical hacia el cielo.

Milin observaba en shock.

Merlin intentaba estabilizar lo que quedaba del campo.

Y dentro de Milin…

La voz volvió a susurrar.

—Qué interesante…

En el centro del caos, Carlos sonrió apenas.

Shiro también.

Esto ya no era solo entrenamiento.

Era preparación.

Para algo más grande.

Y si en la academia ya estaban a este nivel…

El festival del año no sería una competencia.

Sería una guerra disfrazada de evento escolar.

El choque de la archa contra Kuromi volvió a sacudir el cielo.

Pero, en medio de esa devastación…

Ambos lo sabían.

Eso no era todo.

Ni cerca.

Carlos respiraba con calma forzada.

Shiro mantenía la guardia alta.

Los dos entendían algo que nadie más allí comprendía.

Estaban usando apenas el uno por ciento.

Un uno por ciento que ya había fracturado el cielo, destrozado montañas y colapsado la barrera de Merlin.

Y aun así…

No era su verdadero límite.

Ni siquiera ellos sabían con exactitud cuándo usarían el cien por ciento.

Ni cómo se vería realmente ese momento.

Porque el cien por ciento no es solo poder.

Es voluntad.

Y la voluntad no se mide.

Se despierta.

Carlos dio un paso al frente.

Shiro hizo lo mismo.

No había odio entre ellos.

Había determinación.

La fuerza no era destruir por destruir.

Era superarse.

Romper lo que uno cree que es su límite.

Como caballeros.

Como guerreros.

Como herederos de algo mucho más antiguo que ellos mismos.

La archa descendió con brutalidad.

Kuromi respondió con un corte diagonal que dejó una cicatriz en el aire.

Chocaron.

Retrocedieron.

Volvieron a lanzarse.

Una y otra vez.

El sonido del metal contra energía resonaba como campanas de guerra.

Cada impacto recorría sus brazos.

Cada bloqueo hacía vibrar sus huesos.

El dolor empezó a instalarse.

No superficial.

Profundo.

En los músculos.

En las articulaciones.

En el pecho.

Carlos sintió un crujido en su hombro al bloquear un corte directo.

Shiro sintió cómo la presión del impacto atravesaba sus costillas.

Pero ninguno retrocedió por eso.

Al contrario.

El dolor les recordaba que seguían vivos.

Que seguían creciendo.

Carlos giró sobre sí mismo y lanzó un golpe horizontal con la archa, liberando una onda nocturna comprimida.

Shiro la atravesó con Kuromi y avanzó contra la corriente.

Sus frentes casi chocaron.

Sus miradas se cruzaron.

No había duda.

No había miedo.

Solo desafío.

Retrocedieron otra vez.

Sus ropas estaban desgarradas.

La energía alrededor fluctuaba.

El suelo ya no existía como tal.

Flotaban entre fragmentos de roca suspendidos por la distorsión.

Milin los observaba con el corazón acelerado.

Merlin apenas lograba mantener estable el perímetro.

Y en medio del caos…

Carlos escupió un poco de sangre.

Shiro limpió la comisura de su boca.

Ambos sonrieron.

Porque entendían algo esencial.

No importa qué tan poderosos sean sus rivales.

No importa si enfrentan dioses, gigantes o entidades más allá del espacio.

La fuerza verdadera no nace del poder.

Nace de la decisión de no rendirse.

Carlos levantó la archa otra vez.

Shiro ajustó su agarre en Kuromi.

El aire se volvió pesado de nuevo.

Esto solo era el principio.

Y cuanto más dolía…

Más cerca estaban de romper su siguiente límite.El choque volvió a sacudir el vacío suspendido donde antes había tierra firme.

Fragmentos de roca flotaban como restos de un mundo que ya no existía.

Merlin descendió al centro del campo, su túnica ondeando por la presión del aura nocturna.

Su voz retumbó con autoridad.

—¡Esto no estaba planeado! ¡Era un entrenamiento, no un desafío a muerte!

Una grieta espacial se abrió detrás de ella y tuvo que sellarla con un gesto rápido.

—¡Oigan ustedes dos estúpidos, bájenle ahora mismo o—!

Carlos y Shiro chocaron armas una vez más.

El impacto generó una onda que hizo retroceder incluso a Merlin medio paso.

Sin mirarla, casi al mismo tiempo, respondieron:

—Mejor cállate, Merlin.

—No interrumpas este momento.

Silencio.

El aire quedó suspendido por un segundo.

Merlin los miró con incredulidad absoluta.

Su ojo tembló ligeramente.

—…¿Perdón?

Shiro lanzó un corte vertical.

Carlos bloqueó y contraatacó con la archa en un giro brutal que partió un fragmento flotante en dos.

Merlin apretó los puños.

—¡Ahhh, demonios con ustedes!

Un nuevo choque iluminó el cielo fracturado.

—¡No se puede hacer nada con ustedes dos!

Milin, aún arrodillada a lo lejos, apenas podía seguir sus movimientos.

La voz dentro de ella soltó una risa baja.

—Están completamente desquiciados…

Merlin alzó ambas manos y desplegó múltiples sellos mágicos alrededor del perímetro.

—Si van a actuar como locos… entonces al menos no destruirán medio continente en el proceso.

Carlos retrocedió apenas un paso.

Respiraba con más fuerza ahora.

Sus huesos resentían cada impacto.

Shiro también mostraba señales de desgaste.

Su aura carmesí fluctuaba.

Pero ninguno quería detenerse.

Porque no era orgullo.

Era comprensión mutua.

Habían encontrado a alguien capaz de sostener su ritmo.

Y eso no ocurre dos veces.

Carlos cargó hacia adelante con un golpe descendente que deformó la gravedad.

Shiro respondió con Kuromi envuelta en partículas rosadas que cortaron la onda antes de que explotara.

El choque produjo un vacío silencioso.

Merlin suspiró, llevándose la mano a la frente.

—Están locos…

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro, pese a todo.

—Pero si no estuvieran así… no serían ustedes.

En el centro del campo, Carlos y Shiro se separaron otra vez.

Se miraron.

Sonrieron.

Y sin necesidad de palabras…

Volvieron a lanzarse.El aire todavía vibraba por los últimos impactos cuando, en medio del caos… Shiro inclinó apenas la cabeza.

Su aura carmesí bajó un grado.

Solo un poco.

Lo suficiente para que su voz se filtrara entre la presión del poder.

—Oye… ¿te acuerdas cuando me dijiste que Natsuki pegaba más fuerte que yo?

Carlos parpadeó.

Por primera vez en toda la pelea… dudó.

—…Sí. ¿Por qué?

Shiro sonrió.

No era una sonrisa amable.

Era peligrosa.

Traviesa.

Mortal.

—¿Acaso tienes envidia de que Natsuki pegue más?

Carlos sintió un escalofrío.

Y no fue por el poder nocturno.

Fue instinto puro.

—Oh… eso…

Shiro avanzó un paso.

Las partículas rosadas a su alrededor comenzaron a concentrarse en su puño.

—Creo que es hora de darte ese golpe.

Carlos retrocedió medio paso.

—Eh… oye… espera…

Shiro flexionó los dedos lentamente.

El aire empezó a comprimirse alrededor de su mano.

—Espero que lo disfrutes mucho. Es mi regalo.

Carlos levantó ambas manos.

—No, no, no, no. Espera. Lo que dije no lo decía en serio. Vamos, Shiro… podemos arreglarlo de una forma más específica, ¿qué te parece?

Merlin, a lo lejos, murmuró:

—Ay no…

Shiro ladeó la cabeza.

—Oh, vaya… ¿desde cuándo tan asustado, Carlitos?

Carlos tragó saliva.

—No estoy asustado, solo estoy siendo estratégico.

La sonrisa de Shiro se volvió aún más amplia.

—Qué considerado.

Su aura comenzó a girar en espiral alrededor de su brazo.

Kuromi desapareció.

No necesitaba espada.

Esto era personal.

—Espero que te sientas muy cómodo con este golpe…

La presión aumentó brutalmente.

El cielo volvió a vibrar.

Carlos activó instintivamente una capa defensiva nocturna.

—Shiro, en serio, fue un comentario técnico comparativo—

—…porque es muy especial para mí.

Ella desapareció.

No por distorsión.

Por pura aceleración física.

Apareció frente a él.

Carlos apenas alcanzó a cruzar los brazos.

El puño impactó.

Silencio absoluto.

Luego—

BOOM.

La onda expansiva se expandió en un anillo perfecto que borró todas las nubes en kilómetros.

Carlos salió disparado como un cometa azul atravesando tres formaciones rocosas flotantes antes de incrustarse contra el límite mágico que Merlin acababa de reforzar.

La barrera tembló.

Milin abrió los ojos como platos.

—…Eso no fue el uno por ciento.

Merlin miró la escena con la boca ligeramente abierta.

—Creo que Natsuki acaba de perder su título.

El polvo se disipó lentamente.

Entre los escombros, una mano emergió.

Carlos.

Tosiendo.

Cubierto de polvo.

Con una marca perfecta del puño en su defensa rota.

—…Ok.

Escupió un poco de sangre.

—Retiro lo dicho.

Shiro descendió lentamente.

Sonriendo con absoluta satisfacción.

—¿Entonces?

Carlos levantó el pulgar con dificultad.

—Pegas más fuerte.

Ella cruzó los brazos, orgullosa.

—Lo sé.

Y por primera vez desde que comenzó el combate…

La tensión no era destructiva.

Era complicidad.

Aunque el cielo seguía fracturado…

Y algo, muy en el fondo del mundo…

Seguía observando.

Sara observaba desde la colina lejana.

A kilómetros del campo de entrenamiento destruido.

El viento movía su cabello mientras veía cómo, a lo lejos, una explosión rosada enviaba a Carlos volando otra vez.

—Emmm… parece que le está yendo bastante bien a Shiro maltratando a Carlos de esa forma —murmuró, con una sonrisa leve—. ¿Tú qué opinas, Luis?

Luis tenía los brazos cruzados.

Su mirada no estaba relajada.

—Ese chico… es el que nos hablaste, ¿verdad?

Sara asintió.

Luis desvió la vista hacia el horizonte oscuro.

—Escuché algo más.

El tono cambió.

—Queen confirmó que el Dios Nocturno ha vuelto.

Sara se quedó quieta.

—¿Qué?

—Dicen que usó el cuerpo de Carlos para hacer maldad. Ya mató a varias personas. No solo eso… también acabó con uno de los grandes reinos hace unos días.

El viento dejó de sentirse ligero.

Sara giró bruscamente.

—¿Qué mierda dijiste?

Su aura vibró de forma inestable.

—Eso es imposible… si hace tiempo yo…

Luis la interrumpió con firmeza.

—Sara. Sé que estás frustrada por lo que pasó con el Primer Héroe. Nicolás nos contó todo cómo fue que murió.

El silencio entre ambos se volvió pesado.

—El resto fueron asesinados de forma horrible. Solo quedaban seis.

Sara bajó la mirada.

—Nicolás… Alex… los otros dos… el Primer Héroe… y el Héroe de las Sombras…

Luis asintió lentamente.

—Entiendo el punto. El Primer Héroe dio su vida para que sus amigos huyeran del combate.

Apretó los dientes.

—Pero fue un error.

Sara alzó la vista con rabia contenida.

—Luis…

—Tengo que decir las cosas como son. Tú sabes perfectamente que cometió el peor error de su vida.

El aire se tensó.

Sara respiró agitado.

—Lo sé… lo sé, lo sé… no tienes que repetírmelo…

Sus manos temblaban.

—Pero aun así… no puedo aceptarlo.

Luis bajó la voz.

—El Héroe de las Sombras murió cuando el Dios Nocturno acabó con el Primer Héroe. Su batalla fue devastadora. Solo ellos dos quedaron en pie al final.

Sara cerró los ojos.

Recordaba los relatos.

El cielo incendiado.

El suelo partido.

La oscuridad cubriéndolo todo.

—Según nos contaron… el Primer Héroe luchó hasta el final. Pero ya no buscaba justicia.

Luis respiró hondo.

—Buscaba venganza.

Sara sintió el golpe de esas palabras más fuerte que cualquier ataque.

—Y eso fue lo que lo mató.

El viento volvió a soplar.

—La venganza y el odio lo invadieron por dentro. Perdió antes de caer.

Silencio.

A lo lejos, otra explosión marcó el campo donde Shiro y Carlos seguían enfrentándose.

Sara abrió los ojos.

—Me equivoqué.

Luis la miró.

—¿En qué?

—Yo pensé que él se dejó consumir por el odio.

Sus labios temblaron apenas.

—Pero no fue así.

Miró hacia el horizonte donde el aura nocturna de Carlos brillaba intermitente.

—Él solo quería proteger a sus amigos de él… del Dios Nocturno.

Luis no respondió de inmediato.

Porque ambos entendían lo que eso significaba.Luis mantuvo la mirada fija en el horizonte.

—Lo importante es vigilar a Queen. Que no cometa el error de hablar con Shiro.

Sara frunció el ceño.

—Sabes que si lo hace… ella dejará de ser la misma.

Luis asintió.

—Y lo sabes, ¿verdad? El Dios Nocturno ya manipuló a Carlos lo suficiente. Lo más lógico es que su siguiente objetivo sea Shiro.

El viento sopló más frío.

Abajo, en la distancia, una explosión carmesí iluminó el cielo.

Shiro reía.

Carlos resistía.

Pero si la verdad salía a la luz sin control…

Todo podría romperse.

Luis apretó los puños.

—Por ahora, hay algo más urgente. Ese bastardo… el rey conquistador de mundos. No podemos permitir que venga aquí.

Sara endureció la mirada.

Ambos sabían lo que significaba ese nombre.

Mundos arrasados.

Civilizaciones borradas.

Su propio mundo… reducido a polvo por ellos.

—Es por eso que necesitamos hacernos más fuertes —continuó Luis—. Antes de que él llegue.

Sara guardó silencio unos segundos.

Luego giró sobre sus talones.

—Tienes razón.

Comenzó a caminar.

—Voy a buscar a Noelle.

Luis la observó mientras se alejaba.

Pero antes de desaparecer entre los árboles, Sara habló sin voltearse.

—Yo solo quiero ver a Hina.

Su voz fue más baja.

Más humana.

—Pero veo que no será posible.

El viento movió su cabello.

—Ella piensa que morí. Y sé cómo lo tomaría si regresara… le dolería tanto.

Sus manos temblaron apenas.

—La conozco mejor que nadie. Por eso tuve que alejarme. Por su bien.

Cerró los ojos por un instante.

—No quiero que muera.

Las palabras pesaban.

—Eso fue lo que me dijo mi yo de otro mundo… cuando estaba al borde de la muerte.

Luis sintió un escalofrío.

Sara recordaba cada detalle.

Cada palabra.

Ese otro yo.

Esa versión que vio caer su mundo.

—Mi otra yo se enfrentó a seres que ni siquiera yo podría enfrentar ahora. Luchó contra un ejército de nivel Dios… y murió junto con su mundo.

No había orgullo arrogante en su voz.

Había respeto.

—Y aun así… lo dio todo para proteger.

Abrió los ojos.

Firmes.

—No cambiaré mi historia.

No huiría.

No retrocedería.

No repetiría el mismo error.

Si el Dios Nocturno iba tras Shiro…

Si el rey conquistador de mundos se acercaba…

Entonces se prepararía.

No por venganza.

No por odio.

Sino por elección.

Luis finalmente habló.

—Entonces asegúrate de volverte lo suficientemente fuerte para que esta vez… nadie tenga que sacrificarse.

Sara sonrió levemente.

Una sonrisa triste.

Pero decidida.

Y sin mirar atrás…

Desapareció entre los árboles.

A lo lejos, el cielo volvió a fracturarse por otro choque entre Carlos y Shiro.

El mundo seguía girando.

Pero la tormenta real…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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